HACIA UN PSICOANÁLISIS RELACIONAL.
ENTREVISTA AL DR. JOAN CODERCH


Temas de Psicoanálisis: Nos gustaría que comenzase contándonos algo sobre sus orígenes, sobre su familia y sobre su infancia.

Joan Coderch: Nací en 1930 en Hospitalet de Llobregat( Barcelona). Mi padre era médico y mi madre estudió enfermería después de casada. Fuimos siete hermanos, de los cuales en el momento actual quedamos tres. Viví el ambiente de preguerra, de guerra civil y de postguerra, y al decir esto me refiero especialmente a los primeros años del franquismo. Durante la guerra no llegué a pasar verdaderamente hambre, pero sí estuve sometido a una alimentación muy escasa e inadecuada para mi edad. Toda esta realidad me impactó fuertemente y creo que indujo en mí una actitud de cierto escepticismo y la necesidad de pensar por mi cuenta lo que se dice y habla a mi alrededor.

TdPNos imaginamos que era un niño estudioso. ¿Es así?

Joan Coderch: No, era un mal estudiante hasta quinto de bachillerato, ya que no  podía resistir el ambiente de opresión propio del colegio donde cursaba. No soporto imposiciones, quiero poder pensar libremente. Al llegar a sexto conseguí ser trasladado de colegio y entonces me transformé en un buen estudiante al encontrarme  con un ambiente algo más favorable.

TdP: ¿Cómo empezó a interesarse por el psicoanálisis? ¿Qué experiencias e influencias personales y qué lecturas le condujeron al psicoanálisis?

Joan Coderch: Cuando era adolescente me apasionaba la poesía y escribí algunos poemas. Me hubiera encantado ser un buen poeta, pero tenía un tío político, catedrático de química, que me desaconsejó fuertemente entretenerme en estas cosas. Creo que fue mi inclinación a la poesía lo que me llevó a interesarme por las emociones y su expresión en el lenguaje, por el diálogo y por la comprensión de la mente humana, y esto me predispuso para interesarme por el psicoanálisis en cuanto leí alguna cosa acerca de él.

TdP: ¿El psicoanálisis estaba presente en la Universidad en la que estudió? ¿Cómo fue su primer contacto con el mundo del psicoanálisis?

Joan Coderch: El profesor Ramón Sarró, el titular de la Cátedra de Psiquiatría en la que recibí mi formación como psiquiatra y de la cual fui Profesor Adjunto, hablaba alemán, había conocido a Freud y, por indicación de éste, había realizado un breve análisis con Helen Deutsch. Con su manera peculiar,   hablaba mucho del psicoanálisis.  Todos simpatizábamos con el psicoanálisis  y empleábamos cierta terminología psicoanalítica.  Recuerdo que un psicoanalista de prestigio, Sandor Loran, a su paso por Barcelona dio una conferencia en la Cátedra y nos explicó algo de psicoanálisis.  Cuando terminó y se marchó todos nos dijimos unos a otros: ¡pero si esto ya lo sabíamos!


TdP: ¿Recuerda cómo tuvo noticia de la existencia de la Sociedad Española de Psicoanálisis?

Joan Coderch: Cuando regresaron a Barcelona la doctora Julia Corominas y los doctores Pere Folch y Pere Bofill, que habían marchado a otros países para recibir formación psicoanalítica.

TdP: ¿Cómo buscó su análisis personal? ¿Cómo lo recuerda? ¿Qué ha significado  en su vida?

Joan Coderch: Decidí analizarme, para recibir una formación sólida en psicoanálisis, en cuanto pude ganar suficiente dinero trabajando como psiquiatra para costearme lo que esto suponía. El resto de la pregunta es excesivamente personal.

TdP: ¿Cómo era el psicoanálisis que se encontró en el momento de iniciar su formación, a nivel internacional, en España y en particular en Barcelona?

Joan Coderch: No tenía ni idea de la situación del psicoanálisis en aquel momento, ni en España ni fuera de ella. En aquellos tiempos, hablo de la mitad de la década de los cincuenta, estábamos muy aislados del resto del mundo, y yo no tenía dinero para procurarme libros ni revistas. En Barcelona, el psicoanálisis estaba totalmente identificado con la escuela kleiniana.

TdP: ¿Qué le llevó a decidir dedicarse al psicoanálisis?

Joan Coderch: Durante algún tiempo ejercí como psiquiatra, en el ámbito público y en el privado, y como analista en el privado. Años después continué como psiquiatra en la administración pública, pero sólo como analista en lo privado. La comprensión a fondo de la mente humana era lo que me atraía, y por ello elegí el psicoanálisis.  Además, porque desde el principio sentí que la práctica del psicoanálisis era un arte más que una técnica. Los misterios de la mente humana, como los de la física cuántica, exhalan un cierto aroma de poesía.

TdP: Ha trabajado usted muchos años en la asistencia pública. ¿De qué manera cree que ha influido o enriquecido su práctica psicoanalítica privada? ¿Y viceversa?

Joan Coderch: En la Facultad de Medicina como profesor adjunto de psiquiatría hasta los  cuarenta y seis  años. En la asistencia pública estuve hasta los 60 años.  Creo que cada uno de los dos ámbitos ha enriquecido y flexibilizado al otro. Pienso que todos los analistas deberían trabajar largo tiempo en la pública, no por necesidad económica como ocurre ahora, sino como parte de su formación personal y para conocer mejor la realidad social.

TdP: Su primer libro, Psiquiatría dinámica (1975), acaba de salir en una nueva edición. Ha sido durante muchos años una obra de referencia y sigue siendo una obra muy solicitada. ¿Cómo la valora actualmente?

Joan Coderch: Me siento muy satisfecho de esta obra, escrita cuando era candidato, y que pude ofrecer como obsequio a mi analista, el Dr. Pere Bofill, un día ya demasiado lejano, al iniciar la sesión. Agradezco el interés que muchísimas personas han mostrado por este libro.  Creo  que hay en él una buena exposición de la psicopatología clásica, tan olvidada en nuestros días y que yo debo a mi formación psiquiátrica,  y una clara y didáctica  introducción al pensamiento kleiniano. Llegar a la sexta edición de una obra de estas características  me ha hecho una gran ilusión. Realmente, estoy muy agradecido a mis lectores.

TdP: Nos interesa conocer su evolución como psicoanalista. ¿Nos la puede describir brevemente? ¿Qué momentos y qué cambios considera  decisivos  en su evolución?

Joan Coderch: No creo que haya habido momentos decisivos. La evolución de mi pensamiento psicoanalítico ha sido lenta, creo que demasiado lenta,  pero sin pausa, y siempre ha seguido una línea directriz, aunque al principio muy poco visible: la valoración de las relaciones paciente/analista, la búsqueda del agente terapéutico  y el interés por ayudar a mis pacientes de manera muy de persona a persona, no a través de técnicas protocolizadas. Esto puede comprobarse  a través de mis libros,  los cuales están conectados  entre sí por el desarrollo paulatino de estas ideas centrales.

TdP: En su caso, ¿piensa que hay relación entre la evolución personal y psicoanalítica?

Joan Coderch: Sí, porque creo que mi evolución personal, fruto de un constante autoanálisis, que generosos amigos me han valorado positivamente,  ha influido decisivamente en el desarrollo de mi pensamiento analítico, que siento en mí   siempre abierto a la posibilidad de nuevos horizontes. Con el tiempo me he sentido con una mayor coherencia conmigo mismo,  y ello me ha proporcionado una mayor libertad y confianza en mi propio pensamiento. Creo que el intercambio con mis pacientes, por los que siempre he sentido mucho afecto,  ha influido muy favorablemente en los cambios que con el transcurso de los años se han producido en mi personalidad.

TdP: ¿Y qué papel jugaron –si es que jugaron alguno– las discusiones de casos clínicos en su evolución? ¿Qué papel le parece que juega la discusión de material clínico en la evolución de los analistas y de las sociedades psicoanalíticas?

Joan Coderch: Siempre he sido más proclive a la lectura de trabajos con material clínico, y de libros y trabajos teóricos, que a las discusiones en reuniones científicas. La verdad, es que soy muy  escéptico frente a la exposición de material clínico en las reuniones psicoanalíticas.  Yo necesito tiempo para el estudio y la reflexión, en mi soledad.  Aunque he asistido a muchos congresos y reuniones, claro está, tampoco soy muy aficionado a ellos.  Permítame  que le cite una letrilla  de Lope de Vega, con la que me siento muy identificado:  a  mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo/ me bastan mis pensamientos. El ambiente que se crea en los debates es más propio de un torneo de ingenios, con juegos de palabras y preciosismos lingüísticos, que el de un espacio para pensar serenamente. He leído todo cuanto el tiempo me ha permitido, procurando, al hacerlo, dar a mi lectura un carácter de estudio, de quien  necesita aprender, modesta y humildemente. Por esto yo no suelo  decir que leo, sino que estudio.

TdP: ¿Cuándo y qué le llevó a distanciarse del psicoanálisis kleiniano? ¿Cuáles fueron los pasos de ese distanciamiento, si se pueden precisar?

Joan Coderch: Es una pregunta que parte de una premisa errónea. Yo no me he distanciado del psicoanálisis kleiniano, sino de lo que A. Green llama la “corriente principal del psicoanálisis” y a la cual llamamos también psicoanálisis clásico o tradicional,  y dentro de la que se encuentra la escuela kleiniana. Y me he distanciado enormemente porque juzgo que camina por senderos erróneos, tanto desde el punto de vista teórico como del práctico. En el momento actual,  la corriente principal del psicoanálisis se encuentra totalmente fuera de los conocimientos científicos empíricamente demostrados, y también del estado actual de la sociedad, y esta es la causa de la situación de desprestigio que le afecta y de que en las universidades se escuchen cosas como: “¡Ah, pero todavía existe el psicoanálisis!” Pero me  ha de permitir que me extienda un poco en esta cuestión, porque si no es así es muy difícil que pueda ser comprendido. Trataré de ser lo más esquemático posible.

Los inicios de este camino erróneo hay que situarlos en 1897,  cuando Freud escribió una carta a su amigo y mentor Fliess  diciéndole: “ya no creo más en mi neurótica”. A partir de aquí, Freud abandonó  la teoría traumática -el trauma de la realidad, que él juzgaba siempre de naturaleza sexual- para abrazar la teoría de las fantasías endógenas excitadas por las pulsiones, sin ninguna relación con la realidad exterior al sujeto.  Instauró, pues, la creencia en  lo puramente intrapsíquico, con abandono de la realidad, como el único territorio propio y exclusivo del psicoanálisis. Ha sido lugar común entre los  analistas el creer que este abandono de la realidad por parte de Freud  para  fundar la teoría de las fantasías endógenas, de lo exclusivamente  intrapsíquico cuyo dominio ya nadie podría disputarles,  fue el verdadero amanecer  del  psicoanálisis, y así lo han mantenido hasta ahora. Algunos pensamos, sin embargo, que este cambio de rumbo no fue el amanecer sino el crepúsculo del psicoanálisis, el inicio de su decadencia. El psicoanálisis abandonó la realidad del mundo en que vivimos, convencido de su autosuficiencia, por tanto, también a la ciencia, y el mundo y la ciencia han abandonado al psicoanálisis. La teoría de las fantasías endógenas significa sumergirse en la perspectiva de la mente cartesiana, rechazada totalmente por el mundo científico.  Ahora sabemos perfectamente que  el cerebro -por tanto la mente- se  encuentra totalmente integrado con el resto del organismo, a través de circuitos bioquímicos y neurohormonales. El pensar, el sentir, el tener emociones  y deseos es algo en lo que participa todo el organismo. La esencia básica  de los  sentimientos  descansa en la percepción directa de un lenguaje específico del cuerpo. El organismo, en tanto que sistema abierto y complejo que es, concepto totalmente validado por la biología y la teoría general de los sistemas, se encuentra en constante interacción con el medio que le rodea, y esta interacción no es del cuerpo sólo o del cerebro sólo, sino siempre del organismo en su conjunto. Por tanto, los fenómenos mentales sólo pueden entenderse cabalmente atendiendo a la interacción del organismo con el contexto ambiental en el que se halla. Hasta la sombra de un suspiro es una respuesta a esta interacción. Ya hace cincuenta años Vigotsky dijo que nada hay dentro de la mente que no haya estado previamente fuera. No deseo molestar a nadie con mis razonamientos,  y me excuso si lo hago sin quererlo.  Yo respeto la opinión de todos y procuro atenerme al racionalismo crítico de Popper, partiendo siempre de la base de que puede que yo esté equivocado y que mis oponentes tengan razón.  Pero mientras nadie me demuestre  lo contrario,  yo he de dar mis argumentos para  justificar lo que digo, como es que paciente y analista están interaccionando e influyéndose mutuamente el uno al otro, y que el verdadero agente terapéutico es la experiencia intersubjetiva de recíproco reconocimiento, no el contenido cognitivo de la interpretación. Debería decir muchas más cosas, claro,  pero creo que para una entrevista ya es casi excesivo.  Es cierto, no obstante, que la escuela kleiniana es la que defiende más a rajatabla esta  teoría de las fantasías sin relación con la realidad,  aplicándola a su técnica de la interpretación de la transferencia, a la que juzga como la repetición de las fantasías y conflictos inconscientes que el paciente vivió con sus primeros objetos, sin que la realidad cuente  para nada o sólo para algunos pequeños matices.  En  mi libro Pluralidad y Diálogo ya he puesto de relieve  la  comprensión actual de la transferencia de acuerdo con nuestros actuales conocimientos clínicos y científicos. Por esto mi postura actual se halla más alejada del kleinismo que de la  psicología del yo, por ejemplo, que admite la relación real entre paciente y analista. De aquí las grandes discusiones entre la escuela kleiniana y la psicología del yo acerca de la posible creación de la llamada alianza terapéutica, en la cual existe una relación real. He estudiado esta cuestión en mi libro Pluralidad y Diálogo en Psicoanálisis. Afortunadamente para los pacientes y para el propio psicoanálisis, en la práctica parece, por la lectura de libros y trabajos, y por las conversaciones  privadas entre colegas, que pocos siguen al pie de la letra esta teoría, porque la realidad se impone. Recuerdo que hace muchos años una analista del grupo kleiniano de Londres presentó un trabajo en la SEP, en donde su presencia era frecuente, cuya tesis era que todo lo que no fueran interpretaciones de la transferencia -en el sentido que antes he dicho- era perder el tiempo y favorecer las resistencias. Yo intervine y le mostré,  texto en mano, que en el espacio de dos páginas había tres interpretaciones extratransferenciales. No obtuve respuesta. Freud también se contradice en muchas ocasiones y da amplio margen a la realidad traumática. Que yo sepa, todos los autores que se han ocupado  de la cuestión sostienen que la teoría traumática siempre asoma la cabeza en los escritos de Freud.  También es cierto que en la propia corriente principal del psicoanálisis va dándose, en la práctica, cada vez mayor importancia a la realidad en general y a la realidad del analista, asimilándose poco a poco  las ideas de Ferenczi, Balint, Winnicott, Fairbairn,  Merton Gill,  Loewald,  Mitchell, el grupo de Boston para el estudio del cambio psíquico, etc.  Pero también lo es  que este cambio es excesivamente lento y tiene lugar  más en la práctica clínica privada, -¡ay, las diferencias entre lo que se escribe o dice  y lo que se hace!-  que en la teoría, y ello actúa como un dogal que asfixia la creatividad del pensamiento psicoanalítico y, muy especialmente,  aprisiona a los analistas más jóvenes. El problema principal es el de que toda la corriente principal del psicoanálisis se encuentra contaminada por la concepción cartesiana de la mente, uno de los mayores errores de la cultura occidental, y, por tanto todo lo que concierne a dicha corriente debe revisarse de arriba abajo. Mientras no se elimine esta perspectiva cartesiana de la mente como punto de partida, el psicoanálisis clásico, tradicional o como quiera llamársele, está fuera del mundo científico.

TdP: ¿Podría señalarnos qué aportaciones de la teoría y de la técnica kleiniana con el tiempo ha abandonado porque le parecen más cuestionables?

Joan Coderch: Su creencia en la existencia de la pulsión de muerte -agresiva  hacia el exterior- y de la envidia en los bebés.  No hay ningún indicio científico de tal pulsión ni de tal envidia. En realidad, la teoría pulsional va siendo abandonada por cada vez más amplios sectores de la comunidad psicoanalítica, relacionalistas o no.  Lo que sí se ha demostrado es la existencia de  circuitos neuronales dispuestos para la intersubjetividad en el mismo momento del nacimiento.  El self es un self social. Las investigaciones demuestran que desde la infancia los procesos cerebrales innatos apoyan la reciprocidad social y el desarrollo de la formación del espacio “yo-nosotros”. Conocemos ahora una neurobiología de la intersubjetividad; ésta incluye un funcionamiento básico dentro del inconsciente de procedimiento, muy importante para el trabajo psicoanalítico. Sabemos que nacemos provistos de mecanismos cerebrales que  son fundamentales para nuestra  identificación con los otros y la formación de redes sociales. El bebé nace ya socializado; responde inmediatamente a los estímulos de las personas  que le rodean sin necesidad de aprendizaje previo. Es esencialmente social, y habla el lenguaje de los afectos, no de las pulsiones. Dado que toda la teoría y la técnica psicoanalítica kleinianas están totalmente estructuradas alrededor de una supuesta pulsión agresiva, de la envidia y del Complejo de Edipo, he abandonado por completo tal teoría y tal técnica. Ya he dicho que respeto todas las teorías y, especialmente, a las personas que las sostienen con todo su derecho, pero este mismo respeto me obliga a ser sincero y decir lo que yo pienso.

TdP: ¿Y qué aportaciones de la teoría y de la técnica kleiniana y post-kleiniana considera que mantienen, para usted, su vigencia, validez y valor?

Joan Coderch: Me parecen interesantes, como fenomenología clínica, los conceptos de la posición depresiva, la esquizoparanoide y la identificación proyectiva, esta última una gran intuición del sistema de neuronas en espejo.  Aunque yo  doy una explicación muy distinta a esta  fenomenología.  Pienso que un grado razonable de salud mental exige cierto nivel de no diré de depresión pero sí de un cierto grado de tristeza, consecuente al abandono de la omnipotencia y el narcisismo. La autorreflexión nos hace conscientes de nuestra contingencia, nuestras limitaciones, nuestros errores y deficiencias, nuestra finitud y la fugacidad de nuestras ilusiones. A la vez, la mirada reflexiva dirigida hacia el exterior nos lleva a contemplar una humanidad que corre enloquecida en busca del placer, por un lado, y empujada por un afán de dominio sobre la naturaleza que le lleva a la degradación del planeta que habitamos, nuestra madre  tierra, por otro; por tanto, hacia nuestra propia destrucción. Vemos a los seres humanos matándose unos a otros, la ciencia al servicio de la guerra y centenares de miles de niños sufriendo hambre, mientras la amenaza de la  aniquilación nuclear se cierne cada vez más amenazadoramente sobre nosotros.  Yo creo que si somos conscientes de todo ello, un ligero y poroso -para que pueda transpirar alegría- velo de tristeza ha de cubrir nuestros corazones; en esto estoy de acuerdo con la posición depresiva.  No lo estoy con el conjunto de la teoría kleiniana y menos todavía con la técnica.  Pero  creo que  la salud mental exige un cierto fondo de tristeza. Pero ¡cuidado!  Al afirmar que me he apartado de la teoría kleiniana no quiero decir que los pacientes tratados por un analista kleiniano no sean ayudados.  Todos los pacientes tratados por analistas de cualquier escuela pueden ser ayudados porque todos los analistas establecen una relación con sus pacientes. El setting es una magnífica relación: estabilidad, regularidad,  seguridad, etc. Las interpretaciones son un acto de relación. Con ellas el analista muestra su interés por el paciente, su deseo de comprenderle y ofrecerle esta comprensión, su esperanza de que el paciente sea ayudado por lo que se le interpreta, etc. Es lo que llamo en mi libro La interpretación en Psicoanálisis la “segunda función“ de la interpretación. Si el analista posee un mínimo de sensibilidad y empatía, ayuda al paciente mediante su relación, aunque crea que le ayuda por el contenido cognitivo de sus interpretaciones. Siento decir que en las discusiones científicas en el seno de nuestra sociedad, algunas de ellas bien recientes, se me ha criticado el supuesto hecho de dar poca importancia a las interpretaciones, y esto es porque no se ha leído lo que yo he escrito acerca de esta segunda función de la interpretación que acabo de mencionar y que yo juzgo más importante que el aspecto propiamente cognitivo. Esta fue una de las primeras cosas que me puso sobre la pista del carácter terapéutico de la relación en sí misma. La relación es el factor común en toda ayuda psicológica. Lo que sucede es que si se tiene en cuenta este carácter esencialmente relacional del ser humano, con todas sus implicaciones en las que no puedo detenerme aquí, el efecto terapéutico de la relación se acentúa,  y, por el contrario, si se descuida este factor  muy frecuentemente se retraumatiza al paciente.

Pienso que la teoría kleiniana debería abandonar su concepción de la relación paciente-analista exclusivamente como la proyección en este último,  por parte del paciente, de un objeto interno subjetiva y omnipotentemente  construido, para dar entrada  a la concepción de la relación del paciente con un sujeto,  de acuerdo con la máxima de Benjamín “donde están los objetos deben estar los sujetos”. El primer tipo de relación corresponde a la dimensión intrapsíquica de la mente, y el segundo a la dimensión intersubjetiva.  La salud mental exige un estado de equilibrada tensión dialéctica entre la dimensión intrapsíquica y la dimensión intersubjetiva. La primera es la fuente de la imaginación, la fantasía, la creatividad y el arte. La segunda es el germen de la sociabilidad, del entramado social en el que nos relacionamos unos con otros y del mundo humano de valores  y símbolos en el que vivimos.

TdP: En la introducción a su libro La interpretación en Psicoanálisis (1995) usted dice que el acto interpretativo, entendido como el acto en el cual el analista ofrece al paciente la información que éste precisa para llegar al insight o descubrimiento de su realidad interna, constituye la  finalidad primordial del trabajo del psicoanalista, y escribe: “Con la interpretación, por tanto, la función del analista llega a su punto álgido. Todo lo demás, aceptación, benevolencia, neutralidad, empatía, capacidad de contención, insight del propio analista, análisis de la contratransferencia, etc., viene a ser la preparación y acompañamiento imprescindibles para que el analista pueda proporcionar al paciente la información de aquello que él desconoce de sí mismo, y para que este último se halle en condiciones de recibir y elaborar adecuadamente el saber que se le transmite“. ¿Qué opina  ahora, 15 años después, de esta afirmación?  ¿Suscribiría aquellas palabras o reformularía de otra manera el objetivo del tratamiento psicoanalítico?

Joan Coderch: No, no lo subscribo ahora enteramente. Ni de lejos. Tengo la costumbre, no sé si buena o mala,  de procurar  que mi pensamiento evolucione con el paso de los años. El paciente se reconoce a sí mismo a través del juego de la intersubjetividad, no primordialmente por las interpretaciones. El objetivo del psicoanálisis, para decirlo de la manera resumida que aquí me es posible,  es el de favorecer la creación de nuevas experiencias, ampliar el horizonte emocional del paciente y modificar las pautas de procedimiento, pertenecientes al inconsciente no reprimido. Esto dicho en líneas generales.  Pero ahora pienso que los objetivos del análisis como terapéutica siempre han quedado excesivamente a  ras de tierra,  aunque sean muy razonables.  Yo reivindico  que el último objetivo ha de ser el de ayudar al analizado -muy especialmente cuando se trata de profesionales de la salud mental-  a desarrollar al máximo aquello que constituye la esencia humana de toda persona,  aquello que le separa de la pura animalidad, o, dicho de otra manera,  los valores humanos, anclados naturalmente en su biología, pero no puramente biológicos: rectitud, honestidad, compasión, altruismo, preocupación por los otros, justicia y  solidaridad. Los valores humanos constituyen un sistema de normas simbólicas dentro de determinado contexto histórico. Si atendemos a esto que estoy diciendo, el psicoanálisis dejará de ser un tratamiento puramente individual para pasar a ser una terapéutica social.  Frente a las opiniones de quienes juzgan que  entre los animales y los seres humanos  hay un continuum sin  solución de continuidad, les recordaré unas palabras del gran biólogo Ludwig von Bertalanffy, creador de la teoría general de los sistemas, quien aconseja a quienes sostienen este punto de vista que se detengan a contemplar una catedral gótica o a escuchar la Novena sinfonía de Beethoven. Yo añado también que escuche El Evangelio según  San Mateo, de J.S. Bach, a ver si así se convence.  Pero también, para que se entienda mejor a qué me refiero al hablar de la esencia del ser humano,  de aquello que no comparte  con los otros organismos vivientes, deseo recordar las maravillosas palabras de Inmanuel Kant que figuran en el último párrafo de su Crítica de la Razón Práctica: “Dos cosas hay que llenan el ánimo de admiración y reverencia, siempre nuevas y crecientes cuanto con mayor detenimiento se dedica a ellas: el cielo estrellado por encima de mí y la ley moral que hay en mí”.

TdP: ¿Cómo valora las aportaciones sobre el psiquismo primitivo iniciadas en la SEP por Júlia  Coromines?

Joan Coderch: Las valoro muchísimo. Julia Corominas es la persona con quien durante más años realicé una supervisión semanal. Ella respetaba mucho mi forma de pensar, aunque iba divergiendo del de ella. En mi opinión, el psiquismo primitivo al que ella se refiere es la expresión de las primeras interacciones del bebé con la madre; interacciones que comenzaron ya durante la vida fetal.

TdP: ¿Cómo entiende el  cambio psíquico el psicoanálisis relacional?

Joan Coderch: Yo no puedo hablar en nombre de todos los analistas que sustentan esta orientación, claro está,  pero creo que me acercaré mucho al sentir general de ellos si  recuerdo unas palabras de Ogden, quien afirma que el psicoanálisis no es un método para descubrir lo escondido,  sino que el analizado es creado a través de un proceso intersubjetivo, un proceso en el que se crea un sujeto que previamente no existía. También podemos decir que el cambio psíquico queda representado por la expansión y enriquecimiento de la experiencia subjetiva, y del fortalecimiento del self como agente responsable de la propia vida.  A diferencia del psicoanálisis clásico, el cambio psíquico  no es concebido en el psicoanálisis relacional como una renuncia a los deseos infantiles  o como una resolución del conflicto pulsión-defensa, sino como una conciliación de diferentes experiencias psíquicas a través del desarrollo de la vida.

TdP: En su último libro, La práctica de la psicoterapia psicoanalítica (2011), ha hablado del “juego del psicoanálisis”. Escribe:Vamos a jugar a un juego que se llama psicoanálisis. Ud. hará el papel del paciente y yo del analista. Ud. es libre de decir lo que desee, y al hacerlo me asignará, inconscientemente, diversos papeles complementarios, como el de su madre, su padre, de un fragmento de su propia mente, de su jefe, etc. Mi tarea consistirá en acertar el significado de estos papales complementarios y advertirle de ello, explicando el cómo y el por qué. Si ud. me presta atención y entiende lo que le explico, dentro de unos años se sentirá mucho mejor. Cada partida durará el tiempo que acordemos y yo señalaré el final”. ¿El intento del analista de presentarse, de encarnar el papel de buen objeto, no limitaría las potencialidades del juego del psicoanálisis? ¿Hasta qué punto la insistencia de mostrarse como un objeto bueno puede interferir en el juego del psicoanálisis, limitando los papeles del analista que cada analizando necesita?

Joan Coderch: En esta pregunta hay un grave error.  Yo no he dicho nunca que en el modelo relacional el analista ha de presentarse como un objeto bueno,  sino que el analista no debe hace nada para impedir que el analizado lo sienta como un objeto bueno, lo cual es muy distinto.  Es decir, no debe hacer nada para mostrarse frío, distante,  desinteresado de las vicisitudes existenciales del paciente, inmutable, siempre monótona y artificialmente igual a sí mismo,   distinto al corriente trato humano que prevalece en el contexto social en el que ambos viven,  indiferentemente neutral,  forzadamente anónimo, etc. que es lo que ocurre si se atiene estrictamente a las  reglas del  análisis clásico, falsamente atribuidas a Freud como he puesto de relieve en mi último libro. En las relaciones humanas la neutralidad no existe, ya que fatalmente el otro es sentido como amistoso o como adverso y hostilmente indiferente. En este último caso el paciente es retraumatizado  -¡cuando precisamente los pacientes acuden a nosotros por haber sido traumatizados!- y esto sí que ahoga el libre juego del diálogo analítico, con lo cual el analizado interrumpe el tratamiento o acepta sumiso su supuesta maldad.

TdP: ¿Qué piensa de las críticas que se hacen al psicoanálisis relacional referidas al riesgo de fomentar la idealización del analista y del trabajo analítico?

Joan Coderch: Lo que fomenta la idealización es la figura del analista pertinazmente anónimo,  fundamentalmente silencioso y que  sólo interviene puntualmente para formular una interpretación acerca del significado transferencial de las asociaciones del analizado,  con un inefable matiz  de afirmación y seguridad absoluta como corresponde al sujeto del supuesto saber.  El analista que dialoga de manera sencilla y natural,  que no responde a las preguntas, dudas o cuestionamientos del analizado con nuevas interpretaciones,  sino admitiéndolas como tema de investigación conjunta,  no promueve la idealización, ni de sí mismo como persona  ni del método.

TdP: ¿Qué opinión tiene de las críticas al modelo relacional que hablan del riesgo de que desde este modelo puedan quedar disociados del trabajo analítico aspectos agresivos y destructivos de la personalidad del paciente?

Joan Coderch: Estas críticas están equivocadas. El estilo de diálogo democrático y no autoritario es lo que mejor favorece la expresión franca de la agresividad, si es que la hay.  Esto es lo que ocurre en cualquier situación humana: a mayor igualdad mayor sinceridad, ya que el contexto es quien guía aquello que se produce  dentro de él.  Pero los estilos rígidos y autoritarios centrados en la investigación de una escondida agresividad  son los que dan lugar a la agresividad reactiva, a lo que en mi libro Pluralidad y Diálogo he denominado “artefactos transferenciales”.

TdP: Otto Kernberg y otros analistas consideran que los psicoanalistas relacionales se han basado fundamentalmente en una experiencia clínica con pacientes menos graves y que el psicoanálisis relacional puede dar mejores resultados terapéuticos con este tipo de paciente. ¿Qué opina al respecto?

Joan Coderch: De nuevo otro error, lo afirme quien lo afirme, basado en la creencia de que  la base de la vida psíquica son las fantasías endógenas excitadas por las pulsiones libidinales y agresivas. El fundamento  de la mente humana se halla compuesto por las  primeras experiencias relacionales  que han creado redes neuronales muy difíciles de modificar. Los pacientes muy graves son precisamente quienes sufren una deficiente y caótica estructuración de estas experiencias, y únicamente nuevas y repetidas experiencias  emocionales que satisfagan las necesidades afectivas  fomentan la creación de  nuevas redes neuronales  que permiten la autorregulación y la aparición de respuestas más adaptativas.  La insistencia, en cambio, en la formulación de interpretaciones dirigidas a desvelar supuestas verdades ocultas, vencer represiones, etc., sólo sirve para que el analizado se sienta,  de nuevo,   no  escuchado, desatendido  en sus necesidades afectivas y, por tanto, retraumatizado.

TdP: ¿Qué es lo nuevo y específico que aporta la teoría relacional al  psicoanálisis?

Joan Coderch: A mi entender, lo específico es la vuelta a la realidad que nunca debió abandonarse; la recuperación de los aspectos tanto positivos como  traumáticos de la realidad;  la realidad del paciente y del analista;  la realidad del mundo humano en el que vivimos y la realidad que nos enseña la ciencia en todas sus dimensiones.

TdP: ¿Cómo entiende “el arte de relacionarse” aplicado a la cura psicoanalítica?

Joan Coderch: El término cura lo encuentro desfasado, no curamos nada, tan sólo ayudamos.   El arte de relacionarse  para mí ha de corresponder al concepto aristotélico de phronesi que significa la sabiduría de la razón práctica, el saber en cada momento qué es lo que hay que hacer, pero de manera personal y creativa, no por seguimiento de reglas.

TdP: ¿Cómo le parece que se puede conjugar creatividad y técnica en el trabajo del analista?

Joan Coderch: Fíjense en lo que acabo de decir, no pueden conjugarse de ninguna manera creatividad y técnica. Técnica  es la aplicación de un conjunto de operaciones estrictamente reglamentadas y protocolizadas para lograr un objetivo fijado de antemano, siempre el mismo. No hay margen para la creatividad. La técnica es útil para las realizaciones materiales: construir un motor, fabricar muebles, extirpar un tumor, etc. La relación analítica  es un arte práctico en el que el analista, guiado por  su sabiduría humana, procede en cada instante de acuerdo con las necesidades de un determinado  paciente, nunca siguiendo un protocolo igual para todos. Precisamente para realzar esto he titulado mi último libro La práctica de la psicoterapia relacional.

TdP: ¿Qué autor y obra perteneciente a la escuela del Psicoanálisis Relacional considera que le podría resultar más interesante, como una primera lectura, a un psicoanalista de otra orientación?

Joan Coderch: Sin duda alguna, dos de los libros de S. Mitchell, el más destacado impulsor de esta orientación, prematuramente fallecido:  Relational Concepts in Psychoanalysis, e  Influence and Autonomy in Psychoanalysis.

TdP: ¿Cómo valora usted la cuestión de las relaciones entre psicoanálisis y neurociencias?

Joan Coderch: Pienso que esta relación es fundamental, y en la actualidad ya son  muchos los analistas con una buena base neurocientífica que colaboran, por ejemplo, en la revista Neuro-Psychoanalysis y en congresos sobre el tema de las neurociencias.   Luria, el creador de la neuropsicología moderna fundó  en 1922 la Sociedad Psicoanalítica de Kazan, aunque más adelante el poder soviético le obligó a renunciar al psicoanálisis. Kandel, el más prestigioso neurocientífico del momento actual, vivió la experiencia de un psicoanálisis antes de decantarse por la neurociencia.  Pienso que para el psicoanálisis ignorar las aportaciones de la neurociencia cognitivista  es precipitarse en el abismo del aislamiento  y la soledad.  Para la neurociencia, la ignorancia del mundo emocional que pone al descubierto el psicoanálisis significa empobrecerse y caer en un reduccionismo más propio de los mass media que de una ciencia.

TdP: ¿Qué otros conocimientos, además de la plasticidad cerebral, las neuronas en espejo y la memoria de procedimiento, considera aportaciones fundamentales de la neurociencia al psicoanálisis en general y al modelo relacional en particular?

Joan Coderch: Los conocimientos, a los  que ya he hecho referencia, acerca de la neurobiología de la comunicación y de la intersubjetividad. También las investigaciones publicadas este mismo 2011 por Allan Schore acerca de la vinculación del hemisferio cerebral derecho con el procesamiento de la información implícita, en contraposición con  el procesamiento consciente y  explícito ligado al hemisferio izquierdo, lo cual hace que podamos hablar de un self implícito propio del hemisferio derecho.  Pero seguro que en el momento en  que salga a la luz esta entrevista habrán aparecido nuevas aportaciones de la neurociencia de gran valor para el psicoanálisis. Bien, yo no soy un neurocientífico ni he colaborado con ellos, sólo puedo dar cuenta de lo que leo  y puede que no conozca los más modernos avances de la neurociencia en la actualidad. Pero, de todas maneras, sí quiero subrayar que, con los más modernos estudios y trabajos, el sistema de neuronas en espejo, investigado principalmente por V. Gallese, adquiere cada vez más relevancia para la comprensión de la mente humana.   Queda muy claro  que este sistema juega un papel de la máxima importancia en la “hominización”  de las personas porque, entre otras cosas, es fundamental para la imitación, asunto éste de gran importancia en el desarrollo de la mente. La imitación, que conlleva el aprendizaje,  pone en marcha las capacidades imitativas y expresivas para la formación del sentimiento del nosotros, ya que el sistema de las neuronas en espejo pone en  movimiento el encendido en el observador -el bebé- de los mismos circuitos neuronales  que están encendidos en el cerebro del sujeto observado -la madre- que sonríe,  mueve brazos y  manos,  expresa facialmente alegría, o tristeza, serenidad, o que abre la boca, saca la lengua, mueve las manos, etc. Recuérdese que Piaget juzga que la formación de símbolos en el niño es el resultado de su innata constitución imitativa.  Existe un lazo muy estrecho entre imitación y sociabilidad y, desde  luego, el psicoanálisis relacional se encuentra muy interesado en este hecho. El antropólogo L. Duch considera que si un  niño no dispone de posibilidades de imitación, como ocurre con los  niños abandonados en la selva,  nunca llegará a constituirse su humanidad.   También los trabajos de C. Trevarthen acerca de la neurobiología de la socialización. De sumo interés son, asimismo, las investigaciones de A. Schore acerca del papel del hemisferio cerebral derecho como asiento principal de los procesos implícitos inconscientes, lo cual da lugar, según este autor, a que podamos considerar la existencia de un self implícito, cuyas funciones radican en este hemisferio.

Dado que estamos en una entrevista personal quiero añadir, a la pregunta, que, de todas maneras, yo no me hallo especialmente atraído  por la neurociencia.  Mis intereses o aficiones personales van hacia la antropología, la filosofía, la sociología, es decir, las ciencias humanas. Si desde hace algunos años me he esforzado en documentarme yo mismo y en introducir en la SEP, con trabajos, comunicaciones, seminarios, etc., algunos conocimientos neurocientíficos, es porque creo que si permanecemos en la ignorancia nos veremos cada vez más arrinconados y escarnecidos como  seudociencia. La  SEP parecía estar dormida frente a los formidables avances de la neurociencia, y esto ha creado  ya graves problemas en algunos sectores de la asistencia pública, que todos conocemos.  Sentí la necesidad de dar la voz de alarma. Yo ya he cumplido con lo que sentí como una obligación en tanto que estudioso. Ahora mis estudios van por otro lado,  aunque siempre procuraré mantenerme al día en lo más esencial para el psicoanálisis.  Lo que más me interesa  en este momento es la antropología,  y creo que el psicoanálisis puede enriquecerse mucho mediante el diálogo  con ella.

TdP: Thomas Kuhn dio una imagen “dogmática” del científico. Según él,  paradójicamente, “es precisamente el abandono del discurso crítico lo que marca la transición a la ciencia normal… Una vez que determinado campo ha hecho esa transición, solo se vuelve al discurso crítico en los momentos de crisis en los que las bases de ese campo están de nuevo en peligro“. Kuhn hablaba también de fenómenos de conversión y modas persuasivas, en los cambios de teoría. ¿Hasta qué punto esta visión del cambio en la historia de la ciencia se aplica al psicoanálisis?

Joan Coderch: Tampoco soy un experto en filosofía de la ciencia.  En realidad, en lo único que me  considero un poco experto es  en prestar ayuda psicológica a quien me la pide. Pero, dentro de mis modestos conocimientos, pienso que en estos momentos el psicoanálisis se encuentra de lleno en la situación que nos describe Khun. El paradigma básico desde su inicio, la teoría pulsión/defensa que comporta la existencia del conflicto puramente intrapsíquico, se mantiene cada vez con más dificultad, en parte debido a la experiencia clínica de los analistas  y en parte debido a las aportaciones  de otras ciencias.  Tal como nos describe Khun se construyen hipótesis ad hoc para defender el paradigma, como son la normalización de la contratransferencia, la admisión de que la transferencia es co-creada, de que la personalidad del analista juega un papel muy importante, etc.  Pero, en realidad, son falsos apuntalamientos porque  sólo son pequeñas concesiones que socavan la propia base  del psicoanálisis clásico. Los estudios empíricos, tan promocionados por la API, no han aportado nada nuevo que yo sepa para la justificación de este paradigma central. En mi  opinión, aquello que más han mostrado las  investigaciones acerca de los resultados de los tratamientos de psicoanálisis y psicoterapia ha sido la importancia de  relación.

TdP: En la misma línea, los filósofos de la ciencia reconocen la existencia de factores externos, extracientíficos que inciden en el desarrollo de las ciencias: desde factores corporativos y modas intelectuales, a factores culturales y socioeconómicos. ¿Cuáles son los que inciden particularmente en el Psicoanálisis como disciplina? ¿Qué factores culturales y socioeconómicos le parecen que están incidiendo más en la evolución del psicoanálisis actual y en la práctica de los psicoanalistas?

Joan Coderch: Esta pregunta la siento muy en la línea  de mi pensamiento y mis intereses actuales, los cuales pienso desarrollar en la medida de mis posibilidades si la vida me alcanza. Como es un asunto muy complejo, tendré que ir paso a paso en mi respuesta.

Los humanos somos seres culturales por naturaleza. El antropólogo Maurice Godelier afirma que los seres humanos, a diferencia de los otros animales sociales, no sólo viven en relación,  sino que crean relaciones para poder vivir. El psicoanálisis siempre ha estudiado a las personas en su individualidad,  y esto es una entelequia, porque el ser humano individual no existe, el ser humano es relación. Al complejo entramado de relaciones que los humanos creamos, las cuales nos guían en nuestro trato unos con otros y con la naturaleza con la que convivimos y nos enfrentamos, denominamos cultura.  La cultura, por tanto, consiste en un conjunto entrelazado de ideas, creencias, conocimientos, demandas, formas de comportamiento, valores, costumbres, tradiciones, mitos, grandes narrativas, realizaciones artísticas, lenguaje,  elementos religiosos, etc., que interactúan entre sí y de cuya interacción se sigue una continua, aunque lenta, evolución que conduce a nuevas configuraciones y estructuras.   Pero,  al hablar de todo ello, hemos de tener muy en cuenta que los antropólogos, especialmente en su rama especializada denominada culturología, han llegado a la importantísima conclusión de que los determinantes de una cultura residen dentro de la misma cultura. Todos los elementos de cada  cultura en un momento dado son el resultado de la evolución de esta misma cultura  en virtud de sus propios procesos y leyes, de manera que podemos decir que una cultura  se auto-determina a sí misma en virtud  de su propia dinámica, y que es cuestión muy difícil de dilucidar hasta qué punto los hombres y mujeres que forman parte de esta cultura, y que son los descendientes de los que  la iniciaron, intervienen en dichos cambios.

Comprendo que lo que estoy diciendo puede chocar con nuestro interés como analistas por los estados mentales de cada individuo, único e irrepetible, y por su comportamiento articulado con estos estados mentales, pero no podemos negar que la conducta de cada ser humano se encuentra fundamentalmente determinada por la cultura  -y dentro de ella por la subcultura o contexto cultural- en la que viven. Para poner un ejemplo sencillo, los pacientes que acuden al consultorio del psicoanalista lo hacen a causa de que viven en un contexto cultural  que les ha llevado a tener ciertas convicciones acerca de los trastornos emocionales y su tratamiento. Pero este ejemplo es demasiado débil para dar a entender hasta qué punto somos un producto de nuestra cultura, y  voy a buscar otro. La inmensa mayoría de los que somos ciudadanos de las naciones industrializadas cuando nos sentimos enfermos vamos al médico y no al hechicero,  porque así está establecido dentro de nuestra cultura. Y aquí,  tal como salta la liebre a los pies del cazador, salta la pregunta, ¿ha sido un acto de libre elección acudir al médico en lugar de al hechicero? Mi respuesta es, rotundamente, no. Yo siento que mi cultura, es decir, el conjunto de conocimientos y de información  que me proporciona  la cultura en la que he nacido y vivo  me obliga a ir al médico si quiero cuidar mi salud.  Podría acudir al hechicero, sí, si me lo propusiera, forzándome a mí mismo, en contra de mis convicciones  y de lo que sé y siento que son los  intereses de mi salud.  Podría ir al hechicero si deseara realizar un acto de extravagancia o de rebeldía contracultural por los motivos que fuera. Pero no me siento libre de ir al hechicero si deseo atender a los problemas de mi salud.  Nadie puede salir por completo de su historia cultural. Y, de nuevo, surge aquí una pregunta tal vez alevosa. Si la cultura en la que vivimos es tan concluyente a la hora de explicar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros deseos, decisiones, temores, esperanzas y comportamientos, ¿cuando analizamos a un paciente estamos analizando una mente individual, como ingenuamente creemos, o estamos analizando la cultura en la que se ha desarrollado su mente y a la que nosotros también pertenecemos? Dejo el intento de responder a esta  pregunta para  otra ocasión.  Ya sé que puede aparecer la habitual objeción de que cada uno vive la realidad externa a su manera; por ejemplo, que hermanos que han crecido en el mismo ambiente familiar son a menudo muy distintos, pero ésta es una objeción muy simple que no tiene en cuenta lo que nos dicen las ciencias de la complejidad, que pequeñas diferencias de inicio dan lugar a grandes  diferencias a la larga, es aquello de que el aleteo de una mariposa en Nueva York puede desencadenar un tornado en Florida. Y todo organismo vivo es un sistema dinámico complejo. Nadie vive exactamente en el mismo subcontexto  cultural.  La carga genética de cada individuo,  sus primeras experiencias,  sus capacidades potenciales, su aspecto físico más o menos atractivo, el estado psíquico de los padres en un momento determinado de la vida del sujeto y  docenas de contingencias entre las que el azar también cuenta hacen que, dentro de una determinada cultura,  los  seres humanos vivan en múltiples y diferentes  subcontextos culturales, incluso entre hermanos.

Las preguntas que he planteado enlazan con otra pregunta de gran interés para el psicoanálisis y que ya he esbozado hace un momento. ¿Los cambios en una cultura deben ser explicados en razón de los cambios en la psicología de los seres humanos que  viven en ella, o son únicamente debidos a la evolución autónoma de dicha cultura? Dicho de la manera sucinta que aquí puedo, la pregunta  se encuentra con dos respuestas: Una, la más habitual, es  que de vez en cuando surgen grandes hombres, los genios científicos, artísticos, músicos, militares, tipo Darwin, Copérnico, Newton, Einstein, Miguel Ángel, Leonardo de Vinci, Shakespeare, Cervantes, Juan Sebastián Bach, Mozart, Beethoven, Freud, Cesar, Alejandro, etc., que dan un impulso colosal al progreso de una cultura o le imprimen un giro totalmente distinto. Galton es un representante de esta orientación.  Pero para  la corriente  radical de la culturología, la respuesta es otra. La cultura es la que, llevada por su propia autonomía en una dirección fijada por sus leyes internas, en un momento histórico se corporeiza, se representa a sí misma en uno o varios individuos concretos que son, simplemente, los ejecutores  humanos de las directrices de tal cultura. Leslie White, que fue presidente  de la Asociación Norteamericana de Antropología, es el más destacado representante de esta corriente,  y en una de sus obras se detiene, precisamente, en este debate acerca de si los genios impulsan y modifican la cultura o si es la propia cultura la que crea a los hombres y mujeres que la representan y han de personificar y llevar a cabo  la evolución que en ella está implícita.

Por mi parte -prisionero tal vez de mi  contexto psicoanalítico- no puedo de ninguna manera abrazar una posición tan radical, pero sí afirmo que nos enfrentamos a un problema de gran calado que demanda serias reflexiones y una gran dosis de flexibilidad mental.  Y si digo esto es, en gran parte, porque creo que, además de lo ya dicho, hay un poderoso argumento que los culturólogos radicales no han tenido en cuenta,  pese a que  representa  un poderoso apoyo a sus puntos de vista.  Me refiero a las enseñanzas de la teoría general de los sistemas y a la teoría de los sistemas dinámicos complejos que acabo de mencionar. Sin posibilidad ni necesidad de detenerme ahora en sutiles razonamientos, me parece innegable que toda cultura es un sistema vivo, porque los elementos fundamentales sobre los que se sostiene son los seres humanos. Sin seres humanos no hay cultura. Los sistemas abiertos poseen entre otras propiedades la de autoorganización dirigida hacia el progresivo crecimiento de esta misma organización; la de interacción constante con el medio; la de autonomía; la de equifinalidad, la cual significa que su desarrollo no se encuentra limitada por las condiciones iniciales; la de imprevisibilidad, es decir, que en virtud de su autonomía y autoorganización no son totalmente previsibles las distintas configuraciones que pueden ir adquiriendo. Es decir,  esas características propias de los sistemas complejos dinámicos confirman la opinión de los culturólogos que subrayan este carácter de la cultura como una entidad viva que evoluciona según su propia autonomía y autoorganización, y no comandada por los seres humanos que viven en ella.

Y ahora pienso que estamos en condiciones de responder a la parte más importante de su pregunta, la que se refiere a los factores socioculturales que están incidiendo en la evolución del psicoanálisis.  El lema sobre el que  ha tenido lugar el Panel en el que yo he participado en la Conferencia Internacional de la Asociación Internacional de Psicoanálisis y Psicoterapia Relacional (IARPP) celebrada en Madrid  este pasado veranos nos da la respuesta.  El lema era: “Cada cultura crea el psicoanálisis que necesita”.  Es decir, el psicoanálisis va evolucionando de acuerdo con las necesidades de  cada momento en una cultura determinada.

También la cultura en la que vivimos ahora, la cultura postmoderna, en constante dialéctica con la Modernidad heredera de la Ilustración, ha creado el psicoanálisis que precisa. No puedo extenderme en describir en detalle las características de la cultura postmoderna; ya lo he hecho en varios de mis escritos. Debo contentarme con recordar que el pensamiento propio de  la cultura postmoderna no cree en la posibilidad de descubrir leyes y verdades universalmente válidas para todo lugar y todo tiempo, ni en la progresión ilimitada de la humanidad; reclama la libertad de conciencia individual por encima de cualquier  imposición o norma ética; no soporta la autoridad a la que transforma inmediatamente en autoritarismo; reivindica el individualismo; reclama la satisfacción inmediata de los deseos, moviéndose más bajo la égida del principio del placer que del principio de realidad; desconfía del poder y de quienes pretenden poseer la verdad y considera que ésta es perspectiva, plural, discontinua, fragmentada y siempre cambiante; reclama la democracia y reivindica los derechos de las minorías, etc.  Yo creo que queda bien patente que  la cultura postmoderna es todo menos represiva, que la libertad sexual se halla generalizada, que los jóvenes de ambos sexos no se hallan sojuzgados por sus padres y profesores y que las mujeres, jóvenes o adultas, no se sienten obligadas a ser asexuadas. Seguir manteniendo un psicoanálisis basado en la represión de las pulsiones y en el concepto de conflicto intrapsíquico como producto de fantasías inconsciente endógenas independientes de la realidad, con una visión cartesiana de la mente como cerrada en si misma y aislada del exterior, no es lo que necesita la cultura que, en nuestro momento histórico, predomina en el mundo occidental. Lo que precisan nuestros actuales pacientes no es un análisis que venza la represión de supuestas pulsiones edípicas, sexuales y agresivas, sino un análisis que promueva nuevas experiencias auténticas de la realidad interior, en un ambiente de relación libre, no autoritaria sino igualitaria, en el que la moderada asimetría y el intersubjetivismo basados en el reconocimiento de la mutua influencia conduzcan no al descubrimiento de verdades ocultas, sino al desarrollo de la propia creatividad mental. Y todo ello ha de tener lugar en un espacio analítico en el que el terapeuta  no sea una figura anónima, neutral y frustrante, sino alguien afectivo, acogedor y profunda y emocionalmente implicado en el proceso analítico y en las vicisitudes del paciente.

No podemos dejar de tener en cuenta que las culturas y subculturas propias del  mundo industrializado se hallan fuertemente marcadas por los portentosos avances en el campo de la neurofisiología, de la medicina y de la ciencia en general, y también por los rápidos e imprevisibles movimientos sociales que se están produciendo y de los que todos nosotros somos testigos  y,  por tanto, esta cultura precisa de un psicoanálisis que, sin perder su carácter de ciencia de los significados y de la experiencia subjetiva, integre en su seno estos conocimientos y se enriquezca con ellos. En nuestro momento cultural, el psicoanálisis no puede vivir de espaldas a las restantes ciencias.

Por todo ello, pienso que podemos afirmar que, atendiendo a las necesidades que acabo de exponer,  nuestra actual cultura ha dado lugar a la creación de un nuevo psicoanálisis, el psicoanálisis relacional. En este psicoanálisis se aúnan, finalmente, las aportaciones de las ciencias con el espíritu democrático y dialogante de nuestro momento histórico.

¡Ah!, ustedes se han referido también a los factores económicos. Evidentemente, estos factores inciden profundamente en la marcha del psicoanálisis. Hace unos cuatro o cinco años, uno de los más prestigiosos analistas argentinos  visitó la SEP para dar un par de conferencias. Entre otras cosas, en una conversación informal  dijo que en Buenos Aires si un analista propusiera cuatro sesiones semanales le tomarían por loco. Ahora la API permite dos sesiones en un mismo  día, sesiones telefónicas o vía Skype  o lo que sea para la formación de candidatos.  A mí me parece muy bien, pero en mi juventud, cuando sobraban los pacientes, si yo hubiera propuesto esto, estoy seguro de que la Comisión de Enseñanza habría interrumpido mi formación con el argumento de que yo no entendía lo que era el psicoanálisis.

TDP: Los psicoanalistas hemos ido tomando progresiva conciencia de que el método psicoanalítico de investigación clínica -vinculado al tratamiento- no puede ser la única fuente de justificación de las teorías psicoanalíticas. Aceptando que no podemos considerar el Psicoanálisis como una disciplina totalmente autosuficiente, muchos psicoanalistas piensan que a veces se abusa de lo que dicen las neurociencias para evitar la discusión en un plano más clínico. ¿No se corre el riesgo de eliminar de autonomía suficiente al debate clínico?

Joan Coderch: Ninguna disciplina científica es autosuficiente, ni totalmente  ni parcialmente.  Actualmente, todas las ciencias se enriquecen y promocionan con una fuerte vinculación entre sí.  La pretensión de autosuficiencia ha sido uno de los mayores pecados del psicoanálisis, la causa de la crisis y desprestigio que vive la corriente principal del mismo. Esta insistencia en la autosuficiencia ha conducido, por una parte,  al aislamiento del mundo científico; por otra,  a una actitud de desconexión con las profesiones afines como son psicólogos,  trabajadores sociales, educadores, maestros, sociólogos, etc. , los cuales suelen tacharnos de elitistas, engreídos,  distantes y otras lindezas por el estilo.

TdP: Stephen Mitchell decía que los analistas hemos llegado a comprender que la relación entre analistas y analizandos no son tan diferentes a las demás relaciones “normales”, como se había pretendido en el pasado. Su libro lo explica y lo ilustra  abundantemente. Ahora bien: ¿qué distingue la relación analítica de esas relaciones “normales” y de otras relaciones terapéuticas (psicoterapias humanistas, cognitivo-conductuales, etc.)? Dicho de otra manera: ¿cuál es la especificidad de la relación psicoanalítica, si es que hay alguna?

Joan Coderch: Sí que existe especificidad, por lo menos desde la orientación que yo propugno. Ésta consiste en que en la relación analítica el centro de gravedad y fuerza terapéutica se encuentra precisamente en la misma relación, no en técnicas o estrategias a emplear en curso de la misma. Pero quiero señalar que al hablar de relación me refiero a la relación de persona a persona, no a la relación del paciente con un objeto proyectado en el terapeuta,  como es propio de la teoría de las relaciones de objeto y con la cual frecuentemente se confunde.

TdP: ¿Podemos seguir hablando hoy de un método psicoanalítico, cuando se cuestiona algunos elementos que tradicionalmente lo definían (abstinencia, neutralidad, asociación libre…)? ¿Cuáles serían las características esenciales del método psicoanalítico para usted? ¿Podemos seguir hablando de un método psicoanalítico propiamente dicho?

Joan Coderch: Estos elementos que ustedes han citado, puestos como una regla, lo que han hecho siempre es estrangular el pensamiento psicoanalítico e impedir su desarrollo. Ciencia es un cuerpo de doctrina, coherente y organizado que constituye un conjunto de conocimientos acerca de una parte de la realidad, no un método. El dominio de una ciencia es la totalidad de hechos que ella trata de investigar y explicar. Ustedes han puesto el dedo en la llaga al hablar del método psicoanalítico. Una ciencia no es un método. Las diversas ciencias emplean todos los medios y métodos a su alcance para alcanzar sus objetivos. No podemos decir, por ejemplo, que la medicina tiene un método, sino que emplea cuantos medios y técnicas van surgiendo para diagnosticar y curar las enfermedades. Uno de los errores del psicoanálisis ha sido, llevado por su afán de autosuficiencia y exclusivismo, identificarse con un método, de manera que cualquier intento de modificarlo para buscar mejores resultados ha sido juzgado como un ataque directo a la línea de flotación del psicoanálisis como ciencia.  Esto ha suscitado casos como, por ejemplo, el olvido a que ha sido sometida la obra de Ferenczi durante décadas, así como la vergonzosa marginación de las investigaciones de Bowlby, al grito sacrosanto de “¡esto no es psicoanálisis!”, mientras  ellas eran reconocidas por la ciencia mundial.  La defensa a ultranza del método analítico clásico, sin margen para cualquier modificación,  predominantemente debido al temor a la pérdida de la identidad psicoanalítica  y la consiguiente asimilación con otros procedimientos de terapéutica psicológica,  ha causado, en  mi opinión, un enorme daño al desarrollo y crecimiento del psicoanálisis al que ha mantenido durante muchas décadas enclaustrado en un fuerte inmovilismo.

El mismo término “método”, empleado para una relación humana, presupone una técnica a seguir siempre igual para todos, y lo que yo propongo es más bien creación y arte. A esto añado que en el espíritu de la praxis del psicoanálisis relacional lo que impera no es la prohibición -se entiende que sí las prohibiciones inherentes a toda práctica profesional honesta-  sino la libertad del analista para conducir el análisis de la manera que sienta más beneficiosa para el  paciente en cada momento. Yo pienso que el contexto relacional más apropiado en el que ha de interactuar la díada analítica es aquel que, a través del compromiso recíproco y activo de cada uno de sus componentes con la mente del otro, permita y estimule el rescate de experiencias que en otros contextos vividos con anterioridad han quedado anulados; un contexto en el que se dilaten los horizontes experienciales del paciente; un contexto que de lugar a que los estados del self disociados e inconciliables hasta el momento puedan integrarse en una totalidad razonablemente organizada. Para lograr este contexto, yo  trato de guiarme por unos principios organizadores de la relación que resumo de la siguiente manera: un encuadre lo más parecido a la situación habitual entre dos personas que dialogan, así como un trato sencillo y natural, y un tono de voz  expresivo en el que no queden disimuladas las reacciones afectivas; una implicación y compromiso emocional con el bienestar del paciente, en lugar de un simple compromiso experto-profesional para traducir el lenguaje del inconsciente y hacerlo consciente; una disponibilidad para ampliar mis intervenciones en el sentido de dar a conocer al analizado los pensamientos que me han llevado a formularlas; también la disponibilidad para, excepcionalmente, dar a conocer al analizado mis propias respuestas emocionales cuando ello le sea beneficioso, como, por ejemplo, cuando existe el riesgo de que sienta estar hablando con alguien insensible e imperturbable como puede haberle ocurridos en su infancia; ayudar al analizado a descubrir sus recursos mentales cuando esos le pasen desapercibidos;  permitirle  que me haga desempeñar en su fantasía determinados papeles con los que necesita resolver sus conflictos o expresar sus emociones  -enactment- sin dejarme arrastrar por ellas pero también sin interpretar este fenómeno como un ataque al encuadre o algo por el estilo; disponibilidad para responder a las preguntas  en relación a la propia situación analítica cuando ello ayude a la investigación o a la facilitación del proceso, y, last but no least, no esconderme de mostrar simpatía y afecto cuando proceda, y reaccionar ante las vicisitudes, positivas o negativas, de la vida del paciente, de la manera que se consideraría habitual y correcta en el entorno sociocultural  en el que nos movemos el analizado y yo.

TdP: ¿Qué futuro cree usted que le espera al psicoanálisis?

Joan Coderch: Ser profeta es muy difícil. Los cambios socioculturales, como antes hemos visto, son imprevisibles, tal como corresponde a los sistemas dinámicos, y la marcha del psicoanálisis no puede separarse de los vaivenes e incertidumbre que siempre nos acompañan. De todas maneras, me atrevo a predecir que sólo sobrevivirá el psicoanálisis integrado con el resto de las ciencias. El psicoanálisis aferrado a la concepción de procesos mentales   puramente intrapsíquicos quedará, con el transcurso de los años, reducido a un sector minoritario, en estos momentos  ya en franco declive.

TdP: ¿Qué medidas cree que deben tomarse o afianzarse para contribuir a la continuidad y reconocimiento del psicoanálisis?

Joan Coderch: Me parece que esta pregunta ha sido respondida sobradamente con lo que llevo expuesto hasta ahora. Resumiendo: volviendo a la realidad, a  esta realidad con la que se enfrentan todos los seres humanos desde el momento de su nacimiento, representada por la matriz sociocultural que les envuelve  y que puede ser fundamentalmente acogedora,  comunicativa y proveedora de sus necesidades afectivas y emocionales, o desafortunadamente hostil, negligente, descuidada y frustrante frente a tales necesidades. Dicho en terminología clásica, la vuelta a la teoría traumática, pero entendiendo el trauma en el sentido más abarcador que podamos imaginarnos, no en el puramente sexual que le daba Freud. Y también  deben ser integradas en el pensamiento psicoanalítico las aportaciones de todas las ciencias afines, como son las neurociencias, ciencias cognitivas, antropología, filosofía, teoría de la comunicación, etc.

TdP: Usted ha sido director del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona de la SEP. ¿Qué cambios considera convenientes en la formación de los psicoanalistas?

Joan Coderch: A mí me parece bien la triada análisis personal, supervisión y formación teórica. En  esto soy conservador. Pero pienso que la formación teórica debe ampliarse muchísimo más como corresponde a cualquier carrera universitaria. Aquel a quien no le guste estudiar durante toda  su vida no debería  dedicarse al psicoanálisis. En lo que sí deben introducirse cambios es en lo que corresponde al acceso a miembro titular con funciones didácticas. Pienso que llegar a este estado ha de considerarse lo normal y esperable en todo analista que toma parte regularmente en las actividades científicas de su sociedad. Un número excesivamente reducido de analistas didácticos crea una atmósfera de autoritarismo y falta de libertad ante este pequeño grupo élite. También deben limitarse, salvo en casos excepcionales, el número de candidatos a ser analizados por un mismo miembro. De todas formas, temo que alguien pueda decirme que por qué estoy ocupándome de esta cuestión, puesto que ya muy raramente se presenta la ocasión de analizar algún aspirante a psicoanalista.

TdP: Usted ha enseñado en la Universidad, en varias instituciones y en el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona. ¿Existe para usted algún denominador común en las personas interesadas en el psicoanálisis?

Joan Coderch: Decididamente, no. Entre los verdaderamente interesados en el psicoanálisis y los que buscan únicamente una titulación profesional con la que creen, ingenuamente, que ejercerán una profesión lucrativa, hay un abismo, y entre ellos un continuum abigarrado.

TdP: Sabemos de su afición al deporte. ¿Qué ha significado para usted y en qué medida le ha ayudado en su profesión?

Joan Coderch: Creo que aquí hay algo de leyenda. En realidad, nunca he sido un gran deportista, en el sentido que suele darse al  término.  Lo que sí es cierto que  durante toda mi vida he llevado a cabo, de forma regular y perseverante,  alguna clase de ejercicio físico para mantenerme en buena salud corporal, y proporcionarme algún sano y modesto esparcimiento: correr –solo o participando en competiciones populares-, nadar, ejercicios gimnásticos, algún deporte oriental, y todo ello siempre a muy poco precio. Ahora continúo con  la costumbre de realizar todos los días ejercicio físico temprano;  suelo levantarme entre 6 y 6,30. Aunque parezca increíble, algo tan maravilloso como correr, andar, o pasear por la sierra de  Collserola,  entre pinos y con la impresionante  vista de la ciudad a los pies, es totalmente gratis. Acudir a algún polideportivo o algún gimnasio especializado en algún deporte tampoco es muy  dispendioso. El deporte, por tanto, me ha ayudado en mi profesión de psicoanalista como me hubiera ayudado en cualquier profesión. La costumbre de correr distancias  muy largas luchando contra la fatiga, endurece el organismo,  templa el ánimo y estimula la comunicación entre la mente y el cuerpo. Además, ya que pienso que puedo permitirme cierto grado de confianza,  quiero decir que para mí  este tipo de esfuerzo físico  ha presentado un desafío añadido, porque mi pierna derecha es tres centímetros más corta que la izquierda y he de usar un alza ortopédica pegada a mi talón. Sin duda a causa de ello este andar tan desgarbado que todos habréis notado.  Y correr maratones y medias maratones con un alza ortopédica no es cosa que se vea todos los días. Quizás es la compensación de la que hablaba Adler. Tal vez pueda decir, sin embargo, que correr un buen puñado de kilómetros, el sábado y domingo  bien temprano, es un excelente  principio para luego permanecer la mayor parte del resto del día sentado estudiando o escribiendo y, además, desayunar,  comer y cenar con buen apetito y sin temor al sobrepeso, si se me permite un poco  humor.

TdP: Por último, ¿se necesita también un tipo de pareja y de familia para llevar adelante una trayectoria tan fértil como la suya?

Joan Coderch: Bueno, esto de una trayectoria tan fértil como la mía vamos a dejarlo. Soy, simplemente,  un profesional que ha hecho lo que ha podido. De todas maneras, me parece incuestionable que disfrutar  de un ambiente familiar donde reina el amor, apacible  y tranquilo, ayuda mucho a un hombre a dar de sí cuanto es posible. He tenido la suerte de encontrar en Núria, compañera de promoción en la carrera de medicina, y con quien llevamos casi cincuenta y tres  años de matrimonio, una esposa que ha sido siempre la columna vertebral de nuestro hogar y mi apoyo constante en la vida. No tengo palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. Por lo demás, quiero señalar que una vida sosegada y con pocas exigencias de goces y diversiones ha sido la ideal para que yo haya podido ofrecer lo que mis modestas capacidades me han permitido. No pedir mucho a la vida ayuda a que cada uno pueda rendir dentro de sus posibilidades. Mi estilo de vida ha sido siempre muy austero. Permítame, para darme a entender mejor, terminar con un terceto perteneciente a la inmortal Epístola moral a Fabio, del poeta sevillano del siglo XVI Andrés  Fernández de Andrada, epístola en la que, además de un sublime estro  poético, se ofrece una maravillosa lección para la vida. Este es el terceto: “Un ángulo me basta entre  mis lares, / Un libro y un amigo,  un sueño breve, / Que no perturben deudas ni pesares”. Deseo, finalmente, agradecer a la Sociedad Española de Psicoanálisis el respeto y consideración con el que siempre he sido tratado y la libertad de que he gozado para seguir mi propio camino. Gracias por su interés.


PUBLICACIONES DEL DR. JOAN CODERCH

TEMAS DE PSICOANÁLISIS ofrece a continuación una lista de las publicaciones
del Dr. Joan Coderch, tal como éste amablemente nos la ha hecho llegar.

 

Libros publicados

(1975): Psiquiatría Dinámica, Barcelona.: Ed. Herder, 2010 6ª ed. Corregida y modificada.

(1987): Teoría y Técnica de la Psicoterapia Psicoanalítica, Barcelona: Ed. Herder, 1995, 3ª. ed.

(1995):La Interpretación en Psicoanálisis. Fundamentos y Teoría de la Técnica, Barcelona: Ed. Herder

(2001): La Relación Paciente – Terapeuta, Barcelona: Fundació Vidal i Barraquer – Paidós.

(2006): Pluralidad y Diálogo en Psicoanálisis, Barcelona: Ed. Herder.

(2010): La Práctica de la Psicoterapia Relacional. El Modelo Interactivo en el Campo del Psicoanálisis.

 

Prólogos de libros

(1989): “El desafio científico al psicoanálisis”, Pròleg-estudi a Psicología Dinámica, de J. Poch i Bullit, Barcelona: Herder

(1991): Pròleg a Envelliment i Serveis Socials, de Marina Valls, Barcelona: Ed. Pórtico S.A.

(2006): Pròleg a Entrevista e indicadores en Psicoterapia y Psicoanàlisis, de A. Péres S´ñanchez, Valencia: Promolibro.

(2010): Pròleg a La Pulsión de Muerte, de F. Garcia-Castrillón, Madrid: Psimàtica.

 

Otros trabajos publicados en revistas y Libros de ponencias de Congresos

(1957):”Contribución al estudio de la concepción pluralista de la esquizofrenia”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med. de Eurpopa y Amer Latinas, Barcelona.

(1958)”Psicoterapia y antropología cultural en España”, Rev. de Psiquiatría y Psicol. Méd. Vol.VII: 585-587

(1958): “Medicina interna, enfermedades emocionales y psicoterapia”, Med. Clínica, Barcelona

(1958): Consideraciones sobre el concepto de neurosis de renta”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med., Barcelona

(1959): ” El entrenamiento autògen o de Schultz”, Cronicismos,  Vol.III,nº2: 1-3, Barcelona

(1960): Criterio Terapéutico y pronóstico en psicoterapia”, Bol. Del Inst. de Med. Psicológica, Barcelona

(1960):”El dibujo como técnica de Psicoterapia colectiva”, Rev. dePsiquiat. Y Psicol. Med., Barcelona.

(1961): La actitud ante los hijos, Actas de la XI Assamble Nacional de las Hermandades Médicas de San Cosme y San Damian, Barcelona: Ed. Acacia.

(1963): “Enfoque actual del problema de las personalidades psicopáticas”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med. Vol. IV,Barcelona.

(1963): “Adolescencia e individualización”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med. Vol.VI,Barcelona.

(1963): Fundamentos terapéuticos en los síndromes psicopatológicos del período de la formación de hábitos”, Arch. Clin. Ped. Teknon, Tom I. Barcelona.

(1964): “Estructura psicodinámica de la prostitución”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med. Vol. VII, Barcelona.

(1965):”El sentido antropológico de la homosexualidad masculina”, Bol. Del Inst. de Med. Psicol. , tomo VI. Barcelona

(1965): “Aspectos psicològicos de la educación eugenésica”,Cromosoma X, nº 6, Barcelona.

(1965): “La educación sanitaria en la profilaxis de las psicopatias”, Cromosoma X, nº 6, Barcelona

(1965): “Acerca de algunos problemas en psicoterapia infantil”, Cromosoma X, nº 8, Barcelona.

(1965): “El pensamientos paleológico en la esquizofrenia”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med. , Vol. VII, Barcelona

(1965): “Dificultades en el camino de realización de la medicina psicosomática”, Med. Clínica, Vol. XLV, Barcelona

(1968): “La enseñánza de la psicología al estudiante de medicina”, Rev. de Psiquiat. y Psicol. Med., Vol. VIII, Barcelona

(1966): “Consulta médica prematrimonial”, Anales de Medicina, Vol. LII, Barcelona

(1973): “Vigencia de la obra psiquiátrica de Emilio Mira i López”, Rev. Dep. Psiquiat. y Psicol. Med. Univ. Barcelona, Vol. I, Barcelona

(1974): ” La estructura de las personalidades psicopáticas des del punto de vista del psicoanálisis”, Rev. Dep. Psiquiat. y Psicol. Med Univ. Barcelona, Vol.2, Barcelona.

(1974): Importancia de las primeras situaciones de ansiedad en la génesis de las fobias”, Ed. Geigy, Bilbao.

(1975): “Modelo Psicoanalítico de la Memoria”, Actas de las II Jornadas de la Sociedad  Española de Psiquiatría Biológica

(1980): “La terapéutia per l’art en l’hospital psiquiatric”, Annals de Medicina, Vol.LXVI, Barcelona.

(1976): “Función del psicoanalista en la Institución Psiquiátrica”,  Actas de la Reunión de la Soociedad Española de Psiquiatría, celebrada en Barcelona bajo el lema “Psiquiatría y Psicoanálisis”

(1977): “Estados borderline”, Actas Luso – Españolas de Neurología, Psiquiatría y Ciencias Afines, Vol.VI, 2ª etapa, nº 5, Madrid.

(1978): “Aspectos psicoterapéuticos de la entrevista médica”,Actas de la XVI Reunión de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (col.laboraciò Con E. Jimenez), Granada.

(1975): “Influencia de las primeras relaciones en la génesis de la esquizofrenia”, Actas del “simpopsium internacional sobre esquizofrenia”, Bilbao. Psiquis, AñoII, Vol.I.Madrid

(1975): ” Estudio de una enferma a través de sus producciones pictóricas”, Jano, nº 20,27-34, Madrid

(1981): “Formación del postgraduado”. Informe elaborado por el Grupo de Estudio GAPS. Publicación del Colegio de Médicos de Barcelona

(1982):”Hospital psquiàtric i salut mental comunitaria”. Poència presentada en las “Jornadas de Trabajo Sobre Salud Mental y Comunidad en Cataluña”. Barcelona

(1983): “L’envelliment i la vellesa”. Ponéncia presentada en el IX Congreso AMIEV. Libro de Ponencias, Barcelona.

(1984): “Per un esclariment estructural de les perversions” (col·laboració amb R. Bassols)Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.I, nº 1: 173-188

(1986):”La identitat i els seus límits” (col·laboració amb R. Bassols i J. Beà), Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.II, nº 1: 173-188

(1984): “La vellesa com a valor per la joventut”. Ponència presentada al Simposi sobre Joventut i Conflicte”, San Cugat del Vallés (Barcelona), 22-23 septembre de 1984. Llibre de Ponències

(1986). “Creença i identitat” (col·laboració amb R. Bassols). Ponència presentada en el X Congreso Internacional de la A.I.E. Barcelona, 22-27 de juriol. Llibre de Ponències.

(1987):” Anàlisi interminable, distorsió  del jo i personalitat borderline” ( col·laboració amb V. Hernández). Rev. Catalana de Psicoanal., Vol. IV, nº2: 141-158. Barcelona

(1988): “La transferència. Concepte, variants i nexes”,Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.V,nº 1: 77-93

(1989):”Sexualidad y agrresividad” (col·laboració amb R. Armengol). La Vanguardia, 24-IX-89. Barcelona

(1990): “Estat actual d’un concepte polèmic: Contratransferència o resposta emocional de l’analista?”, Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.: VII, nº 1: 69-84

(1991):”Comments on the treatment of a narcissistic patient”, Int. J. Psychoanal., vol. 72: 393-401, Londres

(1991):”La intolerancia a la interpretación en pacientes con una organización narcisista grave” (col·laboració amb R. Bassols).Anuario Ibérico de Psicoanálisis, Vol.I : 153-162

(1991):”Comentario sobre el tratamiento de un paciente narcisista”, Libro Anual de Psicoanálisis, Vol.I, 127-136

(1991):”El trabajo del analista frente al defecto y frente al conflicto”, Anuario Ibérico de Psicoanálisis, Vol. II: 105-118

(1993): ” La interpretaciò.Naturalesa i sentit de les interpretacions extratransferencials”, Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.X: 135-142

(1995): “Los fundamentos del psicoanálisis”, (col·laboració amb R. Bassols), La Vanguardia, suplemento Ciencia y Vida, 30-IX-95, p.16. Barcelona

(1996):”Reflexiones acerca de las interpretaciones llamadas extratransferenciales”, Revista de Psicoanálisis, Vol.23: 37-52. Madrid

(1994):”El insight como objetivo común del psicoanálisis y de la psicoterapia psicoanalítica”, Primera Jornada de Psicoanálisis y Psicoterapia Psicoanalítica, Sevilla.

(1997):”El pensamiento psicoanalítico moderno”, La Vanguardia, suplemento Ciencia y Salud, p.2

(1997):”Es possible el canvi psíquic?”, Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.XII, nº2: 17-36

(1998):”Psicoanàlisi, biologia i cognitivisme, Rev. Catalana de Psicoanal., Vol.XIII, nº2: 107-114

(1998):”La interpretación: Violencia y experiencia”. Anuario Ibérico de Psicoanálisis, Vol. V: 33-58

(1998): “La perspectiva intersubjectiva en la terapèutica psicoanalítica”,Rev. Catalana de Psicoanal., Vol. XV: nº2: 5-20

(1998): “El proceso psicoanalítico: De la psicología del paciente a la del paciente-analista”. Actes  de las VII Jornadas de Psicoanàlisis de la  U.A. B. 20-21 de novembre de 1998, pp. 9-20.

(1998)Coderch, J., Panyella, M., Notó, P. (1998): “El pensamiento postmoderno, la teoría del caos, la teoría de la transformación  y la noción de la autoorganización”. Actes de les VII Jornades de Psicoanàlisis de la U.A.B., novembre de 1998. pp.23-24

(1999):”La influència del pensamen postmodern en la psicoanàlisi actual”, Rev. Catalana de Psicoanàlisi, Vol.XIV: nº1

(2000): “Pensamiento pstmoderno: teoría del caos, auto organización y teoría relacional del psicoanálisis” (col·laboració amb M. Panyella i P.Notó)Intersubjetivo, Vol.II: 55-84

(2000):” Les motivacions del pacient i l’analista per passar d’una psicoterapia psicoanalítica a una psicoanàlisi” Rev. Catalana de Psicoanàlisi, Vol.XII,nº1-2: 27-42

(2001):”La psicoanàlisi, ciència hermenèutica”, Rev. Catalana de Psioanal., Vol. XVIII, nº1-2: 51-62

(2001): “Sobre algunos aspectos de la incidencia del pensamiento postmoderno en el psicoanálisis actul”, en Teoría del Conocimiento y Pensar Psicoanalítico. Relaciones entre la Universidad y Psicoanálisis, Valencia: Promolibro, pp.313-332.

(2002):”Contribució a la concepció pluralista de la psicoanàlisi”, Rev. Catalana de Psicoanal, en premssa.

(2004): “La trama interactiva en el proceso psicoterapéutico”, Temas de Psicoanálisis, VII: 21-32.

(2004): “La Personalidad narcisista de nuestro tiempo”, Temas de Psicoanálisis, VII: 11-34.

(2004): “Una contributo all concezione pluralista della psicoanalisi”, Rivista di Psicoanalisi, Organo della Società Psicoanalítica Italiana, Anno L, nº3:801-828.

(2005): “La metàfora en el procés psicoanalític”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, XXI: nº 1-2: 41-54.

(2005): “Psicoanàlisi i filosofia”, Lletres, 15: 24-26

(2005): “Psicoanàlisi i filosofia del llenguatge”, Lletres, 17: 34-35

(2006): “Psicoanàlisi i neurociència”, Lletres, 20: 26-27

(2006): “La personalidad narcisista de nuestro tiempo”, Temas de Psicoanálisis, Vol.: VIII-IX: 165-180.

(2000): “Las fobias como respuesta a la ansiedad”, Temas de Psicoanálisis, Vol. VIII-IX: 165-180.

(2006): “Psicoanálisis y neurociencia”, Revista de Psicoterapia, (2005), Vol. XVI, nº 62: 35-52

(2006):”Una mirada psicoanalítica en torn de l’agressivitat humana”, Lletres

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(2007): “La vinculació afectiva”, Lletres, 24: 8-10.

(2007): “La matriu social de la personalitat”, Lletres, 25: 16-17

(2007): “Una mirada reflexiva a la cultura postmoderna”. Lletres, 27: 18-19.

(2007): “Algunes reflexions sobre l’addició en la societat actual”, Lletres, 30: 52-54.

(2007): “Conflicto, déficit y defecto”, Clínica e Investigación Relacional, (revistade la web) nº1. , PP.359-371.

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(2008): “Maduresa personal i societat”, Qüestions de Vida Cristiana, 230: 21-39.

(2008): “Cultura postmoderna i sexualitat”, Revista Catalana de Psicoanálisis, XXV: 51-66.

(2008): “La patologia del menjar”, Qüestions de Vida Cristiana”, 231: 62-71.

(2008): “Informació, comunicació i diàleg”, Lletres, 34: 24-26.

(2009): “Per què parlem de persones madures i immadures?”,Lletres, 36: 28-29.

(2009): “Neurociencia y modelo relacional”, Clínica e Investigación Relacional, Vol.3,nº1, pp.39-53.

(2009): “Reflexions d’un psicoanalista davant de la neurociència”, Revista Catalana  de Psicoanàlisi, Vol.XXVI/1,pp.95-120.

(2009): “L’evolució de la psicoanàlisi afebleix la suposada incompatibilitat entre psicoanàlisi i religió”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, Vol. XXVI/2, pp. 31-40.

(2009): Col·laboració a The Edinburgh International Encyclopaedia of Psychoanalysis, Edinburg: Edinburgh University Press.

(2010): “La relación terapéutica y el déficit estructural”, Revista de la Asociación de Psicoterapia de la República Argentina, en revista on line (www.. Revistadeapra.org.ar/ultimo.htm). Año III, nº1,pp.1-15.

(2010): “Comentarios al trabajo de Lyons-Ruth ‘El desarrollo de los conflictos y las defensas en los procesos relacionales implícitos’”, Clínica e Investigación Relacional, revista online, vol.4,num. 2: 336-339.

(2010): “ Proceso psicoanalítico y trauma”, Clínica e Investigación Relacional, revista on-line, vol.4, num. 2: 399-409.

(2010): “Impasse“,  Clínica e Investigación Relacional, revista on line, vol 4, num. 3: 531-541.

 

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Sección: Entrevista, Número 3 Enero 2012, Sección Teoría y Clínica
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3 respuestas a HACIA UN PSICOANÁLISIS RELACIONAL.
ENTREVISTA AL DR. JOAN CODERCH

  1. Adriana Anfusso ha escrito:

    Me resultó una entrevista sumamente interesante. Nunca imaginé que tanto yo como un grupo amplio de psicoterapeutas psicoanalíticos de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (Montevideo, Uruguay) del que formo parte, pudiéramos tener tantos puntos de coincidencia como un representante tan distinguido del Psicoanálisis y su imprescindible necesidad de evolucionar y correrse de la ortodoxia más clásica para poder sobrevivir e integrarse a los cambios de las sociedades actuales de todas las latitudes. O por lo menos de las occidentales. Así que me propongo hacerlo conocer en dicho grupo para que se convierta en material de discusión en nuestras reuniones semanales.
    Muchísimas gracias al periodista y muy particularmente al Prof. Coderch. Haré lo posible por conseguir los libros que publicó a partir del 2000 y asimismo seguiré su consejo bibliográfíco en relación a la obra de Mitchell, S, de quien sólo leí ” Relational Concepts in Psychoanalysis”.
    Saludos cordiales para ambos.

  2. Lourdes Caraveo Lopez ha escrito:

    Simplemente magnífico, me ha aportado grandes conocimientos, muchas gracias ya que soy estudiante de psicologia y requiero entrevistar personalmente a un psicoanalista. Me ha ayudado a plantear las preguntas adecuándolas.

    Mil gracias Dr. Felicidades.

  3. Pingback: jonathan

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