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Un ensayo sobre la crisis de la paternidad. Ramón Echevarría.

La dedicación de Ramón Echevarría a estudiar la crisis de la paternidad en los tiempos actuales ha dado espléndidos frutos, como el artículo “El padre y los límites. Una reflexión sobre la crisis de la paternidad”, que aparece en este mismo número de Temas de Psicoanálisis. Echevarría se mueve con soltura entre los tiempos actuales y los tiempos “históricos” y “eternos”, como ya mostró en el artículo  HAMLET Y EL MANDATO DEL PADRE | Temas de Psicoanálisis . Se diría que la lucha junto a y en contra del padre se remonta a tiempos ancestrales, como el gesto de Héctor[1], que según nos cuenta “La Ilíada”, antes de la batalla en la que sabe que probablemente va a morir a manos de Aquiles, levanta a su hijo hacia el firmamento, en un movimiento cargado de simbolismo. Por no hablar de la muerte del padre primordial en el Tótem y tabú de Freud o, aun, del sacrificio de Isaac a manos de su padre Abraham, el patriarca común de las llamadas religiones monoteístas.

No obstante, en el libro que reseñamos, Ramón Echevarría se centra en la modernidad. La muerte de Dios iniciada durante la Ilustración y la muerte del rey durante la Revolución Francesa, se nos dice, prefiguran la “muerte” del poder del padre. Y para continuar pensando en el camino que conduce a la crisis actual de la figura paterna, el autor estudia hechos de la vida de tres protagonistas cuyas trayectorias se entrecruzan y entran en conflicto: Sigmund Freud, Otto Rank y Anaïs Nin.

Ramón Echevarría explica que para Freud, deshacerse del padre era, sobre todo, una manifestación de la rivalidad del hijo, mientras que para Rank era una forma de resistencia a su dominio. Si Freud veía al hijo deseando ocupar el lugar del padre, Rank lo veía intentando diferenciarse y separarse de él. Freud creía que era un intento inútil porque, por más que queramos liberarnos del padre, este permanece dentro de nosotros como identificaciones primarias.

Las diferencias entre Freud y Rank se fueron agudizando con el tiempo, dando lugar a discrepancias teóricas y a una ruptura personal. Freud siempre vio en el conflicto con Rank una rivalidad edípica, pero Rank creía que era la necesidad de deshacerse de él como padre y fundar una nueva terapia basada en otros principios.

El conflicto resultó especialmente doloroso para Freud. Otto Rank era hijo de un alcohólico y Freud, que lo calificaba de “padre indigno”, lo acogió como a un “hijo fiel” y le ofreció trabajo, le pagó los estudios y le abrió su casa y su familia, llegando a convertirse en su colaborador más cercano. La grieta entre ambos empezó a abrirse con la publicación en 1924 de “El trauma del nacimiento”, donde Rank afirma que la separación de la madre, más que el conflicto edípico, es la causa fundamental de las neurosis. Esta línea de pensamiento permite a Rank una evolución teórica, más centrada en los conflictos con la madre y en los esfuerzos del niño por defender su individualidad. Freud, sostiene Rank, condicionado por la tradición y la mentalidad judía, habría sobrevalorado la importancia del padre, a costa de la madre.

Uno de los aspectos más interesantes del libro de Ramón Echevarría es el análisis que hace de los esfuerzos del propio Freud por diferenciarse de su padre y la manera en que va construyendo su teoría sobre el complejo de Edipo a partir de su autoanálisis tras la muerte de su padre. Freud teme la rivalidad edípica de sus “hijos” —algo que le pasa con Jung y después con Rank—, mientras que para Otto Rank la lucha por diferenciarse del padre-Freud le lleva a postular una terapia basada en la creación de la propia individualidad. Toda la obra de Rank estará basada en la idea del artista creador.

Siguiendo ya su propio camino, Rank se encuentra en noviembre de 1932 con Anaïs Nin, una joven escritora veinte años más joven que él. Anaïs Nin ha sido abusada de niña por su padre, que después abandona la familia, pero en junio de 1932 se encuentra de nuevo con él, iniciando una relación incestuosa. El proceso terapéutico que lleva a cabo con Otto Rank, con el propósito de “deshacerse de su padre”, desemboca en una idealización mutua y una seducción que hace que del “idilio terapéutico” se pase al “idilio amoroso”. El 6 de octubre de 1934, en medio de su apasionado romance, Rank le da a Anaïs Nin el anillo que, veinte años antes, había recibido como miembro del llamado comité secreto[2]. Aquella misma noche, Anaïs le da a Otto el anillo que le había dado su padre. Ella anota en su diario: “Quiso darme el anillo que le había regalado Freud. Quiso deshacerse de su padre”.

Creyendo convertirse en individuos que han podido desprenderse de sus padres, ambos cayeron sin saberlo en una repetición: podían deshacerse del padre externo, pero no del padre interno. Como afirma Echevarría, Rank no pudo reconocer lo que el psicoanálisis le había enseñado: que una figura paterna puede ser representada por otra y que Anaïs podía abandonar y vengarse de su padre y después hacer lo mismo en la persona de Rank.

En resumen, nos encontramos frente a un libro muy bien documentado, que se lee con gran interés, y que nos hace adentrarnos en el interior de un período histórico inmediatamente anterior al nuestro, donde se originaron y evolucionaron las principales teorías psicoanalíticas sobre el lugar del padre en el desarrollo psicológico del niño. El trabajo de Ramón Echevarría nos conduce con gran acierto por los entresijos de estos desarrollos teóricos, lo que proporciona al lector una mirada crítica sobre la vigencia de unos planteamientos en un momento en el que el papel creciente de la mujer y la crisis de la sociedad patriarcal ponen en entredicho principios que antes se consideraban inamovibles.

 

[1] “El gesto de Héctor” es el título de un libro de Luigi Zoja (Taurus, 2018), citado por Ramón Echevarría.

[2] Grupo de seguidores elegidos por Freud con la misión de proteger el psicoanálisis de ataques y amenazas. Junto a Otto Rank figuraban Karl Abraham, Sándor Ferenczi, Ernest Jones y Hans Sachs.