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Las experiencias terapéuticas en el proceso psicoanalítico
Joan Coderch, Neri Daurella, Ángeles Codosero, Alejandra Plaza y Teresa Sunyé
Ágora Relacional,  2019

 

Joan Coderch es Doctor en Medicina, psiquiatra y psicoanalista didacta de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP) de la que ha sido presidente. Su trayectoria abarca un largo y reconocido recorrido dedicado a la clínica, la docencia y la supervisión, tanto en el ámbito privado como en el sector público. Ha sido docente en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (UB), en la Fundación Vidal y Barraquer, en la SEP, en el  Instituto de Psicoterapia Relacional (IPR), etc.

También es autor de numerosas obras y artículos que nos han permitido seguir la evolución de su pensamiento. Desde el que fue su primer clásico Psiquiatría dinámica (1975), ha escrito diversos libros sobre teoría y técnica psicoanalítica durante las décadas de los 80 y 90 y, Pluralidad y diálogo en psicoanálisis (2006), publicados por Herder. A partir de 2010 comienza una nueva etapa dedicada al psicoanálisis relacional, sus escritos de este período han sido editados por Ágora Relacional.

Neri Daurella es Psicóloga clínica, psicoanalista, miembro de la SEP y de la IARPP (Asociación Internacional para la psicoterapia y el psicoanálisis relacional). Es autora del libro Falla básica y relación terapéutica. La aportación de Michael Balint en la concepción relacional del psicoanálisis (2013).

Es profesora y supervisora del Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Ramon Llull y co-coordinadora con Joan Coderch del seminario que se imparte en la SEP sobre La relación paciente-terapeuta: interacción y cambio.

Ángeles Codosero es Psicóloga clínica, miembro de la Asociación Catalana de Psicoterapia Psicoanalítica (ACPP). Directora del Centro Diagonal de Psicología Clínica y Psicoterapia desde 1993. Ha colaborado en los dos últimos en los libros de Joan Coderch Realidad, interacción y cambio psíquico (2012) y Avances en Psicoanálisis relacional (2014).

Alejandra Plaza Espinosa (Ciudad de México) es Doctora en Investigación Psicoanalítica por el Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS). Miembro de la IARPP y fundadora del Capítulo Mexicano de la misma asociación. Autora junto con Joan Coderch de Emoción y Relaciones Humanas y coautora de Las Experiencias Terapéuticas en el Proceso Psicoanalítico, del que Joan Coderch es coordinador.

Teresa Sunyé es Psicóloga clínica, psicoterapeuta, Miembro del Instituto de Psicoterapia Relacional (IPR), Diplomada en Estudios Avanzados en Filosofía Contemporánea por la UB. Formación doctoral sobre la temática de la imagen. Directora del Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia en Terrassa, donde organiza los ciclos de conferencias Espai de la Paraula desde 1997.

Todos ellos son coautores de este libro del que quisiera describir la impresión que me ha causado, y también algunas reflexiones. Como asidua lectora de los  trabajos de Joan Coderch he de resaltar que este libro me ha provocado la clara impresión de que en él se expresaba la conclusión de las ideas que se habían ido desarrollando en los cuatro libros precedentes, todos ellos centrados en el psicoanálisis relacional. Es como si Coderch y sus coautoras nos enunciasen que, después de lo que se ha dicho en los cuatro libros anteriores, queda claro que lo que produce una modificación positiva en la mente de los pacientes son las experiencias que viven en la relación interpersonal e interactiva con el analista. Los autores quieren diferenciar con este término que en el psicoanálisis relacional hay una interacción entre la realidad de las personas, el paciente y el analista, no con los objetos internos proyectados en el analista como se plantea en otras vertientes del psicoanálisis.

Otro aspecto a comentar es que en todos los capítulos y en especial en los  de Coderch, se resalta el hecho de que todos los conceptos y teorías que aparecen en el texto se encuentran validadas empíricamente por las neurociencias. Sorprende que la orientación humanista del libro se sostiene sobre las ciencias “duras” como la biología o la neurociencia. Desde este enfoque se hace énfasis en la sintonización  psicobiológica, término con el que se indica que el cerebro del paciente y el del analista, como el de todas las personas cuando dialogan, se comunican entre sí por medio del lenguaje implícito, en la expresión emocional, musicalidad de la voz, las expresiones faciales, gestos corporales, ritmo de la locución, etc, gracias al sistema de las neuronas espejo.

También se debe resaltar el último capítulo titulado Entre la razón y la pasión del que son autores Coderch y Codosero, que trata del encuadre en el proceso psicoanalítico relacional, teniendo en cuenta la naturaleza humana de una manera rigurosa y profunda.

En este último capítulo queda claro el por qué del título. La expresión de la naturaleza humana se mueve siempre entre la razón y la emoción, entre el Romanticismo y la Ilustración. Coderch y Codosero consideran que el psicoanálisis de la primera etapa de Freud, antes de que lo convirtiera en una ciencia, fue una expresión tardía del Movimiento Romántico iniciado a finales del siglo XVIII.

Alejandra Plaza, en  su capítulo sobre Ilusión e idealización, nos hace pensar que ambos sentimientos son necesarios para la buena marcha del proceso psicoanalítico. Tan solo si el paciente vive la ilusión de que su sufrimiento llegará a desaparecer o a disminuir suficientemente le será posible encaminar mejor su vida, será capaz de hacer el esfuerzo necesario para obtener este resultado. Para esto también le hace falta idealizar hasta cierto punto al analista y al proceso psicoanalítico. Pero esta idealización debe ser equilibrada por el principio de realidad gracias al buen hacer del psicoanalista, de lo contrario hay el riesgo de caer en la frustración o en el análisis interminable en espera de aquello que no llegará nunca.

Neri Daurella,  en su capítulo dedicado a las experiencias terapéuticas en la vida personal y profesional de los psicoanalistas relacionales, considera que en la formación de los psicoanalistas, un requisito básico, junto con los estudios sobre teoría psicoanalítica y la práctica clínica supervisada, es el de vivir una experiencia psicoanalítica personal. Daurella remarca  también  que  hay que valorar no solo estas experiencias sino también las que han ido trasformado “su corazón interno”, utilizando el concepto de Sadra Bluechler: internal chorus que permiten que el analista ofrezca al paciente su propia experiencia, parte de una exploración intersubjetiva entre los dos.

Ángeles Codosero plantea que el psicoanálisis es la disciplina que pretende conocer la mente humana y sus trastornos en el campo de las emociones  y que debe ser considerada una ciencia humana. Remarca que la forma de modificar los trastornos emocionales es mediante la relación paciente-analista que les aporta nuevas experiencias que modifiquen las experiencias interpersonales infantiles perturbadoras  que se encuentran inscritas en las redes y circuitos neuronales del hemisferio derecho. Considera también Codosero, que si bien es cierto que no somos completamente libres en la toma de decisiones, tampoco estamos totalmente determinados por la biología y las experiencias primarias grabadas en nuestras redes neuronales.

Teresa Sunyé trata un tema complejo y poco frecuente en la literatura psicoanalítica: el tema del suicidio. Sunyé indica el interés de conocer la historia del suicidio en la sociedad occidental para comprender la carga que ha pesado durante siglos sobre el suicida y su familia. Considera que es conveniente que el analista tenga presente, cuando toma la decisión de acompañar psicoterapéuticamente a un paciente con ideas de suicidio  que cabe la posibilidad de que el paciente tome una decisión mortífera o por el contrario, que pueda a través del vínculo  analítico integrar  nuevas experiencias emocionales vividas dentro del vínculo terapéutico. También subraya el valor del trabajo de la función reflexiva del self para favorecer en ellos la observación interna de “sí mismo”, de sus sentimientos, de sus emociones y estado corporal, ya que esto  posibilita abrir puertas a una nueva percepción de todo ello, diferente a la que conocían, con lo cual pueden optar a gestionar de manera distinta su manera de relacionarse consigo mismos y con los demás.

Los autores del libro han tratado de  mostrar el psicoanálisis relacional como una ciencia humana, y que se puede ver confirmado por los más recientes descubrimientos de disciplinas científicas como la biología y las neurociencias. En los primeros cuatro capítulos, escritos por Joan Coderch, se pone de manifiesto que no se hacen  afirmaciones contundentes si no están validadas empíricamente, ni se plantean  ideas y conceptos que hayan sido rechazados por la experiencia empírica. Coderch muestra en el libro  el entrelazado entre el funcionamiento de la mente y la actividad cerebral de las neuronas espejo del cerebro vinculado totalmente con el resto del organismo, los circuitos y la actividad neuronal y neuroquímica. Habla  de los sistemas dinámicos intersubjetivos y no lineales y del diálogo entre los cerebros a nivel implícito y fuera de la conciencia, de la sintonización psicobiologica, etc. Basándose en todo lo expuesto Coderch afirma que solo la interacción entre paciente y analista puede modificar positivamente los estados más profundos de la mente. La interpretación, según Coderch, debe ser sustituida por la actitud del analista que marca el tipo de relación con el paciente.

Creo que este libro permite al lector comprender aspectos teóricos y clínicos desde la perspectiva relacional y facilita aproximarse a conceptos que, en el contexto que muestran los autores transmite, especialmente a los profesionales de la salud mental, poder tener un concepto más riguroso del psicoanálisis y la psicoterapia relacional.

Ana Ferrer. Psicóloga. Psicoanalista SEP-IPA