Temas de Psicoanálisis http://www.temasdepsicoanalisis.org Revista de la Sociedad Española de Psicoanálisis Tue, 05 Mar 2019 19:33:53 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.0.4 EDITORIAL http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/editorial-17-2019/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/editorial-17-2019/#respond Tue, 05 Feb 2019 15:43:16 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20562 Dentro de nuestra línea editorial, en cada número procuramos ofrecer al lector una  propuesta de reflexión sobre aspectos de la mente humana a través del punto de vista del psicoanálisis y también tratar con pluralidad y profundidad un tema de actualidad social.

Empezamos con la entrevista a Antonio Pérez-Sánchez, psicoanalista titular con funciones didácticas de nuestra Sociedad, con una dilatada experiencia profesional dentro del campo del psicoanálisis y de la psicoterapia psicoanalítica. Autor de numerosos libros y artículos, últimamente acaba de publicar Organización psicótica de la personalidad. Claves psicoanalíticas.

El Dossier de Teoría y Clínica de este número 17 lleva por título Los niveles de simbolización en el proceso analítico, y recoge las interesantes ponencias presentadas en el IV Encuentro de Psicoanalista de Lengua Castellana, que tuvo lugar en enero de 2018 en Sevilla. Agradecemos a Teresa Olmos su colaboración para hacer posible la publicación en nuestra revista de estos interesantes artículos.

Para el Dossier de Cultura y Sociedad nos hemos decidido por el tema del Envejecer que tanto preocupa a nivel individual, familiar, social y político, y hemos buscado un enfoque plural desde el punto de vista médico, ético, social y psicoanalítico, y también contamos con el punto de vista del trabajo de voluntariado que realiza la asociación Amics de la Gent Gran en contacto directo con los ancianos.

Asimismo, publicamos el trabajo ganador de la primera edición del Premi Júlia Coromines, en 2017, instituido por la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP), que tendrá una frecuencia bianual.

Por primera vez publicamos un Comunicado de la SEP. Está elaborado como respuesta en relación al decreto del Ministerio de Sanidad sobre pseudoterapias, en las que se ha incluido el psicoanálisis. Se trata de un primer documento que explica las bases del tratamiento psicoanalítico y sus aplicaciones en niños, adultos, familias y grupos tanto en la asistencia privada como pública, así como las investigaciones realizadas para probar la eficacia de dichos tratamientos.

Y como siempre nuestras secciones habituales, temas de arte, poesía y cine, y artículos generales, que esperamos sean de su interés.

Carme Garcia Gomila
Isabel Laudo

Directoras

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/editorial-17-2019/feed/ 0
SOBRE EL PSICOANÁLISIS Y LAS PSICOTERAPIAS DE ORIENTACIÓN PSICOANALÍTICA http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/sobre-el-psicoanalisis-y-las-psicoterapias-de-orientacion-psicoanalitica/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/sobre-el-psicoanalisis-y-las-psicoterapias-de-orientacion-psicoanalitica/#respond Tue, 05 Feb 2019 14:33:06 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20494 Descargar el artículo
 

Consideramos necesario regular la práctica profesional de la Salud Mental tanto en el ámbito público como en el privado. Vivimos en un contexto sociocultural en el que hay una amplia oferta de formas diversas de acompañamiento terapéutico que pretenden mejorar o favorecer el bienestar emocional de las personas. Algunas de ellas pueden ser útiles o beneficiosas en determinadas circunstancias, pero estamos absolutamente de acuerdo con la necesidad de diferenciarlas de todo lo relativo al ámbito específico de atención a la Salud Mental. Un ámbito que debe ser atendido por profesionales con la debida titulación y formación de modo que garantice el rigor y la calidad de la atención especializada.

En este sentido, nos adherimos a todas aquellas iniciativas institucionales (públicas y privadas) que comparten el objetivo de regularizar la práctica de la Salud Mental. Sin embargo, creemos necesario realizar una serie de puntualizaciones sobre la consideración del Psicoanálisis. Nos dirigimos, no solo a los colegas de otras corrientes u opiniones, sino también a la ciudadanía, que se encuentra a menudo invadida por discursos demagógicos. Por ejemplo, la asociación Apetp, aparentemente creada para proteger al paciente, ha publicado un listado de más de setenta pseudoterapias en el que está incluido el Psicoanálisis, equiparándolo a prácticas vinculadas a creencias y pensamiento mágico. Sobre el Psicoanálisis concluye:

Existe una lamentable tendencia social de confundir al Psicoanálisis con la psicología, o a considerar que es una rama válida de la psicología contemporánea. Ello no es verdad en absoluto. El Psicoanálisis es una visión puramente filosófica, totalmente ajena a la ciencia, que actualmente es rechazada por la comunidad científica. Como terapia nunca ha sido validada, con lo cual constituye claramente una pseudoterapia.

Da la impresión de que este tipo de afirmaciones practican el acientificismo que ellas mismas critican. En la breve reseña bibliográfica que incluimos se describen estudios e investigaciones, revisiones sistemáticas y metaanálisis que demuestran la eficacia de los tratamientos psicoanalíticos.

Desde hace unos años se vierten opiniones en los medios de comunicación, redes sociales y también en algunos medios profesionales, desautorizando la validez científica del Psicoanálisis y su eficacia terapéutica. Dichas opiniones se apoyan en numerosos tópicos que, a fuerza de repetirse, pueden ir convirtiéndose en “certezas autorizadas”. Dada la complejidad del Psicoanálisis se podrían entender dichos tópicos entre el público que no lo conozca de cerca; pero cuando estas opiniones son expresadas por profesionales de la Salud Mental, e incluso por medios universitarios, debemos concluir que se deben a una pereza intelectual de quien las divulga o a una estrategia de difamación interesada y malintencionada.

Con este artículo querríamos responder a estas opiniones tópicas dando una breve información respecto los siguientes puntos:

1.- Qué es el Psicoanálisis
2.- Ámbitos de aplicación, población, dificultades y psicopatología que aborda.
3.- Validez científica del Psicoanálisis y eficacia de las psicoterapias psicoanalíticas.
4.- La formación en las instituciones psicoanalíticas y de psicoterapia.
5.- Respuesta a algunos tópicos frecuentes.
 

1.― ¿Qué es el Psicoanálisis? ¿Cuál es su modelo de la mente? ¿Cuáles son los objetivos fundamentales de un tratamiento psicoanalítico?

¿Qué es?

El Psicoanálisis es, por un lado, un sistema teórico sobre la psicología humana, un cuerpo de conocimientos psicológicos sobre el funcionamiento de la mente derivado de la investigación clínica de casos; y, por otro lado, una técnica concreta para el tratamiento de las alteraciones psicológicas. Esta técnica concreta que es el Psicoanálisis, quedaría incluida dentro de todo un abanico de adaptaciones técnicas derivadas del Psicoanálisis (sistema teórico), que varían en función de la población y del contexto de aplicación (psicoterapias psicoanalíticas en diferentes formatos, aplicadas por psicoterapeutas de orientación psicoanalítica).

¿Cuál es el modelo de la mente y los supuestos básicos de que parte el Psicoanálisis?

El Psicoanálisis se sitúa dentro del paradigma de la complejidad (lógica no lineal o mecánica): es, por tanto, un saber racional basado en una teoría que va más allá del conocimiento empírico matemático, pero que queda fuera, sin duda alguna, del pensamiento mágico o del ámbito de la mera opinión parcial. Esta perspectiva no es exclusiva del Psicoanálisis, sino que es compartida con otras ciencias (incluidas algunas ramas de la economía, de la sociología, o de las neurociencias, por ejemplo), ya que parte del supuesto de que la realidad es construida socialmente, y que para una comprensión profunda hay que adentrarse en las propiedades emergentes de la misma, no limitando el conocimiento a la realidad observable y medible (la realidad biofísica). El Psicoanálisis se interesa en comprender la relación dialéctica entre mundo interno (mundo subjetivo, ideas preconcebidas, formas de sentir/vivir las experiencias, maneras de percibir el mundo, a los demás, y de interpretar la realidad) y mundo externo (los otros, la realidad externa, objetiva); entre pasado y presente; entre el cuerpo (lo fisiológico) y la mente (lo psicológico).

El Psicoanálisis concibe un modelo bio-psico-social y considera la multicausalidad de factores en interrelación. Esto es coherente, tanto con otros modelos dentro de la Psicología, como con las teorías más actuales en neurociencias (Eagleman, 2013), (Barrett, 2018) entre otros, y con los hallazgos más recientes en epigenética, que apuntan a una clara influencia del ambiente en la expresión (e incluso configuración, hasta cierto punto) de los genes.

Para el Psicoanálisis las relaciones tempranas influyen fuertemente en el desarrollo: una característica fundamental del ser humano en relación a otros mamíferos es que nace programado para ser “reprogramado” en relación con el otro (Manzano, 2014). Es decir, nace en un estado de profunda vulnerabilidad y dependencia, y requiere de una relación afectiva continuada para poder desarrollarse como ser humano. En este sentido, la siguiente idea de la neuropsicóloga Lisa Feldman Barrett, apoya esta premisa: “para hacer mente, hace falta más de un cerebro” (Barret, 2018). Desde el Psicoanálisis, se destaca la importancia de la relación temprana (etapa perinatal) con el otro y de los afectos en el desarrollo general. Se considera que en la mente de las personas existen conflictos internos y contradicciones (o disonancias), y que habitualmente vemos el presente a través de nuestras experiencias pasadas y, por lo tanto, tendemos a repetir y recrear aspectos del pasado.

Desde el Psicoanálisis, se subraya la importancia de lo inconsciente

Uno de los axiomas del Psicoanálisis es la influencia de los procesos inconscientes en el funcionamiento mental (pensamiento, sentimientos, actitudes) que son los que fundamentalmente condicionan las cogniciones y el comportamiento. Desde otro punto de vista, la investigación en ciencia cognitiva ha demostrado repetidamente que hay procesos emocionales y de pensamiento fuera de la conciencia consciente, por ejemplo, Bargh y Barndollar (1996), Kahneman (2011), Nisbett y Wilson (1977), Westen (1998) y Wilson, Lindsey y Schooler (2000). No obstante, no utilizan el término “inconsciente” sino que hablan de “procesos implícitos» o de “memoria de procedimiento».

Esto supone un reconocimiento de que no nos conocemos plenamente a nosotros mismo, y de que lo que no sabemos, sin embargo, se manifiesta en nuestras relaciones y puede causar sufrimiento. En la relación terapéutica lo inconsciente puede ser examinado y, al menos en parte, reorganizado, o en términos neurocientíficos “reconsolidado”.

La técnica psicoanalítica apunta a la necesidad de ir más allá del síntoma

En la línea de lo anterior, se considera que el síntoma clínico es expresión de una alteración (disfunción, déficit, o conflicto psicológico, según el caso) del funcionamiento mental que no es visible, y que causa el síntoma. Por tanto, la valoración psicológica, así como la intervención deben ir “más allá” del síntoma porque, de lo contrario, solo se estaría poniendo un parche superficial al malestar o sufrimiento.

En la técnica psicoanalítica se da especial importancia a la relación terapéutica: ésta es el marco fundamental en el que puede darse el proceso terapéutico de cambio. En la medida de lo posible, se incluye la propia relación con el terapeuta en el foco de trabajo psicoterapéutico, por el potencial de cambio que tiene y por ser el escenario del que realmente puede ser más conocedor el profesional, al estar inmerso en el mismo.

¿Cuáles son los objetivos fundamentales de un tratamiento psicoanalítico?

Comprender al paciente y ayudarlo a comprenderse por medio de una experiencia relacional terapéutica que favorezca la contención y la comprensión. De esta manera, se reducen los síntomas, pero también se promueven cambios en el funcionamiento mental, por tanto, en el comportamiento, en la adaptación al entorno, en la integración de la identidad psicológica y en el bienestar bio-psico-social. Esta idea de que el tratamiento psicoanalítico ofrece una relación terapéutica que facilita el crecimiento de la personalidad concuerda con la definición de Salud Mental proporcionada por la OMS, enunciada en 1948: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad”. En palabras de dos psicoanalistas, el tratamiento psicoanalítico supone “una comprensión y una experiencia relacional que reverbera en una mayor capacidad de amar, trabajar, disfrutar y tolerar” (Bofill y Tizón, 1994).

¿Cuál es el foco fundamental del trabajo psicoanalítico?

Lo que está en el foco del tratamiento son los patrones de relación, los modos de vivirse a sí mismo y de relacionarse con los demás. Estos patrones, a menudo están automatizados y no se tiene conciencia de ellos (inconscientes), quedarían en el ámbito de lo que conocemos como “memoria no declarativa”, y se expresan a través de patrones repetitivos de funcionamiento (conducta, pensamiento, manera de interpretar y vivir la realidad, etc.), así como a través de los síntomas clínicos (crisis de ansiedad, por ejemplo). A partir del trabajo psicoterapéutico o analítico se intentan comprender y elaborar para que dejen de obstaculizar el desarrollo y bienestar de la persona que consulta. En este sentido, para las terapias de orientación psicoanalítica los desórdenes emocionales representan intentos infructuosos de satisfacer las necesidades y de buscar sistemas de regulación emocional y supervivencia psíquica.
 

2.― Ámbitos de aplicación, población y dificultades o psicopatología que aborda el Psicoanálisis

Como afirmamos anteriormente, mediante la investigación clínica se ha producido un importante desarrollo de la teoría psicoanalítica y, por tanto, las aplicaciones desde esta orientación se han ampliado. Las indicaciones terapéuticas vienen determinadas por una exploración diagnóstica inicial y pueden ser: Psicoanálisis, psicoterapia psicoanalítica sin tiempo limitado a priori, psicoterapia psicoanalítica de tiempo limitado, breve y focal, psicoterapias grupales, psicoterapia familiar, intervenciones puntuales a modo de orientación, atención psicológica de seguimiento, etc. Además, la técnica varía en algunos aspectos en función de la población clínica a la que se atiende. Por ejemplo, Psicoterapia Focalizada en la Transferencia para TLP de Otto Kernberg, Esquema psicopedagógico de Júlia Coromines para TEA, Terapia basada en la Mentalización para TLP y adolescencia de Fonagy, Psicoterapia Centrada en Parentalidad para padres de Palacio-Espasa y Nanzer.

La población atendida pueden ser adultos, adolescentes, niños, atención en perinatalidad, parejas, familia, grupos. Los ámbitos de intervención también son variados, incluyendo instituciones públicas y privadas de Salud Mental, educativas, empresa y otras. Aunque el ámbito fundamental es el clínico, el Psicoanálisis también tiene aplicaciones destinadas a un ámbito más preventivo y comunitario, buscando la mejora de la calidad de vida y del bienestar. Por último, el Psicoanálisis también está presente en contextos de investigación y formación universitaria.

En relación al tipo de problemáticas que se atiende desde la orientación psicoanalítica, quedan incluidas todas las dificultades psicológicas que producen malestar, disfunciones y sufrimiento en la vida de las personas. Así como todas las psicopatologías mentales que consideramos abordables y cuya indicación diagnóstica global así lo recomiende, la prevención de las enfermedades y los trastornos mentales; y la mejora de la calidad de vida y del bienestar. Todas estas indicaciones contemplan, en función del contexto psicopatológico, la necesidad de integrar la psicoterapia psicoanalítica con otras modalidades terapéuticas mediante una colaboración interdisciplinar.
 

3.― Validez científica y eficacia de las psicoterapias psicoanalíticas

¿Es el Psicoanálisis una ciencia?

Depende de lo que entendamos por ciencia. Desde luego no es una ciencia empírica basada en modelos matemáticos, como serían las ciencias que estudian los objetos y fenómenos materiales (Física, Química, por ejemplo). El Psicoanálisis pretende investigar hechos inmateriales (sentimientos, emociones, fantasías) que corresponden al psiquismo subjetivo y se adscribe a los postulados de lo que se denomina “pensamiento complejo” (Morin, 1986), integrando lo bio-psico-social, y la multicausalidad en lógica compleja o difusa (no lineal).

A diferencia de campos de la psicología que se centran solo en la conducta observable (Conductismo, por ejemplo) o los que parten del supuesto de que son las “cogniciones”, los pensamientos, lo que condiciona en última instancia el comportamiento y, por lo tanto, también el comportamiento alterado, el Psicoanálisis considera que son los aspectos relacionales y afectivos, los que fundamentalmente condicionan las cogniciones y el comportamiento, y ha elaborado una metapsicología que tiene en cuenta también el funcionamiento inconsciente en la conducta humana.

El campo de investigación del Psicoanálisis es la observación clínica de casos y la observación natural (observación de bebés, por ejemplo), sean individuos o grupos. No es una ciencia que apoye sus conclusiones en mediciones de modelos matemáticos, con lógica mecánica, pero sí que es empírica, ya que basa sus teorías y reformulaciones, así como los efectos de una terapia en la observación continua y contrastada de la experiencia y de la respuesta del paciente al tratamiento y a las hipótesis teóricas. Por otro lado, no descarta incluir estudios empíricos con mediciones matemáticas que permitan un análisis estadístico que puedan complementar o cuestionar sus conclusiones, derivadas de la investigación clínica. De hecho, en la actualidad, hay numerosos proyectos de investigación en los que se toman medidas para valorar resultados poblacionales a nivel estadístico, y que avalan los efectos terapéuticos de las terapias psicoanalíticas.

Es necesario avanzar en dicho campo de investigación y promover estudios estadísticos de evidencia matemática; pero aclarando lo que desde el Psicoanálisis entendemos por eficacia. Para el Psicoanálisis la eficacia no puede medirse solo por la supresión de síntomas. A ello debe añadirse su efectividad: la capacidad de la persona de comprenderse mejor, el crecimiento de la personalidad, el incremento en la capacidad de amar, trabajar, disfrutar y tolerar. La medición de todas estas dimensiones es mucho más compleja que la simple medida cuantitativa de los síntomas.

Se ha extendido la opinión en algunos sectores profesionales de la Salud Mental y académicos universitarios de que los conceptos y tratamientos psicodinámicos tienen un escaso soporte empírico basado en mediciones matemáticas y que la evidencia científica (según los cánones actuales de general acuerdo institucional) muestra que otras formas de tratamiento son más efectivas. Dicha opinión parece retroalimentarse a sí misma, siendo dirigida asiduamente, tanto a los administradores sanitarios como a los agentes validadores sanitarios. De este modo, su aparente credibilidad crece. Hasta el punto de que parece poco necesario cuestionarse o revisar esta opinión, porque “todo el mundo sabe que es así”.

La evidencia científica muestra una historia diferente: además de la experiencia clínica continua que demuestra la capacidad de ayuda al bienestar general de las personas atendidas de manera significativa, considerables investigaciones estadísticas respaldan la eficacia y eficiencia de la psicoterapia dinámica. La discrepancia entre percepciones y evidencias puede ser debida, en parte, a los prejuicios (o parcialidad) en la diseminación de los hallazgos de investigación.

Debe reconocerse que durante décadas del siglo XX algunas sociedades psicoanalíticas mostraron poco interés, incluso rechazo, hacia la investigación empírica estadística, distanciándose de los círculos académicos y que esta actitud alimentó un creciente rechazo en los ámbitos psiquiátricos y psicológicos no psicoanalíticos. Cuando los hallazgos científicos emergieron como soporte a las terapias no psicoanalíticas, muchos académicos lo recibieron con entusiasmo y lo utilizaron como un discurso de divulgación contra el Psicoanálisis; pero cuando en las siguientes décadas la evidencia empírica mostró un creciente apoyo a los conceptos y terapias psicoanalíticas, fue a menudo pasada por alto.

En la actualidad la evidencia empírica estadística respalda que la terapia psicoanalítica logra buenos resultados, al menos tan buenos como, y en algunos aspectos, mejores que otros tratamientos basados en la evidencia en la Psiquiatría actual. Está inequívocamente establecido (Steinert et al, 2017, Shedler 2010, Abbass et al, 2006, 2014, de Maat et al. 2009, Leuzinger-Bohleber et al. 2018) con tamaños del efecto[1] (T.E.) grandes y con tendencia a tamaños del efecto más grandes en el seguimiento, ya que la psicoterapia psicoanalítica pone en marcha procesos de cambio como son el uso más efectivo de las propias capacidades y el afrontar cambios vitales con mayor libertad y flexibilidad. Estos cambios continúan después de que la terapia haya terminado, mientras que los efectos de otras formas de terapia tienden a decaer. Lecturas sugeridas[2]. Finalmente, algunos estudios señalan que las terapias no psicoanalíticas pueden ser efectivas, en parte porque la mayoría de los terapeutas utiliza técnicas que han sido axiales en la teoría y la práctica psicoanalítica (Blagys & Hilsenroth, 2000). Por ejemplo, las técnicas terapéuticas que prevén mejores resultados de tratamiento, independientemente de la forma de psicoterapia, están relacionadas con lograr trasformaciones emocionales, no solo intelectuales.

En conclusión, la percepción de que la psicoterapia psicoanalítica carece de soporte de verificación no es acorde ni con un concepto de ciencia riguroso y actual, ni con la evaluación de evidencia científica empírica, y parece reflejar una opinión selectiva y parcial de muchos estudios de investigación. Sin embargo, cabe subrayar una vez más que, como decíamos, la tradición en investigación de estas características es corta en el mundo del Psicoanálisis. El conjunto de los profesionales que trabajan desde esta perspectiva tiene un compromiso con la sociedad en este sentido, y se debe continuar apostando por recabar datos de este tipo, generar la confianza necesaria, y manejar lenguajes de acuerdo general dentro del mundo científico.
 

4.― La formación en las instituciones psicoanalíticas y de psicoterapia. Reconocimientos oficiales e institucionales

Las instituciones que forman psicoanalistas y psicoterapeutas imparten programas muy completos y rigurosos que son condición para la pertenencia a esas instituciones. Al mismo tiempo, los miembros de la mayoría de instituciones que forman psicoterapeutas están acreditados por la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP) que es una institución de carácter no gubernamental y sin ánimo de lucro, creada en 1992, que agrupa a las asociaciones científico-profesionales de psicoterapeutas existentes en España. Entre sus fines está coordinar los criterios que sobre acreditación de la psicoterapia a nivel especializado desarrollen las diferentes Asociaciones miembro (en la actualidad veintitrés), y elaborar unos estándares de cualificación mínimos para la formación de psicoterapeutas.

La FEAP es miembro de pleno derecho de la European Association for Psychotherapy (EAP). La EAP organiza a psicoterapeutas independientes de distintas orientaciones y distintos ámbitos de experiencia profesional de acuerdo con la “Declaración de Estrasburgo en materia de psicoterapia de 1990” y ha establecido asimismo el Certificado Europeo de Psicoterapia (European Certificate for Psychotherapy, ECP), que garantiza un estándar de calidad para la psicoterapia en toda Europa. (http://www.europsyche.org).

Dado que la FEAP es la Organización Nacional española de la EAP, es la única que participa en la gestión y canalización de solicitudes del Certificado Europeo de Psicoterapia (ECP) de los profesionales solicitantes que ejercen la Psicoterapia en todo el Estado español. Está compuesta por diferentes secciones, una de la cuales es la Sección de Psicoterapias Psicoanalíticas.

En relación a la formación como psicoanalista, estos han de estar acreditados por sus distintas organizaciones nacionales e internacionales. La Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP) es una sociedad componente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) y como tal tiene una formación con estándares muy rigurosos que garantizan una profunda y extensa formación regulada por dicha organización internacional. La SEP, así como el resto de Sociedades reconocidas por la API, están formadas por profesionales médicos, psiquiatras y psicólogos clínicos o sanitarios con amplia experiencia clínica tanto en ámbito público como privado, cuya formación y práctica clínica es tutorizada y supervisada de manera continuada. Además, muchos de los miembros están vinculados a universidades, y realizan actividades de docencia e investigación. Parte de los requisitos de la formación incluyen una base rigurosa de formación en psicopatología, y una importante formación teórica y técnica dentro del programa de estudios.
 

5.― Respuesta a algunos tópicos frecuentes

El Psicoanálisis se identifica exclusivamente con Freud:

Esta opinión suele partir de un conocimiento banalizado de algunas ideas iniciales de Freud y parece desconocer la evolución que puede observarse a lo largo de su extensa obra. Pero también parece desconocer la evolución del Psicoanálisis desde Freud hasta la actualidad. De este modo se niega el desarrollo crítico del propio Psicoanálisis y se lo presenta como un pensamiento estático y dogmático. Sin embargo, teniendo unas bases comunes, una de las características de las sociedades psicoanalíticas es la diversidad de pensamiento e hipótesis que conviven y se debaten continuamente entre profesionales de todo el mundo. El Psicoanálisis está evolucionando continuamente en nuevos modelos que incluyen diversas teorías que intentan aportar comprensión sobre el funcionamiento humano, así como en nuevas técnicas y formatos de intervención, que se van adaptando a las necesidades de cada población (para una consulta detallada: Coderch, 2015 y Kernberg, 2007).

El Psicoanálisis es seductor, engañoso y embaucador:

Sirva como ejemplo de ello la opinión vertida recientemente en Informe semanal (TVE)[3] , en el que se decía textualmente que el Psicoanálisis era un “lavado de cerebro”. Esta opinión parece desconocer que el Psicoanálisis persigue todo lo contrario a un lavado de cerebro y que su objetivo es ayudar a las personas a ser sujetos con mayor capacidad crítica y de diferenciación con su entorno, en el que actualmente constatamos con demasiada frecuencia campañas de desinformación, algunas organizadas desde poderes fácticos político-económicos que sí nos parecen un verdadero “lavado de cerebro”.

Uno de los factores clave del Psicoanálisis es considerar la necesaria participación del paciente en el proceso de tratamiento. Por tanto, forman parte del propio tratamiento las críticas, contrariedades y malestares que pudiera haber en el curso del proceso terapéutico relacionados con el terapeuta y con el trabajo que se realiza. En ese sentido, las diversas aplicaciones del Psicoanálisis precisamente se alejan de una concepción en la que el profesional tiene en su poder “el saber”, y el paciente sería un ignorante de aquello que él necesita, de manera que debería someter su criterio al del profesional.

Justamente los desarrollos contemporáneos de la teoría, la extensión de las aplicaciones, la mayor precisión en el diagnóstico y en los criterios para recomendar un tratamiento de estas características (indicación de tratamiento), ha propiciado el florecimiento de las psicoterapias psicoanalíticas, que se aplican en diferentes contextos clínicos, de manera cada vez más adaptada a las necesidades de cada población particular.

El Psicoanálisis solo se practica en las consultas privadas, con el paciente tendido en el diván:

El análisis de tres o cuatro sesiones en diván es un instrumento técnico de investigación clínica de indudable valor, pero debe diferenciarse de las modificaciones técnicas de muchas psicoterapias psicoanalíticas que hoy se aplican (psicoterapia individual breve y focal, psicoterapia de apoyo, psicoterapia psicoanalítica y de tiempo limitado, de familia, psicoterapias grupales, intervenciones psicoterapéuticas puntuales, entrevistas psicoterapéuticas etc.). Todas estas técnicas se aplican tanto en consulta privada como en instituciones públicas y privadas, y son fruto de la tradición psicoterapéutica del Psicoanálisis, cercana a las necesidades variadas de cada paciente o población clínica.

El psicoanalista solo piensa en el pasado:

Para el Psicoanálisis las experiencias del pasado condicionan la conducta presente. Ello es coherente con los hallazgos más recientes en neurociencias (Coderch, 2010), que hablan de la importante plasticidad cerebral en el inicio de la vida y la configuración de las redes neuronales en función de las experiencias vividas, con especial incidencia en la infancia, que afecta incluso a la propia captación e interpretación de la estimulación sensorial más básica (Barret, 2018). Pero actualmente la observación clínica en un tratamiento psicoanalítico se centra sobre todo en lo que ocurre en el aquí y ahora presente de la sesión, en la relación viva y actual tanto con el propio psicoanalista, como con sus relaciones personales significativas. El psicoanalista se preguntará qué experiencias que el paciente ha relatado del pasado se están expresando y actuando en el tiempo presente, pero también qué experiencias que están ocurriendo en el tiempo presente se están comunicando en forma de recuerdos del pasado. Presente y pasado interactúan, así como las vivencias inconscientes del mundo interno se ponen en juego en relación con los demás y con la realidad.

El psicoanalista se desentiende de los problemas de la vida diaria:

El psicoanalista tiene presente la realidad externa y cómo ésta condiciona los sentimientos y conductas de la persona; pero también tiene en cuenta como dicha realidad externa es vivida subjetivamente, condicionada por las experiencias pasadas y por la dinámica de la realidad interna. Precisamente, el relato que el paciente nos hace de su vida cotidiana, de su realidad de cada día nos permite entender su universo emocional, su funcionamiento mental y acercarnos al sufrimiento, que no siempre es consciente.

El psicoanalista es un detective del mundo inconsciente del paciente, de sus traumas:

Este tópico no tiene en cuenta que el psicoanalista (o psicoterapeuta psicoanalítico) observa y se observa. Su investigación clínica no se centra solo en el paciente, como si se tratara de un botánico que explora una planta, experimentando y manipulando la realidad para ver cómo ésta responde. Lo que observa e intenta pensar es cuál es el tipo de relación que se manifiesta en la sesión analítica, relación que incluye al paciente y a sí mismo. La dinámica entre pensamientos, actitudes, sentimientos y, en definitiva, formas de relación, que se ponen en juego en la interacción entre ambos (dinámica transferencia-contratransferencia, en términos psicoanalíticos). El Psicoanálisis es una psicología eminentemente centrada en los fenómenos relacionales.

El Psicoanálisis se desentiende de los factores biológicos:

Lo que el psicoanalista puede observar en la clínica es la dimensión subjetiva del ser humano y los fenómenos relacionales; pero no niega factores biológicos de la sexualidad y la agresividad, los condicionamientos epigenéticos, las expresiones psicosomáticas o la enfermedad somática, aunque el estudio de dichos factores bio-fisiológicos correspondan a otros campos de la ciencia (Medicina, Psiquiatría biológica o Neurociencias, por ejemplo) que estudian el aparato mismo pero no los significados que procesa y con los que está interesado en mantener una relación integradora, y de mutuo enriquecimiento. En este sentido, el Psicoanálisis actual parte de una concepción bio-psico-social del ser humano, con una multicausalidad compleja de su funcionamiento. Por otro lado, destacados neurobiólogos y neurocientíficos afirman que “le debemos al Psicoanálisis la teoría más amplia del psiquismo” y en varios aspectos la Neurociencia confirma hoy sus hipótesis (Coderch, 2010). En este sentido aconsejamos consultar el apartado de lecturas sugeridas.[4]
 

Conclusión

El término “pseudociencia” se ha convertido en poco más que una palabra de moda para realizar purgas ideológicas y desacreditar rápidamente, haciendo uso de generalizaciones basadas en la ignorancia o en estrategias de poder, reduciendo el concepto de ciencia a las ciencias duras estereotipadas, es decir, a todo lo que es repetible y directamente observable o medible por los sentidos. Pero dado que en realidad existen diversos sistemas ordenados de razonamiento científico Hacking (1995 citado en Echevarría 2007) pensamos que la ciencia así entendida, es solo uno de ellos.

El Psicoanálisis es una forma de conocimiento de los fenómenos de la mente humana basada en una concepción bio-psico-social y multicausal, diferente de la ciencia en su sentido restringido a la realidad observable y medible, que transmite comprensión sobre hechos inmateriales como el mundo interno y su realidad consciente e inconsciente, y que se preocupa por comprender cómo las personas vivencian las experiencias y cómo las representan, en ocasiones, mediante patrones automatizados en sus relaciones sociales, y en el aquí y ahora de la relación terapéutica.

El imperativo de las ciencias naturales en cuanto a verificar repetidamente la experimentación rigurosa y controlada de sistemas físicos, produce resultados aptos para análisis estadístico, pero no para la indagación sobre los estados complejos de la mente humana no físicos y no repetibles (nunca dos personas tienen el mismo estado mental, siendo la única excepción una variable relevante). No obstante, el Psicoanálisis también basa sus teorías y reformulaciones, así como los efectos de una terapia en las observaciones continuadas y contrastadas de la experiencia y de las respuestas del paciente al tratamiento y a las hipótesis de trabajo, estando estas supeditadas a ensayo y error, a través de la relación terapéutica viva y emocionalmente significativa entre paciente y terapeuta. Su validez reside en el objetivo de ayudar al paciente a comprenderse mejor a sí mismo, donde las investigaciones estadísticas son circunstanciales. Además, también le son útiles otras fuentes de validación convergentes e investigaciones correlacionales, etc. Podríamos decir, citando a Robert Caper, que en lugar de la experimentación controlada, el psicoanalista usa la observación naturalista y en lugar de análisis estadísticos utiliza el razonamiento intuitivo, manteniendo un estado de ignorancia sobre aquello que le presenta el paciente, hasta que la experiencia de éste le impacta (Caper, 2009). Más aún, es sabido que no todas las ciencias pueden experimentar y que la comprobación de sus hipótesis involucra la experiencia.

El Psicoanálisis también se puede entender como el conjunto de procedimientos que se emplean para conseguir un objetivo, es decir, como una tecnología clínica (Tizón, 1994), de la que se derivan diferentes técnicas psicoterapéuticas que tiene como meta una mayor integración de la personalidad.

Por tanto, podríamos concluir que el Psicoanálisis comprende un método de conocimiento riguroso y que es en sí una investigación continuada, en la que se hacen hipótesis sobre el funcionamiento del paciente y se le comunica (Laudo, 2012), que actualmente también cuenta con metodologías observacionales, las cuales, estudian la conducta espontánea en un contexto natural como por ejemplo, los mixed methods (Arias y Anguera, 2017). Y tiene la capacidad de tratar a un número mayor de personas a través de diversas teorías, técnicas psicoterapéuticas, y también psicodiagnósticas, que han demostrado su efectividad, fiabilidad y validez, Shedler (2010) y que son aplicadas por profesionales debidamente acreditados conocedores de la eficacia de las técnicas que aplican.
 

Referencias bibliográficas

Abbass, A.A., Hancock, J. T., Henderson, J., et al. (2006), Psicoterapias psicodinámicas a corto plazo para trastornos mentales comunes, Cochrane Database Syst Rev, núm. 4, CD004687. CrossRef | Google Scholar

Abbass, A.A., Nowoweiski, S.J., Bernier, D., Tarzwell, R., y Beutel, M.E. (2014), «Review of psychodynamic psychotherapy neuroimaging studies, [Revisión de estudios de neuroimagen en psicoterapia psicodinámica»,] Psychotherapy and Psychosomatics, núm. 83, pp. 142–147, http://doi.org/10.1159/000358841

Abbass, A.A., Kisely, S.R., Town, J.M., Leichsenring, F., Driessen, E., De Maat, S., Gerber, A., Dekker, J., Rabung, S., Rusalovska, S. y Crowe, E. (2014), Short-term psychodynamic psychotherapies for common mental disorders, Cochrane Database Syst Rev., núm. 7, CD004687, recuperado de
http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD004687.pub4/full

Arias-Pujol, E. y Anguera, M.T. (2017), Observation of interactions in adolescent group therapy: A mixed methods study. Frontiers in Psychology, 8:1188. DOI: 10.3389/fpsyg.2017.01188

Bargh, J.A., y Barndollar, K. (1996), Automaticity in action: The unconscious as repository of chronic goals and motives, en P.M. Gollwitzer & J.A. Bargh (Eds), The psychology of action: Linking cognition and motivation to behavior (pp.457-481), New York, Guilford.

Barrett, L. F. (2018), La vida secreta del cerebro: Cómo se construyen las emociones, Barcelona, Paidos Ibérica.

Blagys, M.D., y Hilsenroth, M.J. (2000), Distinctive features of short-term psychodynamic-interpersonal psychotherapy: A review of the comparative psychotherapy process literature, Clinical Psychology: Science and Practice, núm. 7(2), pp. 167–188. doi:10.1093/clipsy.7.2.167

Bofill, P., Tizón, J. (1994), Qué es el Psicoanálisis: Orígenes, temas e instituciones actuales, Barcelona, Herder.

Caper, R. (2009), Construir en la foscor. Teoria i observació en ciencia i en psicoanàlisi, Barcelona, Monografies de Psicoteràpia, Psicoanàlisi i Salut Mental, 2017.

Coderch, J. (2015), Pluralidad y diálogo en Psicoanálisis, Barcelona, Herder.

Coderch, J. (2010), Psicoanálisis relacional y neurociencia. La práctica de la psicoterapia relacional. El modelo interactivo en el campo del Psicoanálisis, Madrid, Agora Relacional.

de Maat, S., de Jonghe, F., Schoevers, R. et al. (2009), The Effectiveness of Long-Term Psychoanalytic Therapy: A Systematic Review of Empirical Studies [La efectividad de la terapia psicoanalítica a largo plazo: una revisión sistemática de estudios empíricos], Harvard Review of Psychiatry, núm. 17, pp. 11–23, CrossRef | Google Scholar | PubMed

Eagleman, D. (2013), Incógnito. Las vidas secretas del cerebro, Barcelona, Anagrama.

Echevarría, R. (2007), Contra el Psicoanálisis: confusiones, tópicos y críticas, Aloma, Revista de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport. ISSN 1138-3194, núm. 20, núm. 14, pp.51-66.

Estudio EPIFEAP, Primer estudio epidemiológico sobre psicoterapia psicoanalítica, recuperado de www.fundhos.org/…/primer-estudio-epidemiologico-nacional-sobre-psicoterapia-psic.

VIII simposium de la Sección de Psicoterapias Psicoanalíticas de FEAP, recuperado de https://www.psicoterapiaspsicoanaliticasfeap.info/simposio8/

Hornstein, L. (2018), En la búsqueda del nuevo Psicoanálisis. Infobae, recuperado de https://www.infobae.com/cultura/2018/08/30/en-la-busqueda-del-nuevo-psicoanalisis/

Kahneman, D. (2011), Thinking fast and slow, Farrar, New York, Straus & Giroux.

Kernberg, O. (2007), Controversias contemporáneas de las teorías psicoanalíticas, sus técnicas y aplicaciones, México, ed. Manual Moderno.

Laudo, I. (2012), Primer Premio Feap 2012: Un reconocimiento a la investigación en psicoterapia, Temas de Psicoanálisis, núm. 5, 2013, http://www.temasdepsicoanalisis.org/2013/01/13/primer-premio-feap-2012un-reconocimiento-a-lainvestigacion-en-psicoterapia/

Leuzinger-Bohleber, M. y Kächele, H. (2015), An Open Door Review of Outcome and Process Studies in Psychoanalysis (3rd Ed.), International Psychoanalytic Association, recuperado de
http://www.ipa.world/ipa/IPA_Docs/Open%20Door%20Review%20III.pdf, London.

Leuzinger-Bohleber M., Hautzinger, M., Fiedler, G., Keller, W., Bahrke, U., Kallenbach, L., Kaufhold J., Ernst, M., Negele, A., Schétt, M., Kflchenhoff, H., Gflnther, F., Rilliger, B. y Beutel, M. (2018), «Outcome of psychoanalytic and cognitive-behavioral therapy with chronic depressed patients. A controlled trial with preferential and randomized allocation» [Resultado de la terapia psicoanalítica y cognitivo-conductual en pacientes con depresión crónica. Un ensayo controlado con asignación preferencial y aleatoria], The Canadian Journal of Psychiatry,
https://doi.org/10.1177/0706743718780340

Manzano, J. (2014), La etiología y la etiopatogenia de los trastornos mentales, Revista Cuadernos de Psiquiatría, vol. I, núm.57.

Morin, E. (1979), Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa.

Neuropsychoanalysis. Lecturas sugeridas sobre eficacia y efectividad del Psicoanálisis, Npsa, recuperado de
https://npsa-association.org/education-training/suggested-reading/the-efficacy-of-psychoanalyticpsychodynamic-therapies-reading-list/

Neuropsychoanalysis, lecturas sugeridas sobre conceptos psicoanalíticos y neurocencia, Npsa, recuperado de
https://npsa-association.org/education-training/suggested-reading/neuropsychoanalytic-perspectives-psychoanalytic/

Nisbett, R., y Wilson, T. (1977), Telling more than we can know: Verbal reports on mental processes, Psychological Review, núm. 84, pp. 231-259

Shedler, J. (2010), La eficacia de la psicoterapia psicodinámica, American Psychological Association (APA), vol.65, núm. 2, pp. 98-109.

Steinert, C., Munder, T., Rabung, S., Hoyer, J. y Leichsenring, F. (2017), «Psychodynamic Therapy: As Efficacious as Other Empirically Supported Treatments? A Meta-Analysis Testing Equivalence of Outcomes» [Terapia psicodinámica: ¿tan eficaz como otros tratamientos con apoyo empírico? Una prueba de metaanálisis de equivalencia de resultados], The American Journal of Psychiatry,
https://ajp.psychiatryonline.org/doi/abs/10.1176/appi.ajp.2017.17010057

Tizón, J. (1994): “Una reflexión acerca de los límites epistemológicos del conocimiento psicoanalítico”, en Filosofía de la ciencia hoy, “Cuadernos de Teologia Fonamental”, Barcelona, Cristianisme i Justicia.

Westen, D. (1998), The scientific legacy of Sigmund Freud: toward a psychodinamically informed psychological science, Psychol Bull, núm. 124, pp. 333-371

Wilson, Timothy D., Samuel Lindsey, and Tonya Y. Schooler (2000), “A Model of Dual Attitudes,” Psychological Review, núm. 107, pp.101-126.
 

Resumen

Ante la presentación del “Plan para la Protección de la Salud frente a las pseudoterapias” del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social compartimos el necesario objetivo de regular y actualizar la práctica profesional de la Salud Mental tanto en el ámbito público como en el privado, ya que forma parte de la responsabilidad deontológica de nuestras profesiones y en este sentido, también lo es, el realizar una serie de puntualizaciones sobre la consideración del Psicoanálisis, en respuesta a la citada necesidad y a opiniones tópicas que desde hace años se vierten en medios de comunicación, redes sociales y algunos medios profesionales.

De acuerdo con esto, aclaramos que el Psicoanálisis actual es una psicología eminentemente centrada en los fenómenos relacionales y que parte de una concepción bio-psico-social del ser humano, y por tanto, está basado en una multicausalidad compleja. Evoluciona continuamente en nuevos modelos que intentan aportar comprensión sobre el funcionamiento humano, así como en nuevas técnicas y formatos de intervención que logran buenos resultados, al menos tan buenos como, y en algunos aspectos, mejores que otros tratamientos basados en la evidencia en psiquiatría.

Palabras clave: Psicoanálisis, investigación, validez, concepción bio-psico-social, multicausalidad compleja, técnicas.
 

Summary

Ahead the presentation of the «Plan for the Protection of Health against pseudotherapies» of the Ministry of Health, Consumption and Social Welfare we share the necessary objective of regulating and updating the professional practice of Mental Health in both, the public and private sectors , since it is part of the deontological responsibility of our professions and in this sense, it’s also, to carry out a series of observations on the consideration of Psychoanalysis, in response to the aforementioned need and topical opinions that for years have been poured into media communication, social networks and some professional media.

According to this, we clarify that the current Psychoanalysis is a psychology eminently focused on relational phenomena and that part of a bio-psycho-social conception of the human being, and therefore, is based on a complex multi-causality. Evolves continuously in new models that try to provide understanding about human functioning, as well as in new techniques and intervention formats that achieve good results, at least as good as, and in some aspects, better than other treatments based on evidence in psychiatry.

Keywords: psychoanalysis, research, validity, bio-psycho-social conception, complex multi-causality, techniques.
 

María del Valle Laguna Barnes
Psicóloga clínica. Psicoterapeuta.
Psicoanalista titular con funciones didácticas de la (SEP-IPA)
lagunabarnesvalle@gmail.com

Rossend Camón Solsona
Médico especialista en Psiquiatría y Neurología
Psicoanalista de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP-IPA)
csr318230@gmail.com

Berta Requejo Báez
Psicóloga general sanitaria. Psicoterapeuta
Profesional del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona (SEP-IPA)
bertarequejobaez@gmail.com

Anna Romera Pérez
Psicóloga. Psicoterapeuta
Profesional del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona (SEP-IPA)
annaromera@copc.cat
 

[1] Medida de la capacidad y potencia de un fenómeno.

[2] https://npsa-association.org/education-training/suggested-reading/the-efficacy-of-psychoanalyticpsychodynamic-therapies-reading-list/

[3] “Informe semanal”, sábado 17 de noviembre de 2018, 21.45-22.00 h.

[4] https://npsa-association.org/education-training/suggested-reading/neuropsychoanalytic-perspectivespsychoanalytic/

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/sobre-el-psicoanalisis-y-las-psicoterapias-de-orientacion-psicoanalitica/feed/ 0
ENTREVISTA A ALBERT QUILES,AMICS DE LA GENT GRAN http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-amics-de-la-gent-gran/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-amics-de-la-gent-gran/#respond Tue, 05 Feb 2019 14:18:58 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20513 Descargar el artículo

El cuatro de septiembre de 1987, gracias al esfuerzo y la dedicación de un grupo de personas voluntarias, nace en Barcelona Amics de la Gent Gran un proyecto social que ya ha cumplido más de treinta años y que se ha convertido en una Fundación con un equipo técnico que cuenta con alrededor de mil ochocientos voluntarios que dan compañía a más de mil seiscientas personas mayores en el territorio catalán.

Entrevistamos a Albert Quiles, licenciado en Psicología y en Ciencias del Trabajo, que ha participado en numerosos proyectos de voluntariado internacional, en el ámbito de la formación y capacitación de personal sanitario y de educación, en diferentes países de América Central, Asia y África. Desde hace unos años es el director gerente de Amics de la Gent Gran.

Agradecemos a Albert Quiles su colaboración para la realización de esta entrevista.

TEMAS DE PSICOANÁLISIS.― Este año 2018 celebráis el treinta aniversario de Amics de la gent gran. ¿Cómo empezó vuestra fundación, de dónde partíais?

Albert Quiles.― A finales de la Segunda Guerra Mundial, en Francia nace la organización Les petits frères des pauvres ( www.lespetitsfreresdespauvres.fr) para dar apoyo a la situación de gran vulnerabilidad que vivían las personas mayores en ese contexto tan difícil. Hoy en día, es una organización que acompaña a miles de ancianos en todas las regiones de Francia. El lema del fundador del movimiento, el señor Armand Marquiset, fue “las flores antes que el pan”, como metáfora de la importancia de las relaciones personales y emocionales para todo el mundo y especialmente para las personas mayores.

Es a mediados de los años ochenta cuando un grupo de Barcelona se interesó por los proyectos de Les petits frères des pauvres. Fueron a visitarles a Francia y, con mucha determinación y esfuerzo, impulsaron Amics de la Gent Gran, primero como Asociación y después como Fundación. Fue la primera ciudad del Estado en la que empezó el movimiento de acompañamiento y amistad con las personas mayores.

TdP.― La filosofía organizacional de Amics de la Gent Gran se refleja en los valores, actitudes y creencias que implican trabajar para combatir la soledad no deseada y el aislamiento social ¿De qué manera vuestra asociación en concreto presta ayuda a las personas mayores? ¿Qué tipos de intervenciones ofrece?

A. Quiles. ― Luchamos contra la soledad no deseada y la marginación social de las personas mayores a través de programas y actividades de voluntariado social y mediante la sensibilización de la sociedad. Hay dos tipos de programas de acompañamiento que consisten en el acompañamiento una vez a la semana por un voluntario a una persona mayor en su domicilio o en la residencia en la que vive. Se teje una relación de amistad profunda entre ellos en la que se comparten experiencias y se recobran ilusiones.

Es importante también luchar contra la soledad a través de actividades de socialización para las personas mayores, en las que se les permita conocer a otras personas mayores y a otros voluntarios. Hay que tener en cuenta que si Amics de la Gent Gran no ayuda y apoya a estas personas mayores, muchas veces no les sería posible salir de sus casas, por tanto, nos organizamos para que el transporte o las barreras arquitectónicas no sean un problema. Llevamos a cabo de forma periódica meriendas, salidas culturales, tertulias, talleres y vacaciones adaptadas.

TdP. ― Inevitablemente los voluntarios enfrentan y sostienen el sufrimiento psíquico de las personas a las que atienden, sufrimiento motivado por duelos, pérdidas, por angustia ante la enfermedad y la muerte, ante la soledad, etc. ¿Reciben algún tipo de formación específica que les ayude en su tarea?

A. Quiles. ― Es muy importante garantizar que las personas mayores reciben un acompañamiento de calidad. Ciertamente, las situaciones del colectivo al que acompañamos son muy delicadas y a menudo conlleva que los voluntarios no sepan qué decir o qué responder ante determinadas circunstancias. Es por ello que organizamos un Plan de Formación para todos ellos que consiste en cursos de iniciación al voluntariado y a la etapa de la vejez y cursos de especialización en dinamización de personas mayores, en atención centrada en la persona, en reminiscencia o en demencias, entre otros.

En todos los cursos se trabaja una parte teórica en la que se exponen los diferentes marcos teóricos y se comparte una parte práctica que permite a los voluntarios compartir sus inquietudes y dudas. La parte relacional entre las personas voluntarias es también muy importante ya que entre ellas mismas pueden buscar solución a determinados dilemas o problemas con los que se encuentran desarrollando su voluntariado. A su vez, se tejen relaciones de amistad entre personas voluntarias de todas las edades, aspecto que también es relevante.

TdP. ― Al constituirse en una relación próxima y vinculante, vuestro acompañamiento semanal parece cumplir una función muy importante: alguien es testigo de la persona que se es en la actualidad, pero también de la que se ha sido; alguien es observador de la propia historia en su conjunto, lo cual dignifica. ¿Qué opináis acerca de ello?

A. Quiles. ― La relación que se establece entre la persona mayor y la persona voluntaria es de gran profundidad, ya que es una amistad que se va fraguando semana a semana, digamos que se va cocinando a fuego lento. Esta relación de amistad es una oportunidad para la persona mayor de hacer un repaso sobre su trayectoria vital, si así lo desea. Le permite, en muchos casos, a través de la conversación con el voluntario, reconciliarse con muchos aspectos de su vida, y podemos decir que, a algunos usuarios, les permite reconciliarse con la vida misma. Acompañamos sin juzgar, estamos al lado de las personas mayores de igual a igual, y nos adaptamos a su ritmo y a su voluntad.

El año pasado realizamos una campaña sobre la singularidad de cada persona, pues parece que perdemos la singularidad como individuos cuando entramos en la etapa de la vejez, cuando la singularidad no se pierde con los años sino que crece. El trato desde el respeto, el afecto y la singularidad de cada persona, con aquello que la identifica y que es único, es uno de los principios básicos de Amics de la Gent Gran.

TdP. ― La vitalización que supone para las personas mayores tener contacto con los voluntarios y con vuestra Fundación puede favorecer la reversión de inhibiciones emocionales y mejorar la autoestima y la confianza en las propias capacidades, conteniendo los aspectos más regresivos. En este sentido, ¿os habéis encontrado que alguna de las personas atendidas se haya reconvertido en voluntario?

A. Quiles. ― Vivimos en una sociedad en la que el concepto de vejez se asocia a conceptos mayoritariamente negativos. De hecho, en los principales diccionarios de referencia, nos cuesta encontrar acepciones de la palabra vejez que contengan elementos positivos. Nos encontramos con palabras como decrepitud, achaques, manías y no hallamos palabras como sabiduría, experiencia o madurez.

Hace falta una gran concienciación social sobre cuál es el valor que estamos otorgando a las personas mayores de nuestra sociedad, ya que sí que nos hemos encontrado con personas mayores que, aun sufriendo soledad no deseada, quieren acompañar a otras personas mayores. Nos estamos organizando para ayudarles a hacerlo posible.

El mensaje que queremos transmitir es que sí se puede aportar también en la etapa de la vejez. Tienen muchas cosas que decir pero hace falta que alguien les escuche. Desde Amics de la Gent Gran luchamos para que su voz sea escuchada.

TdP. ― En nuestra sociedad en ocasiones se sobrevalora a la población joven y se percibe a las personas mayores de forma contradictoria ya que se reconoce su experiencia pero también se les jubila y excluye percibiéndoles como frágiles y no productivos. Por vuestra experiencia ¿consideráis que la sociedad en la que vivimos y las personas están preparadas para asumir lo que implica el envejecimiento?

A. Quiles. ― No. Somos una sociedad que no mira de frente a la vejez, nos asusta, nos disgusta, le damos la espalda. No concebimos la vejez como una etapa natural de la vida, todo el mundo quiere ser joven eternamente cuando envejecer es un éxito de la sociedad. Lo importante es reflexionar sobre con qué calidad vivimos la etapa de la vejez actualmente y con qué calidad la queremos vivir en el futuro. Cumplir años es un privilegio porque ¿cuál es la alternativa?

Desde Amics de la Gent Gran llevamos a cabo campañas de sensibilización precisamente para poner en valor a las personas mayores en la sociedad y combatir el edadismo, que es la discriminación por razón de edad que sufren muchas personas mayores.

TdP. ― Dado que a nivel global todas las sociedades del mundo envejecen y, en algunas más que otras, cada día hay más personas con mayor expectativa de años de vida y que se encuentran de pleno inmersas en distintos ciclos de transformaciones sociales. ¿Qué cambios observáis en la calidad de vida en el colectivo que nos ocupa? La crisis de la familia, la crisis económica, la crisis social, etc. ¿cómo afectan y/o cómo se adaptan los ancianos a esta situación?

A. Quiles. ― Las personas que están viviendo su etapa de la vejez actualmente, pertenecen a una generación que ha vivido una transformación rápida y constante de la sociedad y del mundo en su globalidad a lo largo de su vida. Probablemente es la generación de personas, hasta la fecha, que ha vivido los cambios más rápidos y significativos de la historia.

Contrariamente a lo que se tiende a pensar a veces, estas personas han tenido una capacidad máxima de adaptación a lo largo de su vida. Lo que ocurre es la disparidad de ritmos actual. En una sociedad en la que los ritmos son acelerados, en que la información llega de una punta del mundo a otra, escuchar tranquilamente lo que nos quiere transmitir una persona mayor parece imposible. Precisamente, la brecha digital produce unas desigualdades que sí que afectan a la calidad de vida de las personas mayores. Como sociedad, debemos tener en cuenta a todos aquellos que no saben utilizar internet o bien no tienen acceso a ella y garantizar que todas estas personas tengan acceso a la información necesaria para que sus derechos no sean vulnerados y que esta carencia no repercuta en su calidad de vida.

TdP. ― La idea de que algunos problemas de salud y limitaciones son propios de la edad puede fomentar cierto nihilismo, no únicamente social sino inclusive asistencial y llegar a disminuir la esperanza en realizar un tratamiento. ¿Qué políticas recomendaríais que se llevaran a cabo desde la administración para mejorar las condiciones de las personas mayores en el tramo final de la vida?

A. Quiles. ― Hace falta situar a las personas mayores en el centro de las políticas sociales. Una sociedad que no cuida, respeta y garantiza el bienestar de las personas mayores, es una sociedad incompleta. Los servicios asistenciales deben ser de calidad y accesibles. En una sociedad del bienestar, la seguridad e integridad de las personas mayores ha de ser una de las prioridades. Nos encontramos con que este colectivo es diana de abusos y estafas y es por ello que tanto las Administraciones Públicas conjuntamente con los Cuerpos de Seguridad y las iniciativas privadas como Amics de la Gent Gran debemos coordinarnos para garantizar hasta el último momento el bienestar de las personas en la sociedad.

TdP. ― Las palabras usadas para referirse a la etapa de madurez y la imagen estereotipada asociada a las personas mayores en muchas ocasiones tienen connotaciones negativas y están cargadas de mitos como el de la improductividad, el que tienen una retirada de los intereses de la vida, la inflexibilidad o que conlleva la renuncia a la sexualidad. El concepto envejecimiento activo fue acuñado por la Organización Mundial de la Salud en los años noventa en el sentido del reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores y en los principios de autonomía, colaboración, dignidad, asistencia y elaboración de los propios deseos. ¿Cómo creéis que se podría dinamizar más la implicación colectiva de la sociedad hacia la gente mayor y la participación social de las personas mayores en la misma?

A. Quiles. ― Por una parte, es fundamental que haya un conocimiento por parte de la sociedad sobre la triste realidad que viven muchas personas mayores. Por ejemplo, en España, no existe un teléfono especializado en el maltrato en la etapa de la vejez, donde una persona mayor pueda llamar de forma anónima para hablar y obtener información. Por tanto, campañas de sensibilización de proximidad que hagan reflexionar sobre la vejez es una acción que debe promoverse.

Incentivar proyectos donde se fomenten las relaciones intergeneracionales es otra de las acciones que ayudarían a que se tome consciencia. Un objetivo que tenemos desde Amics de la Gent Gran es el de prevenir la soledad no deseada trabajándola desde las diferentes etapas de la vida, acercándonos a las escuelas, a las universidades, a los centros sociales y culturales, a los colegios profesionales, etc.

Las personas mayores deben tener oportunidades de participación social, y a su vez deben tener el derecho a elegir si quieren participar o no. También tenemos una idea preconcebida en la sociedad de que las personas mayores deben seguir teniendo un alto ritmo de actividad, pero eso debe ser decisión de cada persona. Puede ser más activa o menos, pero la clave está en que disponga de la información para poder elegir.

TdP. ― La institucionalización en residencias puede dar respuesta a necesidades de las personas mayores y de sus familias pero también incrementar la vulnerabilidad del mayor. ¿Con qué medidas complementaríais la atención que se da a las personas mayores en las Residencias con el objetivo de mejorar su calidad de vida y la dignidad personal?

A. Quiles. ― Nos encontramos que la mayoría de personas mayores prefieren vivir en sus casas hasta el final de su vida. Por regla general, no nos encontramos con una mayoría de personas mayores que quieran ir voluntariamente a una residencia. Por lo tanto, en las residencias conviven mayoritariamente personas mayores que sufren una demencia junto con otras personas que, generalmente, no han ido a vivir allí de forma voluntaria, sino por qué no pueden hacerlo de otro modo.

La situación es muy dura para las personas que no sufren demencia y que deben abandonar su hogar por las circunstancias que sean y se encuentran con una nueva realidad que les entristece. Sabemos que hay muchas residencias que ofrecen servicios de calidad, pero que sufren una falta de recursos que impiden a las personas mayores tener una atención individualizada y de calidad. También existen residencias que no funcionan bien, desgraciadamente.

Desde Amics de la Gent Gran llevamos a cabo el programa de Acompañamiento en Residencias desde hace más de cuatro años y estamos acompañando a personas mayores de más de cien residencias en Cataluña para ofrecerles compañía y apoyo.

Cada vez hay una mayor coordinación con el personal técnico de las residencias para el bienestar de las personas mayores y ya existen algunas residencias que son ejemplo de buenas prácticas de atención centrada en la persona, y eso nos anima a seguir transformando la sociedad para que la situación de las personas mayores solamente pueda ir a mejor.

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-amics-de-la-gent-gran/feed/ 0
MOMENTOS DE CAMBIO EN PSICOTERAPIA http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/momentos-de-cambio-en-psicoterapia/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/momentos-de-cambio-en-psicoterapia/#respond Tue, 05 Feb 2019 13:03:33 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20418 Descargar el artículo
 

Introducción

¿Qué es lo que ayuda al cambio terapéutico en los pacientes? ¿Cómo percibimos los terapeutas estos indicios de cambio en los pacientes que estamos tratando? ¿Qué dicen los pacientes al respecto? Estas y otras preguntas me he ido planteando a lo largo de mi trabajo en la asistencia pública, y privada, como psicoterapeuta de orientación psicoanalítica de adolescentes, adultos y familias.

Parto de la base que como terapeutas necesitamos valorar los resultados de nuestra intervención mediante la observación clínica, en relación a diferentes aspectos y escenarios del paciente. Así pues, valoramos los cambios en:

. El insight sobre el foco terapéutico escogido, es decir, en el conjunto de ansiedades y defensas
que conforman el conflicto de base.
. El mundo interno.
. La relación transferencial que, aunque preferentemente no verbalizamos en forma de interpretación, la
tenemos cuenta continuadamente.
. Las relaciones con los demás.
. El área de rendimientos y desarrollos.
. La sintomatología.
. La calidad de vida.

En otro trabajo anterior mostramos la investigación empírica realizada por nuestro equipo al finalizar la psicoterapia y a los dos años de su terminación, que evaluaba los cambios en los dos últimos puntos (Laudo, 2013).

Pero ahora el objetivo es anotar unas reflexiones sobre aquello que ayuda al cambio en los pacientes y cómo percibimos los terapeutas dicho cambio. Pienso en el día a día de la psicoterapia, en aquellos momentos que indican un movimiento en el mundo interno del paciente. Las preguntas que nos hemos formulado nos llevan a pensar en dos grupos de factores. El primero se refiere a las condiciones aportadas por el terapeuta y por el método psicoanalítico, más concretamente, por la técnica de la psicoterapia psicoanalítica. Son todos ellos factores muy conocidos, pero cabe señalarlos de nuevo como importantes promotores de cambio en sí mismos. El segundo grupo engloba aspectos o señales que indican que se ha producido una modificación en el paciente hacia una mayor salud mental e integración. En ambos grupos me ha parecido importante incluir intervenciones de los pacientes que confirman el valor que tiene nuestro método, y la aplicación técnica del mismo, para aproximarnos al sufrimiento de las personas que consultan, la mayoría de las cuales sin otra experiencia previa en tratamientos de este tipo.

B. Joseph (1989), en Equilibrio psíquico y cambio psíquico, señala que los pacientes buscan tratamiento porque están insatisfechos con su situación y quieren cambiar, o quieren que las cosas cambien. Hay un deseo de cambio y una presión hacia una mayor integración. Y al mismo tiempo tienen mucho miedo al propio cambio. ¿Por qué? Porque, tal como señala la autora, inconscientemente existe la noción de que todo cambio comporta una alteración del equilibrio emocional establecido. Apunta que el cambio psíquico no es un lugar al que se llega:

[…] sino más bien un equilibrio de fuerzas mejor y más saludable dentro de la personalidad, en una situación que hasta cierto punto será siempre de flujo, de movimiento, de conflicto.

L. y R. Grinberg (1993) estarían en la misma línea. Los cambios pueden despertar ansiedades persecutorias si se viven como una amenaza. Pero también ansiedades depresivas por la pérdida de situaciones conocidas, con el temor de perder las partes del self ―la parte del self que buscaba cambios― ligadas a éstas y, en consecuencia, perder el sentimiento de identidad.

Esto, que acontece en la vida cotidiana, tiene mucho más peso en una psicoterapia porque se trata de los propios sistemas defensivos, aquellos que han acompañado siempre al paciente y que a menudo han conformado una forma de funcionamiento. La psicoterapia los pone en cuestión.

Me centraré en psicoterapias realizadas en la red de Asistencia Pública en Salud Mental. El equipo constituye la Unitat de Psicoteràpia Psicoanalítica d’Adults de Sant Pere Claver―Fundació Sanitària (UPPA) cuya función dentro de la red es ejercer como recurso psicoterapéutico para los niveles primarios de asistencia en salud mental. Las psicoterapias que realizamos se engloban en dos grandes grupos: la psicoterapia focal y breve, de alrededor de un año de duración, y las psicoterapias también focales en las que, o bien el foco no ha podido establecerse desde el principio en la mente del terapeuta y, por tanto, no ha podido definirse un tiempo de duración de la psicoterapia, o bien se considera que el paciente necesita más tiempo de elaboración;  pero como máximo su duración es de dos años. En la psicoterapia breve y focal pretendemos una mirada en profundidad sobre un área determinada, para incidir sobre las ansiedades y defensas que conforman el conflicto intrapsíquico que valoramos como más emergente en el momento, renunciando a la elaboración de otras áreas de la personalidad o mundo interno del paciente. Se sustenta en una indicación adecuada, que es uno de los pilares de este tratamiento.
 

Facilitadores de cambio en psicoterapias

No pretendo hacer un listado exhaustivo de lo que facilita el cambio en los pacientes que, como es bien sabido, podría resumirse en: método, técnica adecuada a los objetivos terapéuticos y terapeuta con una capacitación suficiente para aplicarlos. Solamente voy a mencionar aquellos elementos que se repiten en muchas psicoterapias, extraídos de comentarios de los propios pacientes, o interpretados a partir de lo que éstos verbalizan.

1.― Interés y motivación del terapeuta en ayudar al paciente o al grupo familiar

Se ha hablado mucho de la motivación del paciente como indicador positivo en la psicoterapia breve. Querría resaltar ahora la importancia de la motivación del terapeuta para entender lo que le pasa al paciente y para ayudarle a observarse, es decir, aplicando el método y la técnica pertinente, no de otra manera. Se trata de una actitud terapéutica, necesaria, que va más allá de la contratransferencia positiva que pueda estimular el paciente en nosotros. Esta motivación lleva a una manera de estar, de mirar al paciente, de escucharlo y de pensarlo, que ayuda a encajar transferencias negativas sin que lleguemos a actuar la contratransferencia; y que ayuda también a interesarnos por conocerlas. Tiene que ver con la identidad profesional y con la identificación con la tarea. Es una actitud compartida por otras profesiones, por ejemplo, con la de enseñante.

En una psicoterapia de familia que realizamos en coterapia con una compañera del equipo, reparamos en un detalle del final de una de las sesiones. Se trataba de una familia que tenía la guarda de dos nietas pequeñas, cuya madre presentaba graves problemas de personalidad. La familia mostraba sensibilidad, capacidad de observación y se interesaban por nuestras intervenciones, pero existía un problema de sometimiento a la tiranía de la hija mayor, madre de las criaturas, que mantenía una actitud parasitaria y abusiva con aquéllos que estaban cuidando de sus hijas, causando mucho sufrimiento y sentimientos de desesperanza con sus actuaciones. La familia había solicitado ayuda para aprender a manejar de la mejor manera posible la crianza de las pequeñas. Indicamos una terapia semanal sin las niñas, incluyendo a sus jóvenes tías, hermanas de la madre, porque consideramos que el conflicto no estaba en la relación con las menores, sino entre los adultos. En una sesión del principio del tratamiento, mientras recogían sus cosas para salir, iban diciendo entre ellos que los problemas venían de lejos y que era muy difícil cambiar. Una de las tías, precisamente la más reticente a acudir a las sesiones en aquel momento, dijo: “sí que es difícil cambiar, pero por lo menos ellas ―refiriéndose a las terapeutas― lo intentan”. La muchacha había captado nuestro interés auténtico en ayudarles, lo había sentido y había podido llevarlo al pensamiento. Al margen de otros aspectos de la propia familia, percibir nuestro interés le sirvió, a ella y a todo el grupo, cuando todavía no podían encontrar este interés dentro de cada uno. Otras familias más patológicas están muy lejos de esta captación. O dicho de otra manera, nuestra motivación genuina en ayudarles permitió la proyección de aspectos sanos de la familia, como una cierta esperanza, cuando ésta todavía no podía asumirlos.

2.― Neutralidad terapéutica

Lo anterior va relacionado con una conceptualización de la neutralidad que incluye la cercanía y la sensibilidad hacia el paciente y su sufrimiento, y una noción de lo que pueda representar la salud mental para él. Así, el terapeuta tiene que elaborar un concepto de la conflictiva y de los objetivos de cambio para ese paciente o grupo familiar determinado. Pero ha de ser muy cuidadoso en lo que se refiere a la no actuación, a no dirigir la vida del paciente y a no transferirle aspectos propios. Para llegar a poder discriminar con acierto entre estos elementos tan sutiles, las fórmulas de siempre continúan siendo válidas: supervisión continuada (aunque sea de otros pacientes o grupos familiares) y tratamiento personal del terapeuta.

3.― Espacio terapéutico estable y regular: setting externo y setting interno

En la asistencia pública es algo muy valorado por los pacientes de psicoterapia poder contar con un espacio semanal en el que vamos a pensar, junto con ellos, sobre ellos. La paciente de la que voy a hablar lo percibió enseguida. Se trata de una mujer en la treintena, maestra, con dos hijos pequeños, derivada por su médico de familia. En la primera entrevista me explica que ahora se encuentra mejor que cuando acudió al CAP[1], unos meses antes, pero ha tenido un episodio depresivo, con crisis de ansiedad, que los profesionales que le han atendido atribuyen a un exceso de trabajo, la familia, la casa, etc. Está tomando un medicamento antidepresivo, “no podía conmigo misma, tengo muchas cosas y no puedo con todas”. Dice que esto le viene pasando desde hace años. Sus hijos van a la misma escuela en la que trabaja, en una población muy cercana, y siempre los ha llevado en coche. Un día se pelearon entre ellos y sintió mucho miedo de que se hicieran daño, ya que ella no podía parar porque circulaban por una autopista. Temía acelerar en lugar de frenar, o que en una pendiente el coche se fuera cuesta abajo. Empezó por evitar las autopistas y buscar caminos alternativos, pero en la actualidad ya no conduce. En algún episodio de ansiedad reciente, ha tenido que dejar la clase y volver a casa, incluso llegó a estar de baja laboral durante un tiempo. Se describe como muy responsable y exigente consigo misma. En el trabajo tiene asignadas funciones directivas, además de docentes, y participa activamente en una organización de carácter político. Aunque siempre ha podido contar con el soporte de sus padres y de su marido, explica también que ha tenido momentos muy duros, viendo que otras personas le pasaban por delante en su faceta de participación política.

Se trata de una paciente que, a pesar de un estilo comunicativo algo fóbico, sobre todo consigo misma, busca el vínculo conmigo y despierta, a nivel contratransferencial, el deseo de ayudarla. Relata lo que le sucede en cierto tono de broma, con ironía, como para no preocupar al otro ni inquietarse a sí misma. Quizás teme que, si lo dice tal y como lo siente, podría deprimirse. Pienso que también me está hablando del miedo a perder el control sobre su vida y hacerse daño.

Me explica enseguida una situación traumática que vivió la familia cuando era pequeña en su tierra de origen, en que murió una hermana recién nacida, coincidiendo con un revés económico importante que implicó la marcha de su padre a otra comunidad autónoma y al mismo tiempo la migración de su madre con sus hijas a Cataluña, como forma de ayudar a sacar adelante la familia. Esto hizo que la madre tuviera que trabajar muchas horas al día fuera de casa, mientras la hermana pequeña quedaba al cuidado de la paciente. Tenía que hacerse cargo de llevarla a la escuela, recogerla, pasar la tarde con ella, darle la cena, etc., y hacerse también cargo de sí misma. A menudo la situación la desbordaba porque temía que la pequeña, muy movida, se hiciera daño. Quería ayudar porque le daba pena su madre, tan esforzada, pero un día sintió que “no quería sufrir más” e hizo un intento de suicidio grave cuando apenas contaba diez años de edad. Más tarde la situación familiar se estabilizó, su padre regresó y encontró un trabajo cualificado en la ciudad en que vivía la familia.

Más adelante, en la misma entrevista, explica como le agobian sus hijos con sus celos y peleas. Sugiero que quizá no puede manejarse con estos aspectos de sus hijos porque no pudo hacerlo de niña, no podía permitirse ni celos ni peleas con su hermana. Responde que es cierto, sorprendida por lo que digo.

Tengo la impresión de comprenderla en su conflictiva, sabiendo que hay aspectos de ésta que no vamos a poder incluir en el foco, como por ejemplo, algunos elementos de los duelos precoces. El foco terapéutico lo sitúo en su intolerancia a la necesidad, que la lleva a negar sentimientos de pérdida y a una identificación con un aspecto pseudo adulto (de “madre”), que ya le provocaba ansiedades catastróficas en la infancia y que en el momento actual, o bien actúa, o bien se defiende a través de la exigencia y el perfeccionismo. Con la propia maternidad estos conflictos se reactivan e interfieren en sus ocupaciones profesionales y en las de ámbito político. Como objetivo terapéutico pienso en la necesidad de disminuir sus exigencias superyoicas y de conseguir una mayor tolerancia a sus aspectos infantiles, a los sentimientos “no tan buenos”, limitaciones y necesidades. Indico una psicoterapia breve y focal de un año, diciéndole que ha dejado muchas cosas atrás, sin poderlas pensar.

En una de las primeras sesiones, la paciente dice: “Valoro mucho poder hablar aquí de todo y ver que no pasa nada y que no me pasa nada a mí, aunque algunas cosas sean dolorosas”. Así pues, el poder contar con un espacio estable y regular, que denominamos setting externo, facilita la comunicación entre paciente y terapeuta, especialmente la de los sentimientos negativos, aspecto muy difícil de conseguir en otras relaciones, ni tan solo con uno mismo, tal y como estamos viendo en la paciente.

Entre otras funciones, la psicoterapia tiene la de recoger, acoger e interpretar, dar un sentido, a las ansiedades y al sufrimiento, también aquel que proviene de las defensas, lo cual contribuye a que el paciente se sienta comprendido por el terapeuta. Esta es nuestra manera de estar con el paciente, tratando de entender lo que le pasa para poder transmitírselo de una manera comprensible para él (setting interno). Ofrecer herramientas de comprensión, a través de las interpretaciones, contribuye a que el paciente pueda ir tolerando más dichos sentimientos sin tener que proyectarlos, de manera que libera las relaciones con los demás de aspectos que no les pertenecen. Y éstas mejoran.

4.― Trabajo interpretativo sobre la problemática focal

El curso del tratamiento fue confirmando la indicación porque progresivamente se iban produciendo cambios. Por ejemplo, en una sesión, explica que ha sido duro en el trabajo hacer frente a las reclamaciones de unos padres por un problema que hubo en la escuela. Dice que está mal allí con este ambiente y querría pedir un traslado, pero se le hace difícil. Le digo que quizá porque con los años que lleva ya trabajando en esta escuela, la siente como su casa; la escuela representa algo así como un amparo, un lugar en el mundo fuerte, seguro y protector. A modo de asociación, explica seguidamente que sufre porque ve que tiene poca disponibilidad mental para sus hijos cuando llega a casa y le reclaman atención. Le digo que posiblemente asocia las demandas de sus hijos con las reclamaciones de los padres de la escuela, que se le hacen tan difíciles de soportar. A la sesión siguiente explica contenta que los niños están mejor porque ella ha estado por ellos. Está viendo que no solo son unos niños que exigen, sino que la necesitan. Entonces hago un puente con su pasado, mostrándole que ha transferido a la situación actual los miedos y la desesperanza de su infancia por tener que hacerse cargo de su hermana pequeña cuando le resultaba muy difícil porque la angustiaba. Y añado que parece que es ella quien se siente “celosa” ―dicho así― de sus hijos en un rincón de dentro suyo, porque ellos pueden expresar sentimientos que ella no pudo. A partir de aquel momento, sin idealizaciones, la relación con sus hijos cambió.

El trabajo interpretativo de la problemática focal da sentido y coloca al alcance del paciente aspectos propios que no conocía, o que se manifestaban solamente a través de los síntomas. Y todo ello en relación a la conflictiva que ocupa un lugar central en la mente del paciente, en ese momento. Como señalábamos antes, a medida que aumenta la comprensión hacia los propios conflictos, disminuye la identificación proyectiva de aspectos propios sobre los demás, y las relaciones cambian.
 

Momentos en psicoterapia que revelan cambios en el mundo interno de los pacientes

Aquí voy a referirme movimientos observados en el día a día de las sesiones que los terapeutas valoramos como indicativos de cambio. Nos producen la impresión de “situación nueva”, y los propios pacientes lo describen como tal. Estos son:

1.- Construir una narrativa de la propia historia.
2.- Introyección de un objeto “consultor” con quien se dialoga.
3.- Hacer un “mapa” de la propia conflictiva.
4.- Ser capaz de sentir empatía movilizadora.
5.- Triangulación sobre el conflicto.

1.― Construir una narrativa sobre la propia historia

La paciente de la que estamos hablando, en una sesión hacia el final de la psicoterapia expresa el temor de si podrá mantener ella sola los cambios alcanzados, una ansiedad por otro lado muy frecuente, quizás más en psicoterapia focal y breve. Dice que está muy agradecida por haber podido contar con este espacio durante tanto tiempo. En cambio, al principio, sentía casi imposible el estar hablando cada semana durante un año. Y añade: “La experiencia de hablar con usted, para mí, que soy cerrada, me ha ido muy bien. Me ha ido bien el ver por qué pasan las cosas. He aprendido mucho aquí”.

Poder pensar por qué pasan las cosas y por qué han pasado, reconstruir el relato de la propia biografía, iluminar zonas que han permanecido más en la penumbra a causa del sufrimiento que provocaba pensarlas, todo ello va dibujando como un esquema del propio funcionamiento mental, pasado y actual, que permite localizar y explicarse los conflictos propios. Y mirarlos con algo más de benevolencia y proximidad.

Los pacientes necesitan responderse a algunos “porqué”. En ocasiones, una explicación a nivel cognitivo, manteniendo el tono hipotético, sin caer en una exposición de hechos o certezas que impidan la simbolización (Ogden, 1986), puede tener un efecto importante de cara a reconstruir la propia historia.

2.― Introyección de un objeto “consultor” con quien se dialoga

En la visita post alta, a los seis meses de finalizada la psicoterapia, dice que continua bien, pero que muchas veces se ha preguntado: “¿qué diría mi terapeuta acerca de esto que me pasa?”. Ha echado en falta aquel dar la vuelta a las cosas, aquella visión general. A continuación explica una situación de la organización política a la que pertenece, en la que describe el recorrido de su mirada desde el mundo externo hacia el mundo interno en el conflicto que ha surgido, con la complejidad de sentimientos que implica. Le digo que ya la está haciendo ella misma la visión general…  Sonríe: “¡Pues es cierto!”. Es decir, aunque existe el duelo por la pérdida de la terapeuta y del espacio terapéutico reales, se va acompañada por la identificación con un objeto nuevo introyectado que simboliza la función terapéutica.

Se introduce un objeto nuevo en el mundo interno del paciente, al que se puede recurrir si se necesita. Equivale a un objeto de confianza, construido internamente a través de la experiencia emocional de haber comprendido y de haberse sentido ayudado. Su función va a permanecer más allá de finalizada la terapia, y va a consistir principalmente en ayudar a la autoobservación. Me parece interesante la aportación de Busch (2011), en la que subraya el factor intelectual o cognitivo en la autoobservación como un logro de la psicoterapia psicoanalítica.

3.― Hacer un “mapa” de la propia conflictiva

Para ejemplificar éste y los siguientes puntos, mostraré algunas viñetas del proceso diagnóstico y del tratamiento de una paciente, a la que llamaremos Alejandra, de veintisiete años.

El primer encuentro con ella se caracteriza por su preocupación de que yo no alcance a ubicarme respecto a lo que le pasa, preocupación que se irá repitiendo a lo largo de la entrevista. Puede decirse, asimismo, que viene dispuesta a dirigirla. Quiere explicarme las cosas desde el principio “para que usted se pueda situar”. Todo arranca de un episodio de infidelidad de su pareja que ella no ha podido asimilar y desde entonces está hundida, aunque me quiere matizar ―no sin antes asegurarse de que la estoy siguiendo― que los problemas de pareja venían de antes. Recojo la proyección diciéndole que es muy importante para ella sentir que la sigo y que puedo entender su situación. Responde que mucho.

Se trata de una paciente inteligente, en la que convive una parte rígida, incluso con dificultades para pensar, con otra parte sensible y cercana. A pesar de su juventud, goza de una situación profesional exitosa en el ámbito de la empresa en la que trabaja, a la que ha dedicado mucho esfuerzo. Percibe a sus padres como distantes y poco empáticos con sus hijas y muy sujetos a los formalismos de su entorno social, de clase media alta. Tiene una hermana menor, todavía adolescente, por la que siente celos intensos, combinados con sentimientos de ternura y afecto. Es destacable en su biografía el recuerdo de su madre explicándole que tuvo pensamientos de “estrellarse con el coche junto a ella”, cuando era bebé, al descubrir el alcance de la adicción del padre al consumo de sustancias estimulantes.

Refiere unos “picos de rabia” con su pareja cuando surgen contrariedades, o algo que no entiende o con lo que no está de acuerdo. “No me descontrolo, pero opto por hacer cosas que podría no haber hecho, como romper un plato, marchar de repente, dar un puñetazo sobre la mesa…”. Se habían distanciado y estaban ambos muy sumergidos en el trabajo. “Lo empujé hacia otra”, aunque la infidelidad no fue actuada, sino que consistió en una relación de enamoramiento que su pareja ya había abandonado cuando ella la descubrió. Su desespero fue tal al enterarse que empezó una serie de actuaciones, como escribir mensajes a la chica, peleas con su pareja, dos de ellas con empujones y mordiscos.

En la segunda entrevista me dice, mientras la sigo por el pasillo hasta mi despacho: “esta distancia entre la sala de espera y su despacho le permite a usted quitarse de la cabeza el paciente anterior mientras va a buscar al siguiente”. Entiendo que necesita asegurarse que todo mi pensamiento esté dirigido a ella, sin lugar para un tercero. Explica que ayer su madre fue a visitarla a casa. “Ella es la mejor y la única, solo ella sabe de todo. Si estuviera aquí, le diría cómo ha de hacer las cosas, dónde ha de colocar la caja de kleenex, etc.”. Quedó algo conmovida en la entrevista anterior, por volver a removerlo todo. Explica que está de baja laboral, muy mal visto en la multinacional para la que trabaja, pero teme que le vuelva a pasar lo que le ocurrió un día, que tuvo que salir corriendo de una reunión porque sentía ganas de llorar. Le digo que me está explicando un miedo a no poderse contener, no solamente en el trabajo sino en general; siente mucha angustia de no poderse aguantar y que esto le provoque una catástrofe. Dice que sí. Añade que todavía no me ha explicado una cosa de la época en que se enteró de lo de su pareja: estando con su hermana pequeña empezó a cortarse el pelo con las tijeras, a mechones, y ésta se puso a llorar; le dio mucha pena. Le digo que parece que lo sucedido le produjo un impacto tan grande que necesitaba “hacer” cosas, su capacidad de pensar quedó desbordada. Dice que tiende a eso.

De repente dice: “vamos a cambiar. Ahora seré yo quien le haga las preguntas”, añade sonriente. “Ahora no vaya a hacer aquí conmigo como su madre…”, le respondo también sonriente. Ella capta el tono distendido y responde que también tiene esta propensión de su madre, pero quiere preguntarme cómo la veo y también sobre la terapia. Pienso que le puedo decir que veo dos aspectos en ella: una parte sana que funciona y otra parte con muchas dificultades que vienen de lejos, en la que los conflictos la desbordan. Le explico los pasos a dar y el tratamiento que propongo. Se despide más tranquila.

Pienso que se trata efectivamente de una paciente muy disociada, que se defiende a través de actuaciones, cuando no puede contener la ansiedad, y con defensas omnipotentes; hay conflictos alrededor del sentimiento de exclusión y de vacío, que se expresan en forma de celos, pero que evolutivamente parecen inscribirse en situaciones más primitivas, de relación con el objeto primario. En esta ocasión indico una psicoterapia sin tiempo delimitado de antemano, que acaba siendo de dos años, el máximo posible en nuestra Unidad. Se muestra muy necesitada de ayuda y de que alguien la entienda.

Aunque sabemos que el único tratamiento posible para los trastornos graves del carácter es el psicoanálisis, otra cuestión es cómo lo abordamos en las psicoterapias. Muestra de ello es la dificultad en aceptar la asimetría, contra la que la paciente está “caracterialmente” luchando (E. Ger, 2017)[2].

La psicoterapia ayuda al paciente a diferenciar los aspectos sanos de la personalidad de otros aspectos más difíciles y enfermos, y facilita también al terapeuta el profundizar en éstos. Partiendo de una concepción topográfica de la mente, con diferentes aspectos en relación dinámica entre sí, la posibilidad de tener identificados y localizados los conflictos libera al paciente del sentimiento que la parte patológica es todo lo que él es. Así pues, cuando los pacientes logran hacer un “mapa” de la conflictiva, se sienten más dispuestos a acercarse aquellos aspectos más dificultosos, siempre dolorosos. Ayuda a ello la modulación de los movimientos de escisión, negación y proyección puestos en marcha para evitar el sufrimiento persecutorio y depresivo. Un ejemplo de esto en la paciente:

Progresivamente, los ataques hacia la pareja y hacia las figuras paternas van conviviendo con sentimientos de mucha pena, especialmente hacia la pareja, por el dolor que le causa. Esto facilita que podamos profundizar, por ejemplo, en su rabia, con la seguridad de que su parte más resentida está conviviendo con sentimientos positivos, sin invadirlo todo. “No me siento tan mala, porque también existe una parte buena en mi”.

4.― Ser capaz de sentir empatía movilizadora

La paciente me explica en una sesión que, aunque se sentía excluida de las relaciones que está estableciendo su pareja en su nuevo trabajo, le valora cuando piensa cómo podía sentirse él cuando a ella le sucedió lo mismo en un master muy absorbente e intensivo que realizó hace un tiempo, y él no tenía nada en aquel momento.

Muy ligado al punto anterior, poder empatizar y ponerse en el lugar del otro lo entiendo como señal de cambio y, a la vez, precursor de otros cambios, como el de la triangulación.

5.― Triangulación sobre el conflicto

En la paciente continúan apareciendo los celos, a veces con un sufrimiento más cercano a la tristeza que a la rabia. Me explica que su pareja le ha hablado de una compañera de trabajo por un asunto concreto. Pero observa cómo se dispara la fantasía en su cabeza, empieza el interrogatorio, se siente extraña respecto a él, siente unos celos intensos. Le digo que a veces da la impresión de que solo puede valorarle cuando le imagina deseado por otra, según ella misma me explica. Añado que quizás por eso se aferra al recuerdo de la infidelidad. “Lo que me pasa ahora ―dice la paciente― es que puedo salir antes de lo que estoy sintiendo. De verdad, le estoy muy agradecida por la psicoterapia”.

Aparecen, pues, señales de triangulación, dado que puede ver este conflicto desde diferentes ángulos: un yo que siente y al mismo tiempo un yo que observa lo que está sintiendo. Para hacer una indicación de psicoterapia psicoanalítica tenemos en cuenta la capacidad de triangulación del paciente, lo que llamamos la capacidad de estar en tercera posición (Britton, 1989). Pero cuando se alcanza esta fase supone un gran alivio para el paciente. Aparece un objeto nuevo: aquel que puede observar las relaciones internas de objeto, desde el sujeto.
 

A modo de conclusión

A lo largo de una psicoterapia se van produciendo muchas oscilaciones, en sentido amplio, de avance y retroceso, entre el progreso y la regresión, entre una integración más saludable o hacia las resistencias defensivas. Como terapeutas nuestra función es incidir en este recorrido, dotando de significado lo que acontece en la vida emocional y relacional del paciente, y en su mundo interno.

En este artículo pretendo rescatar la importancia que tiene la observación de los momentos que se dan en el curso de la relación con el paciente, verbalizados por él mismo (es obvio que existe el lenguaje no verbal, de gran riqueza expresiva, pero ese sería objeto de otro artículo). En realidad se trata de momentos y de microcambios, pero que despiertan en el terapeuta la hipótesis de tendencias más consolidadas. Más allá de los apartados mencionados, para cada paciente hay un diseño particular de objetivos terapéuticos necesarios que debería poder alcanzar. Por ejemplo, cuando las defensas omnipotentes son intensas, poder adquirir insight sobre éstas supone un duelo para el paciente, pero al mismo tiempo un gran alivio porque implica un cambio profundo: se liberan otros aspectos de la personalidad que habían quedado sometidos a estas defensas.

A veces, los momentos pueden ser reacciones nuevas, o un sentimiento diferente respecto a las mismas circunstancias de siempre. Por ejemplo, percibir un cansancio del paciente, que se manifiesta por primera vez, cuando se escucha a sí mismo repitiendo las mismas cosas, ya que todavía no puede hacerlo de otra manera. Un paciente me decía: “siempre le explico lo mismo, quizá ya está cansada…”. Habíamos hablado mucho de su inquietud por llegar a agotar al otro, de que éste se cansara de él y le abandonara. Pero esta vez aparecía ligado a la repetición, “explicar lo mismo”, no a lo que él sentía o le pasaba, sino a algo que hacía. Así pues, le dije que quizá me estaba hablando de su propia fatiga por estar tan prisionero de este aspecto suyo, que conocíamos tan bien. Estos momentos, que apuntan a microcambios, pueden inscribirse en los apartados anteriormente mencionados, o en otros diferentes, según los modelos de la mente de cada terapeuta.

Para terminar, solamente subrayar la importancia de una mirada atenta del terapeuta hacia todo lo que acontece, para poder ayudar al paciente a que lo observe también. Una manera de hacerlo es que todo movimiento hacia una modificación, por pequeña que ésta sea, ha de ser recogida por el terapeuta, lo cual quiere decir que ha de ser mostrada, reseguida y recordada en las sesiones siguientes cuando se dé el momento adecuado. En psicoterapia breve ―y creo que no solamente en psicoterapia breve― el terapeuta ha de ser activo en este aspecto.
 

Referencias bibliográficas

Britton, R. (1989), El complejo de Edipo hoy. Implicaciones clínicas, Valencia, Promolibro, 1997.

Busch, F. (2011), “Distinguiendo psicoanálisis de psicoterapia”, Libro Anual de Psicoanálisis, vol. XXVI.

Grinberg, L. y R. (1993), Identidad y cambio, Buenos Aires, Paidos.

Joseph, B. (1989), Equilibrio psíquico y cambio psíquico,  Madrid, Julián Yébenes, 1993.

Laudo, I. (2013), “Primer premio FEAP 2012: Un reconocimiento a la investigación en psicoterapia”, TEMAS DE PSICOANÁLISIS, núm. 5.

Ogden, T. (1986), La matriz de la mente, Madrid, Tecnipublicaciones, 1989.
 

Resumen

El artículo deriva de preguntas sobre aquello que facilita el cambio en los pacientes de psicoterapia y cómo percibimos los terapeutas dicho cambio, a partir de psicoterapias de orientación psicoanalítica realizadas en la asistencia pública. Entre los elementos facilitadores de cambio, referidos al método y a la técnica de la psicoterapia focal, se destacan la motivación del terapeuta, la función del setting externo e interno y de la interpretación de la problemática focal. Entre los factores indicadores de cambios, se señalan diferentes momentos del proceso terapéutico, como el poder construir una narrativa de la propia historia, la introyección de un objeto “consultor” con quien se dialoga, hacer un “mapa” de la propia conflictiva o la triangulación sobre el conflicto.

Palabras clave: evolución en psicoterapia, técnica de la psicoterapia psicoanalítica, asistencia pública, microcambios, observación.
 

Isabel Laudo
Psicóloga clínica, psicoterapeuta, psicoanalista SEP-IPA,
Ex coordinadora de la Unitat de Psicoteràpia Psicoanalítica d’Adults, Sant Pere Claver- Fundació Sanitària,
islaudo@gmail.com
 

[1] Centro de Asistencia Primaria.

[2] Comunicación personal.

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/momentos-de-cambio-en-psicoterapia/feed/ 0
ENTORNAR LOS OJOS. EL CAMINO A LA SIMBOLIZACIÓN. http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entornar-los-ojos-el-camino-a-la-simbolizacion/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entornar-los-ojos-el-camino-a-la-simbolizacion/#respond Tue, 05 Feb 2019 13:02:45 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20446 Descargar el artículo
 

1) Introducción

En una ocasión, un paciente que había sufrido recientemente la pérdida de su padre me contó que al ir a buscarlo, como de costumbre, en una de las estrellas que veía desde la terraza, no pudo encontrarlo allí donde solía y trató de conseguirlo entornando los ojos. Me llamó la atención que el paciente, para recuperar el símbolo del padre perdido, utilizase el recurso de retirarse de la percepción directa de la realidad recreando la oscuridad, para que surgiera de nuevo el fulgor de la estrella en el firmamento, este símbolo poderoso de la “unión con el espíritu” (Cirlot), en la lucha contra el poder desintegrador y dia-bólico de la muerte.

Otro paciente, que acababa de vivir una dolorosa experiencia acompañando a un hermano en su agonía, experimentó en los días siguientes al fallecimiento un gran cansancio y malestar físico que sólo menguó cuando pudo dormir profundamente, teniendo el siguiente sueño: Iba a embarcar en un avión, pero en el momento de pasar por el último control se percataba de que no tenía el documento de identidad. Cuando ya desesperaba de poder subir lo encontraba por fin y, ya en el interior del avión, veía a sus pies a su hermano, vivo, envuelto en una sábana blanca. La lucha contra la separación definitiva fue simbolizada en este caso por el hecho de compartir al fin el viaje con el hermano y así “mantenerlo vivo”.

En ambos casos, los pacientes van a una zona de penumbra, retirada de la realidad, para recuperar o crear símbolos destinados a aliviar el dolor de la pérdida. Y lo hacen de manera activa, o bien estableciendo una especie de “cámara oscura”, o bien mediante un sueño donde el “trabajo de simbolización” se muestra en el intento, al fin logrado, de acompañar al hermano. Son experiencias que nos cuentan por sí mismas personas adultas, pero ¿podemos vislumbrar los esbozos de algo similar ya en los inicios de la vida?

Fijémonos en la descripción que Brazelton y Cramer hacen de la interacción entre una madre y su bebé de pocos meses. Mientras intercambian miradas y vocalizaciones, el bebé empieza a responder a los sucesivos “Oh” de su madre con sonidos similares mientras observa atentamente su cara y su boca. De vez en cuando el niño suspira y desvía brevemente la mirada. En un momento determinado el niño emite dos tonos de “Oh” sucesivos y de distinta altura, que la madre imita y el bebé repite de nuevo. La madre está tan complacida que le dice “Ah, eres maravilloso” y entonces, cito textualmente, “el bebé parece abrumado por el tono agudo de la voz de la madre y por el entusiasmo de ella, de manera que desvía la vista para mirarse los pies. La secuencia ha concluido por el momento”.

Quisiera subrayar la manera en que el bebé participa en el proceso, que consiste en intervalos donde se intercalan los momentos en que retira la mirada, a modo de signos de puntuación; así pues, él es quien da por concluida la secuencia, y parece que entonces quiera retirarse a algún lugar donde, frente al exceso de presencia de la madre, pueda fijar su experiencia. ¿Sería quizás este “lugar” el equivalente precoz del espacio de penumbra que señalábamos antes?

Como es sabido, la interacción sonora y rítmica que se produce entre la madre y su bebé crea la matriz de todas las formas posteriores de comunicación, incluido el lenguaje hablado. Creo que el bebé, desde muy pequeño, trata de integrarse en una red intersubjetiva de significados compartidos, iniciando un recorrido necesario para construir su mente, indispensable para comunicarse y entender la realidad de manera adecuada.

Cuando un niño empieza a hablar, usa fonemas que ha ido aprendiendo a emitir hasta que “comprende” cómo los utilizan las personas de su entorno; entonces puede también empezar a crear palabras y frases con sus propios significados. Los adultos participan de manera activa y consciente en la enseñanza de la “técnica” de hablar. Pero antes, el niño trata de aprender la “técnica” de representar y evocar al objeto ausente, a través de juegos con los adultos basados en “ver-no ver”, “perder-encontrar”, acompañados de sonidos característicos.

Freud nos hace una excelente descripción de este juego en su observación de un niño de año y medio (en realidad, su nieto Ernest, hijo de Sophie ). Se percató de que el niño había adquirido la habilidad de arrojar los pequeños objetos lejos de sí para luego irlos recuperando, emitiendo al tiempo un largo y agudo o-o-o-o con expresión satisfecha. Uno de los juegos que más le llamó la atención era el uso de un carrete y una cuerdecita unida a él, para simbolizar la desaparición y reaparición de su mamá, uno de los pasajes más citados y conocidos de toda la obra de Freud. Intrigado por el sentido de este juego repetido y tratando de imaginar dónde estaba el placer en repetirlo, elaboró su “más allá del principio del placer” como intento de dar una respuesta al enigma.

Tratando de responder cómo se origina la simbolización, Winnicott concibe el objeto transicional como un momento determinado del tiempo, que simbolizaría la unión de cosas ahora separadas, bebé y madre, en el punto de iniciación de su estado de separación. Por su parte, H. Segal considera que, desde fases muy precoces existe la formación de símbolos, aunque al principio en forma de ecuación simbólica, es decir, sin distancia entre el símbolo y el objeto simbolizado. La ilustración clínica del paciente esquizofrénico, que había dejado de tocar el violín en público porque para él era igual a masturbarse, da a entender que, en ciertos aspectos, para H. Segal la mente tiene en sus estados más precoces mecanismos semejantes a los de un psicótico.

V. Hernández expresa un punto de vista parecido en su contribución al Simposio sobre simbolización realizado en Barcelona en 1995: cuanto más cerca nos encontremos de los procesos arcaicos de pensamiento y de relación con la realidad -propia del niño y de los pacientes psicóticos o borderline -, más podremos observar símbolos arcaicos del tipo de la ecuación simbólica (los protosímbolos de Coromines), que mantienen aún esta adhesión autista o esquizoparanoide a las cualidades sensoriales del objeto simbólico y significación fusionadora más que diferenciadora.

Esta manera de observar el origen del simbolismo pone el acento en la indiferenciación como equivalente de lo más precoz. El niño aún no posee la capacidad de hablar y nosotros no tenemos la posibilidad de recordar nuestras experiencias de esta época, por lo que corremos el riesgo de considerar aquello que no vemos claramente como “poco diferenciado”. Pero lo cierto es que el bebé de muy corta edad muestra una gran disposición a participar de manera activa, y añadiría que lúcida, en un aprendizaje que, según mi parecer, sienta los esbozos de su futura capacidad simbólica; aunque él no pueda “entender” por qué lo hace, da muestras inequívocas de su predisposición a participar en el juego que veíamos en la observación de Brazelton y Cramer. Tal vez lo que vemos en la clínica sean intentos más o menos logrados de mantener en pie la función simbólica ante situaciones en que la angustia se ve muy incrementada.
 

2) Ansiedad y dificultades en la simbolización

En un momento de la vida, generalmente a partir de los dos años, los niños empiezan a dar muestras de tener miedo a la oscuridad o, más concretamente, de estar a solas en la oscuridad. Expresan el temor a verse separados de sus seres queridos o de que éstos mueran; también empiezan a sentir terror frente a figuras monstruosas. La inquietud ante la posibilidad de que la ausencia del objeto pueda ser permanente y/o irreversible, hace de la oscuridad algo amenazador. De nuevo Freud, en una nota al pie de sus Tres ensayos, nos ofrece una excelente descripción de este momento. Cuenta que oyó como un niño de tres años le decía a su tía que le hablara porque se encontraba a oscuras en la habitación; cuando la tía le contestó “qué importa que te hable si no me puedes ver”, el niño le respondió: “sí importa pues cuando alguien me habla parece que hay luz”. El niño no se asustaba por la oscuridad, concluye Freud, sino porque echaba de menos a la persona querida.

María, una paciente que padecía intensos ataques de pánico agorafóbico, mostraba un comportamiento parecido al de este niño. En el momento del ataque, sólo lograba calmarse si podía mantener contacto por teléfono con una voz familiar, que le servía de “luz en la oscuridad” hasta el regreso a casa. María me explicaba que, para mantener la calma, debía concentrarse en la voz que escuchaba y “cerrar los ojos” para no ver caras y ruidos a su alrededor que se habían vuelto inquietantes, cuando no directamente terroríficos. El pánico aparecía cuando no podía escapar de la situación en la que la “ausencia” del objeto familiar no podía ser representada o, dicho de otro modo, no podía recuperar por sí misma las trazas simbólicas en la oscuridad reinante. Como el niño que se pierde entre la muchedumbre y reacciona con pánico ante todas las caras y voces que no le resultan familiares: las caras y los sonidos se vuelven entonces amenazadores como si representaran el “negativo”, la “ausencia” de la cara y los sonidos familiares, que marcan la senda de vuelta a casa. Una situación como la del conocido cuento infantil Hänsel y Gretel en la que dos hermanitos, abandonados en la oscuridad del bosque, intentan con su ingenio mantener las trazas del camino de regreso a casa. Creo que la aparición de lo “siniestro” (en alemán, unheimlich, lo opuesto a heimlich que significa familiar, íntimo, confiable) también señala este momento en que en lugar de lo familiar y acogedor aparece “algo” de lo que no puede apreciarse con claridad si está animado o no, ni con qué intenciones viene.

Sugiero que la oscuridad aparece como amenazante porque, en el curso de la vida, aparecen momentos en que se hace más difícil o imposible el contacto con la zona de penumbra de la mente, donde sí operan los símbolos tranquilizadores. El temor a la oscuridad surge en los niños en el momento en que aumenta la conciencia de sí mismos y del entorno, y aparece una angustia específica de separación que actúa como estímulo para buscar nuevamente el contacto y volver “a casa”. Sería como si se exclamara “¡no me dejes sólo ahora!”.

En el caso de María, existía una historia infantil muy traumática, con la muerte de ambos padres en la infancia, pero el pánico apareció pasada la adolescencia, al poco tiempo de que falleciera su abuelo, una figura paterna benevolente sobre la que se desplazaron las graves carencias por la ausencia de sus padres. Como siempre, es difícil conocer con exactitud el proceso a través del cual aparece, en un momento determinado de la vida de una persona, esta sintomatología de pánico y miedo a la locura, que siempre produce gran desconcierto en la propia persona que lo padece y nos abre los interrogantes de entender el porqué del momento.

En su trabajo sobre “La simbolización”, J.M Erroteta describe el caso de una mujer con un pánico mucho más circunscrito, una fobia a las arañas. Explica que la paciente no podía jugar libremente con el símbolo araña, a diferencia de la escultora Louise Bourgeois, cuya gran araña se muestra frente al Guggenheim. La expresión “jugar libremente” creo que resume muy bien el vínculo entre el proceso de simbolización, el juego y la creatividad. Por cierto, creo que ayudar a jugar libremente es también una buena definición del trabajo analítico, una vez hemos comprobado las dificultades del asociar libremente. Porque encontramos pacientes en los que la imposibilidad de jugar o ensoñar se torna en una ansiedad de vacío o de aburrimiento, de la que no pueden salir por sí mismos. Sienten la necesidad de volver a “jugar con” como la única manera de lograrlo.

Una paciente, Ana, me explicó una vez una escena de su infancia que creo resume esta situación. Transcurre en la playa, un día de verano; después del picnic, su padre y su madre se tumban con los demás hermanos, más pequeños que ella, bajo el pinar. Mientras todos duermen Ana está con los ojos abiertos, aburrida, sin saber qué hacer. Querría entornar los ojos y no puede hacerlo, no puede poner en marcha por sí misma un proceso para el que necesita siempre la presencia “despierta” del otro. Ana había nacido y transcurrido su primera infancia en un país europeo, de donde era oriundo su padre, pero hacia los seis años su familia se trasladó de manera definitiva a Barcelona. Este hecho generó un conflicto en gran medida irresoluble porque debía estar con los ojos bien abiertos para adaptarse a la nueva realidad, una exigencia dura pero ineludible. Lo que a mi entender hacía difícil elaborar el conflicto –aunque quizás debería decir mejor desgarro– era que cerrar los ojos no constituía para Ana la manera de evocar o recordar con añoranza los parajes y escenas del pasado; era el único recurso que le permitía salir de manera transitoria de estar con los ojos abiertos, de esta manera “insomne” de no poder cerrarlos. En Ana, el aburrimiento se hacía insoportable y debía “llenarlo” con hiperactividad o con aventuras sexuales. En cambio, cuando se sentía a gusto con otras personas, desaparecía la “conciencia de tiempo” que ella identificaba con el aburrimiento, y a la vez vivía este momento como algo “lleno”. El problema venía al separarse de ellos, puesto que entonces se hacía evidente la imposibilidad de sustituir la ausencia con la evocación. Frente a esta situación aparecía el anhelo de poder cerrar los ojos, algo que para Ana era parecido a experimentar un regazo suave donde recostarse confiadamente.

María y Ana tenían algo en común: la sensación de no poder avanzar en la vida, junto a un intenso anhelo de llegar a un lugar que solo podría definirse como “casa”.
 

3) Ilustración clínica

Quisiera referirme ahora a la manera en que algunas de las ideas expuestas pueden determinar nuestro trabajo analítico. Una paciente, Eva, viene a solicitar tratamiento, ya en la trentena, porque experimenta una sensación de bloqueo que aparece desde hace años y que impide que establezca relaciones sentimentales con los hombres. Se refiere a esta situación como “no consigo enamorarme” y lo relaciona con experiencias traumáticas vividas en sus últimas relaciones, especialmente la última de ellas, que acabó hace años. Una de las cosas que primero me llamó la atención de Eva era su lenguaje corporal, muy evidente al principio del análisis, que consistía en unos suspiros en forma de lamentos, entrecortados, que se intercalaban a modo de puntos suspensivos en su relato. Y por otra parte un movimiento estereotipado, circular, de las gafas oscuras entre sus manos, que por momentos se intensificaba hasta el punto de que las gafas salían despedidas, cayendo siempre en el resquicio entre el diván y la pared.

En un momento determinado del tratamiento Eva me cuenta un sueño repetido. Es importante resaltar aquí tres aspectos: el contenido del sueño, el contexto en el que se produce y el cambio que tiene lugar en la relación de Eva con sus sueños.

Eva sueña que José, el primer chico del que estuvo enamorada durante su primera adolescencia, tiene un accidente de tráfico a consecuencia del cual mueren su mujer actual y sus hijos. El recuerdo del primer amor con José, que duró apenas un verano, y la imposibilidad de que pudiera desarrollarse, por una serie de razones entre las cuales aparecía a menudo la figura super-yoica de su madre instándola a olvidarse de José y centrarse en los estudios, había ocupado una parte significativa del discurso de Eva sobre el origen de sus males actuales.

El contexto en el que surgen estos sueños es un empeoramiento de la enfermedad crónica de su madre, que amenaza de manera muy real con acabar con su vida. La relación estrecha y difícil con su madre cobraba ahora un giro inesperado. Eva se preocupó y ayudó a su madre en su final y esto sin duda alivió mucho su malestar interior. Cabría añadir, de todos modos, para completar un poco más el contexto en el que aparecen los sueños, la fascinación de Eva por una historia que le contaba su abuela materna. Esta historia se refería a la imposibilidad de reunirse con el amor de su vida a causa de la Guerra Civil, algo que la abuela no había explicado nunca y que empezó a aparecer justo cuando empezó a fallarle la memoria. Según me contaba Eva, la abuela revivía aquel momento de fatalidad como un hecho actual que debía evitar yendo al lugar donde él había partido. La historia del amor imposible se completaba con algo que ella contaba de la relación entre sus padres: Eva creía que su padre había estado siempre enamorado de su madre, mientras que ella estaba con él porque era un buen hombre y un buen padre.

El tercer elemento que quisiera subrayar es el cambio en la relación de Eva con sus sueños. Antes me había dicho que soñaba mucho pero nunca hasta entonces me había contado de manera espontánea sus sueños. Para mí el hecho de que Eva pensara que aquel sueño repetido aportaba algo que debía compartir conmigo, era equivalente a un “entornar los ojos”, una incitación a que entrara en su cámara oscura.

No siempre es así, por supuesto. Encontramos pacientes que, por ejemplo, inician la sesión contando un sueño, y a continuación, sin apenas solución de continuidad, siguen con un discurso apegado a la realidad. Aquí conviene considerar que el hecho de que el paciente no pueda “jugar” con el contenido simbólico de su sueño en la sesión tiene que ver con la doble cara del símbolo: permite representar al objeto perdido y añorado, pero a la vez señala que esta separación se ha producido. Irse de los sueños rápidamente es alejarse de la parte de la mente que reconoce y trata de simbolizar la separación.

Una actitud opuesta es la que mostró un paciente que, tras una breve interrupción de su análisis por una enfermedad, llegó a la sesión diciendo sólo nada más empezar: Cuando estaba viniendo hacia aquí pensaba que no sabría qué contarle y me daba una cierta pereza venir. Pero en cuanto me he tumbado en el diván me he dado cuenta de que en realidad le había echado de menos. Este paciente penetra en su espacio de penumbra interior en vez de alejarse de él, lo que significa que ahora puede ponerse en contacto con su sentimiento de añoranza. Posiblemente la posición en el diván le ayude, puesto que simbolizaría una determinada manera de estar con el analista, la recreación de un espacio compartido. Hay pacientes que explican que a veces sienten esta necesidad de tumbarse en una cama o en un sofá, a solas. Creo que es importante, en este contexto, ver la diferencia entre este recordar al analista en su ausencia y el ritual “litúrgico” de cuando yo no esté haz esto en mi memoria. Al entornar-cerrar los ojos en el diván el paciente pone en marcha su propio camino a la simbolización. Y en este momento la posición del analista es determinante para favorecer este proceso y no convertirlo en ritual. Siguiendo a Winnicott, podríamos considerar al proceso analítico la zona en que dos personas juegan juntas y que es importante no llenar con interpretaciones que, en rigor, provienen de la imaginación creadora del analista. Es algo parecido a lo que ocurre con el niño al que no le gusta ser observado mientras juega, pero en cambio sí quiere que participes en su juego.

Volvamos ahora a Eva y a su sueño repetido. Entendí que el sueño indicaba que su bloqueo actual era el resultado de un conflicto entre la necesidad y la imposibilidad de un amor idealizado, cuya raíz edípica aparecía señalada con una precisión meridiana. Eva sabía de manera inconsciente que el sueño de la muerte accidental de la mujer y los hijos de José tenían el sentido de hacer posible “simbólicamente” la realización del amor imposible, pero que la creación del símbolo-sueño añadía un elemento esencial: la aceptación de la distancia entre el deseo edípico no resuelto y su imposibilidad real. Yo sabía de manera consciente que este momento había llegado gracias al trabajo de elaboración previo que habíamos realizado. Se me planteó el dilema de si debía interpretar o no la alusión tan clara a la violencia de origen edípico que estaba en la base de su síntoma en forma de bloqueo. Opté por no hacerlo, aunque con ello sentía que renunciaba a una parte importante de mi identidad analítica: la interpretación. Pensé que el trabajo analítico hecho previamente le había permitido a Eva jugar con mayor libertad con ciertas experiencias trascendentes de su vida y con ello encontrar la senda de la simbolización.
 

Resumen

Se considera en primer lugar a la simbolización como mecanismo contra la pérdida y su concienciación. El origen de este proceso aparecería ya en el bebé de pocos meses, que se retira de la percepción directa de la realidad, o más adelante juega a perder-encontrar como una manera de iniciar este proceso. El bebé se muestra desde el inicio muy activo en este aprendizaje. Se discute asimismo si algunas expresiones de angustia, como el pánico a la oscuridad del niño o la agorafobia del adulto, así como el aburrimiento, estarían relacionadas con la imposibilidad de conectar con estas trazas simbólicas establecidas de manera precoz. La simbolización sería equivalente al jugar libremente y equiparable al proceso psicoanalítico. Se presenta un ejemplo clínico, donde se explica la importancia de la actitud analítica para ayudar al paciente a recuperar el camino a la simbolización.

Palabras clave: simbolización, juego, pérdida, creatividad, aburrimiento.
 

Referencias bibliográficas

Brazelton, T.B. y Cramer, B.G. (1993), La relación más temprana, Barcelona, Paidós.

Cirlot, J.E. (1997), Diccionario de símbolos, Madrid, Siruela.

Erroteta, J.M. (2016), La simbolización, en el Encuentro Clínico APM-SEP.

Freud, S. (1967), Obras completas, Madrid, Biblioteca Nueva.

Hernández, V. (1995), Concepte psicoanalític de la funció simbólica: solisme “sensorial” i simbolisme “metafòric”, en Debats a la cruïlla sobre el símbol, ed. de P. Folch y M. T. Teresa Miró, Barcelona, PPU.

Segal, H. (1989), Notas sobre la formación de símbolos, en La obra de Hanna Segal, Buenos Aires, Paidós.

Winnicott, D. (1972), Realidad y juego, Buenos Aires, Granica.
 

Rafael Ferrer
Psiquiatra y psicoanalista de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP),
10834rfc@comb.cat

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entornar-los-ojos-el-camino-a-la-simbolizacion/feed/ 0
ENTREVISTA A ANTONIO PÉREZ-SÁNCHEZ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-antonio-perez-sanchez/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-antonio-perez-sanchez/#respond Tue, 05 Feb 2019 12:59:31 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20101 Descargar el artículo
 

Antonio Pérez-Sánchez


 

Antonio Pérez-Sánchez es médico especialista en psiquiatría con un largo recorrido clínico en servicios de la sanidad pública tanto hospitalaria, como ambulatoria. Durante algunas décadas fue coordinador y supervisor del servicio de Salud Mental de Adultos de Sant Andreu de la Fundación Vidal i Barraquer. Es psicoanalista titular con funciones didácticas de la Sociedad Española de Psicoanálisis y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API). Colabora en la formación y organización del Núcleo Portugués de Psicoanálisis. Su interés por la clínica, la comprensión psicoanalítica de la mente, el desarrollo de modelos aptos para ser aplicados en el entorno de los servicios de salud públicos y la transmisión del psicoanálisis le han llevado a escribir diferentes obras y numerosos artículos.

TEMAS DE PSICOANÁLISIS agradece la colaboración de Antonio Pérez-Sánchez para la realización de esta entrevista.
 

Temas de Psicoanálisis.― Para empezar, ¿cómo llegó a interesarse por la medicina, la psiquiatría y finalmente por el psicoanálisis?

Antonio Pérez-Sánchez.― Creo que el orden de mi interés por las disciplinas que se citan fue primero la medicina, y luego, la psiquiatría y el psicoanálisis surgieron más o menos paralelamente. Mi padre, durante años ejerció la profesión de barbero, que había heredado del suyo, y éste de su progenitor. Es decir, siguió una tradición familiar. Es sabido que en la antigüedad la profesión de barbero no solo consistía en arreglar la barba, sino que incluía una cierta práctica sanitaria como cirugía menor, sacar muelas y la realización de sangrías terapéuticas; junto a ello, la barbería era un lugar de reunión donde la gente hablaba, el cliente explicaba sus cuitas y el barbero escuchaba o le animaba a que las contara, es decir, que existía un componente “psicoterapéutico”. Mi padre, no obstante, quiso ir un poco más allá, y profesionalizar el aspecto sanitario de barbero, consiguiendo el título de lo que en aquél momento se denominaba “Practicante”, el actual Ayudante Técnico Sanitario, que le fue concedido por la Universidad de Granada. Todo esto sucedía en un pequeño pueblo del sureste de Andalucía en un momento de gran precariedad socioeconómica en la zona. Una vez conseguido el título de Practicante, ejerció la profesión con entera dedicación, de tal manera que solo recuerdo que hubiera hecho vacaciones en una ocasión, cuando mi hermano mayor, ya médico, pudo sustituirle durante una Semana Santa para que él se marchara con su mujer, mi madre, a la capital. Esta dedicación venía justificada porque entonces su tarea de practicante incluía las de partero o comadrón.

Muchos años después de su muerte y de mi marcha del pueblo, volví a visitarlo y al mencionar el nombre de mi padre a las personas mayores que encontré, se estremecían, daban un salto de la silla y, con expresión de júbilo, me miraban fijamente tratando de encontrar en mi rostro vestigios de aquel hombre que les curó una herida, les acompañó en una enfermedad grave, propia o de un pariente, o que les “recibió” (como partero) cuando nacieron, según me explicaban a continuación.

Desde que tuve uso de razón observé, o se me informó, que la tarea que realizaba mi padre no se limitaba a su pericia en hacerla con cuidado, lo menos dolorosa posible, al inyectar la aguja de la jeringa, o extraer una muela, o atender un parto, sino que esa tarea iba acompañada de conversaciones en las que se interesaba por el detalle de las molestias de sus pacientes, así como escuchaba sus preocupaciones de índole familiar que necesitaban compartir con él: el hijo que se va a casar, o el padre o la madre que hacía poco fallecieron, etc. De adolescente, poco antes de su muerte, tuve oportunidad de acompañarle en algunas de las visitas domiciliarias cuando el paciente no se podía desplazar, y me llamó la atención el afecto y las expectativas con que era recibido. No tenía prisa, escuchaba pacientemente, interesado en el relato de sus pacientes. Sus maneras de relacionarse, amables y respetuosas, generaba un clima de confianza y seriedad que infundía consuelo.

De manera que es fácil entender que esas experiencias infantiles tuvieron algo que ver en la elección de una profesión relacionada con lo sanitario y, de manera particular, con el escuchar y hablar con la gente.

Orígenes: Níjar.

TdP.― Nos gustaría que nos explicase, hasta donde considere oportuno, en qué medida aspectos de su propia biografía pudieron influir en estas elecciones, en especial en el hecho de dedicarse al psicoanálisis.

A. Pérez-Sánchez.― Aun teniendo en cuenta tales orígenes por parte de mi padre, podría haber satisfecho mis intereses estudiando ATS. Pero ahí es donde creo intervino mi madre para aportar su estímulo y fuerza al empujar a los hijos a ir mucho más allá de lo que ellos habían conseguido. Ella, una mujer que venía del campo, donde no había escuelas y no pudo aprender a leer ni escribir (solo más tarde lo consiguió de manera autodidacta), y que su aventura fue decidir marchar al pueblo en busca de horizontes más amplios. Allí encontró al barbero practicante y con él creó una familia de cuatro varones. Ella puso la fuerza, energía y constancia necesaria para procurar que todos los hijos realizaran estudios universitarios. Y en los momentos de desaliento, por las dificultades económicas para soportar la continuidad de los estudios de los hijos, ella fue quien encontraba el coraje suficiente para que mi padre no tirara la toalla.

Mi interés por la medicina no se basaba tanto en la dimensión “orgánica”, por decirlo así. Me atraía más el aspecto del conocimiento de las personas, la curiosidad por saber de ellas. Curiosidad que tuvo reflejo más adelante en mi interés por la lectura y las “letras”, en general. De tal manera era así que, estudiando el tercer curso de medicina, tuve una “crisis vocacional” que me llevó a considerar la posibilidad de abandonar la carrera para dedicarme a las Letras. Como no me atreví, (asuntos superyoicos, probablemente) me matriculé ese año en la Facultad de Medicina de Granada, pero en lugar de acudir a las clases de Medicina iba a la Facultad de Filosofía y Letras, como oyente. Hacia el final de curso, de nuevo la exigencia superyoica puso límite a la aventura de Letras, y me dediqué al estudio de las materias de medicina. Era el tercer curso y las materias que se incluían entonces eran: patología general, farmacología, microbiología y terapéutica física. La que más me interesó fue la patología general; de alguna manera se ocupa de las dolencias de todo el cuerpo de las personas y de los mecanismos que las subyacen. Al año siguiente marché a Barcelona, pues decidí continuar medicina mediante una especie de “formación de compromiso”: tenía en perspectiva la elección de la especialidad de psiquiatría que, según yo la entendía, me permitía aunar ambos intereses, ciencia médica y letras. También influyó en esa trayectoria el hecho de que mi hermano mayor, Manolo, médico, como dije, había realizado la especialidad de psiquiatría en Granada y luego se había desplazado a Barcelona, interesado en el psicoanálisis. De manera que las primeras noticias de la existencia de esta disciplina se las debo a él, quien al hablarme de ella con el apasionamiento que le caracteriza, la hizo más atractiva y entreví que aquella perspectiva profesional parecía encajar bien con mis intereses de una medicina ligada a las “letras”, es decir, psicológica.

TdP.― Como psiquiatra, ¿qué relación establecería entre psiquiatría y psicoanálisis? ¿Qué aportaciones del psicoanálisis considera más relevantes en relación a la psicopatología o la nosología psiquiátrica?

A. Pérez-Sánchez.― Como para ser psiquiatra hay que ser médico antes, creo que, según me he dado cuenta después, la formación como tal me resultó más importante de lo que pensaba. En el sentido de concebir la psique como algo enraizado en el cuerpo, no solo en el cerebro, sino en la piel, en las vísceras, la musculatura, etc., todo lo cual es una realidad de la persona cuya presencia conviene tener en cuenta. Al mismo tiempo, este conocimiento de que somos mente en un cuerpo que lo soporta, indica también las limitaciones de nuestra disciplina, el psicoanálisis, lo que no deja de ser una cierta vacuna para los excesos de psicologización.

Mi experiencia psiquiátrica posterior, ya en Barcelona, tanto en un hospital general, el Hospital Clínico, en la atención a pacientes con episodios agudos, como en una institución para enfermos crónicos de características manicomiales, aún en aquella época, el Hospital de Sant Boi, me ofrecieron la oportunidad de entrar en contacto con las manifestaciones extremas de la psicopatología. Al escuchar a un paciente de patología menor en el diván, este conocimiento me ha permitido valorar también otros niveles más perturbados aunque no abiertamente manifiestos.

Por último, la preocupación por el diagnóstico en psiquiatría, también ha constituido un elemento favorecedor en mi práctica analítica, aunque parezca paradójico. Por supuesto, desde un enfoque psicoanalítico de la psicopatología evitamos las etiquetas y observamos a la persona en la que se inserta una determinada patología. No obstante, creo que es necesario hacer un esfuerzo por establecer un diagnóstico, que necesariamente será “psicodinámico”. Es decir, un diagnóstico personalizado de las principales ansiedades, defensas y tipo de relación de objeto predominante.

En cuanto a las aportaciones del psicoanálisis a la psiquiatría, puedo hablar de mi práctica tanto en las instituciones mencionadas, como posteriormente en un Centro de Salud Mental para pacientes ambulatorios, donde siempre tuve presente la perspectiva psicoanalítica en un sentido amplio, tanto para la comprensión de la enfermedad mental como para la aplicación de algunos principios técnicos psicodinámicos, en cómo observar e intervenir terapéuticamente con tales pacientes.

TdP.― Entre sus primeras publicaciones destaca el libro titulado Prácticas psicoterapéuticas. Psicoanálisis aplicado a la asistencia pública (1996). Desde su experiencia, ¿en qué ha contribuido el marco de referencia psicoanalítico al trabajo en el ámbito público en salud mental?

A. Pérez-Sánchez.― La pregunta es pertinente, y creo que acabo de decir algo en la pregunta anterior. Suele asociarse el psicoanálisis a una práctica exclusivamente limitada al diván y por lo tanto muy restringida en cuando a las posibilidades de incidencia social. Así que, efectivamente, la obra que comentáis trata de deshacer este malentendido, al recoger la experiencia de un equipo interdisciplinar (psiquiatría, psicología, enfermería, trabajo social) que desde una base común psicoanalítica intenta “aplicar” estos principios al ámbito de la asistencia pública. Y espero haber mostrado que fue posible, eficiente, y satisfactorio.

Para mí, pues, resulta claro que el psicoanálisis tiene mucho que aportar a la asistencia de la salud mental en el ámbito público. De hecho, en la actualidad muchos de nuestros compañeros de la SEP dedican a ello una buena parte de su actividad profesional.

TdP.― ¿Nos podría decir cuáles han sido, o son, sus referentes teóricos a lo largo de su trayectoria como analista?

A. Pérez-Sánchez.― Mis referentes teóricos incluyen no solo teorías, sino a las personas que me las trasmitieron. Y debería remontarme también a personas que no eran psicoanalistas. Uno de ellos, con el que tuve poco contacto, pero suficiente para dejarme alguna huella, fue Leopoldo Polo, profesor de Filosofía de la Universidad de Granada, a quien conocí en la época de mi crisis vocacional. Él fue quien me mostró lo que significaba la actividad de “pensar” para aprender. Acostumbrado a la enseñanza memorista y dogmática de los colegios religiosos de la época, el contacto con este profesor resultó un descubrimiento estimulante. La segunda persona que considero un referente, es otro filósofo, Emilio Lledó. Cuando a mitad de la carrera de medicina, me trasladé a Barcelona, como dije, para finalizarla, una vez resuelta la crisis vocacional mencionada mediante la opción de hacer psiquiatría y con la perspectiva del psicoanálisis, mantuve el interés por las Letras. Así que acudí como oyente a las clases de Lledó, quien amablemente me permitió asistir a dos de sus cursos, uno sobre filosofía griega ―en ese momento hablaba de los presocráticos― y otro curso sobre filosofía contemporánea. Con él aprendí no solo la importancia del pensar por uno mismo, sino la necesidad de acudir a las “fuentes”. Él se refería a las fuentes escritas por los griegos o a los textos originales, para conocer de primera mano, mejor que por las versiones dadas por terceros. Este principio, de ir a las fuentes pude trasladarlo a mi formación como psiquiatra y en especial como psicoanalista. Pero sobre todo, me orientó a buscar la fuente principal de la que bebe nuestra profesión, es decir, la clínica psicoanalítica.

Otros referentes personales que me orientaron, ya dentro del ámbito psicoanalítico, fueron, en primer lugar el Dr. Josep Beá, con quien pude vivir de primera mano lo que significa la experiencia psicoanalítica. Obtuve ayuda de otros muchos profesores psicoanalistas del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona (IPB) con sus enseñanzas y supervisiones. Haría especial mención del Dr. Bofill, con quien supervisé durante muchos años, y fue una referencia en muchos aspectos por su actitud analítica frente a la vida. Fuera de nuestro país, puedo citar a Hanna Segal, tanto por las supervisiones realizadas con ella como por el seguimiento de su obra teórica. En el desarrollo posterior de mi carrera, al tratar de reflejar mi trabajo psicoanalítico en mis escritos, un autor al que suelo acudir con frecuencia es Bion, con todas las dificultades que comporta. Aunque he de señalar que “el Bion” que me ha resultado útil es el de la primera época.

Dr. J. Beà, Dr. P. Bofill, Dra. H. Segal

TdP.― En su concepción del psicoanálisis y en relación a la teoría de la técnica, se siente identificado con alguna orientación psicoanalítica en particular?

A. Pérez-Sánchez.― El conocido trabajo de Wallerstein, de 1988, ¿Uno o muchos psicoanálisis? recogía un hecho que desde hacía muchos años se venía produciendo en el seno de la comunidad psicoanalítica internacional: no existe una sola forma de entender a Freud y, mucho menos, de desarrollar sus teorías. Pero esta pluralidad de desarrollos creo que se ha malentendido, en el sentido de que parecería absolutamente incorrecto u obsoleto pronunciarse por una determinada línea de pensamiento. Creo que existe una cierta confusión al respecto. Entiendo que, efectivamente, hoy día en el seno de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API), fundada por Freud, por referirme tan solo a la que conozco más, se han desarrollado unas cuantas líneas de pensamiento psicoanalítico que tienen cabida en el mismo. Es decir, no ha existido una evolución del psicoanálisis en una sola línea. Esto es un hecho. Pero como bien precisáis en la pregunta, el asunto es con qué línea se siente más “identificado” un analista, en este caso yo mismo. Esta es la cuestión, cómo interiorizar una teoría coherente de la mente, de la psicopatología y de la técnica, que tenga suficiente consistencia y que permita incidir en la vida psíquica. De manera que, retomando la pregunta de Wallerstein, ¿uno o varios psicoanálisis?, la respuesta para mí es clara: si nos referimos al ámbito general, muchos psicoanálisis; y si aludimos a un analista en particular, en este caso a mí, aun construyendo su identidad psicoanalítica, tampoco me cabe la menor duda de que la respuesta es “un” psicoanálisis. En mi caso, el psicoanálisis que he recibido en las enseñanzas del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona durante mi formación y que he desarrollado luego como profesor y en mis trabajos. Una línea de pensamiento que, iniciada en Freud, pasa por Klein de manera importante, para continuar con Bion y autores post-kleinianos. Además de H. Segal, ya citada, B. Joseph, J. Steiner, R. Britton y M. Feldman, fundamentalmente. Este bagaje me ha permitido construir la herramienta de un método psicoanalítico, con una cierta consistencia. No obstante, los años de intercambios en el ámbito psicoanalítico internacional con otras formas de pensamiento y práctica psicoanalítica, han hecho posible que relativice algunas certezas, e incorpore matices de otras escuelas, así como que admita zonas teóricas de convergencia entre estos diferentes enfoques o modelos y la teoría que yo sostengo.

Kleinianos contemporáneos. J. Steiner, M. Feldman, R. Britton

TdP.― ¿Qué opina acerca del psicoanálisis relacional? ¿Y del intersubjetivismo?

A. Pérez-Sánchez.― Me parecería aventurado dar una opinión sobre lo que se considera como uno de los desarrollos del pensamiento psicoanalítico actual, que desconozco. Personalmente, los trabajos que he leído no me han resultado convincentes teóricamente y menos aún en cuanto a la técnica.

No me parece una respuesta satisfactoria decir que el psicoanálisis siempre ha sido “relacional” por definición. Por varias razones. En primer lugar porque imagino que la pregunta hace referencia al denominado “psicoanálisis relacional”, etiqueta que ha surgido hace unos años, sobre todo en Norteamérica, con una determinada concepción de la mente y de la técnica psicoanalítica que la diferencia de otras escuelas. Pero, además, porque la idea de lo “relacional” de esta escuela, por lo que sé, es muy distinta, por ejemplo, de muchas de las escuelas psicoanalíticas en las que se habla de “relación” basada en las “relaciones” internas. Esto creo que lleva a confusión, pues los analistas y psicoterapeutas jóvenes, cuando oyen hablar de una disciplina psicológica “relacional” les parece muy evidente, que es lo que constituye el núcleo del psicoanálisis. Pero pasa desapercibido que no es lo mismo una relación interpersonal, entre dos sujetos, que una relación basada en los patrones internos de relación de objeto. De ahí que “lo relacional” de lo que hablamos, por ejemplo, desde las escuelas de la teoría de relación de objeto interno, tiene poco que ver con ese “relacional” de los psicoanalistas relacionales.

Por cierto, el término intersubjetivismo creo que es más claro, pues hace referencia a la relación de dos sujetos. Pero esto, en mi opinión, es algo que se aleja del psicoanálisis, entendido como una relación en la que el analista es un objeto de transferencia, quien en el proceso analítico ayuda al paciente a que mejore su distorsión transferencial y pueda percibirlo cada vez más como el sujeto que es: diferente de los objetos proyectados.

TdP.― En 1997 publicó Análisis terminable, estudio de la terminación del proceso psicoanalítico. ¿Puede llegar a ser terminable el análisis, por ejemplo, en pacientes afectados de un trastorno de la personalidad?

A. Pérez-Sánchez.― El título del libro no deja de ser algo provocador. Es sabido que Freud escribió el conocido texto Análisis interminable, cuyo título puede llevar a confusión. A mi entender, lo que Freud quería resaltar son las limitaciones de todo psicoanálisis, algo con lo que podemos estar completamente de acuerdo. Además, es cierto que el análisis de la persona no se termina nunca. Pero en mi libro yo quería resaltar que la experiencia psicoanalítica entre un paciente y un analista sí que tiene un comienzo y un final. Es más, es importante que, después de largos años de experiencia compartida, se llegue a ese final como un momento importante del proceso analítico. Es una experiencia que termina y por la que hay que elaborar el duelo correspondiente. Por supuesto que si la experiencia ha sido suficientemente buena, el paciente ha introyectado una capacidad para el autoanálisis que continuará y que se espera que no finalice nunca.

Creo que con el libro de Freud Análisis interminable ha pasado un poco como con la muy citada frase suya de que el psicoanálisis, como la educación y la política son “profesiones imposibles”. De nuevo aquí creo que no se debería entender literalmente, pues no se ajusta a la realidad, sino a las limitaciones de tales profesiones, así como a las dificultades que conllevan. Cuando oigo a un psicoanalista citar la frase freudiana, que suele acortarse y referirse solo al psicoanalista, no puedo menos que pensar que me parece arrogante: si es una profesión imposible, entonces ¿qué hacemos ejerciéndola? ¿No sería deshonesto para los pacientes? Y si resulta que somos capaces de realizarla, ¿entonces quiere decir que somos especiales, casi omnipotentes por realizar algo “imposible”?

TdP.― En otro de sus libros, Entrevista e indicadores en psicoterapia y psicoanálisis (2006), trata de un tema, la diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia a nivel de técnica, del que se ha ocupado en diferentes ocasiones. ¿Podría señalar, para nuestros lectores o para aquellos que no hayan tenido ocasión de conocer su pensamiento al respecto, qué aspectos considera más importantes en cuanto a la diferencia entre psicoanálisis y psicoterapia?

A. Pérez-Sánchez.― Uno de los factores que creo ha dificultado la distinción entre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica (PP) ―se supone que hablamos de ésta y no de otras psicoterapias con las que las divergencias son más claras― es que de entrada le damos connotaciones valorativas, donde el psicoanálisis es superior a la psicoterapia. En la medida que la PP se deriva del psicoanálisis estaría justificada esta consideración. Pero si pensamos que se trata de dos métodos “psicoterapéuticos” ―ahora hablo en términos genéricos donde incluyo al psicoanálisis y a la psicoterapia psicoanalítica como formas de ayuda psicoterapéutica— entonces no necesariamente se ha de establecer esa comparación. Así que prefiero hablar del método psicoanalítico y del método de la psicoterapia psicoanalítica. Cada uno de ellos tiene su especificidad. Especificidad en varios sentidos: en cuanto a los objetivos terapéuticos a conseguir, la técnica utilizada y los pacientes en los que es más indicado uno u otro método.

El método psicoanalítico es más ambicioso en cuanto a objetivos terapéuticos y, por lo tanto, requiere de unas condiciones técnicas más exigentes. Pero solo será posible cuando un determinado psicoanalista y con la adecuada formación, encuentre a un paciente que esté necesitado, capacitado y dispuesto a realizar dicha tarea.

Creo que es un error pretender llamar psicoanálisis a toda actividad terapéutica que realiza un psicoanalista, por muy formado que esté. De manera que la distinción de si trato a un paciente con psicoanálisis o con psicoterapia psicoanalítica depende del método que esté utilizando. Mi identidad analítica estará presente en ambos casos, pero las herramientas que utilizo son diferentes y, por lo tanto, los esfuerzos que espero del paciente y los resultados terapéuticos también serán distintos. Por ejemplo, el tipo de intervenciones serán predominantemente interpretativas, y con frecuencia centradas en la transferencia, cuando se trata del método psicoanalítico. Y el encuadre para que esto sea posible ha de ser lo suficientemente intenso y continente, lo cual requiere de una alta frecuencia de sesiones a la semana.

TdP.― Acaba de publicar un nuevo libro, Organización psicótica de la personalidad. Claves psicoanalíticas (2018), en el que se interesa por el funcionamiento mental psicótico. ¿Nos podría explicar qué le ha llevado a realizar este estudio?

A. Pérez-Sánchez.― He dicho que el método psicoanalítico es aplicable en determinados pacientes, mientras que en otros lo es el método psicoterapéutico. Pues bien, en la mayoría de pacientes psicóticos no es frecuente que se den las condiciones en el paciente y el entorno inmediato familiar, para llevar a cabo un psicoanálisis. Sin embargo, a veces ello es posible, por una combinación de factores: un paciente especial, a pesar de la psicosis, una familia y un entorno profesional colaboradores, y un analista dispuesto a llevarlo a cabo. Es lo que ocurrió en un caso que llevé durante varios años. Dado que no es una experiencia frecuente, me pareció que valía la pena que el esfuerzo realizado por la paciente y por mí, así como por la familia y otros profesionales, fuera recogido y publicado. Tengo el convencimiento de que la publicación de trabajos en los que el material clínico ocupa un lugar relevante es imprescindible para el desarrollo del psicoanálisis, como de hecho se ha venido observando en las presentaciones de los congresos y foros internacionales en los últimos lustros.

En el caso del libro, al tratarse del estudio del funcionamiento psicótico, no pretendía tan solo estudiarlo en el sentido de una “organización” de la mente, por peculiar que sea, sino que hoy en día sabemos que de ahí podemos extraer un conocimiento de los niveles psicóticos de toda organización de la mente, en cualquier persona.

TdP.― Usted lleva muchos años en la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP). ¿Qué cambios considera más significativos en relación a cuando usted empezó su formación psicoanalítica?

A. Pérez-Sánchez.― Cuando entré como candidato en el IPB trabajaba en la asistencia pública, al igual que los compañeros de mi generación. Desde la institución este hecho se consideraba una etapa pasajera, necesaria por razones sobre todo económicas, hasta poder independizarse de dicha tarea y dedicarse a tiempo completo al psicoanálisis. Era una idea no escrita, pero sí implícita. Es decir, que la dedicación al psicoanálisis debía ser exclusiva, no solo por razones del tiempo que requiere su práctica, sino por el riesgo que implicaba la dedicación a la práctica profesional fuera del diván, dificultando o contaminando el desarrollo de una auténtica función analítica. Este era el sentir predominante, aunque hubo excepciones. Además, al tratarse de una sociedad pequeña, por un lado, y luego el haber asumido las teorías kleinianas como fundamento del psicoanálisis por otro, condujeron a una postura, diríamos “purista”, en el sentido de un celo extremo por lo que “era” o no psicoanalítico. De hecho, mi trayectoria profesional fue la de ir alejándome de la asistencia pública para dedicarme exclusivamente al trabajo privado, que incluye no solo diván sino también la psicoterapia psicoanalítica, así como a la formación y supervisión de psicoanalistas y psicoterapeutas.

Con el tiempo, y el crecimiento de la SEP, se fue suavizando aquella postura “purista”. Y se aceptó que algunos psicoanalistas estuvieran más interesados en la aplicación del psicoanálisis fuera del diván que en éste. Como es sabido, la situación actual se ha invertido, de manera que hoy día casi todos los psicoanalistas de las nuevas generaciones dedican una buena parte de su tarea a la asistencia pública, y poca al diván, y en algunos casos han dejado de practicar psicoanálisis. Las razones fundamentales aducidas es la falta de personas interesadas en un tratamiento psicoanalítico.

Por otra parte, también en el seno de nuestra sociedad han ido surgiendo intereses teóricos por otras formas de pensamiento psicoanalítico. Es un hecho que no tendría por qué ser motivo de especial inquietud. Lo preocupante es cuando este cambio de actitud se fundamenta en la crítica sistemática e injusta de aquello de lo que ahora se reniega y no tanto en las excelencias del nuevo pensamiento que se ha decidido seguir.

En nuestra sociedad esta crítica está dirigida al pensamiento kleiniano que ha sido la línea de pensamiento y práctica clínica predominante. Lo injusto de la crítica estriba en la manera como se hace, pues se toma como objeto de crítica una especie de “kleinismo” como se le denomina despectivamente, que responde a una caricatura que ni siquiera recoge lo fundamental de Klein y, por supuesto, nada de los desarrollos kleinianos contemporáneos.

De manera que estos dos factores, la disminución de pacientes susceptibles de psicoanálisis y la inclusión de otras teorías psicoanalíticas están creando una situación diferente en la SEP actual. Pero necesito matizar de nuevo estos argumentos. La falta de pacientes, con ser una realidad, no siempre se justifica. No hemos de olvidar que el propio analista puede colusionar con esa realidad a través de sus propias resistencias, como hace años le oí a nuestra querida Julia Coromines. Y en cuanto a las nuevas teorías, bienvenidas sean. Pero necesitan hacerse creíbles. En nuestra profesión no basta con haber leído a unos cuantos autores para adscribirse a esa línea de pensamiento. Los fundadores de nuestra sociedad se iniciaron en una tradición psicoanalítica freudiana en el ámbito francófono, y cuando decidieron ampliar su pensamiento al conocer a representantes kleinianos, no se limitaron a leer las obras completas de Klein, sino que se fueron a Londres a analizarse con analistas de esta escuela, y llevaron análisis supervisados por analistas de la misma, y esto durante muchos años. Entonces, uno puede sentir que pertenece a una determinada línea de pensamiento. Los que nos encontramos con este camino trazado, continuamos con los fundadores o las generaciones siguientes, y también trabajando con el grupo de Londres.

TdP.― Entre sus funciones didácticas, están la de supervisor y director de seminarios. ¿Qué le ha aportado a nivel personal el contacto con los jóvenes que empiezan el arduo camino de ser psicoanalistas?

A. Pérez-Sánchez.― La profesión de psicoanalista, en particular, en lo que se refiere al trabajo de diván es una tarea ardua, realizada en soledad con el paciente. Y creo que esto no siempre se tiene suficientemente en cuenta. Si pensamos que estamos trabajando con los niveles inconscientes del paciente que han de afectar los nuestros, con frecuencia estamos expuestos a que nuestra labor se desvíe por derroteros inconscientes desconocidos. Por lo tanto, para mí está claro que eso requiere una disciplina en cuanto a ser fiel al método psicoanalítico que uno ha escogido utilizar con el paciente; además, por supuesto, de haber tenido la experiencia psicoanalítica personal para conseguir cierto grado de familiaridad con el propio inconsciente. Pero aun así, no es suficiente, por lo que son necesarios otros elementos. Por ejemplo, el pertenecer a un grupo de psicoanalistas, como la propia sociedad psicoanalítica, donde compartir las experiencias y dificultades de nuestro trabajo en soledad. También la asistencia a reuniones, congresos y foros nacionales e internacionales es otra forma de sentirse amparado y contenido. Desde este punto de vista, mi experiencia de la enseñanza del psicoanálisis ha constituido otro elemento sumamente continente, en el sentido bioniano del término. Además, el bagaje teórico imprescindible con el que inicié mi tarea como psicoanalista se ha visto enriquecido al tener que reformular y poner en palabras lo que en nuestra práctica damos por sentado y comprensible. Por tener que refutar, discutir, aclarar o rectificar cuando los compañeros en formación no entendían o no veían tan claro lo que para mí no ofrecía lugar a dudas. Por lo tanto, la enseñanza del psicoanálisis para mí constituye otro ámbito continente, además de una experiencia enriquecedora.

TdP.― Siempre ha valorado el rigor en la aplicación y en la transmisión del psicoanálisis. En general, ¿cómo ve la situación actual al respecto en las diferentes sociedades de la IPA? ¿Podrían intuirse señales de regresión?

A. Pérez-Sánchez.― Antes describía nuestra profesión como un trabajo en soledad y el riesgo inherente a ello de desviarnos de nuestra tarea por las trampas del inconsciente. Este es el argumento fundamental para pensar en la necesidad del rigor en la aplicación del método psicoanalítico y, en consecuencia, del aprendizaje del mismo. Creo que es una idea en la que la mayoría de psicoanalistas estarían de acuerdo. El problema surge cuando el entorno social, económico y cultural, presiona, haciendo difícil mantener ese rigor. Y es ahí donde surgen las discrepancias entre los psicoanalistas. Para hacer viable el psicoanálisis deberíamos flexibilizarlo, dicen unos, porque de otra manera morirá. Pero cuando vemos que “flexibilizar” significa perder ese rigor y especificidad de lo psicoanalítico, otros entendemos que eso lo desnaturaliza y supone la muerte del psicoanálisis.

Se me ocurre un ejemplo un poco extremo pero que creo ilustra lo que quiero decir. Como la evolución de la sociedad actual ha llevado a malbaratar las condiciones climáticas del planeta a límites alarmantes para su supervivencia, ¿hemos de adaptarnos, por ejemplo, proporcionando máscaras de oxígeno a sus habitantes? ¿o hemos de luchar contra esa tendencia “adaptativa”, y acudir a limitar el estropicio ambiental?

En el seno de la API, ambas tendencias existen. Es difícil decir la proporción de unas y otras. En líneas generales, creo que puede decirse que en el continente Europeo, excepto unas pocas sociedades, existe una fuerte tendencia a sostener lo específico del psicoanálisis, poniendo todo el esfuerzo necesario. En América del Norte, es considerable también el número de analistas que comparten esta postura. Creo, hasta donde puedo saber, que en América latina no es tan así.

TdP.― ¿Cuál cree que será el lugar del psicoanálisis en la sociedad actual, líquida, como la han denominado algunos? O dicho de otro modo, ¿cómo cree que evolucionará el psicoanálisis?

A. Pérez-Sánchez.― Sería pretencioso intentar pronosticar el futuro del psicoanálisis, en especial, tratándose de una disciplina que se ocupa de la comprensión del pasado para entender mejor lo que sucede hoy. Aunque es cierto también que en este sentido se ha producido una transformación, de manera que es el presente el que nos permite conocer lo que sucedió en el pasado, o la versión que el paciente tiene de este. ¿Podríamos decir lo mismo del futuro? En cierta manera sí. Pero solo en cierta manera.

Por lo que acabamos de ver en mi respuesta a la pregunta anterior, es difícil saber la evolución que seguirá el psicoanálisis entre las tendencias a “flexibilizarlo” y las que se oponen a ello porque entienden que es su muerte. Hace años hubiera sido inimaginable que una Junta directiva de la API aceptara la modificación del modelo Eitingon —que desde el inicio de la API constituyó el modelo estándar para la formación psicoanalítica—, en el sentido de disminuir la frecuencia de las sesiones; entre otras cosas porque ya existía el modelo francés con esa menor frecuencia aunque con otras exigencias. Sin embargo, recientemente las últimas Juntas de la API han aceptado esa modificación. ¿Quiere eso decir que estamos abocados a un inevitable proceso de desnaturalización del psicoanálisis? Pues creo que la respuesta podría ser similar a la que daríamos para el ejemplo de la situación climática del planeta. Los hechos no son muy alentadores, pero no por eso hemos de cruzarnos de brazos. Y en lo que se refiere al psicoanálisis, pues si muchos pensamos que para que el psicoanálisis siga siendo tal requiere de unas condiciones de rigor y disciplina, deberemos seguir peleando en ese sentido. ¿Qué resultará de todo eso…? Pues, ya se verá.

TdP.― Usted fue presidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis del 2008 al 2011. ¿Qué significó esta experiencia para usted?

A. Pérez-Sánchez.― Ocupar un cargo de responsabilidad debería significar un buen antídoto frente a la omnipotencia infantil, siempre al acecho, como la manera infalible de pretender resolver las dificultades propias o de nuestro mundo: “si yo estuviera allí, en ese cargo, yo sí que haría esto y lo otro, y cambiaría las cosas para que fueran muchísimo mejor”. Cuando uno llega “allí”, por ejemplo la presidencia de mi sociedad en mi caso, uno se da cuenta de las limitaciones de la realidad. Pues aún con toda la ilusión, pasión y dedicación que le pongas, lo que puedo decir que ocurrió en la Junta con quien compartí el período regular de los cuatro años de presidencia, resultó en una contribución modesta, o así queremos creerlo, y eso fue todo lo que pudimos hacer. Y creo que pudimos darnos por satisfechos, a pesar de todo lo que no se hizo. Por otra parte, fue una experiencia de una gran riqueza con los compañeros de la Junta, por los retos que planteó y que nos estimularon a pensar, buscar soluciones, y dar lo mejor de nosotros mismos.

TdP.― También sigue ocupándose actualmente de tareas didácticas, entre otras, en el marco de la IPA (International Psychoanalytical Association). ¿Podría ampliarnos información al respecto?

A. Pérez-Sánchez.― Durante varios años estuve viajando a Lisboa para dar seminarios al Nucleo Portugués de Psicoanálisis, un Grupo de Estudios auspiciado por la Asociación Psicoanalítica Internacional. Desde hace dos años me ocupo de la dirección del Comité que dirige al grupo desde la API (Sponsoring Committee). Esto supone dos visitas de fines de semana al año, a fin de coordinar los programas de estudios de los candidatos, contribuir en la selección de nuevas solicitudes de candidatos y en la promoción de los miembros del grupo, así como a su organización en general. Es una experiencia interesante contribuir al nacimiento de una sociedad psicoanalítica, con toda la ilusión y entusiasmo que ello comporta, aunque también requiere de un tremendo esfuerzo por parte de los miembros del grupo y, en cierta manera, para el Sponsoring Committee.

Por otro lado, formo parte del equipo europeo de redacción del Diccionario Enciclopédico Interregional de Psicoanálisis, impulsado por la API, bajo la presidencia de S. Bolognini. Los diccionarios internacionales existentes, de gran calidad, si bien reúnen a analistas de diferentes regiones y tradiciones, cada palabra está escrita por un solo autor. Este nuevo diccionario de la API es un proyecto ambicioso porque trata de ser internacional en cada una de las entradas. Se crearon tres equipos correspondientes a cada una de las regiones que integran la API: Europa, Norte América y Latino América. Cada palabra es redactada por un pequeño equipo de dos o tres personas, que luego lo dan a revisar al resto del equipo regional correspondiente, y después pasa  a la revisión por parte de los otros dos equipos regionales, De manera que cado una de las regiones puede hacer añadidos y correcciones, en particular lo que es específico de la zona en cuanto al uso de dicha palabra. Así se procura también que quede incluida el máximo de bibliografía significativa sobre una determinada palabra. El proyecto se inició en 2014 y en la actualidad se han concluido unas diez entradas, con una extensión variable entre treinta y ochenta páginas cada una, lo que da una idea de su dimensión “enciclopédica”. El diccionario se puede consultar ya en la web de la API, disponible en los cuatro idiomas oficiales de ésta: inglés, francés, castellano y alemán.

TdP.― Y para finalizar, nos gustaría preguntarle por qué cree que el psicoanálisis ha sido tan importante en su vida personal y profesional?

A. Pérez-Sánchez.― La pregunta presupone algún conocimiento de mi persona como para dar por sentado que el psicoanálisis ha sido “tan importante en mi vida personal y profesional”. Efectivamente es así. Empezaría por destacar la importancia de mi propio análisis personal, que sentó las bases de lo que vino después. Por otra parte, dada la peculiaridad de nuestra disciplina, la de trabajar con nuestra personalidad, el desarrollo profesional conlleva el personal. Además, como ya dije, al tratarse de una profesión realizada en soledad, cuando estás con el paciente, es necesario sentirse parte de un colectivo, local e internacional, con quien compartir algo de nuestro trabajo, lo que ha supuesto un enriquecimiento, de nuevo, no solo en lo profesional sino en lo personal. Todo ello ha sido fuente de estímulo creativo y de progreso que me ha permitido superar los momentos de dificultad, decepción y frustración también existentes. Para terminar, resumiría mi evolución satisfactoria en el psicoanálisis recurriendo a la fórmula de Bion de la interacción constante en nuestra vida de la posición esquizoparanoide (Ps) y la posición depresiva (D), en un sentido donde el resultado de un periodo de dicha interacción conduce a otro momento en el que la nueva interacción Ps ↔ D se encuentra en un nivel más evolucionado. Dicho con otras palabras, el balance entre la tendencia a la desintegración, por un lado, y a la integración, por otro, se salda, en los sucesivos vaivenes entre una y otra con un predominio de las tendencias integradoras.
 

PUBLICACIONES DE ANTONIO PÉREZ-SÁNCHEZ

Libros publicados

(1992), Elementos de psicoterapia breve psicoanalítica, Barcelona, Fundació Vidal Barraquer.

(1996), Prácticas psicoterapéuticas. Psicoanálisis aplicado a la asistencia pública Barcelona, Fundació Vidal y Barraquer y Paidós.

(1997), Análisis terminable. Estudio de la terminación del proceso psicoanalítico, Valencia, Promolibro.

(2006), Entrevista e indicadores en psicoanálisis y psicoterapia, Valencia, Promolibro.

(2012), Interview and indicators in psychoanalysis and psychotherapy, London, Karnac Books.

(2014), Psicoterapia breve psicoanalítica. Un ejemplo de psicoanálisis aplicado, Barcelona, Xoroi.

(2014), Il colloquio in Psicoanalisi e Psicoterapia, Roma, Casa Editrice Astrolabio.

(2018), Psychotic organization of the personality. Psychoanalytic keys, London and New York, Routledge.

(2018), Organización psicótica de la personalidad. Claves psicoanalíticas, Barcelona, Herder.

Publicaciones en revistas

(1971), en colaboración con F. Freixa Santfeliu, “El método catártico en la obra de Ignacio Ribera Baylina”, I Congrés internacional d’historia de la medicina catalana, Llibre d’actes, vol. III.

(1975), “El equipo terapéutico-asistencial como agente de cambio en la Institución Psiquiátrica”, Informaciones Psiquiátricas, núm. 62.

(1981), “Los grupos de sensibilización en la formación de los profesionales de la salud mental”, en Trabajo social y salud mental, J. Tizón y MT. Rosell, Barcelona, Laia.

(1982), en colaboración con J. Font y M. Canals, “Una modalidad de psicoterapia de grupo en adolescentes: escenoterapia”, Revista del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de medicina de Barcelona, vol. IX, núm. extraordinario.

(1985), “Valoración e indicaciones de la psicoterapia de grupo de orientación analítica: aspectos teóricos y clínicos”, Informaciones Psiquiátricas, núm. 85.

(1985), “Perfil de un modelo de intervención en salud mental”, Informaciones Psiquiátricas, núm. 100.

(1988), “Perspectiva psicodinàmica per a la assistència primària psiquiàtrica. Consideracions sobre l’equip terapèutic i l’atenció a la psicosi”, Salut Mental Comunitària, núm. 2, Diputació de Barcelona.

(1989), “La transferència en psicoteràpia breu. A propòsit del tractament d’una fòbia”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. VI, núm. 1.

(1989), en colaboración con E. Jiménez, “Realidad y proceso psicoanalítico: enfoque clínico”, Madrid, Anuario Ibérico de Psicoanálisis.

(1991), “Estructura perversa de la personalidad y componentes adictivos”, Revista de Psicoanálisis de Madrid, núm. 14.

(1992), “La transferencia en psicoterapia breve. A propósito del tratamiento de una fobia”, Revista de psicoterapia y Psicosomática.

(1995), “Espai psicoterapèutic i organització familiar patológica”, Nous models de família en l’entorn urbà, Barcelona, Generalitat de Catalunya.

(1996), “Perspectiva psicoanalítica de los trastornos de la personalidad: organización patológica de la personalidad”, Temas de Psicoanálisis, vol. I.

(1999), “Indicadors per a l’acabament del procés psicoanalític”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XVI, núm. 1, pp. 35-55.

(2000), “Ansietat: vèrtex psicoanalític”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XVII, núm. 1-2.

(2001), “Verdad psíquica”, Barcelona, Anuario Ibérico de Psicoanálisis.

(2002), “Cambio psíquico y postanálisis”, Madrid, Anuario Ibérico de Psicoanálisis.

(2002), “Psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica: similitudes y diferencias”, Temas de Psicoanálisis, vol. VII.

(2007), “Perdó, objectes interns i contratransferència”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XXIV, núm. 1-2, pp. 37-54.

(2007), “The experience of time in the psychaoanlytic process”, Bulletin of the European Psychoanalytic Federation.

(2009), “Hanna Segal: una ment oberta”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, núm. 1.

(2011), “Vigencia del aquí y ahora”, TEMAS DE PSICOANÁLISIS, núm. 2.

(2011), Discussin Scariati’s paper ‘The analyst’s anxiety in aplying the psychoanalytic method’, Psychoanalysis in Europe, núm. 65.

(2011), en colaboración con B. Anguera, “A brief history of the Spanish Psychoanalytical Society”, 100 Years of the IPA, Loewenberg, P. y Thomson, N.L., Londres, Karnac Books.

(2013), “Especificidad del método psicoanalítico y del psicoterapéutico”, Revista Portuguesa de Psicoanálise, núm. 33 (1).

(2013), “La fine dell’analisi: un approccio clinico”, Psicoanalisi. Rivista della Associazione Italiana di Psicoanalisi, vol. 17, núm 1, pp. 31-53.

(2013), “Nuevas reflexiones sobre la especificidad del psicoanálisis y la psicoterapia”, Revista de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, núm. 68.

(2014), “L’esperienza del tempo nel processo psicoanalitico”, Psicoanalisi. Rivista della Associazione Italiana di Psicoanalisi, vol. 8, núm. 1-2, pp. 39-57.

(2016), “Acabament d’anàlisi: un enfocament clínic”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XXXIII, núm. 1, pp. 9-30.

(2016), “Impasse y enactment: falsa transferencia y cambio catastrófico”, TEMAS DE PSICOANÁLISIS, núm. 11.

(2017), “Aportaciones de M. Balint a la psicoterapia breve: una revisión crítica”, TEMAS DE PSICOANÁLISIS, núm. 13.

(2018), “Perspectiva psicoanalítica del tratamiento de la organización psicótica de la personalidad”, TEMAS DE PSICOANÁLISIS, núm. 15.

(2018), “Comentari a l’article de Terttu Eskelinen, ‘La labor i l’instant: els temps de la perlaboració’, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XXXV, núm. 2.

(2018), “Vigencia del ‘aquí y ahora’ y técnica analítica”, Revista Portuguesa de Psicanalisi, núm. 38 (2).

(2019), “Intimità, transfert, ‘qui ed ora’”, Psicoanalisi. Rivista della Associazione Italiana di Psicoanalisi, (en prensa).

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/entrevista-a-antonio-perez-sanchez/feed/ 0
ENVEJECER HOY: PROYECCIÓN, IDENTIFICACIÓN Y DESIDENTIFICACIÓN EN UNA SOCIEDAD QUE QUIERE SER JOVEN http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/envejecer-hoy-proyeccion-identificacion-y-desidentificacion-en-una-sociedad-que-quiere-ser-joven/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/envejecer-hoy-proyeccion-identificacion-y-desidentificacion-en-una-sociedad-que-quiere-ser-joven/#respond Tue, 05 Feb 2019 06:57:55 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20437 Descargar el artículo
 

En este artículo me centraré en la sociología de la tercera edad, desde la perspectiva psicoanalítica. Concretamente la tercera edad vista como un colectivo sobre el que proyectar colectivamente aspectos intolerables del psiquismo. Este aspecto ha sido estudiado en el caso de las proyecciones sobre grupos definidos como «el otro diferente», los negros, los judíos, los inmigrantes o las mujeres, por citar algunos. Así pues, la eufemísticamente llamada tercera edad, la vejez, puede ser pensada como un colectivo sobre el que socialmente se proyectan los sentimientos de vulnerabilidad, pérdida, carencia, decrepitud y dependencia y, al hacerse colectivamente, sus individuos pueden quedar reducidos a estas proyecciones. Cada sociedad tiene un punto de vista hegemónico sobre qué es ser viejo y, por tanto, las proyecciones variarán según la sociedad de que se trate. Para centrar el tema, hablaré de la vejez en mi entorno, que es la sociedad occidental de un país mediterráneo, con un fuerte componente familiar, en una sociedad del bienestar pero con una crisis económica de más de diez años de duración y con una de las expectativas de vida más altas del mundo. Y esto en un momento en que ser joven, sano, bello y exitoso es el ideal colectivo que tiraniza las aspiraciones implícitas y no tan implícitas de jóvenes y mayores.

Me referiré aquí a proyección en su acepción de mecanismo de defensa primitivo, según el cual aquello rechazado en uno mismo es arrojado fuera de sí y se vuelve a encontrar de inmediato en el exterior depositado sobre el sujeto en el que fue proyectado. La proyección, como proceso inconsciente que es, altera la percepción de la realidad y conlleva desde luego consecuencias reales para con el trato que se dispensa al sujeto objeto de la proyección, en este caso los ancianos, ya sea con un cuidado paternalista por haber sido infantilizados, ya sea con un abandono o un maltrato por representar aquello que se teme o desprecia. Asimismo, cuando se produce un proceso de proyección colectivo, igual a como sucede entre individuos, puede producirse un proceso de identificación también inconsciente con lo proyectado. La característica específica en este caso es que, si cuando se proyecta lo negativo en un colectivo uno no puede, o no suele, convertirse en un miembro de él, es decir, uno no puede convertirse en negro, judío o mujer, por ejemplo, en el caso de la vejez, si todo va más o menos bien, es muy probable que lleguemos a viejos. Esto me insta a la reflexión sobre cómo puede vivirse el proceso de envejecimiento desde el sujeto según hayan sido de masivas las proyecciones que se han realizado durante la juventud sobre la vejez, según se hayan realizado los procesos de duelo a lo largo de la vida y según la fortaleza de la identificación con el objeto primario. Sea como sea, es muy probable que saber que la vejez es un destino que nos llegará ―y mal si no nos llega― nos inquieta y preocupa. Esta angustia a su vez puede aumentar la identificación con lo proyectado y la desidentificación de lo que se es, y en un círculo vicioso terrible, la identificación y la desidentificación aumentarían la angustia. Eso siempre dependiendo de las circunstancias de cada persona, naturalmente, pero desde luego, con distintas intensidades, el proceso sería este.

Ya hemos dicho que en todo proceso de proyección puede haber un proceso de identificación del sujeto con lo que se le proyecta. Así, según los individuos, esta identificación comportaría la asunción sumisa de las proyecciones de incapacidades, lo que podría suponer una dolorosa desidentificación, una pérdida de identidad, a veces súbita según las circunstancias ―enfermedad grave, quebranto económico, por ejemplo― con grandes dificultades para elaborar el duelo y reconducir la vida. Y, si se trata de una identificación masiva con lo proyectado, implicaría dejar de ver las capacidades todavía conservadas. Por el contrario, se podría negar el proceso de envejecimiento y transitar entre defensas maníacas, rechazando no solo las proyecciones, sino las reales necesidades de esta etapa vital: necesidades de cuidado de la salud, de las relaciones, de la nueva economía, de los límites.

Sin embargo, desde hace algunos años, a partir de la mejora de la expectativa de vida, la tercera edad ha pasado a ser considerada como un problema debido a que la vejez se retrasa cada vez más en el ciclo de vida. Se ve como un problema el cambio en la pirámide poblacional, ya que en todas las sociedades el aumento de la vida media se acompaña de un descenso de la fecundidad, lo que hace pensar en una interrelación entre ambos indicadores demográficos. Sin embargo, ya hay estudios que revelan que este mal llamado envejecimiento de la población puede no ser tan negativo como se presenta, sino que conlleva ventajas importantes al aparecer un nuevo tipo de envejecimiento, el llamado envejecimiento activo. Ello comporta que la significación de las diferentes edades ha cambiado puesto que, gracias a los avances científicos, la vejez se retrasa cada vez más en el ciclo de vida. Sí, hay más viejos, pero son más jóvenes. Desde 2002 emerge en la investigación y en las políticas públicas sobre personas mayores este nuevo paradigma. La Organización de Naciones Unidas, a través de la Organización Mundial de la Salud, elaboró el documento Active ageing: A policy framework, citado por Mohamed (2018). En este documento, referente para la investigación y las políticas públicas, se aleja la consideración de la vejez como un problema, como venía siendo habitual. Recoge la potenciación de la participación de los mayores en la sociedad, en concreto en el ámbito público.

Asimismo, el hecho de adjudicar determinados problemas a una cohorte de edad, debe matizarse con el concepto de generación política determinada. Muchos de los cambios que se dan no se deben a efectos del ciclo vital, sino a la pertenencia a una generación política determinada. Este concepto está basado en que determinado momento histórico señala a las distintas generaciones al conferirles unas pautas específicas y duraderas que conlleva actitudes y comportamientos que influyen en el tipo de vida y en los procesos de socialización. Se trata de la interiorización de normas, valores y actitudes políticas, principalmente al final de la adolescencia y al inicio de la vida adulta, ―los “años impresionables”― que acompañarán a la persona con una estabilidad relativa a lo largo de la vida (Mohamed, K.A., 2018).

No podemos obviar que en un país como España ―pero no solo aquí― con una de las expectativas de vida más elevadas del mundo, aparece este colectivo numeroso que por edad hubiera sido considerado como viejo hasta no hace mucho, pero que dista de la idea hegemónica de vejez como sinónimo de decrepitud, incapacidad, enfermedad o impotencia. Al igual que la adolescencia es una etapa de la vida de reciente aparición, que cada vez dura más años (en el siglo XIX se pasaba sin apenas notarse de la infancia a la vida adulta), en la actualidad existe esta gran cantidad de personas de edad avanzada con una excelente calidad de vida, con capacidades conservadas y con intereses y ganas de ser socialmente útiles más allá del trabajo remunerado, que se niegan, no de forma maníaca sino saludable, a identificarse con las proyecciones que se les atribuyen. Esto resulta como mínimo novedoso en la historia. Esta generación de envejecimiento activo está formada por personas a partir de la sesentena, activas, interesadas, luchadoras, capaces de pedir ayuda y de ayudar, que se niegan a ser relegados a simples trastos consumidores de servicios sociales y de salud, a los que hay que pagar una pensión. Es decir, se niegan a identificarse con lo que se les proyecta socialmente como normativa hegemónica: los viejos vistos solo como un problema social. Esta negativa a identificarse con las proyecciones, tiene desde luego efectos sobre las generaciones más jóvenes, en las que la sociedad deposita los ideales antes mencionados de salud, belleza, energía y éxito. En un momento en que las dificultades para abrirse camino son realmente difíciles no solo para los más jóvenes, sino para las generaciones intermedias en la cuarentena y la cincuentena, este colectivo de gente mayor con experiencia vital, con tiempo disponible, con un nivel de vida aceptable, no solo devuelve lo proyectado sino que puede despertar sentimientos de envidia y rechazo entre las generaciones precedentes, precisamente por dar la impresión de que lo tienen todo más fácil y viven estupendamente a costa del trabajo de los más jóvenes. Realmente este planteamiento así expresado tiene un tinte caricaturesco, pero sirva para acercarnos a la comprensión de un momento social que nos afecta a todos.

En cada etapa vital se producen cambios que conllevan una crisis identitaria que, si todo va bien, servirá para elaborar los duelos y adaptarse lo mejor posible a la nueva etapa y a las pérdidas que conlleve, pero el afrontar la vejez y la muerte, es una crisis que va más allá de los síntomas de las alteraciones fisiológicas ya que éstos constituyen un aspecto más de una situación compleja. León y Rebeca Grinberg en Identidad y cambio (1993) refiriéndose a esta etapa vital dicen:

“Las fantasías y ansiedades específicas que surgen durante tales crisis son de distinta clase. Pueden estar referidas a la salud y al propio cuerpo: son fantasías hipocondríacas que abarcan toda clase de preocupaciones y temores a enfermedades […] pueden estar vinculadas con una inquietud económica […] o bien fantasías que se relacionan con el temor de perder el status social o el prestigio alcanzado. La base inconsciente de muchas de estas fantasías está conectada con el problema de la identidad y el profundo temor al cambio. Para decirlo en otras palabras e introducir un elemento que consideramos fundamental en estas crisis, es el problema de la elaboración patológica del duelo por el self que afecta a esta edad de la vida lo que debe ser encarado esencialmente”.

Sin embargo, esta generación que llega a edades avanzadas con buena calidad de vida debida a los adelantos en medicina y al bienestar social de las últimas décadas, puede vivir, por primera vez en la historia de la humanidad, en una pendiente suave que aligera y da un respiro a las ansiedades de vejez y a la cercanía de la muerte. Como una prórroga en un partido de fútbol, un periodo del que disfrutar antes de empeorar, pero sin referencias en generaciones anteriores. Esto resulta novedoso, puesto que al igual que los jóvenes no tienen referencia de adultos usando las nuevas tecnologías, esta generación, que podríamos llamar con un poco de humor casi-viejos, tampoco tiene muchas referencias sobre cómo ser casi-viejo, y así a menudo busca referencias en la juventud con la práctica de deportes, viajar, estudiar de nuevo o por primera vez, implicarse en voluntariados o en participación social e inventa nuevas maneras de estar en el mundo después de la vida laboral. No sirve ya la normativa hegemónica sobre cómo ser viejo, al menos durante este periodo. Visto así, podría pensarse que se trata de una generación en la que prevalecen las defensas maníacas, pero no debería generalizarse esta idea. Primero, porque un poco de manía tampoco le hace daño a nadie; después, porque es la cantidad de estas actividades o mejor dicho su aspecto compulsivo o no, lo que determinaría si se trata de una adaptación reparadora, quizá de muchas renuncias y muchas horas de trabajo, y de preparación para una etapa de auténtica decrepitud; o bien, sí se trata de una defensa maníaca que comportaría un empobrecimiento de la vida emocional, un deterioro del carácter y del sentimiento de identidad. Este periodo de prórroga abre la posibilidad de elaborar poco a poco las vivencias depresivas que acompañan al declive que llegará aunque más tarde y puede permitir mantener la propia capacidad de amar y la autoconfianza para mitigar los sentimientos hostiles y contrarrestar el temor a la muerte con el deseo de vivir.

Si consideramos esta generación dispuesta al envejecimiento activo ―a la que se irá sumando la generación del baby boom― no solo como un grupo de edad sino, como sugiere Mohamed (2018), que la consideramos una generación política, en la sociedad española nos encontraríamos a la gente que vivió los “años impresionables” durante el final de la dictadura y la transición democrática, con los cambios políticos y sociales notorios que se produjeron: la organización social para la lucha política, laboral y vecinal, la revolución sexual, los movimientos de liberación de la mujer, el desarrollo económico que se había iniciado al final de la dictadura y el aumento del nivel educativo de la población. Creo que es importante tener en cuenta esta generación política, en tanto en cuanto estas identificaciones al final de la adolescencia pueden recuperarse durante esta etapa de envejecimiento activo. Así, después de la vida laboral activa, de las obligaciones familiares con la crianza de los hijos y el cuidado de los padres, se pueden reencontrar los intereses y las formas de socialización, disfrute y lucha que marcaron la creación de la identidad adulta. Esta generación política que afronta el envejecimiento activo, puede empezar a ser vista como un activo social y no como una carga. Su nivel de formación más alto, el disfrutar de buena salud y desenvolverse bien con las nuevas tecnologías les permite cumplir un papel activo para con las personas cercanas, la familia sobre todo, pero también con la sociedad. Así el incremento de la esperanza de vida podría verse como un logro del progreso, y a este colectivo no como un consumidor de servicios que arruina al país, sino como un activo. De hecho, como dice Celeste López (2019) en un artículo de La Vanguardia: «señalan los investigadores del CSIC Julio Pérez Días y Antonio Abellán García, ”el envejecimiento demográfico de la humanidad entera no solo no está colapsando la economía, motivando la crisis social o el hundimiento del Estado de bienestar, sino que corre paralelo con el crecimiento económico y el progreso»”.

Sin embargo debería tenerse en cuenta, como dice Mohamed (2018) que, al tratarse de una generación política, estas actitudes de lucha, asociacionismo o interés por lo colectivo pueden no darse en las generaciones políticas posteriores. De momento se habla de una gran revolución que sacudirá la estructura social actual. Y esta revolución estará protagonizada por esta generación política alrededor de los sesenta y cinco que nada tiene que ver con las que la precedieron: una vejez alejada de estereotipos negativos. Primero las mujeres, ahora los viejos. ¿Dónde se proyectarán a partir de ahora aquellos sentimientos rechazados por la sociedad? ¿A dónde irán a parar las proyecciones de vulnerabilidad, pérdida, carencia, decrepitud y dependencia? ¿A los que llegarán a más ancianos? Hemos de estar atentos: una sociedad narcisista como la nuestra no tardará en encontrar nuevos chivos expiatorios, ─si es que no los ha encontrado ya─ donde depositar estos malestares, y los convertirá en molestares colocados en otros colectivos. El auge de la extrema derecha en toda Europa con el rechazo descarnado del «otro» diferente, apunta en esta dirección. Así, el malestar en la cultura seguirá buscando su lugar, y esperemos que no lo haga regresivamente hacia formas hostiles de manejar la diferencia.
 

Referencias bibliográficas

Grinberg, L. y R., (1993), Identidad y cambio, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona.

López, C., (2019), «Los nuevos 65 rompen moldes», La Vanguardia, Madrid, https://www.lavanguardia.com/vida/20190130/4691796194/vejez-mayores-65-calidad-vida-cambios-sociales.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=whatsapp&utm_medium=social

Mohamed, K.A., (2018), «Interés por la política, ciclo vital y generación: nuestros actuales mayores como esperanza», en Envejecimiento de la población, familia y calidad de vida en la vejez, Panorama social, nº 28, Funcas, Madrid, https://www.funcas.es/publicaciones_new/Sumario.aspx?IdRef=4-15028
 

Resumen

En este artículo se trata de los sentimientos que puede despertar la aparición de un nuevo tipo de envejecimiento activo. Se analizan las proyecciones sociales que se hacen sobre el colectivo de gente mayor y las diferencias con anteriores formas de envejecer y de identificarse o no con los valores de decrepitud, carencia, vulnerabilidad e impotencia. Asimismo se explica el concepto de generación política distinto de la clasificación por grupo de edad, lo que permite un análisis más específico del momento actual.

Palabras clave: envejecimiento, envejecimiento activo, generación política, proyección, identificación, desidentificación.
 

Carme Garcia Gomila
Licenciada en Medicina y Cirugía,
Psicoterapeuta (FEAP)- Psicoanalista (SEP-IPA),
<25550cgg@comb.cat>

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/envejecer-hoy-proyeccion-identificacion-y-desidentificacion-en-una-sociedad-que-quiere-ser-joven/feed/ 0
GIRL http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/girl/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/girl/#respond Mon, 04 Feb 2019 23:03:10 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20454 Descargar el artículo
 

 

La ópera prima de Lukas Dhont narra la historia de un proceso de transexualidad[1]. Empezó como documental sobre la vida de Nora Monsecur (transexual que a los quince años quiso ser mujer y bailarina) pero finalmente tomó la historia real como punto de partida para la ficción, con el asesoramiento psicológico de N. Monsecur, el de otros transexuales, y de médicos y psicólogos especializados en este proceso. Se presentó el largometraje al Festival de Cannes en la sección Un certain regard y se convirtió en la mejor película belga de habla no inglesa candidata a los premios Óscar de este año. Otros premios que ha recibido la película hasta el momento son el Premio Discovery del Cine Europeo 2018 y el Premio del Público a la mejor película europea en el Festival de Cine de San Sebastián 2018. Este mismo año 2018 está nominada a los Globos de Oro, como mejor película de habla no inglesa; a los Premios Goya, como mejor película europea; y a los Premios César, como mejor película extranjera.

Lara, nacido varón, inicia su transformación sexual a los quince años y quiere ser bailarina. Lara vive con su padre y hermano pequeño y su proyecto los obliga a trasladarse de casa, de barrio y escuela. Adaptarse al cambio de vida que Lara necesita para su transición supone un traslado/cambio también para los que viven con él. La transformación sexual exige mucho sacrificio y llegar a ser bailarina, también. Lara empieza tarde a bailar y su cuerpo no está adaptado a las exigencias de la danza clásica. A pesar de ello insiste, lo que comporta una extrema dureza y dolor. A su vez, su reasignación sexual requiere también la misma dureza, rigidez y esfuerzo. Finalmente, el tiempo de espera para su transformación de adolescente varón a mujer le resulta difícil de soportar, y se provoca a sí misma una salida agresiva y peligrosa pero determinante para conseguir la transición sexual (se mutila el pene con unas tijeras).

Si bien no es novedad que se trate el tema del transgénero en las pantallas de cine, sí lo es que se haga en un ambiente de tolerancia y normalidad. Tampoco es habitual verlo con unos servicios médicos y psicológicos tan adecuados, respetuosos y vigilantes del estado de su salud.

Girl no pretende ser una reivindicación de los derechos del colectivo sino la narración de una historia individual. La del tránsito Víctor/Lara.

También en lo familiar se respira tolerancia no exenta de sufrimiento. El padre (Arieh Worthaler) empatiza con el deseo de Lara sin abandonar la ambivalencia: se cuestiona si están haciendo lo correcto a la vez que anima a su hijo/a, cuando lo ve sufrir, valorándole su coraje. También esta ambivalencia está presente en la pérdida de su hijo y la expectativa del nacimiento de una hija. Impotente ante el dolor de Víctor/Lara, sufre en silencio el proceso.

El hermano, Oliver Bodart, (unos ocho años menor) muestra su disconformidad y dificultad de adaptación a su nueva escuela; también al cambio de género de su hermano, pero a la vez busca y encuentra en Lara la calidez y suavidad maternal.

El resto de familia (tíos, primos) tratan con naturalidad el momento de cambio de género/sexo, lo cual marca una gran diferencia con la mayoría de ―si no todas―  las películas de esta temática.

No hay figura materna. ¿Por qué esta anulación de la madre? No aparece ni en los silencios, ni en el rastro que podría dejar la ausencia. ¿Una negación? ¿Qué quiere decirnos el director con ese vacío? ¿Es el vacío que Lara trata de llenar con su identidad femenina? ¿Sugiere la ternura de Lara que ha existido una buena madre con la que se quiere identificar? En cualquier caso, la figura del padre es igualmente tierna. ¿Sugiere que no se necesita la madre para la conexión emocional? ¿La ausencia de la madre da mayor relevancia a los aspectos empáticos, entregados y delicados representados en la masculinidad del padre? ¿No existe la madre para dar mayor relevancia a los aspectos empáticos, entregados y delicados masculinos?

Víctor Polster, un bailarín que debuta como actor, interpreta el personaje Víctor/Lara con tanta sensibilidad que atrapa al espectador desde la primera secuencia. Transmite el dolor y la dura lucha a la que debe entregarse para pasar de niño (emocionalmente niña) a mujer. También el sufrimiento de llegar a convertirse en bailarina con un cuerpo que empezó tarde a conseguir la flexibilidad y tolerar los rigores y exigencias de la danza.

Hay que destacar la capacidad del actor para transmitir un sentimiento de obstinación e intolerancia, alimentado por la impulsividad ciega, propia de la adolescencia, que es la que provoca un final de la historia tan agresivo y auto lesionador.

A través del espejo, en la barra de ballet y también en el baño, Víctor/Lara “observa continuamente su reflejo”: el del cuerpo que aborrece y que quiere transformar. Esto provoca un sufrimiento y sabe que resolver esta situación le comportará un sacrificio importante que también irá acompañado de sufrimiento.

El director se expande en el entrenamiento y doblegamiento de su cuerpo para hacerlo flexible, sufriendo, no solo dolor psíquico, sino auto maltrato físico, como una manera de castigar el cuerpo que se rechaza y, a la vez, conseguir el que se desea. Con el desenlace final de la película, simbolizado con la autolesión del protagonista, expresa las complicadas emociones por las que éste debe transitar, incluyendo en el relato las ideas suicidas que pueden asaltar en algunos momentos de soledad y desesperación.

La danza clásica es también un símbolo: poder sentir el control del propio cuerpo, doblegándolo más allá de los límites para conseguir verse como se siente, para expresar emociones y pensamientos sobrepasando barreras físicas y sociales.

El final representaría el corte, la escisión entre el que era y el que quiere ser, como una manera de gritar que no se puede convivir con las dos identidades de género y sexuales a la vez.

Que la película se aleje de la reivindicación social del colectivo transexual, deja el camino llano para conectar con el sufrimiento del mundo interno del protagonista y lo hace de una manera tan íntima como silenciosa, de modo que facilita al espectador pensar despacio y empatizar con naturalidad con el sufrimiento físico y psíquico de Víctor/Lara, desde el primer momento. Facilita al espectador que también él transicione a un cambio de ideas sobre este debate trans, tan presente en la actualidad.

La personalidad del/de la protagonista es exigente, disciplinada, tenaz, controladora, perfeccionista, introvertida y con cierta adecuación al entorno social. Es tierna con el hermano, hermética y distante con el padre, a pesar de que es capaz de mantener una buena relación, aunque evita mostrarle su sufrimiento ocultando para sí todo el dolor del proceso. Cuando está a solas busca en el espejo su imagen sin genitales masculinos, tratando de tapárselos, imaginando cómo se vería tras la cirugía. Esto ya comporta una primera agresión a sus genitales, cuando los doblega de una manera extremadamente dolorosa, constriñéndolos con esparadrapo para que no se puedan intuir bajo las apretadas mallas de baile.

Como la historia empieza sin preámbulos ni detalles previos, no sabemos nada de la biografía de Víctor/Lara para comprender cómo y cuándo empezó su contrariedad de ser físicamente varón; no sabemos tampoco si hay algo que le ha hecho desear ser mujer u odiar su físico y desear cambiarlo con tanto sacrificio y dolor. Dolor que, tal vez, podría ser el aspecto de goce/satisfacción de la protagonista, acorde con su personalidad.

Su deseo de género se pone de manifiesto de una forma muy clara en la manera como cuida de su hermano pequeño, mostrando una gestualidad más propia del instinto materno.

La ausencia manifiesta de deseo sexual, intencionada o no por parte del autor, plantea cuestiones de difícil resolución. Lara quiere ser mujer y le recuerda a su padre ―y al espectador― que necesariamente no implica que tenga que sentir inclinación al sexo masculino ya que puede desear sexualmente a una mujer. Sin embargo, en la película no aparece el “deseo del otro”, solo la determinación de verse en un cuerpo femenino. Hay una secuencia puntual donde la protagonista mantiene una relación sexual con un chico (una felación) en la que lo que prima no es la satisfacción sexual sino el crispamiento de que se desvele su verdadera naturaleza sexual, por lo que acabará huyendo. Solo parece evidente un deseo: el cambio de su propio sexo y la visión de su silueta estilizada de bailarina.

No sabemos qué impulsa la transexualidad. Plantea de entrada una identidad sexual que se enfrenta a la identidad binaria. No nos resulta fácil entenderla porque a pesar de los más de cien años desde que Freud trató de hacer la sexualidad menos enigmática, mantiene áreas oscuras y complejas. También toca aspectos de la identidad del ser, con todo lo que supone de poder contactar con uno mismo y sentirse conectado con el mundo circundante.

Para Freud, el ser humano parte de la bisexualidad (en parte ligado a la anatomía biológica). En Análisis terminable e interminable (1937) dice que la bisexualidad influencia tanto la identidad sexual como la elección de objeto y remarca que la fluidez de la propia bisexualidad es el distintivo de los procesos identificatorios.

Aunque muchos sucesores de Freud abandonan la idea de bisexualidad a favor de una identidad sexual unívoca, que se considera innata, Klein (1928) propuso un concepto de bisexualidad más psicológico basándose en los procesos de identificación primaria con los dos sexos, representados por el padre y la madre.

El término de género lo introdujo Money (1955) y fue con Stoller (1968) que forjaron el término de identidad nuclear de género, integrando de esta manera el término a la reflexión psicoanalítica. Propuso la distinción de identidad de sexo e identidad de género. Desde entonces se ha ido evolucionando teóricamente y podemos decir que mayoritariamente se parte del planteamiento de la bisexualidad psíquica.

El actual aumento del interés por la identidad sexogenérica también podemos interpretarlo como la expresión de las transformaciones sociales actuales y de cómo influye en determinados individuos de esta sociedad. No es fácil adaptarnos a los cambios que estamos viviendo debido, en gran medida, a la velocidad en que se producen, que no deja el espacio y el tiempo necesario para llevar a cabo una reflexión adecuada. El aumento de casuística es tan importante en las últimas décadas que es fácil caer en la tentación de pensar si no se está hablando de otra cosa. Como, por ejemplo, el “traslado” de la revolución social a las identidades, trans-formando los límites de la biología. Como psicoanalistas nos interesa comprender estos cambios, tanto a nivel social como individual, a pesar de no tener todavía una experiencia suficientemente amplia en nuestras consultas de psicoanálisis y psicoterapia. De hecho, vamos detrás de los cambios y debe ser así: necesitamos un tiempo para que se despliegue la transferencia y así poder entender lo que está sucediendo, tanto individual como socialmente.

Los cambios sociales que propician vivir de manera diferente la intimidad y la sexualidad hacen que, de acuerdo con la modernidad líquida de la que nos habla Bauman (2004), donde había una sociedad rígida ahora tengamos una totalmente flexible y maleable. Una sociedad a la que, repito, tenemos dificultades para adaptarnos debido a la velocidad con la que se producen los cambios. No hay límites claros y prevalece la idea de que se puede ser o tener todo, muy propio de una sociedad de derechos.

Tanto los cambios sociales como las historias individuales a las que nos acerca el arte, la literatura y el cine, nos abren caminos para pensar en la posibilidad de ampliar mentalidades hacia las nuevas formas de entender la sexualidad, desligada de los estereotipos marcados por la anatomía.

Aunque últimamente hay un movimiento intelectual que aboga por vivir tal y como uno se sienta en cuestión de género, sin pasar por la reasignación sexual, la mayoría inicia el tránsito con tratamiento hormonal y quirúrgico. Algunos lo hacen por imposición social (definirse en uno u otro sexo para tener derechos legales, laborales, y/o aceptación grupal); otros por deseo personal (rechazo del propio cuerpo); y hay quien, sin rechazarse, no soporta sentirse de una manera que no concuerda con su físico. Cabe mencionar a Soraya, transexual con reasignación de sexo que dice: “como la mente no se puede operar optamos por reasignar un sexo que vaya a favor de lo que piensas” (Sickler y Santini, 2014).

En este proceso social de cambio, los niños pueden quedar en una situación vulnerable, sin protección. Rompiendo límites ―más veces de las deseadas― se puede romper el proceso natural de la evolución de la infancia con el peligro de llegar a situaciones irreversibles. Así, tomar como real el deseo de cambio de sexo en un niño/a de dos o tres años es de una inconsciencia peligrosa. El niño juega a ser de otro sexo, como puede jugar a ser un personaje de ficción. A veces lúdicamente, a veces por conflictos emocionales.

El caso de Colin que Susan Coates (2009) describe en Identity, gender and sexuality es un claro ejemplo de cómo por conflictos emocionales vividos dentro de la familia, un niño de dos años y medio puede anularse para ser otro: el que él cree que le gustaría a su madre. A raíz de una pérdida forzada de la gestación de una niña, la mamá de Colin pierde interés por él y elucubra fantasías de lo que hubiera vivido con la niña, y de los juguetes y vestidos que le hubiera encantado comprarle. La historia analítica que nos narra S. Coates muestra cómo es necesario no pararse en los aspectos fenomenológicos, sino que se debe explorar el mundo interno y las fantasías inconscientes para acceder a las vicisitudes de los procesos de identificación.

Tampoco la latencia sería buena etapa para decidir un cambio de género y/o sexo. Es necesario transitar por la latencia en intimidad y “retiro con uno mismo” para poder elaborar, en la fantasía, las estructuras que permitan llegar a una saludable psicosexualidad. Si “actuamos” los ensueños, quimeras, ilusiones del latente, no dejándole lugar para la fantasía y el juego, eso tendrá un efecto destructivo, abocándolo a confundir fácilmente la realidad con la fantasía.

El adolescente, como en el caso de la película que comentamos, se encuentra entre la ambivalencia propia de la edad, el apremio hormonal que le invade y la decisión de algo tan complejo como la detención del desarrollo normal de su cuerpo para verse y sentirse como su sentimiento de identidad le reclama. Son dos tránsitos a la vez: por un lado, de niño a adulto y por otro de un sexo a otro. Es un arduo camino, una difícil lucha personal que solo el insufrible dolor que debe producir sentirse inadecuado e irreconocible en su propio cuerpo, permite entender la magnitud del conflicto al que se ven sometidos.

Curiosamente, escritores trans y queer[2] han hecho críticas muy negativas sobre la película, relacionadas con la visión del sacrificio corporal: “Es una película sangrienta, obsesionada con los cuerpos trans”. “Es un porno transtraumático”. “La película quiere humillar a Lara en lugar de ensalzar su lucha” (Matew Rodríguez en la revista Into).

La transfeminista Cathy Brennan escribió en la web del Instituto de Cine Británico: “La cámara de Dhont reside en la entrepierna de la adolescente Lara con una inquietante fascinación durante todo el tiempo de ejecución”. Respecto al final de la película, en la que la protagonista mutila su pene, Brennan escribió: “La representación de Dhont de la disforia de género está tan centrada en los genitales que él no ofrece información sobre las facetas psicológicas de las niñas trans. Reducirla a este único acto de automutilación es la barbarie cinematográfica«. 

En The Hollywood Reporter, Oliver Whitney, quien se identifica como trans masculino, describe a Girl como “la película más peligrosa sobre un personaje trans en años”. Escribe que “los genitales de Lara, tienen una exagerada presencia en toda la película. Lo que podría haber sido una exploración cuidadosa de una parte difícil de la vida cotidiana de una niña trans, usa su cuerpo como un sitio de trauma, invitando a la audiencia a reaccionar con disgusto. […] El director no muestra interés en comprender sus luchas internas”. Whitney identificó la representación de la terapia de reemplazo hormonal (TRH) como el mayor problema de la película, y escribió que “envía el mensaje falso de que la TRH causará más agonía a una persona trans”. Considera que es una película irresponsable y hace una llamada para la inclusión de más personas transgénero en la industria cinematográfica.

Tre’vell Anderson, de la revista Out , condenó la descripción de la automutilación y la falta de “participación sustantiva de las voces trans”. La película también recibió críticas de la comunidad trans en Bélgica y Francia. Encontraron que se fijaba en aspectos físicos ―especialmente genitales― de la transición, cuando, según Camille Pier, otros factores como las complicaciones administrativas, el medio ambiente, el respeto a los derechos humanos y la infancia no se han tenido en cuenta en el film.

El investigador Héloïse Guimin-Fati describió la película como “centrada en cis[3] y «“terriblemente masculina”. Dijo que “el personaje de Lara se convirtió en un objeto cuando debería haber sido el tema de la película”. También señalaron que se hacía énfasis en el sufrimiento y aislamiento de la protagonista y no tenían en cuenta que ella no buscara ayuda de la comunidad trans a pesar de tener un padre solidario y vivir en la Bélgica moderna. Eso “es incongruente y perpetua los estereotipos.

Londé Ngosso, director de la organización belga Genres Pluriels opinó: No han tenido en cuenta la realidad del país, las redes sociales, el compromiso de los jóvenes, todo el trabajo que hemos realizado durante once años. Nos hace invisibles en lugar de adelantarnos”.

Estas críticas negativas de una parte del colectivo transexual delatan que la problemática está entrelazada con diferentes aspectos: psicológicos, emocionales, sexuales y de entorno social. Ello significa que solo estamos en el inicio del camino para la comprensión profunda. Y que el ser humano (con o sin su sexualidad) mantiene enigmas impenetrables. Nos queda saber convivir respetuosamente con éstos.
 

Referencias bibliográficas

Bauman, Z. (2004), Modernidad líquida, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Fonagy, P. et al. (2009), Identity, gender and sexuality, Londres, Karnak, pp. 121-131.

Freud, S. (1905), “Tres ensayos de teoría sexual”,en Obras completas, vol. VII, Amorrortu, 1976.

Freud, S. (1937), “Análisi terminable e interminable” en Obras completas,vol. XXIII, Amorrortu, 1976.

Klein, M. (1928), “Estadios tempranos del conflicto edípico”,en  Obras completas, vol. I, Barcelona, Paidos, 1975.

Sicklers, D. y Santini, A. (2014), Documental Mala Mala, Puerto Rico.

Stoller, R. (1968), Sex and gender,New York, Science House.
 

Palabras clave: transgénero, transexualidad
 

Marta Areny i Cirilo
Psicóloga clínica,
Psicoanalista SEP-IPA,
martareny@gmail.com
 

[1]Ficha Técnica:Título: Girl.Año: 2018. Duración: 100 min. País: Bélgica. Dirección: Lukas Dhont. Guión: Lukas Dhont, Angelo Tijssens. Música: Valentín Hadjadj. Fotografía: Frank van den Eeden. Reparto: Victor Polster, Arieh Worthalter, Valentin Dhaenens, Oliver Bodart, Tijmens Govaerts. Productora: Menuet bvba/ Frakas Productions/ Topkapi Films. Género: Drama,transexualidad, baile, ballet. Sinopsis: Lara es una chica de quince años, que nació siendo niño y sueña con convertirse en bailarina.

[2] Queer: término del inglés que se utiliza para designar las personas que no se identifican con los modelos binarios hombre-mujer.

[3]Cis: abreviación de cisgénero.Hace referencia a los individuos cuya identidad de género coincide con el sexo que se les asignó al nacer.

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/05/girl/feed/ 0
EDVARD MUNCH http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/04/edvard-munch/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/04/edvard-munch/#respond Mon, 04 Feb 2019 10:53:51 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20192 Descargar el artículo
 

Edvard Munch, Autoretrato entre el reloj y la cama, 1943.

“Mi miedo a la vida es necesario para mí como es mi enfermedad. Sin ansiedad y enfermedad soy un barco sin timón. Mi sufrimiento es parte de mí mismo y de mi arte. Son indistinguibles de mí y su destrucción, es destruir mi arte”.

Esta cita de Edvard Munch extraída de sus notas biográficas describe como su amplio legado artístico está íntimamente entrelazado a su biografía. El arte de Munch es una biografía visual donde se refleja tanto el hombre como el artista. La amplia producción creativa de Munch indagando en la pintura, xilografía, dibujos, fotografía, poesía, y aforismos dan cuenta de la necesidad desesperada de comunicar la incesante elaboración de las tragedias vividas en su infancia y que le definen. Reelabora constantemente un repertorio de motivos relativamente limitados a través de seis décadas. En conversación con su médico y amigo K.E. Schreiner, le dice: “Mi arte dio sentido a mi vida”.

Su vida está marcada por pérdidas significativas. Nace en 1863 en un pueblo, Loten, cerca de Oslo.  A los cinco años muere su madre de tuberculosis  quedándose el padre a cargo de la familia formada por tres hijas y dos hijos. El padre, cuya frágil salud mental se acentúa ante esta pérdida, incrementa su depresión manifestada por un extremo autoritarismo, rigidez moral y delirios religiosos. Años después muere también por tuberculosis su hermana, con quien Munch había establecido un fuerte vínculo emocional debido a la ausencia de la madre.

“Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles que rondaron mi cuna”. Esta otra cita de sus notas describe como estos hechos marcan su vida.

Siguiendo las presiones paternas entra a estudiar una carrera técnica que rápidamente abandona para entregarse a la expresión plástica en sus diferentes modalidades.  Entre 1892 y 1908 vive entre París y Berlín. En su periodo francés es influenciado por pintores impresionistas como Monet, Manet y por los postimpresionistas Van Gogh, Cézanne, Gauguin.

Berlín, a principios del siglo XX, es un centro de intensa actividad intelectual y artística, por lo que se instala allí durante unos años, atraído por este ambiente de cuestionamiento de los valores morales de la época, de la insistencia en la subjetividad y el reconocimiento de la vida subconsciente. En 1892 realiza su primera exposición, que resulta un fracaso, pero esto es justamente lo que moviliza el debate sobre su obra en los círculos artísticos de la época.

En esos años su técnica y el uso del color cambian. Ya no son colores fríos y sombríos. Su paleta se amplía a colores cálidos. Esta evidencia nos permite deducir unos años de un estado emocional diferente pero que se quiebra en 1908. Ese año se desencadena una gran crisis emocional que lo lleva a internarse en una clínica psiquiátrica en Copenhagen. En una carta a Karen Brolstad le dice: “Aquí la cura está en plena marcha, me someto a electrochoques, masajes y baños cada día… El doctor dice que me falta electricidad…”. Hacia el final de su estancia, en 1909, escribe: “He entrado en la orden: no toques nada, cigarros sin nicotina, bebidas sin alcohol, mujeres sin veneno (ya sean solteras o casadas), así que me encontrarás como un tío aburrido”.

Al salir de ese centro vuelve a Noruega, donde se instala en una granja a las afueras de Oslo hasta su muerte, que ocurre en 1944.

Munch describe su arte como una confesión que le ayuda a esclarecer su relación con el mundo esperando que al espectador le impacte de la misma manera. Su prolífica obra nace como una perentoria necesidad de mantener un vínculo con el mundo externo, que le permita elaborar las complejas circunstancias de su vida.  Estuvo activo más de sesenta años, valiéndose de diferentes expresiones artísticas tales como la pintura, la xilografía, la fotografía, escribiendo poesías y aforismos.

Los críticos y teóricos de Munch no encuentran un punto de convergencia para encuadrar el conjunto de su obra en un determinado estilo. Algunos críticos la consideran dentro del movimiento del Simbolismo de finales del siglo XIX y que fue inspiradora del expresionismo alemán, el cual se desarrollará a principios del siglo XX. Este movimiento encuentra en Munch el talento para reflejar el clima de escepticismo que vive Centro Europa, previo a las guerras mundiales de la primera mitad del siglo pasado. Hay una necesidad perentoria en todos los ámbitos de la cultura de expresar la visión subjetiva del artista sobre la soledad, la muerte, la enfermedad, el dolor, el amor. Y este es su interés: “El arte surge como una necesidad de compartir con el otro y todos los medios son válidos”. Tanto la temática que desarrolla como el uso del color son el reflejo de su subjetividad. En lo referente a su técnica, se caracteriza por pinceladas largas y libres de colores turbios. En cambio, deja colores puros allí donde debía transmitir una carga emocional.

En cuanto a la temática está casi exclusivamente relacionada con los conflictos del ser humano donde cada uno fácilmente se puede reconocer. Para Munch, el pintor no es un traductor objetivo de lo que observa, sino que ha de dar cuenta del impacto que deja una escena vivida filtrada por la propia sensibilidad. Lo sintetizó magistralmente en este comentario: “No pinto lo que veo sino lo que vi”. Solo pintó lo que vivió y experimentó. Se ciñe a la experiencia concreta “como si fuera un naturalista del interior psíquico”, en la opinión de P. Schjeldahl.

Quizás por esta razón su obra interpela con fuerza al espectador donde cada uno puede verse reflejado. Su obra refleja tanto al hombre como al artista describiendo esencialmente la vida emocional. Es la historia de los problemas humanos devastados por el sufrimiento de la vida. Tanto la temática como el uso de los colores transmiten su mundo interno con un entendimiento melancólico que seduce. Él descubrió la vida de la psique a la pintura. Su destino personal, el dolor que experimentó, las dudas con que tuvo que luchar marcaron su producción artística.

Autorretrato entre el reloj y la cama es la última obra de Munch, realizada un año antes de su muerte. En ella, resume su vida pintándose a sí mismo. Hay una sola figura humana ocupando el centro que mira al espectador a contraluz con expresión triste, hombros caídos, rodillas flexionadas. A su izquierda y en primer plano una cama, y en el lado opuesto un reloj sin manecillas. Al fondo, un estudio que se intuye repleto de cuadros o libros.

Hay tres planos bien diferenciados por el uso del color. El estudio a las espaldas del personaje central es de un amarillo luminoso, un segundo plano que destaca la figura humana y el reloj, para la que utiliza colores fríos, predominantemente el azul. Y finalmente la cama, en un primer plano, pintada con pinceladas largas y ligeras con colores vivos. Un tratamiento de técnica y color muy diferente a los otros elementos de este cuadro,  que produce en el espectador un impacto visual inquietante.

Sin duda, es una obra que destaca por el simbolismo, mediatizado por el tema y los colores. Sugiere al hombre haciendo frente a su incontestable destino, dejando atrás su estudio lleno de sus obras. El reloj sin manecillas que ya no marca las horas. Su tiempo se ha acabado. La cama en el primer plano como el reposo final. La potencia de este primer plano, que atrae la atención del espectador, representa de manera ineludible los límites de la vida humana. En sus notas biográficas escribe: “La muerte la padecemos con el nacimiento ―nos queda la más extraña experiencia: el verdadero nacimiento que se llama la muerte― ¿nacimiento a qué?”.
 

Edvard Munch, La danza de la vida, 1900.

Su inagotable interés en mostrar las vicisitudes del hombre lo lleva a crear un ciclo temático El friso de la vida, en el cual La danza de la vida (1899-1900) es considerada como la pieza central de este ciclo de veintidós obras. Es una antología visual de los estados del alma del hombre; un conjunto de pinturas y litografías, que juntas, representan la esencia de la vida: el conflicto entre sexos, la muerte, la enfermedad. Él mismo comentaba que, así como Leonardo da Vinci ha estudiado el cuerpo humano disecando cadáveres, él buscaba disecar el alma.

En esta obra hay una pareja de enamorados en el centro, ensimismados en un color rojo intenso, que da cuenta de la intensidad del abrazo de los enamorados. A la derecha, una joven pintada de blanco sonriente que se dirige a unas flores y al otro extremo una mujer madura, encogida con las manos juntas, pintadas en colores fríos y  con expresión amarga.

En un primer momento la temática nos remite al ciclo de vida de la mujer: la juventud, la danza y el abrazo a la pareja como expresión del deseo y fertilidad y la melancolía de la edad madura y de los amores perdidos. Cada una de las figuras expresan las emociones que se asocian a las etapas del ser humano, desde la adolescencia, al desencanto de la edad y la soledad. Esta obra también refleja la metáfora del devenir de la vida y sus momentos.

En sus notas biográficas escritas de manera directa y muy sincera define así su obra:

“Mi arte es una confesión, busco en él esclarecer mi relación con el mundo, por tanto, es una especie de egoísmo. Mas, a la vez, he pensado y sentido siempre que mi arte podría también esclarecer a otras personas en su búsqueda de la verdad”.

Referencias Bibliográficas

Bischoff, U. (2000), Munch 1863-1944. Cuadros sobre la vida y la muerte, Madrid, Benedikt Taschen Verlag.

Loshack, D. (1991), Munch, Madrid, Ed. Libsa.
 

Palabras clave: Edvard Munch, simbolismo, subjetividad y arte, La danza de la vida, Autoretrato entre el reloj y la cama.
 

Eileen Wieland
Psicóloga clínica,
Psicoanalista SEP-IPA,
eileen.wieland@gmail.com

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/02/04/edvard-munch/feed/ 0
BLAU ARGILA http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/01/30/blau-argila/ http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/01/30/blau-argila/#respond Wed, 30 Jan 2019 18:18:46 +0000 http://www.temasdepsicoanalisis.org/?p=20011 Descargar el artículo
 

Alexandre Tornabell (2017), El blau que ens aixopluga, gouache.


 

Introducción

En este artículo, les ofrecemos algunos poemas del libro Blau argila (Esperança Castell, 2018), traducidos para los lectores de la revista TEMAS DE PSICOANÁLISIS.

Cada poema tiene sentido por sí mismo. Sin embargo, hay algunas ideas que los cohesionan y vertebran, constituyendo un hilo conductor que cristaliza en el título Blau argila, Azul arcilla. Antes de ofrecerlos, intentaré explicar algunas de las ideas constitutivas de la atmosfera, del trasfondo en el que los escribí, lo cual no impide que el lector los desee leer primero, sin ninguna mediación.
 

Arcilla

Tuve la oportunidad de leer el diario espiritual de un molinero (Josep Prat i Roca, 1987) nacido a principios del siglo veinte, que después de su paseo matinal, escribía frases como éstas: “Hoy no tengo palabras, mi arcilla no está preparada”, “Si vos, Señor, no amasáis ahora mi arcilla, desaparecerá mi esperanza”.

La arcilla, el cuerpo, es un escenario donde se expresa la humanidad. La arcilla se puede amasar, mezclar, palpar, modelar. Con la poesía, intentamos amasarla para dar forma a una emoción que fluye, un pensamiento que se intuye, imágenes, palabras que nos dicen o nos representan. Se trata de dar forma a aquello que nos importa como humanos. Los robots, tan en boga actualmente, no vivirán por nosotros.

Pensar la condición humana es, como dice J.M. Esquirol (2018), dirigir la mirada y la escucha hacia las formas sencillas. Vivimos en una época en la que cuenta ser capaces de dirigir la atención hacia el sonido de los hilos del agua que caen cuando llueve, hacia el olor de la tierra mojada. Y necesitamos pensar, con nuestro sentir intuitivo, la información que aporta nuestra sensibilidad (R. Caper, 2009). Necesitamos decir y escuchar palabras que sean verdaderas para nutrir nuestra mente individual y colectivamente.

En este punto, quisiera hablarles de otro punto de partida que llevó a concretar el título del libro. Ocurrió después de leer el libro de Marina Garcés (2015), Filosofía inacabada. En él se habla de la sociedad actual como de una sociedad “póstuma” en la que el tiempo aparece fragmentado, habiéndose roto una línea evolutiva en la que ingenuamente suponíamos que el progreso siempre seria continuado. En vez de esto, vivimos socialmente en lo que parece una calle sin salida, la mayoría de la población se empobrece, la marginación aumenta y las diferencias son rechazadas. Frente a esta situación, nos sentimos llamados al sometimiento, a la impotencia y a una dinámica defensiva individualista del “sálvese quien pueda”. La filósofa hace una llamada a los escritores, los científicos, la gente del barrio, educadores, pintores, a los poetas, para invitarlos a hacer un relato que nos ayude a superar esta idea de impotencia y de las mentiras impuestas.

Se trata de no creernos que no hay nada que hacer. Entre todos necesitamos trabajar cada día para poner límite a los que intentan pisar nuestra dignidad. Condició pòstuma es uno de los poemas que habla de esta crisis social.

Como psicoanalistas y psicoterapeutas, sabemos que toda transformación, toda revolución, empieza por comprender nuestra condición humana. Comença l’hivern es un poema que habla de la dificultad que a veces  esto comporta. Y el penúltimo poema, Ocell, representa la esperanza en un devenir donde nos comuniquemos con palabras verdaderas que abran espacios en vez de cerrarlos, que nos ayuden a respirar en vez de oprimirnos.
 

Azul

Conforme avanzamos en la lectura del libro, la arcilla y el azul se mezclan. Es la arcilla la que es azul y visibilizamos el azul en la arcilla.

La poesía ayuda a mejorar nuestra capacidad para ser receptivos. El azul representa la dimensión espiritual, que no es únicamente contemplativa, sino que es un camino de vida a través del cual tomar consciencia de nosotros mismos y reconocer nuestro lugar en el mundo. Los neurólogos que estudian el cerebro espiritual, afirman que todos los seres humanos somos capaces de generar espiritualidad, tenga que ver, o no, con la religión. La poesía de Blau argila busca también expresarla. Me gusta pensar que los poemas traducidos de la segunda parte del libro Deixa que ens diguin, Balanç, Massa coses, invitan a reflexionar sobre ello.

Por último, quisiera recordar lo que dice Octavio Paz (citado por F. Aguilar, 2015). Emplea el concepto de “otredad” para referirse a aquel “otro” que está dentro de nosotros. Este “otro yo” no es convencional, no se deja capturar y va más allá de las metáforas. No lo conocemos, pero no es una anomalía sino la fuente de donde mana el “yo” consciente. Naturalmente, como psicoanalistas, tenderíamos a identificarlo como inconsciente. También recuerda la definición de inconsciente de Matte Blanco (1998), señalando su característica atemporal.

Cuando Paz define al “yo” no convencional, dice de él que es un reflejo de un tiempo que se escapa i que a la vez está en todo tiempo. Se trata de una voz que tiene mil años y tiene nuestra edad. Es nuestro abuelo, nuestro hermano y nuestro nieto. El poeta y el lector de poesía, escuchan esa voz. Por ello quizá he dedicado el libro a mis abuelas y a mis nietas. Blau argila bebe de este entramado invisible y visible, antiguo y moderno, individual y colectivo, de barro y de cielo, imaginando que seremos un poco más felices si podemos encontrar un sentido a nuestra vida.
 

Poemas

Antes de pasar a los poemas, quisiera hacer constar un sentido agradecimiento al traductor, Carlos Díez Reinoso, amigo y poeta, con quien he pasado una deliciosa tarde de verano dedicada a perfilar algunas palabras que, a nuestro juicio, les podrían hacer llegar una versión más cercana de los poemas.

Quisiera asimismo agradecer a los editores de TEMAS DE PSICOANÁLISIS, la oportunidad que me ofrecen para encontrarnos de nuevo con los lectores, a través de la poesía.
 

Condició pòstuma
A la Marina Garcés

En un cel transparent, l’ocell tremola

al pas de l’àguila.
S’endinsa en les ombres del boscatge
amb la promesa d’un futur millor.

De sobte, una tempesta imprevista
ens estremeix.
Una força secular destrueix el bosc
i ens fa fermar les finestres.
Els arbres, impotents, jeuen a terra.
La desolació dibuixa pel seu compte
la geografia de l’abisme;
s’esquinça el fil
d’un temps sense límits.
Les ànimes s’agiten,
ens empassem la terra cremada,
la llum de l’alba i de la posta.

Un ocell s’acosta dignament al bassal
i en beu un poema inacabat.
 

Condición póstuma

En un cielo transparente, tiembla el pájaro
al paso del águila.
Se adentra en la espesura del ramaje
con la esperanza de un futuro mejor.

De pronto, una tempestad imprevista
nos sobrecoge.
Una fuerza secular destruye el bosque
y, temerosos, cerramos las ventanas.
Los árboles, impotentes, yacen en tierra.
La desolación dibuja por sí misma
la geografía del abismo:
se quiebra el hilo
de un tiempo ilimitado.
Las almas se inquietan,
engullimos la tierra quemada,
la luz del alba y el crepúsculo.

Un pájaro se acerca con dignidad al aguazal
y bebe un poema inacabado.
 

Comença l’hivern

L’hivern ja comença,
les branques, nues.
Les fulles vençudes s’apilen
com els cadàvers a la platja.
El fred ens ha congelat els sentits,
víctimes d’una guerra perduda.
 

Comienza el invierno

Comienza el invierno,
ramas desnudas.
Se amontonan hojas vencidas
como cadáveres en la playa.
El frío nos ha congelado los sentidos,
víctimas de una guerra perdida.
 

Ocell                                                

Si fos l’ocell de l’ombra clara,
portaria al bec una ploma
per escriure els noms
de la nit que ens sotja.

Si fos l’ocell de l’ombra clara,
retrobaria els déus amics
en els clarobscurs de la memòria.

Si fos l’ocell de l’ombra clara,
beuríem junts sense defallir
el nèctar ardent de cada albada.
 

Pájaro

Si fuese pájaro de sombra clara,
llevaría en el pico una pluma
para escribir los nombres
de la noche que nos acecha.

Si fuese pájaro de sombra clara,
recuperaría los dioses amigos
en los claroscuros de la memoria.

Si fuese pájaro de sombra clara,
beberíamos juntos sin desfallecer
el néctar ardiente de cada aurora.
 

Deixa que ens diguin

Deixa que ens diguin
les hores viscudes,
deixa que ens corprengui
la veu silenciada.
 

Deja que nos digan

Deja que nos digan
las horas vividas,
deja que nos cautive
la voz silenciada.
 

Balanç

Ser, alhora, terra assedegada
i humitat que fecunda.
Ser el detergent
i la taca de la camisola.
L’imant que no s’enganxa.

Ja m’hi he deixat la pell,
no m’hi vull deixar l’ànima.
 

Balance

Ser, a un tiempo, tierra sedienta
y humedad fecunda.
Ser el detergente
y la mancha de la camisa.
Ser imán que no retiene.

Ja me he dejado la piel,
no quiero dejarme el alma.
 

Massa coses                      

Necessito massa coses per viure:
la terrassa farcida de plantes,
la taula del despatx atapeïda de llibres,
la cuina plena d’estris que no faig servir.
Desocupar l’espaï? No se si en sabré.

Buidar la terrassa, els calaixos, la taula,
desconnectar l’iphone.
Fer un lloc al silenci, habitar l’ombra.
Oblidar l’ànsia, el goig, la tristesa.
Desprendre’s de records, de papers.

Ser branca del cedre sense tremolar de fred,
transparència del vidre,
ingravidesa de l’aire,
instant viscut.

Tornar al temps de cada dia,
tornar al batec del poema.
 

Demasiadas cosas

Necesito demasiadas cosas para vivir:
la terraza colmada de plantas,
la mesa del despacho atestada de libros,
la cocina llena de enseres que no utilizo.
¿Desocupar el espacio? No sé si sabré.

Vaciar la terraza, los cajones, la mesa,
desconectar el iphone.
Hacerle un lugar al silencio, habitar la sombra.
Olvidar el ansia, el goce, la tristeza.
Desprenderse de recuerdos, de papeles.

Ser rama de cedro sin temblar de frío,
transparencia del cristal,
ingravidez del aire,
instante vivido.

Volver al tiempo de cada día,
volver al latido del poema.
 

Referencias bibliográficas

Caper, R. (2009), Construir en la foscor. Teoria i observació en ciència i en psicoanàlisi, Barcelona, Monografies de Psicoteràpia, Psicoanàlisi i Salut Mental (2017).

Esquirol, J.M. (2018), La penúltima bondat: Assaig sobre la vida humana, Barcelona, Quaderns crema.

Garcés, M. (2015), Filosofia inacabada, Galaxia Gutemberg.

Prat i Roca, J. (1987), Amb el canelobre encès, Gráficas Lumen.
 

Palabras clave: poesía, condición humana, arcilla, azul, espiritualidad.
 

Esperança Castell Rodriguez
Psicoanalista y poeta.

]]>
http://www.temasdepsicoanalisis.org/2019/01/30/blau-argila/feed/ 0