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Yo solo soy un coleccionista de máscaras. Muy estudioso, eso sí, pero solo un coleccionista. Cuando alguien me pide un prólogo o un epílogo para un libro o un artículo, se me ruborizan las meninges y no tengo más remedio que echar mano a frases célebres de hombres mucho más sabios que yo. Las frases históricas relativas a las máscaras son decenas, sino cientos, pero a mí hay una que me parece especialmente interesante desde el punto de vista psicológico y está atribuida a Oscar Wilde: “El hombre nunca es sincero cuando interpreta su propio personaje. Dale una máscara y te dirá la verdad.””
Prefacio de Nacho Rovira

Lo primero que nos puede venir a la cabeza cuando oímos la palabra máscara hoy en día es la idea de protección, ya que a causa de la pandemia se ha generalizado el uso de las mascarillas como medida de protección sanitaria. Pero las máscaras el hombre las viene utilizando desde hace siglos. ¿Para qué? Pues también para protegerse pero, no solo sanitariamente sino también emocionalmente. Las máscaras no son neutras, siempre tienen un significado y es interesante ver cómo las personas las han o hemos decorado, “tuneado” en lenguaje adolescente. Incluso las simples máscaras contra la Covid-19 se han decorado, algunas con logos de empresa, con imágenes de cómics, con elementos a juego con la ropa, con brillantes como signo de clase y por tanto son también símbolos e iconos culturales.

Su utilización se remonta al pasado de las primeras civilizaciones con una cultura propia: la egipcia, la griega y la romana. Así se habla del origen de la palabra máscara en latín como mascus, masca que significa fantasma o el maskharah árabe utilizada como bufón, hombre con una máscara. Los etnólogos sitúan el nacimiento de la máscara en el momento en que se produce la autoconciencia o conciencia de uno mismo, es decir lo que yo soy y lo que no soy.

 

Figura 1. Máscara nº 84 − MwanaPwo (África)
Colección Alas y Viento: máscaras del mundo

 

Toda máscara nos protege o destaca algo. Lo podríamos interpretar con relación a algo que nos pueda venir de fuera o a algo que salga de nosotros que puedan ver los demás: antifaces, diablos, gigantes y cabezudos son elementos de la cultura popular más cercana que se utilizan para destacar rasgos de nuestros pueblos y, a veces, para que no nos vean o sientan de forma directa en un espacio grupal. La máscara no tiene sentido si no es con relación al otro. No nos ponemos una máscara para mirarnos al espejo. El otro puede ser individual o grupal, la función de comunicación o de protección emocional se realiza en función a lo que representa el grupo o el contexto, en clave de contenidos emocionales, sociales, políticos, de divertimento, religiosos o de bandas, por ejemplo.

Así, este instrumento, la máscara, nos pone en contacto con nuestros ancestros, con la cultura propia y con la ajena y con lo inconsciente de las mismas. Representan animales, arquetipos de los dioses, las fuerzas de la naturaleza, emociones, ancestros, tótems, conflictos humanos y dramatizan formas de relación, miedos, enfermedades, amor, envidia, por citar algunos aspectos.

Ya en el ámbito de lo psicológico, observamos como en nuestra fantasía, en nuestra imaginación la máscara real y/o la máscara simbólica siempre están presentes desde la primera infancia. Basta recordar o mirar a las niñas y niños pequeños cómo se llevan las manos a la cara y se la tapan ante una imagen de miedo o de terror. La mano delante de los ojos, que por cierto nunca acaba de tapar todo porque siempre existe la curiosidad por ver aquello que nos da miedo, esa mano se utiliza como una protección para que el miedo no invada la mente. Es quizás nuestra primera máscara.

En algunas etapas de la vida, quizás en especial en la adolescencia o en los inicios de la vida adulta son frecuentes expresiones como “venga, dinos la verdad, quítate la máscara”, simbolizando como algunas personas se defienden de explicar sus verdades o aquello que para otras personas les parece que pueden ser sus verdades.

En la psicología dinámica y en el psicoanálisis, Donald Winnicot propuso hace décadas el concepto de objeto intermediario, que definió como aquel objeto que era investido de significado, en general por parte de la madre, para ayudar al niño o la niña a calmar determinadas ansiedades normales en la vida, o sea para favorecer la evolución, la maduración. Siguiendo este modelo de Winnicott la máscara se convierte en un objeto intermediario entre nuestro mundo interior y la realidad externa, entre aquello que nos da miedo o nos divierte y el sentimiento de ridículo o la necesidad de protección, por ejemplo. Lo podemos ver en la colección de Nacho Rovira: Alas y Viento: máscaras del mundo , podemos visionar máscaras de tipología variada, en diferentes continentes y en diferentes lugares de cada continente. Máscaras rituales, fabricadas con materiales diversos y tipos de textura variados. Todas ellas recogidas en sus viajes, algunas a través de arduas negociaciones, con la tribu o incluso con el maestro mascarero. Pero fijémonos en la expresión “maestro mascarero”, quizás desconocida para muchos, pero que es el encargado de captar, escuchar las necesidades de la persona o el pueblo e imaginar y construir un instrumento que dé salida o expresión a aquellas. Algo así creo que hacemos los profesionales que trabajamos en salud mental cuando a través de la palabra, del lenguaje no verbal y algunos a través de otras técnicas artísticas, damos expresión a la frustración, la ira, el amor, la envidia u otros sentimientos para proteger al paciente de la angustia.

Pensemos que esta técnica de enmascarar las emociones primigenias no solo se plasma en la cultura mascarera, en algunos manuales y trabajos científicos de psicología se habla del diagnóstico enmascarado, definiendo éste como el que queda tapado por otros nublando nuestro conocimiento sobre el auténtico sufrimiento y diagnóstico del paciente.

 

Figura 2. Máscara nº 34 – Pierrot (Italia).
Colección Alas y Viento: máscaras del mundo.

 

Las máscaras sugieren o pretenden cumplir funciones variadas, en especial, la expresión emocional a través de su función simbólica. Así se utilizan como hemos dicho, en diferentes ritos que pueden ser de tipo mortuorio, vivas, de carnavales y fiestas, de crítica y humillación, chirigotescas, de ocultamiento de la envidia, etc. Es una lista que se puede alargar repasando cada pueblo y cultura del país y del mundo. Por la forma y el lugar de utilización las podríamos diferenciar en:
● Máscaras de protección que dramatizan los temores, el miedo.
● Máscaras rituales donde, por ejemplo, se purifica el mal, origen de los carnavales actuales.
● Máscaras artísticas, las utilizadas en el teatro y otras artes escénicas.
● Máscaras punitivas, las de hierro, utilizadas en la edad media con presos, los capirotes contra mujeres en determinadas guerras o las del Ku Klux Klan para ejercer la violencia contra las personas de raza negra.

Según sus funciones, podemos concretar un poco más algunas de las que desarrollan las máscaras:
● Resaltar la belleza.
● Escenificar la alegría, la felicidad.
● Generar un misterio o incertidumbre sobre quién se oculta.
● Provocar miedo.
● Favorecer la expresión de dolor, pena, ausencia.
● Permitir la participación en rituales, como miembro de un colectivo.
● Representar sentimientos ante la muerte.
● Signo de autoridad.
● Identificar a la persona con un colectivo.
● Ocultar la identidad ante un colectivo.
● Símbolo de un pueblo, de una cultura.

 

Figura 3. Máscara nº 59 − Garabato (América)
Colección Alas y Viento: máscaras del mundo

 

Cada máscara posee un significado para cada persona y este puede ser diferente dependiendo de la identidad que se le quiera dar, de ahí su riqueza como instrumento de comunicación no verbal, como instrumento intermediario que facilita la transición entre lo interno y lo externo, al servicio de la proyección y de la introyección de estados emocionales. Así las podríamos clasificar por su tipo de comunicación en:
● Emociones básicas: alegría, miedo, ira, etc.
● Aspectos inconscientes de la personalidad: emociones no mentalizadas, por ejemplo, la envidia.
● Conflictos relacionales: entre personas, entre pueblos, entre tribus.
● Representaciones mentales u objetos internos del individuo: identidades que se quieren mostrar o proteger.

También la máscara enlaza con otro concepto que utilizamos con alguna frecuencia en psicología dinámica, como el de la segunda piel que acuñó Esther Bick (1968), simbolizando con este término uno de los mecanismos de protección que utilizan los bebés ante las experiencias de ansiedad. Esther Bick observó el desarrollo emocional de multitud de bebés y sistematizó esta técnica como modo de aprendizaje del mundo interno de los bebés. Para ella, la segunda piel se daba cuando ante una experiencia de ansiedad el bebé tensaba la musculatura y aparecía una piel tersa, digamos fuerte para ayudar a resistir lo que en aquel momento se vivía como ansiógeno. Algo similar nos puede venir a la mente cuando vemos las máscaras: la necesidad de ocultarnos o defendernos ante un posible conflicto o situación ansiógena. Es un elemento protector de la intimidad individual, para lo bueno y para lo malo.
Desde la más tierna infancia utilizamos mecanismos que nos ayudan a evitar, reprimir o contener la ansiedad. Las máscaras facilitan esta necesidad humana, a través de ellas se da expresión a emociones, reprimidas o no. Los carnavales o fiestas paganas de origen ancestral representan esa necesidad de “abandonar la carne” que es común a tantas culturas en los diferentes continentes del planeta Tierra. La exposición citada documenta este fenómeno y la necesidad que aquí conceptualizamos desde una perspectiva psicoanalítica pero que, como decíamos, ya estaba presente en las culturas como la griega y la egipcia. En esta última, por ejemplo, las máscaras solo eran mortuorias, nunca entre los vivos, eran pensadas para facilitar el tránsito una vez muertos.

 

Figura 4. Máscara nº 60 − Plen de Berga (Catalunya)
Colección Alas y Viento: máscaras del mundo

 

En la actualidad, entre nosotros, ¿quién no ha utilizado máscaras objeto para mostrar su alegría, su pena, el duelo, para “abandonarse” a sus emociones más primitivas? ¿Quién no ha sentido placer cuando se ha disfrazado y creado incertidumbre, curiosidad en el otro? La máscara nos da seguridad, a veces poder. Se puede afirmar que es una forma, un rito social para representar y externalizar las emociones que depositamos en la otra persona, algunas veces, de forma silenciosa e inconsciente. La máscara te convierte en otro o quizás saca ese otro que tenemos oculto y escindido en nuestro interior. El autor de esta colección, Nacho Rovira (2021), relata cómo los pueblos protegen y dan un valor impagable a sus máscaras, tanto, que hace difícil que se desprendan de ellas ya que forman parte de su ego, de su mundo. Esa necesidad de protegerse o de intimidad para decir aquello que nos es más valioso se puede asimilar también a la técnica psicoanalítica a través del uso del diván, renunciando al cara a cara, al contacto visual, entre psicoanalista y paciente. De esta forma paciente y psicoanalista pueden pensar, asociar ideas y emociones sin estar pendientes del otro, sabiendo que está, sabiendo que es un espacio de intimidad, pero sin que la mirada pueda sugerir aceptación o rechazo. Solo a través de lo que el otro verbaliza o de sus silencios, se realiza el intercambio genuino de pensamientos, sin enmascararlos. No olvidemos, por ejemplo, que en la Grecia clásica para nombrar las máscaras que utilizaban en el teatro los actores recurrían al término prosopon (Пρόσωπον) −el antecedente de nuestro concepto de personalidad−, designando así una caracterización de sentimientos, emociones que dramatizaban ese artilugio que hoy denominamos máscara.

La máscara como elemento demostrativo de las características de las diferentes culturas es algo evidente por el interés que ha suscitado en diferentes disciplinas: la antropología, la sociología, la pintura, la escultura, la etnología y por supuesto la psicología y la psiquiatría. Entre la comunidad de la salud mental, entre nuestro entorno más próximo, Jorge Tizón (2018a y b, 2019c, 2020d) ha asociado también las máscaras con la expresión dramatizadora u ocultadora de las emociones básicas que dominan la psique de la persona. Dichas emociones, cuando bloquean las posibilidades de pensar y de afrontar las frustraciones y cambios en la vida cotidiana, dan lugar a las organizaciones relacionales psicopatológicas. En la tabla 1 reproduzco con la autorización del autor algunos de sus ejemplos para esa vinculación entre psicopatología y máscaras. Añado el concepto de enmascarar a lo que él originalmente denomina conductas ocultadoras de las organizaciones psicopatológicas de la relación.

 

Tabla 1: Las máscaras y las organizaciones psicopatológicas relacionales.

 

Así se producen una serie de combinaciones complejas y a la vez sencillas que ocultan y protegen a la persona de las relaciones patológicas. La somatización, la indiferencia, el control, el mostrarse como pensador, el orgullo, el disimulo, la indiferencia, la arrogancia, por ejemplo, son conductas que, superficialmente, muestran una postura ante la vida pero que también pueden ocultar, enmascarar, una estructura incipiente o establecida de la personalidad alterada. El individuo con fobias, por ejemplo, mostrará razonamientos complejos, se mostrará como pensador empedernido para ocultar la angustia y miedos que imperan en su vida y que le llevan a evitar sistemáticamente determinados ambientes o situaciones. En otro extremo, como decía Bion (1972), la arrogancia, la indiferencia y la distancia, son formas de relación de personas que sufren una ruptura psicótica o que están a punto de sufrirla. Tizón amplía o relaciona el concepto de máscara con el de ocultación del mundo interno sufriente del individuo. Algo que aquí nombro como enmascaramiento de una intimidad, ya sea para la vida o para evitar la autodestrucción. Tan solo en la civilización egipcia, se enmascaraban ante los dioses una vez muertos, lo cual nos muestra un fuerte simbolismo del tránsito o duelo del final de la vida.

Como he intentado reflejar a través de este limitado artículo, el mundo de las máscaras nos pone en contacto con simbolismos ancestrales que vale la pena pensar y no olvidar. Exposiciones como la de la colección Alas y Vientos nos acercan a la comprensión de nuestros orígenes, a fantasías y proyecciones de las diferentes culturas de nuestro planeta y de nuestra propia realidad actual. Sin darnos cuenta, o conscientemente, hemos hecho de la máscara un uso cotidiano pero, qué diferente es un rostro cuando se quita la máscara, la percepción varía, no hay duda.

 

Referencias bibliográficas

Bick, E. (1969). La experiencia de la piel en las tempranas relaciones de objeto. Revista Uruguaya de Psicoanálisis. (11). pp. 167-172.

Bion, W.R. (1972). Diferenciación de las personalidades psicóticas y no psicóticas (1957), en Volviendo a pensar. Hormé.

Rovira, N. (2021). Las màscares del mundo en “El suplement: fora del ramat”. Txell Bonet. Catalunya Radio. https://www.ccma.cat/catradio/alacarta/el-suplement/txell-bonet-i-les-mascares-de-nacho-rovira/audio/1098802/

Tizón, J.L. (2018a). Apuntes para una psicopatología basada en la relación: Vol. I Psicopatología general. Herder.

Tizón, J.L. (2018b). Apuntes para una psicopatología basada en la relación: Vol. II: Relaciones dramatizadas, atemorizadas y racionalizadoras. Herder.

Tizón, J.L. (2019c). Apuntes para una psicopatología basada en la relación: Vol. III: Relaciones emocionalizadas, intrusivas, actuadoras y “operatorias”. Herder.

Tizón, J.L. (2020d). Apuntes para una psicopatología basada en la relación: Vol. IV: Las relaciones paranoides, la desintegración psicótica y la inestabilidad emocional “límite”. Herder.

 

Resumen

Se presentan algunas reflexiones realizadas en el contexto de una jornada sobre las máscaras y la salud mental, estas son un elemento transcultural relacionado con la expresión de sentimientos y emociones. La máscara adquiere protagonismo cuando la persona la utiliza como objeto intermediario entre su mundo interno y las personas o el grupo en el que vive. Fundamentalmente pueden facilitar la comunicación emocional o proteger la intimidad del ser que porta la máscara, a modo de segunda piel.

Palabras clave: Máscaras, salud mental, dramatización, psicoanálisis.

 

Resum
Es presenten algunes reflexions realitzades en el context d’un jornada sobre mascares i salut mental. Aquestes son un element transcultural relacionat amb l’expressió de sentiments i emocions. La màscara adquireix protagonisme quan la persona la utilitza com a objecte intermediari entre el seu mon intern i les persones o el grup en el que viu. Fonamentalment poden facilitar la comunicació emocional o protegir la intimitat de la persona que porta la mascara, en forma de segona pell.

Paraules clau: Màscares, salut mental, dramatització, psicoanàlisi.

 

Psicólogo Clínico, Doctor en Psicología, psicoterapeuta i psicoanalista (SEP-IPA).
Equipo de Intervención Clínica a Domicilio (ECID – FVB).
Profesor asociado en la Facultad de Psicología – Universidad de Barcelona.