POESÍA

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RAÍCES EN LA ROCA 1

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Fig. 1, Corona de rey en Josa del Cadí

 

Introducción

Agradezco a los editores de TEMAS DE PSICOANÁLISIS la oportunidad de reencontrarme con los lectores a través de la poesía. En esta ocasión les presento el poemario Arrels a la roca. En primer lugar, comentaré algunas cuestiones en relación al título de este artículo e intercalaré dos poemas traducidos al castellano, integrantes de cada una de las dos partes de las que consta el libro. No los comentaré, dejaré que sean los lectores quienes ―si así lo desean― los completen y los hagan suyos a través de su propia sensibilidad poética.

 

Comentarios desde el margen

Traté de encontrar un título que me permitiera dar forma al poemario de manera que fuera a la vez brújula y continente para un contenido en construcción: los poemas que ya tenía y los que habían de venir. El mundo de la naturaleza se ofrecía generosamente para esta finalidad. El lenguaje poético nos acerca a las existencias y a los hechos que no vemos, que quizá sentimos, pero que todavía no pueden ser pensados. Creo que el libro Arrels a la roca está impregnado de este deseo de observación tan afín al trabajo clínico del psicoanalista, que ha de tratar con el conocimiento de aquello que es inefable, que nunca conoceremos del todo y que existe más allá de lo que puede ser dicho.

¿Quién no se ha dejado conmover por unos “ojos verdes” de belleza cautivadora que surgen, por ejemplo, en la ladera rocosa que limita el cauce de un río? (fig. 1).

Este impacto nos sugirió preguntas que a la vez son inspiradoras de la investigación poética que recoge el poemario. Por ejemplo: ¿Podemos aproximarnos a la naturaleza y hablar de ella como haríamos en un medio humano? ¿Podríamos hablar de “transformaciones” y aplicarlas tanto a las rocas como a las personas?  ¿Hablaríamos de “receptividad” de la roca y, a la vez, de la receptividad de un continente mental? ¿Podríamos decir que la roca “escucha” el viento en el fondo de su ser? ¿O que “acoge” la humedad y las semillas, o que se siente interpelada por la brisa refrescante y fértil? Diversos pensadores (Perejaume, 2015; Parcerisas, 2012) otorgan un derecho de palabra a los animales, las plantas, los agentes atmosféricos. El lenguaje poético nos permite esta comunión con el mundo de la naturaleza.

El poemario Arrels a la roca está estructurado en dos partes. La primera parte, titulada Alba, memoria, consta de 31 poemas de los que traduciré Balancí y Xiprer.

 

Balancí

Al capvespre, em deixo bressolar
pel ritme monòton del balancí
i llanço l’ham a l’aire
per intentar repescar
sensacions que vaguegen, inaccessibles.
Hi hagué un instant
en què vam saber
què era la por, la fam, el plaer,
l’escalfor, el desfici i el fred.
Hi hagué un primer moment
en què vam conèixer
l’olor d’ una pell,
la cara d’una dona,
l’olor dels xiprers després de la pluja,
l’ impacte del fang dels carrers al cos.
Però la memòria
escombra cap a les habitacions
més allunyades de la casa
els solatges de l’ànima,
significats intangibles
que ens fan sentir perduts;
forats de la consciència
que, tal vegada, no podríem suportar.

Mecedora

Cuando anochece, me dejo balancear
por el ritmo monótono de la mecedora.
Cierro los ojos intentando revivir
sensaciones vagas, inaccesibles.
Hubo un instante en el que supimos
qué era el miedo, el hambre, el placer,
el calor, la angustia, el frío.
Hubo un primer momento en que reconocimos
el olor de una piel,
el rostro de una mujer,
la fragancia de los cipreses tras la lluvia,
el impacto del barro de la calle
en el cuerpo.
Pero la memoria barre
hacia las habitaciones más alejadas de la casa
los posos del alma,
fragmentos intangibles de significados
que nos hacen sentir extraviados;
agujeros de la conciencia
que no podríamos soportar.

 

Xiprer

Eres prim i petit quan et plantaven.
Com t’has fet alt i bell,
al costat de l’humil barbacoa!
Contemples la ciutat solcant el destí.
Feia temps que no et veia i, en mirar-te,
un calfred m’arriba fins ben endins.
Des de la meva petitesa et dic,
amb admiració i sense recança:
“ens tornem cendra als teus peus”.
“No hi puc fer res” -respons- “la vida es llei”.
Em rebel·lo, no vull ser encara terra.
Pujo tambalejant fins el teu cim
amb la il·lusió verda de ser amb tu;
ens mirem i ja no recordo el meu nom.
Veig el mar, les teulades…

Ciprés

Eras delgado y pequeño cuando te plantaron,
¡qué alto y bello has crecido
al lado de la humilde barbacoa!
Contemplas la ciudad que sortea el destino.
Hacía tiempo que no te miraba
y ahora, al verte, me estremezco.
un escalofrío me atraviesa el cuerpo.
Desde mi pequeñez te digo,
con admiración y sin resentimiento:
“a tus pies nos convertimos en ceniza”.
“Nada puedo hacer -dices- “es ley de vida”.
Me resisto, no quiero ser tierra todavía.
Me encaramo tambaleante hasta tu cima
con la verde ilusión de ser como tú;
nos miramos y ya no recuerdo mi nombre.
Veo el mar, los tejados…

 

La segunda parte del libro, Hacerse y rehacerse, recoge las vicisitudes inherentes al encuentro: cuando la decepción nos vence, toca recuperarnos. En una visita a un viñedo pude saber que algunas viñas no lo tienen fácil para acceder a la roca. Sus raíces pueden necesitar alargarse veinte metros o más, hacia la profundidad de la tierra, a la búsqueda de nutrientes, sorteando todo tipo de obstáculos (suelos arenosos), yendo con fuerza y tenacidad al encuentro de la roca madre para obtener minerales esenciales para su vida. ¿Diríamos en este caso que la roca madre necesita tener “paciencia” para soportar las inclemencias de la evolución?

Freud relacionó el mundo geológico y el humano cuando habló del cuerpo humano como de una roca viva que es límite y soporte de la realidad psíquica, aproximando así los dos mundos.

Las experiencias vividas en el cuerpo sin memoria son como una roca madre que espera las condiciones ambientales (experiencias emocionales) para formar un suelo, una mente donde pueda crecer la vida del pensamiento y la simbolización. También para llegar a ser plenamente humanos, necesitamos hacer muchas transformaciones en una relación íntima con un rostro que nos mira y que se sabe mirado.

Las rocas tienen factores condicionantes que facilitan o dificultan la transformación en suelo fértil; los humanos también los tenemos. Por ejemplo, somos diferentes en la capacidad para tolerar el dolor de la ausencia, el silencio, el vacío, lo desconocido. Esta diferente tolerancia regula la capacidad de aprender de la experiencia (Bion, 1980).

El filósofo Josep Mª Esquirol (2015) refiere que “mirar cara a cara al vacío de la ausencia intensifica la experiencia de la vida y el retorno a la proximidad”. Lo opuesto a la proximidad no sería la lejanía sino la “monocroma y ubicua cara del mundo tecnificado”. Pensar pide recogimiento, diálogo interior que ya es un diálogo con la alteridad. La poesía es también un camino de conocimiento, de aprendizaje y de vida.

De esta segunda parte del poemario, titulada Hacerse y rehacerse, traduciré Pedres y Veler.

 

Pedres

Del cor de l’ombra neixen el crit i el balbuceig.
De la nostra mirada expectant
germinen  les paraules
que em diuen,
que et diuen.
Van i vénen entre nosaltres
el desig, el gest,
i les paraules.
De cop, covat en la nit,
sorgeix  el malentès
que fa de les paraules
pedres llancívoles.
Quan això passi,
no facis com si no ho veiessis.
Vigila que no et fereixin,
però no les ignoris,
ni  te les empassis
ni les retornis a qui les tira.
Agafa-les prop teu,
i desa-les en un racó del jardí.
Potser un dia  serviran
per indicar les petjades
que us han  dut
fins a aquest bosc de desconcert.
Potser  us ajudaran
a trobar el camí en la cruïlla,
i a encertar la direcció
cap al goig d’una entesa.

Piedras

Del corazón de la sombra nacen
el grito y el balbuceo.
De nuestra mirada expectante
surgen las palabras
que me dicen,
que te dicen.
Van y vienen entre nosotros
deseo, gesto y palabras.
De repente, incubado en la noche
emerge el malentendido
que convierte las palabras
en piedras arrojadizas.
Cuando esto ocurra,
no hagas como si no lo vieras.
Vigila que no te hieran,
no las ignores ni las engullas,
no las devuelvas a quien te las arroja.
Guárdalas cerca de ti,
en un rincón del jardín.
Quizá un día os servirán
para descubrir las huellas
que os han traído
hasta este bosque de desconcierto.
Quizá puedan ayudaros
a dar con el camino en la encrucijada
y a tomar la dirección
que reconduce al encuentro.

 

Veler

Demanes paraules raonables
però ja no en tinc.
Accepta el meu silenci, amatent
a la remor infinita de les onades;
despleguem la vela.
Per si el balanceig del veler ens parlava.

Velero

Me pides palabras razonables
que yo ya no tengo.
Acepta mi silencio, atento
al murmullo infinito de las olas;
icemos la vela.
Por si el balanceo del barco nos hablara.

 

Referencias bibliográficas

Bion, W. (1980), Aprendiendo de la experiència, Paidós.

Esquirol, J.M. (2015), La resistència íntima: Assaig d’una filosofia de la proximitat, Quaderns Crema.

Parcerisas, F. (2012), “Poesia i veritat”, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XXIX, núm. 1.

Perejaume (2015), Paraules locals, Tushita ediciones.

 

Esperança Castell Rodriguez,
Psicoanalista, poeta.


[1] Castell Rodriguez, E. (2016), Arrels a la roca, Meteora.