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El completo sinsentido de la vida
fuerza al hombre a crear su propio sentido
Stanley Kubrick[1]

La sala Beckett, ubicada en el barrio del Poblenou de Barcelona, cumplía treinta años, los mismos treinta años de la muerte del autor que dio nombre a este teatro. La representación de esta obra emblemática, Esperant Godot, de Samuel Beckett, ha sido un homenaje obligado que se ha acompañado de un ciclo de conferencias sobre el autor y su obra, durante el otoño 2019.

La dirección a cargo de Ferran Utzet, así como la traducción de Josep Pedrals y la genial interpretación de Nao Albet, Pol López y también de Aitor Galisteo-Rocher, Blai Juanet Sanagustin y Marti Moreno/Eric Seijo, son convincentes y logran sumergir al espectador en ese paréntesis del tiempo suspendido en la nada que supone ver esta obra de Becket.

El autor ofrece elementos de reflexión sobre el sinsentido de la vida y de la muerte, sobre el tiempo de la vida humana en la Tierra y el lugar que ocupa el hombre en el mundo. Sobre las relaciones humanas vistas desde la perspectiva de la necesidad de supervivencia, donde no cabe el amor. Lo que domina es la carencia, la falta de recursos y una desoladora fatalidad donde la pasividad regresiva justifica una actitud o manera de estar que acaba barriendo el sentido o significado de la existencia.

En Esperando a Godot, el tiempo parece detenerse y los dos personajes protagonistas, Vladimir y Estragon, esperan. Esperan a Godot. No sabemos quién es Godot ni qué representa. Pero la vida de los protagonistas se organiza en esa espera. La espera es absurda como absurda es la vida, este sería el contenido simplificado y en síntesis de esta obra dramática. Dos seres humanos interactúan atrapados en el sinsentido de una existencia donde pensar o no pensar es una de las cuestiones que el autor debate a través de sus personajes.

El pensamiento se muestra como algo peligroso, pues podría confirmar la falta de significado de todo aquello que es producto de la creación del hombre, sea religión, cultura, arte, deporte… Esto se evidencia, a mi entender, en un diálogo en el que Pozzo (un tercer personaje que se añade a la escena a modo de entretenimiento agridulce) obliga a su esclavo Lucky (esclavo con funciones de mula de carga, a tal punto deshumanizado por su amo) a ponerse el sombrero y pensar bajo la orden de: ¡piensa! Lucky profiere un galimatías de ideas inconexas e incomprensibles, donde todo aquello que forma parte de las inquietudes y desarrollos humanos cabe ser mencionado, pero acaba siendo un conglomerado caótico de palabras que dejan exhausto al “pensador-esclavo-mula de carga”.

En el contexto de la obra, el hecho de vivir se presenta, a través de los dos protagonistas principales, como un accidente. Y si es así, elegir morir, o elegir seguir viviendo, es una ecuación, es lo mismo, lo uno o lo otro. En algunos momentos plantean colgarse del único árbol que les acompaña en el escenario pero lo dejan estar, deberían pensar cómo hacerlo, no disponen de lo necesario ni siquiera para eso. Y sin más, ya están en otro diálogo.

No hay libertad en la vida de los dos vagabundos que se encuentran unidos por un lazo difícil de definir, como si estar juntos fuese una fatalidad necesaria relacionada con la incapacidad de estar solos. La relación entre humanos se presenta, desde esta perspectiva, como un destino ineludible pero carente de significado.

Los personajes, dejan que la vida les atraviese desde la pasividad, no viven, solo esperan, esperan a alguien, ese alguien sin representación posible. Ese alguien que va a proveerles de lo elemental, lo necesario para sobrevivir, calcetines, comida, no pasar frío… Así es como Vladimir se lo explica a Estragon, ofreciéndonos de esta manera, algunos elementos que definen la situación que los personajes atraviesan. El autor nos ofrece un panorama desolador donde los seres humanos aparecen en estado de indefensión y desamparo, de tal forma, que han de esperar aquello que Godot les aportará, y sin lo cual, la vida no es posible pues se pierden incluso las coordenadas de tiempo y de espacio. Los dos personajes se van y vuelven, encerrados en un espacio y tiempo circular, sin salida. Entendemos que lo que esperan tiene que ver con los cuidados que son indispensables desde el inicio de la vida para que la vida humana pueda tener lugar y desarrollarse como tal. Pero esa evidencia no es tal, la de la disponer de cuidados parentales, sería como esperar la Providencia, esperar a Dios (God-ot). Beckett nos presenta una humanidad huérfana, carente de lo fundamental. Podemos pensar que la segunda Guerra Mundial lo ha arrasado todo y eso es lo que queda, nada (la obra fue escrita a finales de los años cuarenta).

Los vagabundos esperan al que les ha de cuidar, al igual que Telémaco esperaba mirando al mar la llegada de su padre, Ulises. Pero Telémaco esperaba al que había de restablecer el orden y la ley en la isla, esperaba al tercero necesario y se aventuró arriesgando su vida para encontrarle (Recalcati, 2013). Mientras que los vagabundos de Becket sufren pasivamente la carencia y viven regresivamente la espera. La desprotección es el presente, y la expectativa se presenta como espera pasiva de lo que ha de llegar pero no llega. Parece que Samuel Beckett quiera presentarnos una humanidad desnuda, y también descalza, a juzgar por la fijación de Estragón en sus pies y sus dificultades en disponer de calzado a su medida. Esto último, me parece una metáfora, que expresa el desajuste íntimo del personaje como algo que le hace sufrir, aunque en la obra se presente desde una vertiente cómica.

La obra es lenta, dos horas sin que pase prácticamente nada es mucho tiempo. Pero es esto lo que nos llega y tratamos de significar. “El tiempo pasa rápido ―dice Vladimir― cuando se está entretenido”. Y el entretenimiento es una distracción, en el sinsentido del día a día, de la noche que llega para dejar paso a un nuevo día, y de nuevo a la espera. El que llega es un muchacho que no sabe, no sabe nada, solo que Godot no vendrá, no sabe cuando vendrá, quizás mañana, no sabe. El muchacho mensajero transmite que el que ha de venir no vendrá “hoy” tampoco. La orfandad se presenta como punto de partida y como destino. No hay cobijo materno ni orden simbólico parental.

En cierta manera es como si la humanidad, representada por los dos indigentes y los otros personajes de la obra, estuviese condenada a vagar por el mundo, más que a sentirse parte viva y gozosa de él y del hecho de existir.

Esperando a Godot es una obra profundamente pesimista. La guerra y la desolación en la Europa de la postguerra debieron impregnar la experiencia vital del autor, que transformó tal vez el desconsuelo melancólico arrasador en creación teatral, dando lugar a un nuevo género “el teatro del absurdo”. El existencialismo era en aquél momento un terreno filosófico propicio donde germinó el genio creador de Beckett.
 

Referencias bibliográficas

Recalcati, M. (2013), El complejo de Telémaco, Barcelona, Anagrama.

Wikipèdia, Samuel Barclay Beckett.
 

Palabras clave: Samuel Beckett, teatro del absurdo, sinsentido, Telémaco
 

Pilar Tardio Abizanda
Psiquiatra de adultos e infanto juvenil.
Psicoanalista miembro asociado SEP-IPA.
pilartardio@hotmail.com
 

[1] Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), Exposición sobre la obra de Stanley Kubrick,  octubre 2018..