Iniciar un análisis.
Sobre los procesos de iniciar un psicoanálisis ¹

Ramón Echevarría
Iniciar un análisis es un libro de una extraordinaria importancia. Como dice Dana Birksted-Breen se trata de un “lectura esencial”, entre otras muchas razones porque su tema remite a una cuestión —las dificultades de iniciar un análisis— de la que depende el futuro del psicoanálisis. De una manera clara y amena los autores nos describen un proceso de investigación desde los planteamientos y expectativas iniciales, hasta los resultados, las hipótesis y conclusiones que se han generado. El objetivo es conocer mejor lo que pasa en las primeras entrevistas, qué dificultades tienen que afrontar los analistas y qué características de las entrevistas conducen a la indicación de análisis. Se trata de una investigación novedosa, original, que abarcó ocho años de debates sobre material clínico, que tuvieron lugar en cuarenta y cinco talleres en los que llegaron a participar hasta quinientos psicoanalistas de todo el mundo, describiendo y elaborando exhaustivamente lo observado en veintiocho casos. Gracias al empeño, el esfuerzo y la generosidad de Enrique Ger, podemos disponer de una cuidada edición en castellano de Iniciar un análisis, con una excelente traducción de Margarida Trias.
Como se sabe, los tiempos actuales no son propicios para el psicoanálisis. Sin duda, en las dificultades de indicar e iniciar un análisis pesan factores culturales y económicos. Toda cultura genera sus propias formas de manifestar, evadir y de tratar el malestar psicológico que genera o contribuye a generar. Y nuestra cultura facilita y ofrece múltiples formas de evasión, así como alternativas al tratamiento psicoanalítico que parecen soluciones rápidas y poco costosas. Pero es mérito del libro que reseñamos no quedarse en la queja y el lamento de estos obstáculos económicos y culturales y encarar el papel que juegan los analistas —su responsabilidad— ante las dificultades de indicar e iniciar un psicoanálisis. El libro, pues, se centra más en los analistas que en los pacientes; es decir, sobre todo se centra en las resistencias y dificultades de los propios analistas que pueden malograr la indicación de análisis. Y ello porque “los pacientes psicoanalíticos no se “encuentran” sino que son “creados” por los psicoanalistas”.
Los pacientes, decía Winnicott (La contratransferencia, 1960), se encuentran con la actitud profesional del analista, y no con los hombres y mujeres inestables que los analistas somos en nuestra vida particular. Se puede decir que, en general, cuando trabajamos ofrecemos la mejor versión de nosotros mismos. La actitud profesional del analista de la que habla Winnicott es el resultado del análisis personal, de su formación y experiencia clínica, y del encuadre, y permite al analista permanecer suficientemente estable, reflexivo y “objetivo”, es decir, tolerar la tensión del trabajo analítico de manera que pueda realizarlo adecuadamente. Winnicott añade que la actitud profesional debe permitir que el analista permanezca vulnerable, sin que sus defensas le impidan ser receptivo a lo que el paciente transmite, y cumplir no obstante su función profesional durante las horas de trabajo. Todo ello se aplica especialmente a las primeras entrevistas, porque, como se sabe, son las situaciones nuevas las que movilizan las ansiedades y grandes movimientos transferenciales. Aun así, todavía se tiende a pensar que ese primer encuentro entre el analista y su paciente puede transcurrir suave y apaciblemente, y que un analista bien analizado y formado podría ser capaz de guiar paso a paso al paciente sin muchas dificultades, hasta la aceptación de la indicación de análisis.
La investigación de Iniciar un análisis nos muestra que generalmente no es así, y que una causa principal de ello son las presiones perturbadoras a las que se ve sometido el analista en la primera entrevista. Incluso cuando aparentemente la entrevista se desarrolla en una aparente calma, siempre hay “tormentas inconscientes” que pueden desestabilizar al analista, activando sus defensas, dificultándole o impidiéndole trabajar analíticamente. Se impedirá entonces lo que esta investigación muestra como importante o necesario para llegar a iniciar un análisis: abrir un espacio psicoanalítico que dé paso a un nuevo nivel de comunicación que permita al paciente ver su problema o su historia de una manera novedosa. Para lograrlo, el analista —que no deja de ser “un principiante perpetuo”— tendrá que tolerar y capear los impactos emocionales, las “tormentas” emocionales, manteniendo su receptividad, involucrándose personalmente, dejándose afectar personalmente, de tal manera que será inevitable el enactment. Porque “siempre está presente alguna combinación de elaboración, defensa y enactment por parte de ambos participantes en el encuentro”. Las dinámicas inconscientes, las dinámicas transferenciales y contratransferenciales, pueden ser “cegadoras” debido a su intensidad, pero también clarificadoras. Y para que sean “clarificadoras”, el analista deberá hacer un trabajo interno que le permita tolerar la ansiedad y la incomprensión, un trabajo que se acompaña siempre de oscilaciones entre comprensión e incomprensión, entre la desintegración esquizoparanoide y una relativamente poca integración depresiva. Es la capacidad de analista de afrontar analíticamente las mencionadas “tormentas” y superar los enactmens, la que genera en el paciente la confianza que le permite acceder a un cambio de nivel de comunicación y, con él, a una relación ya analítica que facilitará la aceptación de la indicación de análisis.
A través de excelentes ilustraciones de material clínico, exhaustivamente analizadas, el lector podrá seguir el proceso de creación de la indicación de análisis, que equivale al de la creación de una pareja analítica. Es admirable la manera en que en el libro se presentan los resultados de la investigación integrando la descripción de lo que pasa en la primera entrevista, con la reflexión de lo que ayuda a superar esas dificultades, y presentando al mismo tiempo un rico material clínico muy ilustrativo.
Una de las aportaciones importantes del libro es la presentación de un nuevo modo psicoanalítico de investigación original y ajustado a unos objetivos novedosos, que puede servir de modelo y de inspiración a la hora de buscar nuevas herramientas de investigación cualitativa. Pues no se trata de comprobar hipótesis probando las consecuencias lógicas de una teoría preexistentes; se trata de describir mejor lo que pasa en las entrevistas, de comprenderlo mejor, de valorar los cambios que se producen, los cambios que se han de dar para que pueda darse una indicación de análisis. Tal como dicen los autores: se trata de “identificar, describir, explorar y formular modelos dinámicos que nos permitan hallar vínculos significativos entre fenómenos aparentemente dispares en los encuentros paciente-analista, tanto en un encuentro individual determinado como en las distintas parejas paciente-analista.” Y ello incluyendo la descripción de fenómenos analíticos de manera compartida entre analistas de diferentes orientaciones, y mediante formas consensuadas de validación entre estos. En definitiva, un libro excelente, importante, necesario.
Ramón Echevarria
Doctor en Medicina, psiquiatra, miembro titular de la Sociedad Española de Psicoanálisis y de la International Pyschoanalytic Association. Ha sido asimismo director y es colaborador habitual de Temas de Psicoanálisis.
[1] Diversos autores: Bernard Reith, Mette Møller, John Boots, Penelope Crick, Alain Gibeault, Ronny Jaffè, Sven Lagerlöf y Rudi Vermote.
Editado en castellano por la Sociedad Española de Psicoanálisis, 2025