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/EL NIÑO, SU FAMILIA Y EL PSICOANALISTA

EL NIÑO, SU FAMILIA Y EL PSICOANALISTA

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En mi práctica cotidiana como psiquiatra infantil en un servicio público, visito niños y familias en el centro Alfred Binet. En este entorno he podido visitar, desde el año 1978, niños domiciliados en este barrio de París, pero a menudo venidos de los sucesivos flujos migratorios.

El distrito 13 de París es un gran distrito parisino (tiene alrededor de 190.000 habitantes) que ha sufrido sobre todo desde hace treinta años muchas operaciones inmobiliarias ligadas reestructuraciones urbanas, con su cuota correspondiente de viviendas sociales que han permitido realojar a numerosas familias inmigradas. Es también un barrio en el que hay numerosos  alojamientos precarios, albergues temporales, sin hablar de los hoteles vetustos y del aumento considerable de familias sin domicilio fijo. No hace falta tener vocación de etnopsiquiatra, ni de viajero, para tener que confrontarse en el trabajo cotidiano con los problemas planteados por los traumatismos de la migración.

El centro Alfred Binet pertenece a una asociación  sin ánimo de lucro (ley de 1901) y reconocida de utilidad pública, la Asociación de Salud Mental para el “13ème” distrito ?l’ASM13?, fundada en 1958 por Serge Lebovici, René Diatkine y Philippe Paumelle (psiquiatra de adultos) con el reto de poner el psicoanálisis al servicio de una psiquiatría pública de proximidad ?llamada de sector? que acabara con las prácticas de asilo. Las palabras esenciales de estos fundadores eran la proximidad de los equipos psiquiátricos con la población y la continuidad asistencial, todas ellas tomaban el sentido inverso de la segregación de los enfermos mentales, del centralismo y del alejamiento en los gigantescos hospitales psiquiátricos provinciales que eran los hospitales de Maison-Blanche, Ville-Évrard, Saint Maurice-Charenton y Ville-Juif. El dispositivo asistencial debía tener escala humana, instalado en el  mismo barrio donde vivía la población a la cual se dirigía y los responsables de la asistencia ambulatoria debían ser los mismos que aquellos que aseguraban las hospitalizaciones. Una psiquiatría pública de proximidad, iluminada por el psicoanálisis, tal era el ADN de este lugar donde yo me formé y donde escogí trabajar, hace cuarenta años.

¿En qué se ha convertido este ideal fundador cuando los movimientos caóticos del mundo, sus rugidos y furores, traen a nuestro sector estos niños de la crisis, de la inmigración, económica sobre todo, pero también de la huida delante del terror y las violencias? ¿Qué podemos proponerles nosotros? ¿Qué podemos comprender de lo que viven y afrontan, con nuestros instrumentos teórico-clínicos sofisticados resultantes de nuestra cultura occidental? ¿Qué pueden comprender ellos y qué pueden hacer con lo que nosotros les proponemos? Y esta cuestión no es puramente especulativa: un resultado reciente del funcionamiento de una nueva unidad asistencial, la USP (unidad de atención precoz que está en un hospital de día a tiempo parcial para niños de menos de seis años) ha mostrado que el 100% de los niños admitidos con indicación clínica (TEA o trastorno del desarrollo) eran niños cuyos padres no habían nacido en Francia.  Un estudio muy anterior, de 1984, en una unidad comparable a la ASM13, había ya mostrado una fuerte prevalencia de niños emigrantes en la cohorte. Por supuesto que hay otras diferencias en las situaciones familiares pero esta cifra sigue siendo sobrecogedora.

El “13ème” es un lugar un poco privilegiado por razones históricas: sus  ilustres fundadores supieron reunir  medios materiales y humanos considerables para inventar una experiencia piloto de psiquiatría pública de sector cuyo principio esencial  se generalizó después al conjunto de Francia. Este lugar fue un crisol donde se produjo mucho trabajo teórico, quedan muchas trazas de ello en las obras de las grandes figuras que construyeron este “13ème”.

René Diatkine subrayaba que la posición de los individuos en relación a un proyecto colectivo local podía ser muy diferente en función de la relación con la cultura de origen. Los niños de trabajadores inmigrantes son a menudo colocados en una situación caracterizada por la imprevisibilidad: las relaciones con la familia de origen que quedó en su país son determinantes, pero a menudo los imperativos económicos pesan sobre la duración de la inmigración que puede prolongarse indefinidamente, añadiendo entonces a las dificultades de adaptación en el país de acogida, una inadaptación creciente en el país de origen. Para los niños recientemente llegados a Francia, se plantean varias cuestiones:

–          ¿Cómo comprender los trastornos de adaptación de un niño a sus nuevas condiciones de vida? ¿Dependen de un trastorno psicopatológico organizado que durará más allá del malestar inicial?

–          ¿Las dificultades de adaptación son, en sí mismas, patógenas y generadoras de trastornos psicopatológicos duraderos?

–          El término reactivo parece inadecuado para describir estas dificultades de adaptación y René Diatkine escribió: “un cierto número de parámetros iniciales que permiten al sujeto situarse en el mundo que le rodea, establecer vínculos de causalidad y clasificar lo que percibe y lo que le pasa, se convierten en seguida en inutilizables”. Proseguía: “estas dificultades cognitivas, dramáticamente subrayadas por la asistencia a la escuela, son por lo tanto heridas narcisistas que dificultan al niño en su movimiento de individuación (…) tanto más necesario cuando más las condiciones de vida familiar sean trastornadas”. El desenlace es muy incierto. Ciertos niños conseguirán dominar por ellos mismos estas dificultades, pero ¿a qué precio? Otros parecen “haberse vuelto locos” debido a lo que se les exige.

Un ejemplo casi banal, en una clase de sección media maternal: un niño de Mali no parece interesarse por lo que la profesora propone, está continuamente en movimiento y no entra en contacto con nosotros más que por ataques poco previsibles. Puesto que en su clase él es más grande y fuerte que los demás, los padres de otros niños se inquietan y la escuela nos pide ayuda. ¿Qué le podemos proponer a este padre que viene a la escuela para defender a su hijo que piensa que está siendo injustamente cuestionado? Convocarle a una consulta no parecía lo más pertinente. ¿Cómo sostener a la escuela frente a un problema que pesa sobre ella sin que pueda utilizar sus medios pedagógicos habituales? A menudo es la escuela, sostenida por vínculos con nuestro equipo, quien puede entrar en contacto con los padres y establecer un diálogo que reduce entonces la diferencia entre las culturas y crea puentes. En el ejemplo que acabo de citar, se da por cierto que el consejo familiar dado a este chico dejado en un entorno supuestamente hostil había sido el de “pega el primero”.

 

Aïcha

Un corpulento señor  africano viene a la consulta en nuestro centro con su hija mayor, que tiene siete años de edad, a petición del director de la escuela que la acoge desde que inició el curso de segundo de primaria (la familia fue realojada en el distrito en el cual no conocía a nadie). Aïcha no parece haber entrado en absoluto en el aprendizaje de la lectura, se mantiene pasiva y aislada en clase, responde muy pobremente a las preguntas de su maestra, no juega con los otros niños. Ciertamente, este hombre no comprende muy bien lo que está haciendo en mi despacho, pero no quiere problemas con las autoridades de las cuales la escuela y el centro forman parte. Este señor sabe pocas cosas sobre la vida cotidiana de su hija,  que se nota  que no está muy a gusto entre su padre y este señor a quien no conoce. Cuando planteo la posibilidad de una visita con la madre, el señor me responde muy amable pero firmemente “en nuestra cultura, las mujeres se quedan en casa y son los hombres los que se ocupan de los asuntos exteriores”. Doy una ojeada al carné de salud que afortunadamente ha entendido que tenía que traer y veo  la indicación de una investigación positiva de plomo en la analítica de su hija. Entonces ¿a qué debemos atribuir esta inhibición masiva de Aïcha en mi despacho, a pesar de mi conocimiento de secretos de viejo experto, mi pizarra de papel, mis super-rotuladores, mi caja de juguetes? ¿La ideación ligada a la extrañeza de la situación? ¿A mi presencia? ¿A la posición poco habitual de su padre quien, parece que en la vida normal, no se mezcla en los asuntos internos de la casa? ¿A la ausencia de la madre? ¿La actitud de Aïcha es consecuencia de trastornos psicopatológicos inducidos por las conmociones de la emigración después de una nueva ruptura reciente con el medio circundante por su llegada al 13ème? ¿Padece Aïcha de una disarmonía del desarrollo? ¿Padece una intoxicación por plomo? En todo caso es cierto que en nuestro primer encuentro no se habrá iluminado mi foco, ni propuesto algo pertinente a este hombre, ni resuelto el problema hallado en la escuela, ni parece ser posible establecer un contacto con Aïcha. Se trata pues de un trabajo de concertación con la escuela que va a sostener el establecimiento de vínculos entre la mamá que acompaña a su hija a la escuela y las profesionales de la escuela (la maestra, la asistente social) y alentar a esta mujer a seguir cursos de alfabetización. Poco a poco, indirectamente se instauran condiciones de intercambio que van a permitir proponer una ayuda ortofónica en nuestro centro para Aïcha y sobre la base de esta ayuda real que permite una mayor integración escolar, construir una nueva alianza terapéutica que  permita a la madre acudir también a las visitas con el padre, y después hablarnos de los problemas de otras niñas e incluso de los chicos de esta familia numerosa.  Sin entrar aquí en todos los detalles de la complejidad  que representa hacerse cargo de varios niños de esta fratria, diría únicamente que pudimos ir adaptándonos a medida que con el paso del tiempo un desacuerdo conyugal antiguo y el peso de la psicopatología personal de cada uno de los padres se fueron poniendo de manifiesto.

 

La consulta terapéutica

Nuestra experiencia general en el centro Alfred Binet es que, citando a mi amigo Michel Ody “las indicaciones de análisis o psicoterapia psicoanalítica de niños no son muy numerosas en proporción al trabajo de consulta terapéutica, ya sea que lleven emparejado o no un trabajo más mediatizado (reeducación ortofónica, psicomotora, ayuda pedagógica, individual o en grupo, etc)”. Sin entrar demasiado en esta discusión teórico-clínica sobre la indicación, hay que recordar las condiciones necesarias para una indicación de psicoterapia individual, tanto por parte del niño como por parte de la familia, y los límites del marco de las consultas terapéuticas. Lo que caracteriza la consulta terapéutica comporta por una parte el trabajo con el niño y su familia en la visita conjunta y por otra el trabajo que la situación de consulta permite poner en juego en la tensión permanente entre la dimensión de los intercambios manifiestos entre los protagonistas y lo que aflora de retos inconscientes de estos intercambios para cada miembro de la familia.

Aunque el niño sea visitado solo o en presencia de los padres, el psicoanalista se guía tomando en cuenta la asociatividad que no es en este caso la asociación libre del neurótico sobre el diván, sino el tener en cuenta la concatenación asociativa de las asociaciones del niño que pasa de un juego a una verbalización o a un dibujo, a un movimiento, con cambios de registro ligados a las tensiones generadas por la puesta en marcha de estos elementos más o menos simbolizados. La asociatividad tiene un ritmo marcado permanentemente por los procesos de vinculación, desvinculación  y revinculación. Antonia Llairó y Neus Garcia escriben: “la tarea del terapeuta es acoger las ansiedades del grupo familiar y abrir un espacio de pensamiento”. Precisan que ello “apunta a cambiar el curso del sistema interactivo familiar, es decir a modificarlo sin idea de curación”.

Si se encuentran los efectos de la actualidad y de los traumatismos en juego en los procesos de simbolización ?al atacarlos o complicarlos a varios niveles, en los diferentes miembros de la familia? sólo podremos encontrar las particularidades culturales en la elaboración secundaria. En síntesis, el psicoanalista experimentado en la técnica de la consulta terapéutica no está totalmente desprovisto de recursos en la consulta con una familia emigrante. Por supuesto esto no obsta que para comprenderse hay que compartir un cierto número de referencias culturales y que únicamente una larga relación con ciertas poblaciones puede permitir entrever algunas de ellas. Para comprenderse también hace falta un lenguaje suficientemente común, pero también es necesario que cada cual hable en la lengua de su cultura.

¿Qué ocurre en el trabajo terapéutico precoz, tal como lo practicamos desde hace más de veinticinco años en el centro Alfred Binet, con niños de menos de treinta meses que atendemos en el marco de la consulta padres-bebé? ¿Qué aspectos encontramos desde el inicio de los vínculos primarios, de los efectos nocivos de diversas causas de traumatismos, especialmente aquellas procedentes de la emigración que tratamos de identificar? Propongo tomar ahora dos ejemplos:

 

Boris

Boris es un niño de dieciocho meses, primer hijo de una pareja de universitarios provenientes de Europa central, que vienen a Paris para proseguir sus investigaciones. Es un niño guapo, bien plantado, con buen tono muscular y que empezó a caminar pronto, pero inquieta en la guardería  por sus dificultades de contacto y su fascinación por los objetos que brillan y aquellos que giran sobre sí. El psicólogo de la guardería pidió entrevistar a esos padres que no parecían inquietos y aconsejó una consulta en nuestro centro. “En síntesis ?dice la madre con su acento y una voz bastante jovial?  en la guardería se preguntan si Boris es autista!”. El padre, menos extrovertido que la madre se conforma repitiendo que para él “Boris es normal”.

Iniciamos así una larga aventura de numerosas visitas que los padres aceptan conmigo y la trabajadora social-coordinadora de la consulta padres-bebé y poco a poco se crean vínculos entre la pareja terapéutica y los padres de Boris. Se trata de un trabajo que se apoya mayoritariamente en las interacciones en las que estamos implicados con ellos ?como ocurre con la terapia padres-bebé? pero es también un trabajo que retoma lo que define Michel Ody, a propósito de la consulta terapéutica, en cuanto al lugar que se atribuye a la asociatividad y a tener en cuenta las tensiones constantemente ajustadas entre la dimensión manifiesta y la dimensión inconsciente.

Para decirlo de otro modo, las interacciones en el marco de estas consultas son interacciones ampliamente fantaseadas; no son, o sólo parcialmente, objeto de intervenciones explícitas por mi parte, pero se producen momentos de una cierta connivencia, que se basan en una cierta aceptación tácita de la existencia de una dimensión latente detrás de las intenciones y las actitudes manifiestas. Esto no ocurre sin evocar la atención que nuestros colegas en psicosomática conceden al preconsciente, a su “grosor” para promover una mayor fluidez psíquica y para permitir adaptaciones económicas más flexibles. Es bien difícil dar cuenta de ello en detalle, a veces se trata de casi nada, de una entonación, una sonrisa que acompaña una expresión bastante factual en apariencia, a veces un retraso en responder, una risa… Es una de las razones por las cuales estamos tan ávidos de vídeos, tanto para volver a  trabajarlo entre nosotros como para transmitirlo en el marco de la formación.

Boris es también un niño que no se deja tocar y que tiene necesidades de descarga motriz imperiosas y frecuentes: ya sea haciendo girar los platos de la cocinita o bien coches transformados en peonzas, ya sea que deba correr por las salas o gritar o, al contrario, taparse los oídos para no escucharnos. Nuestro trabajo paciente y prudente, al hilo de las consultas, sobre los ajustes de afectos, sobre los vínculos entre las imágenes y las palabras, sobre la dimensión latente, sobre las representaciones y las fantasías de unos y de otros, hace evolucionar el funcionamiento psíquico de la familia y abre perspectivas a cada uno y el peso de los síntomas autísticos disminuye. Pero hay que precisar bien el rol de la psicomotricista del equipo, formada en la orientación sensorio-motora de André Bullinger, que será muy útil para ayudar a los padres a entrar en contacto con su hijo tan desconcertante en el plano de la sensorialidad y de su débil lectura de los movimientos psíquicos del otro; ayudar a estos padres a “comprender” mejor, “leer” a su hijo, y ayudarle a comprender mejor y regular mejor sus relaciones con el mundo que le rodea. Tenemos la suerte de poder recurrir a otro abordaje terapéutico: una reeducación ortofónica, gracias a la presencia en el equipo de una logopeda especializada, formada en la instauración de la comunicación social precoz, permite también desarrollar los vínculos entre Boris y su familia y entre Boris y el mundo circundante. Estamos convencidos de la necesidad de este abordaje pluridisciplinar: la dimensión psicoanalítica de las consultas terapéuticas es insustituible para permitir y promover los cambios en el funcionamiento mental, pero el doble abordaje, sensorio-motriz y logopédico  completa de forma decisiva el trabajo de los psicoanalistas. En un equipo padres-bebé tal como nosotros lo concebimos, los psicoanalistas y los otros especialistas trabajan vinculados estrechamente, compartiendo regularmente su comprensión, sus interrogantes y sus dudas… El ejemplo de Boris es especialmente elocuente de la necesidad de este trabajo conjunto en las situaciones severas para actuar tanto en la dimensión psicopatológica como sobre el desarrollo, las capacidades de comunicación, la socialización y las posibilidades de aprendizaje. Boris sigue siendo un chico un poco tosco en sus relaciones con otros niños, pero tiene amigos y prosigue una escolaridad satisfactoria en el parvulario normal.

Si los padres de Boris tenían serias dificultades con su hijo, no se desorganizaron  por la estancia en Francia, que corresponde a su proyecto de vida; no se han aislado de los compatriotas que residen en París, frecuentan los lugares de encuentro, y viajan frecuentemente visitando a la familia que quedó en su país. Estoy convencido que han encontrado en nuestro equipo un apoyo muy importante, pero se han apoyado igualmente en su lengua y su cultura de origen, han establecido vínculos cada vez más nutridos con este país de acogida en el que su estancia parece prolongarse: Boris es bilingüe y sus padres nos traen siempre un pequeño regalo cuando vuelven de su país, un pequeño vínculo de unión simbólico entre las dos culturas. Claro que ciertos interrogantes persisten en cuanto a la evolución de Boris y a su futuro; sus padres a pesar de sus vínculos cálidos con nosotros siguen siendo un poco reacios a la dimensión intrapsíquica de los problemas y a menudo toman consejo en abordajes conductuales que van a buscar a otras partes… haciéndonos “confesión” de ello con una espléndida sonrisa…

 

Inde

Inde es una niña africana de quince meses que nos deriva la guardería porque les inquieta tanto la pasividad y la evitación relacional de la niña  como la mala calidad de la relación entre madre e hija que el personal entrevé al llegar y al salir de la guardería. Las auxiliares de puericultura, la directora y la psicóloga de la guardería se esfuerzan para entrar en relación con la niña y con la madre. Desde la primera consulta nos encontramos con  una madre bastante decepcionada, que viene para obedecer a la guardería pero un poco irritada por tener que visitarse con nosotros. Inde es una niña que la decepciona, “no quiere hacer nada” “no escucha” y juntando el gesto con la palabra, se dirige a su hija delante nuestro y le pregunta “¿puedes decirnos lo que no funciona?”. Inde la mira un instante, sorprendida por esta conminación, se da la vuelta y se aleja hacia el otro extremo del despacho. “Veis ?dice la madre? ¿qué queréis que haga con semejante niña?”. Y sin dejarnos reaccionar, añade “cuando supe que esperaba una niña, sabía que iba a ser una catástrofe. Una niña es una catástrofe y no puede hacer más que tonterías”. La señora había tenido dos hijos de una primera pareja que permanecían en África, al cuidado de su propia madre y a los que no había visto más que por Skype desde hacía años. En Francia se había vuelto a casar e Inde era la segunda hija de esta nueva pareja, después de un niño del que sabremos más tarde que está en reeducación logopédica.

Sin entrar en todos los detalles de este complicado asunto, descubrimos poco a poco la acumulación de traumatismos en esta situación: la partida de África y los dos primeros hijos que quedaron con la abuela, la migración que no parecía ser solo económica, las tonterías que hacen las chicas. Con dificultad intentamos poner en marcha unas visitas, pero aunque la madre nos agradece que estemos a su lado en una reunión en la guardería, que ella teme, y suscitar algunas interacciones positivas en la consulta entre Inde y ella, nos reprocha que no haya cambios suficientes  en su hija que sigue siendo objeto de decepción y resentimiento para ella. Es difícil trabajar lo que Inde representa ?una chica? en esta historia de tres generaciones que empezamos a entrever.  Intentamos  una terapia madre-bebé, a ritmo semanal, con una colega del equipo al margen de las consultas pero después de algunas sesiones la madre interrumpe, reprochándonos que “queremos  hacerla  hablar en lugar de preocuparnos por Inde”. Otra vez el peso de los traumas. La madre que nos había tomado cierta confianza y nos hablaba de su marido, de su práctica religiosa en especial, se muestra de nuevo más distante, dice que “no hacemos nada por ella no hay nada más que hablar”. Nos reconoce de todos modos un rol útil en relación a los servicios de protección a la infancia a los que teme y acepta una nueva propuesta por nuestra parte: la entrada de Inde en un grupo terapéutico, pero esta pequeña progresión de la alianza terapéutica no debe llevarnos a desconocer los límites de nuestra acción.

 

Unas palabras a modo de conclusión

Retomemos el ejemplo del niño de Mali de parvulario P4 que ?a partir de un malentendido cultural? se ponía en una situación delicada peleándose con todos los que se le acercaban. Este chico tenía una madre que vestía elegantemente al estilo africano y era percibida como indolente tanto por su actitud como por su falta de puntualidad en la puerta de la escuela. Esta actitud influía en la irritación de la escuela y en la tensión alrededor del niño. Fue necesario un tiempo de trabajo compartido con la escuela para que unos y otros comprendieran que esta mujer no sabía leer la hora, ni siquiera leer simplemente, y que esta indolencia era ?en otro registro de códigos culturales? una señal de duelo lo cual, por supuesto, modifica notoriamente las contra-actitudes de unos y otros.

Este ejemplo muestra la evidencia de que tenemos siempre mucho que aprender para evitar malentendidos con estos “extraños extranjeros”, retomando las palabras de Jacques Prévert, y que “nuestra ignorancia desde todos los puntos de vista es bien real” como escribía Gerard Lucas. Pero si los etnopsiquiatras tienen mucho que enseñarnos, no se trata de consideraciones heterogéneas a nuestro método que no aportarían más que frutos decorativos. Más vale como aconseja Lucas, “evitar concurrir a mistificaciones suplementarias” y sería ciertamente perjudicial abandonar toda referencia a una antropología humana central que las variaciones de organización cultural y familiar no hacen desaparecer.

El psicoanálisis freudiano se construyó sobre la preeminencia de lo paterno vinculado a la victoria del pensamiento sobre lo sensorial. La clínica ha llevado sin embargo a los psicoanalistas a tomar en cuenta la importancia del objeto primario, esta matriz psíquica, según la expresión de Green, de la dimensión de lo materno y del rol del objeto externo. Las insuficiencias de esta primera estructuración han llevado a los psicoanalistas a preocuparse de la patología precoz que implica a la vez lo materno y paterno “indisociables, ambos tan fácilmente violentos y destructivos como estructurantes y fuente de energía creadora”. No se trata de solicitud materna, ni de un simple compartir afecto: el analista debe ser capaz de soportar la regresión, la falta de representación, la violencia, sin precipitarse hacia una interpretación o una intervención reparadora. Debe ser transformable para que nazcan representaciones a partir de la contratransferencia, dentro de un trabajo de metaforización. Insisto en el valor dinámico especial de la bisexualidad del analista en el trabajo en consultas padres-bebés. Las empresas terapéuticas llevadas por psicoanalistas en el campo de la psiquiatría infantil, especialmente el de la patología precoz, no son evidentemente un tratamiento conductual, pero son más que un simple compartir empático.

La experiencia de trabajo psiquiátrico, tal como lo concebimos en el centro Alfred Binet, es también un trabajo de equipo multidisciplinar. A través de esta breves ilustraciones clínicas, he evocado demasiado rápidamente el rol de la asistente social que coordina la consulta padres-bebés y los vínculos con nuestros referentes exteriores de pequeña infancia, debería hablar del rol preciado de nuestra secretaria en los vínculos con las familias. A propósito de Boris se ha tratado de un trabajo en sensorio-motricidad de la psicomotricista y del rol de la logopeda en el trabajo terapéutico para la instauración del lenguaje. Es un equipo multidisciplinar impulsado por un/a psicoanalista quien acoge a las familias en el centro Alfred Binet.

En conclusión, nuestra experiencia en el encuentro con los niños, los bebés y sus familias muestra que un trabajo psicoanalítico es posible, un trabajo procedente del método psicoanalítico aplicado al campo del encuentro psiquiátrico, en una perspectiva que reconoce plenamente su deuda con D. W. Winnicott, inventor de la “consulta terapéutica”.

 

Referencias bibliográficas

Anzieu–Premmereur, C. (2011), “Fondements maternels de la vie psychique”, RFP, t. LCXXV, p. 1483.

Diatkine, R. (1990), “Devant les familles venues d’ailleurs”, Enfance et migrations, en Textes du centre Alfred Binet, núm. 16 y 17, París, ASM13.[2]

García, N. y Llairó, A. (2014), “Thérapie conjointe mère-adolescente et bébé : reconstruire la triade”, Ruptures, 27ème conférence de la FEP, Psychanalyse en Europe, Bulletin 68, Barcelona, pp. 237, 238.

Lucas, G. (1990), “Immigrés et indigènes en pays de connaissance”, Enfance et migrations.

Ody, M. (2013), “Le psychanalyste et l’enfant, de la consultation à la cure psychanalytique”, L’enfant et le travail du psychanalyste, Paris, In Press, pp. 250.

Winnicott, D.W. (1971), “Therapeutic Consultations in Child Psychiatry”, The International Psychoanalytical Library, The Hogarth Press and the Institute of psychoanalysis, London, vol.87, pp. 1-398.

 

Resumen

Tras un breve recorrido histórico en la Institución ASM13 desde su fundación el autor se plantea cuales son los retos actuales en la atención psiquiátrica infantil. Plantea los grandes retos a nivel asistencial y vincula los trastornos infantiles con la emigración y sus consecuencias en la evolución y desarrollo de los niños y sus familias. Define las características del trabajo terapéutico del psicoanalista en la consulta terapéutica.

Palabras clave: consulta terapéutica, asociatividad, metaforización, etnopsiquiatra, objeto primario, estructuración

 

Jacques Angelergues
Psicoanalista SPP.
Director équipe parents-bébé.
Centre Alfred Binet.
ASM13, Paris.


[1] Traducido del original francés por Antònia Llairó.

[2] Esta revista, creada por el centro Alfred Binet en 1982, se continúa publicando hoy bajo forma de monografías.