RESEÑA

/RESEÑA

RESEÑA

 Descargar el artículo

Adolescencia y transgresión.
La Experiencia del Equipo de Atención en Salud Mental al Menor (EAM)
J. Tió, L. Mauri, P. Raventós (coords.)
Octaedro, Psicoterapias, 386 pp.
Barcelona, 2014

 

Desde bien temprano en la vida, sentimos que arriesgamos algo en el encuentro con otro. Expectativas y temores son parte ineludible de las relaciones y constituyen un aspecto central de las mismas, en especial en la primera infancia y en la adolescencia con la organización más o menos estable de una identidad diferenciada. El profesional que se acerca a un adolescente sabe de estas dificultades y las vive en carne propia. Si además el adolescente del que debe ocuparse llega a través de una transgresión delictiva y por mandato del juez nos podemos imaginar hasta qué punto esta tarea deviene difícil y compleja. Los profesionales, psiquiatras y psicólogos clínicos, del Equipo de Atención al Menor (EAM) de Sant Pere Claver–FundacióSanitària (SPC-FS) de Barcelona, han desarrollado un modelo eficaz y muy interesante de intervención terapéutica con estos adolescentes que llegan a la consulta gracias a la transgresión y sin la cual es del todo improbable que hubiesen tenido acceso a una ayuda psicoterapéutica.

En el libro que ahora comentamos los autores describen con detalle su experiencia de más de veinte años trabajando con menores de entre catorce y dieciocho años, con los que está interviniendo el sistema de justicia juvenil. Su modelo de intervención se inscribe “en el marco de una medida que supone también contenidos formativos, educativos o de ayuda social,de forma que la intervención psicoterapéutica participade una auténtica estrategia de asistencia multidisciplinar e interdisciplinar liderada por un profesional del ámbito judicial“. Todo ello, con el objetivo compartido de potenciar el desarrollo del adolescente.

Este objetivo se muestra claramente a lo largo de todo el libro y en especial a través del cuidado con que vemos pensar y trabajar a sus profesionales en las múltiples viñetas clínicas que van marcando el desarrollo del texto: propiciar y mantener una vinculación terapéutica a través de un trato respetuoso y realista, del que muchos de estos adolescentes han carecido. La medida judicial representa para ellos una oportunidad de vinculación si”el sistema sabe combinar la exigencia de responsabilidad y la atención a sus necesidades desde una actitud comprometida”, teniendo en cuenta que para este perfil de jóvenes vincularse puede ser sentido como una amenaza en un entorno que suele responder de manera hostil a la expresión de sus necesidades de afirmación. No debemos olvidar que la mayoría de ellos han tenido infancias truncadas y traumáticas, con procesos migratorios difíciles, carencias afectivas, maltrato físico y psicológico o patología mental de sus progenitores más directos, habiendo vivido y crecido con frecuencia en un grupo familiar desestructurado o roto y en un entorno social muy precario. Es decir, adolescentes que, por lo general, no han sido suficientemente bien contenidos y atendidos en sus necesidades más elementales y que, por lo tanto, desarrollan una organización mental frágil en una personalidad dañada que recurre a la actuación concreta como manera de sobrevivir, con escasa capacidad de simbolización y elaboración de los retos que el desarrollo les impone.

Creo que los profesionales del EAM, asesorados por la experiencia y el buen hacer de Luis Feduchi, uno de los mejores especialistas en adolescencia con que contamos, tienen el mérito de haber desarrollado un modelo comprensivo y de tratamiento de la transgresión adolescente que funciona bien en circunstancias difíciles para el abordaje terapéutico. Un modelo operativo que no pivota tanto en la psicopatología del joven como en la comprensión de la complejidad psicológica interna, relacional y social específica de cada chico o chica. Un modelo que contiene al terapeuta y le ayuda a comprender y manejarse con medios escasos, y a contener a unos pacientes que acuden a la transgresión y a la violencia, faltos de otros recursos de elaboración. Un modelo que, además, pone el acento en la recuperación y afianzamiento de los aspectos conservados, vinculantes, amorosos y éticos existentes en el propio adolescente, que son los que van a permitir un desarrollo favorable. Y un modelo, vale decir, compartido y bien integrado en el trabajo de cada uno de los profesionales del equipo, tal como se puede observar en la lectura atenta de los capítulos. La contención de las ansiedades de separación, claustro y agorafóbicas, confusionales, persecutorias y depresivas; la comprensión de las consecuencias que desencadenan la frustración de las necesidades infantiles; la dinámica de las fuerzas regresivas y progresivas presentes, asícomo las diferentes maneras con que estos jóvenes expresan su necesidad de probarse y desarrollarse. Todo ello contribuye a despertar en ellos algo que parece que hayan perdido: esperanza en su futuro.

“Detrás de un mismo delito pueden existir diversas motivaciones”Así, por ejemplo,un chico o una chica pueden robar por carencia, por simple necesidad de subsistir, para verificarse y poner a prueba sus capacidades, para indirectamente pedir ayuda, por intolerancia a la frustración, por intolerancia a la necesidad, para adquirir identidad de forma rápida, para sentirse aceptados por el grupo, por compulsión o por triunfo y burla”. De esta variedad de significados se comprende la necesidad de hacer un buen diagnóstico diferencial de la conducta transgresora prestando especial atención a cuánto hay de normal y patológico, a los componentes regresivos y progresivos presentes, a las ansiedades y defensas que hacen de una conducta algo con un significado que se puede abordar, y todo ello en el contexto de la construcción de una identidad dentro de un entorno familiar, educativo y social del que es necesario apreciar hasta quépunto contiene o expulsa.

El libro se estructura en cuatro partes. En la primera, dos profesionales externos al EAM, pertenecientes al Departamento de Justicia describen el Modelo de Justicia Juvenil de Catalunya en el marco del cual nace la colaboración con el Departamento de Salud Mental de SPC-FS y la creación del EAM. En la segunda parte podemos leer la entrevista a Luis Feduchi, profesional clave en el desarrollo de este proyecto y que nos permite adentrarnos en el pensamiento de un experto en la materia que ha centrado sus esfuerzos en la transmisión de sus enseñanzas a grupos de trabajo y supervisión. En la tercera parte del libro, la más extensa, podemos ver como los autores aplican el modelo comprensivo que inspira su trabajo y asínos adentramos en la complejidad de las situaciones problemáticas más frecuentes en la población que asisten: violencia entre padres e hijos, uso y abuso de drogas, procesos migratorios y embarazo adolescente. En la cuarta parte presentan su modelo de trabajo tal como lo aplican en tres momentos fundamentales del proceso:

  1. el espacio de la consulta inicial que se demuestra clave e imprescindible para que se pueda transformar la medida judicial en una demanda más o menos aceptada por el joven transgresor; este llega a la consulta con “una resistencia manifiesta al tratamiento y una demanda latente inconsciente”,un momento que pone a prueba la tolerancia y el buen hacer del clínico a la espera de que llegue un “yo estoy aquí solo porque lo dice el juez, pero si quieres te cuento”, que puede dar paso a un principio de proceso diagnóstico y diálogo terapéutico.
  2. el proceso terapéutico que tiene lugar después de un diagnóstico diferencial y la formulación de una hipótesis de trabajo plasmada en un foco; lo vemos ilustrado en casos clínicos descritos con más detalle.
  3. la atención a las funciones parentales en un espacio diferenciado del que se ofrece al menor, a fin de “empezar a construir un diálogo lo menos contaminado posible de las mutuas proyecciones que se hayan estructurado en las relaciones familiares”, fomentando en lo posible la empatía y la capacidad de los padres de reflexionar -más que de reaccionar- a la violencia del hijo, de diferenciar y contener.

Adolescenciay transgresión es un libro que, a mi entender, hace aportaciones muy valiosas en varios aspectos: a/ describe con claridad las referencias teóricas de raíz psicoanalítica que inspiran el trabajo del equipo a la vez que integran en ellas diferentes aspectos de la teoría del apego y la psicología del desarrollo, todo ello desde una voluntad comprensiva amplia; b/ describe y establece una teoría y un modelo de intervención que sienta las bases para una mejor comprensión de la agresividad “preservativa” del adolescente y que debe diferenciarse de la violencia destructiva; c/ presenta una modalidad de abordaje multidisciplinar e interdisciplinar que el equipo ha ido desarrollando desde su experiencia con los profesionales de justicia juvenil, técnicos y delegados, sin la contribución de los cuales el esquema de trabajo se agrietaría perdiendo buena parte de su capacidad contenedora. Como ellos mismos destacan, “el desarrollo del adolescente y sus dificultades es multifactorial así que es necesaria una construcción conceptual común del problema que define el abordaje interdisciplinar como un marco de representaciones compartido entre disciplinas”que se respetan entre ellas delimitando bien los distintos niveles y competencias de cada una. Otros lectores encontrarán otros aspectos fundamentales además de los que acabo de reseñar y por los cuales este libro encontrará un espacio destacado entre los manuales de referencia a los que solemos acudir cuando necesitamos retomar una distancia que nos ayude de nuevo a comprender y recomponernos dentro de la dificultad de la práctica diaria.

Se trata, pues, de un texto imprescindible para educadores, técnicos y delegados, psicólogos clínicos, psiquiatras y terapeutas que trabajen con adolescentes problemáticos. Pero seráigualmente de utilidad para aquellos profesionales que tratan niños y adolescentes en general, asícomo para aquellos que trabajando con adultos tienen que hacer frente a situaciones de violencia que desbordan el encuadre habitual de trabajo.

Jordi Sala
Psicólogo clínico y psicoanalista SEP-IPA.
Unitat de psicoteràpia psicoanalítica d’infants i joves (UPPIJ), SPC-FS.