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/DAVID FOSTER WALLACE: NARRADOR DE LO ABSURDO DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

DAVID FOSTER WALLACE: NARRADOR DE LO ABSURDO DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

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“David Foster Wallace: ¿Sabes? en un sentido raro, solo hay un problema básico en la escritura: cómo conseguir algo de empatía con el lector”.

Burn, 2013

El autor

Considerado por los críticos literarios uno de los autores más destacados y brillantes de su generación y de la postmodernidad en general[1], David Foster Wallace rompió esquemas literarios a la vez que intentó exorcizar su ansiedad y sus temores. Nunca dejó indiferentes a sus lectores, que se sentían totalmente atraídos por su absurdo y disparatado estilo narrativo o les resultaba demasiado complejo e incluso pesado.

Cuando tenía 9 años, Foster Wallace experimentó los primeros síntomas del trastorno depresivo que posteriormente se cronificó y que tuvo como desenlace la autolisis a los 46 años. Durante este intervalo, presentó crisis de ansiedad, fobias y adicciones que fueron apareciendo con mayor o menor intensidad y requirieron el uso continuado de psicofármacos e incluso el ingreso en hospitales psiquiátricos. Debido a estos trastornos, su relación con los demás siempre fue compleja y llena de contradicciones como así queda reflejado en su obra literaria. Wallace pobló su universo literario con personajes absurdos, ridículos e incluso distorsionados; aspectos proyectados de su self.

Su infancia transcurrió en un ambiente familiar aparentemente ordenado y perfecto en la ciudad de Urbana (Illinois), en pleno Medio Oeste. Su padre era profesor de filosofía y su madre profesora de filología inglesa. Cuando David tenía dos años nació su hermana, Amy. Los celos hacia ella ?según narra su biógrafo D.T. Max? fueron intensos y evidentes.

Sally, la madre, sentía un gran interés por la lengua inglesa; tanto, que podía llegar a ser desmesurado. Todas las noches, durante la cena en familia, si alguno de ellos cometía un error gramatical, Sally tosía exageradamente y se tapaba la boca con una servilleta hasta que el que había cometido el error se daba cuenta y lo rectificaba. Su afición por la corrección gramatical era tal que incluso pedía el libro de reclamaciones cuando veía errores gramaticales en los letreros de los comercios, y se “inventaba” palabras cuando no existía un término adecuado para denominar alguna cosa o situación[2]. El padre, Jim, leía cada noche a David y a Amy historias y novelas. Ambos progenitores les trasmitieron, especialmente al autor, el gusto por la lectura y la gramática. Seguramente, este ambiente y la profesión de sus padres influyó en que Wallace, dotado además de una brillante inteligencia, obtuviera una doble licenciatura cum laude en inglés y filosofía, en la especialidad de lógica y matemáticas, en el Amherst College[3].

Wallace eligió ingresar en el Amherst College después de una experiencia muy negativa en el Oberlin College, donde al ser entrevistado sintió una intensa ansiedad. Ese mismo otoño viajó a Amherst, donde el jefe de admisiones era el encargado de hacer él mismo la entrevista de una manera más informal, y solía comunicar su admisión a los candidatos que presentaban un perfil adecuado en la misma entrevista. Wallace, con un brillante expediente académico, fue admitido. “Al volver a su casa les dijo a sus padres: ‘Si acepto ir allí, ¿eso significa que no tendré que hacer ninguna entrevista más?’ Jim Wallace se lo confirmó ‘¡Adjudicado!’, dijo David” (D.T. Max, 2013: 36).

No obstante, con su llegada al Amherst College se fueron intensificando sus  crisis de ansiedad, y sentía un gran temor a que la gente lo descubriese. A partir de aquella etapa, Foster Wallace desarrolló un intenso miedo a las consecuencias del trastorno depresivo que sufrió a lo largo de toda su vida. En un artículo escrito años más tarde, Wallace escribía: “Mi configuración neurológica particular (es) extremadamente sensible: me mareo en los coches, en los aviones, en las alturas; mi hermana dice que me marea la vida” (D.T. Max, 2013: 34). De esta manera se refería Foster Wallace a su fragilidad emocional.

La ansiedad marcó su relación con los demás. Se esforzaba en parecer “normal” en su manera de interactuar con las personas que le rodeaban, especialmente con sus compañeros de instituto. Wallace no podía aceptar “su enfermedad”, y para disimular sus crisis de ansiedad se paseaba por la universidad con su raqueta de tenis ?deporte que practicaba asiduamente y en el que destacaba?, y con una toalla. Así encontraba la manera de explicar a sus compañeros que si estaba sudando era porque había estado practicando en la pista de tenis.

La enfermedad se fue agudizando, pero a pesar de que esta le impedía algunos días incluso asistir a clase, el autor obtenía excelentes notas. En Amherst, una de las clases en las que se matriculó fue la de escritura creativa. Wallace leía a J. Derrida, cuyos ensayos acerca de la deconstrucción, que critican y analizan las palabras y sus significados relacionándolos con la filosofía, le interesaron especialmente. Leía también a T.S. Eliot, cuyos poemas le permitieron descubrir que hay un espacio para la autoconciencia en la creatividad literaria. También era muy aficionado a leer a Don DeLillo y, especialmente, a Pynchon, de quienes adoptó aspectos de su innovadora forma de narrar.

Sus obras reflejan su trayectoria literaria, pero también su trayectoria vital. En ellas, Wallace trata varios temas, si bien básicamente se centra en aspectos relacionados consigo mismo y la descripción de su entorno social, víctima del capitalismo tardío. Los personajes son descritos como seres incapaces de poder establecer una buena comunicación relacional con los otros seres humanos, incapaces también de tener una suficiente capacidad de insight que les permita comprenderse emocionalmente, y viven a la deriva de las adicciones: drogas, alcohol e incluso televisión, encerrados en su narcisismo y vacuidad, marionetas de una sociedad del llamado “estado de bienestar” que les manipula y que anula su capacidad de ser individuos capaces de sentir, pensar, y establecer verdaderos vínculos emocionales. Su estilo narrativo favorece que el lector se sienta atrapado a través de largas frases, de notas a pie de página que en muchas ocasiones son más extensas que el texto de la propia página[4], descripciones absurdas, títulos absurdos para sus diferentes capítulos, frases inacabables, y un humor y una ironía que no dejan de reflejar una mirada pesimista de la sociedad.

 

La literatura como vínculo con el otro

“¿Sabes que estoy escribiendo una tesis de 500 páginas?”. Este comentario de Wallace dirigido a sus compañeros en el College era frecuente mientras escribía lo que dos años más tarde se convertiría en su novela La escoba del sistema[5] (The Broom of the System, 1987). El argumento de esta obra surgió a partir de un comentario de la novia del autor, que le comentó que preferiría ser el personaje de una novela antes que una persona real. Wallace se preguntó cuál era la diferencia.

Lenore, la protagonista de la novela, es una chica que se plantea si es real o si tan solo es el personaje de una obra. El autor, con un estilo narrativo bizarro, enrevesado, tragicómico, en el que es evidente la influencia de escritores postmodernos como Don DeLillo y Thomas Pynchon, quiso presentar un catálogo de la diversidad de las relaciones humanas. Muchos críticos consideraron que la trama narrativa mostraba las ideas de Wittgenstein, muy valorado por Wallace y que, igual que él, consideraba que nuestro mundo es todo aquello que el lenguaje describe o representa. “El mundo es todo lo que acaece[6]”, solía decir Wallace.

Como casi todas sus obras, La escoba del sistema contiene referencias más o menos distorsionadas de su vida personal. Ya se ha comentado que su trayectoria literaria, en cierta manera, es un reflejo de su propia vida contada de una forma convulsa, disparatada y aliñada con personajes aún más absurdos.

En La escoba del sistema, como suele ocurrir en los libros de este autor, hay varias tramas que se entrecruzan: las relaciones sentimentales de la protagonista, Lenore, con Rick Vigorous; la desaparición de un grupo de ancianos de una residencia; un problema con las líneas telefónicas que podemos entender como una alusión a lo difícil que resulta la comunicación entre las personas; las reflexiones del psicoanalista y un largo etcétera. Parece evidente que Wallace utilizaba todo ello para hablar de muchos de los temas que le interesaban o le preocupaban. Otro de los aspectos destacables de esta novela es el doble esfuerzo del autor para conseguir que los centenares de personajes de la novela, a pesar de estar contextualizados en situaciones absurdas, refirieran una serie de temas trascendentes para el ser humano: el amor, los celos, la escritura, el psicoanálisis, la filosofía, la religión, etc., pero, al mismo tiempo, parece que a Wallace no le interesaba especialmente profundizar en la construcción de los personajes, y como consecuencia, las distintas tramas se desdibujan. Para el autor, el principal objetivo de esta novela era el despliegue de distintas formas de narración literaria en las que aparecen diferentes tipos de narrador, de descripción y de construcción del texto que le permiten mostrar al lector su genial dominio de la prosa y la narración. Además, Wallace se vanagloriaba de ello: sabía que podía escribir muy bien y esto le hacía sentirse un poco menos ansioso.

En la novela, Wallace, entre otros muchos temas, desarrolló la denominada “teoría de la membrana”. Con esta teoría, el doctor Jay ?uno de los personajes? exponía que las relaciones humanas podían entenderse como una batalla por el control de la frontera entre el yo y el otro. Cuando su editor, Gerald Howard, le llamó la atención a Wallace respecto a este tema de la membrana intentando que lo eliminase por considerarlo demasiado extraño y asqueroso, Wallace le escribió:

“Si bien es asqueroso, posiblemente (…), resulta de una importancia crucial para lo que concibo como una subtrama fundamental del libro que es, esencialmente, un diálogo entre Hegel y Wittgenstein, por un lado, y un dúo de pensadores franceses contemporáneos llamados Paul De Man y Jacques Derrida por otro, dicho debate hunde sus raíces en la distinción esencial yo-otro. ”
(D.T. Max, 2013:107)

Esta fue una de las muchas ocasiones en las que Wallace remarcó la complejidad de la diferenciación yo-otro, proyectando sus propias dificultades en este aspecto.

La escoba del sistema puede entenderse como un ejercicio virtuoso de creatividad literaria, en ocasiones difícil de leer por lo compleja que resulta su narrativa, en la que lo absurdo se complementa con lo casual y hasta lo cómico. En esta obra, el autor incluso se “inventa” palabras ?algo que, como ya se ha mencionado, aprendió de su madre? y el resultado de todo ello es un estudio sobre la condición humana y las difíciles y absurdas relaciones entre las personas.

 

El entretenimiento como control de la sociedad contemporánea: la desconexión infinita

El libro que lo dio a conocer como escritor de culto fue La broma infinita (Infinite Jest, 1996). Esta novela supuso el punto de partida para que empezase a ser leído por miles de estadounidenses. Es considerada una de las mejores novelas del postmodernismo, y a pesar de que se publicó en 1996, su estructura narrativa bizarra y transgresora, los temas que trata y la forma de tratarlos, hacen que se considere una novela perteneciente al siglo XXI. A lo largo de la siguiente década de su publicación, La broma infinita fue convirtiéndose en una novela de referencia entre el público estadounidense especialmente, que se veía reflejado en la fragmentación, el narcisismo y en las adicciones de sus personajes.

La novela, de 1.200 páginas que incluyen centenares de personajes y centenares de notas, es una obra ambiciosa, caótica y casi delirante en algunos pasajes en los que el autor nos presenta una sociedad distópica. Está construida superponiendo varias líneas argumentales, y narra de manera fragmentada, desde lo absurdo a lo tragicómico, principalmente tres aspectos del ser humano: la adicción, el deseo y el entretenimiento. Está ambientada en el futuro ?la primera y segunda década del siglo XXI? y en ella, sus múltiples personajes pueden ser clasificados en tres grupos según los escenarios en los que se desarrollan las historias.

El primer escenario está conformado por los personajes que encontramos en AET (siglas que se corresponden a la Academia Einfield de Tenis de Boston), la academia dirigida por Avril Incandenza, madre de tres hijos: Hal, uno de los principales protagonistas de la novela y joven prodigio del tenis; Orin, su hermano mayor y jugador de los Cardinal de Arizona, y el hermano pequeño, el delicado Mario. Avril es la viuda de James Incandenza. James trastocó la vida de su familia al suicidarse metiendo su cabeza en un horno microondas. Durante su intensa y extraña vida, James también llegó a ser un prodigio en el tenis y llevó a cabo varios proyectos como, por ejemplo, descubrimientos en el campo de la óptica. Sin embargo, lo más destacable es que dirigió una película llamada La broma infinita; una película que generaba tal adicción en quienes la veían, que quedaban en estado vegetativo o llegaban a morir.

El segundo escenario de la novela de Wallace es la ONAN, siglas que se corresponden a un hipotético futuro de las Naciones Unidas de Norteamérica, a las que se ha anexionado Canadá y México. Agentes secretos de esta organización buscan denodadamente la película de James Incandenza para lograr convertir a los habitantes de Norteamérica en seres totalmente pasivos y dominados por ellos.

Finalmente, el tercer escenario se sitúa en Ennet House, centro de desintoxicación y autoayuda para todo tipo de adicciones[7]. Entre los principales protagonistas de este apartado se encuentra la hermosa y ahora deforme y adicta Joelle, protagonista de la película La broma infinita cuya cara fue rociada con un ácido por James Incandenza. Joelle inicia una relación sentimental con Don Gately, otro de los personajes ingresados en Ennet House, que también intenta luchar contra su dependencia a las drogas.

La broma infinita es una visión abigarrada y absurda ?pero a la vez lúcida? de Norteamérica. Narrada desde la ciencia ficción y situada en el siglo XXI, en La broma infinita los Estados Unidos aparecen descritos como una ruina del capitalismo tardío que ha fagocitado a sus habitantes, convirtiéndolos en adictos que viven una vida emocionalmente solitaria y sin sentido, como dice uno de sus protagonistas (Hal), y que han encontrado en las adicciones una lamentable manera de intentar huir de esta soledad o aislamiento emocional al igual que lo intentó el propio Wallace.

Entre los varios aspectos autobiográficos narrados en La broma infinita cabe destacar la ansiedad que experimentaba Wallace en las entrevistas, como ya se ha mencionado. En la escena del primer capítulo de este libro, Hal Incandenza sufre una crisis de ansiedad al tener que enfrentarse a una entrevista de ingreso en una academia, al igual que Wallace la sufrió al hacer una entrevista de ingreso en el Oberlin College.

“El pecho se me agita como una secadora llena de zapatos. Compongo lo que espero les parecerá una sonrisa. Miro en una y otra dirección delicadamente, como intentando dirigir mi expresión sin olvidarme de nadie. […] Ahora no puedo hacerme entender. ”
(Foster Wallace, 2013: 11)

“¿Hal se encuentra bien, Chuck?
Hal está estupendamente ?dice sonriente mi tío tratando de calmar el ambiente?. Solo se trata de lo que podríamos llamar un tic facial, no gran cosa, debido a la adrenalina de estar aquí en un campus que impresiona a cualquiera…
Mi respuesta silenciosa al silencio expectante empieza a afectar el ambiente de la sala. ”
(Foster Wallace, 2013:12)

En el capítulo del mismo libro, titulado “Invierno de 1963, Sepúlveda, California[8]”, se desarrolla una escena en la que aparece descrita la relación entre unos padres y su hijo. En ella, Wallace describe una situación muy distinta a la que supuestamente él vivió de pequeño pero podemos plantearnos hasta qué punto, tal vez en sus fantasías, su vivencia de la relación con sus padres podría parecerse a la descrita en este apartado: un padre excéntrico y severo, y una madre un tanto distante.

Siguiendo el estilo de Wallace, la escena presenta ?de manera minuciosa, con inacabables frases y detalladas descripciones? una situación doméstica que se convierte en una absurda muestra de una relación familiar:

“Recuerdo que almorzaba y leía algo aburrido de Bazin cuando entró mi padre en la cocina y se hizo zumo de tomate y me dijo que en cuanto terminara, él y mi madre necesitaban mi ayuda en el dormitorio. Se había pasado toda la mañana en el plató de spots comerciales y aún vestía todo de blanco, la peluca con la rígida raya en medio también blanca y aún no se había quitado el maquillaje de televisión, que le daba a su cara real un sombreado anaranjado a la luz del día. (…) Mi padre estaba inclinado sobre la cama grande de matrimonio. (…) Golpeaba con fuerza una zona del colchón, luego giraba ligeramente sobre sus rodillas y daba con las mismas fuerzas en otra zona de la cama. (…)
Pregunté si podía saber qué hacía.
?La maldita cama cruje…? Dirigió la mirada hacia mi madre en la ventana ?¿Me has escuchado o no? Preguntó…”
(Foster Wallace, 2013: 557)

La escena se prolonga a lo largo de más de diez páginas en las que la confusión, el absurdo y la tensión que experimentan los personajes son muy evidentes. Para huir de esta caótica escena, el hijo, Jim, busca refugio en su habitación: “subí corriendo, giré a la izquierda al final de las escaleras y entré en mi habitación. En mi cuarto estaba mi cama” (Foster Wallace, 2013: 557).

En un momento dado, el pomo de la puerta de la habitación de Jim cae, lo cual da lugar a una  extensa exposición por parte de Wallace sobre la solución de L’ Hôpital para el problema del braquistocrono de Bernoulli. Wallace incluye un plano geométrico para ilustrar lo que expone :

Con este esquema, el autor ejemplifica geométricamente la caída del pomo de una puerta.

Narra Wallace:

“El análogo convencional más próximo que pude derivar para esta figura fue un cicliode, la solución L’ Hôpital al famoso problema braquistocrono de Bernoulli, la curva trazada desde un punto fijo en la circunferencia de un círculo rodando en un plano continuo. Pero aquí, en el suelo del dormitorio, un círculo rodaba alrededor de lo que era en sí misma una circunferencia de un círculo, las ecuaciones paramétricas estándar del cicloide ya no eran las apropiadas; aquí las expresiones trigonométricas de las ecuaciones se convertían en ecuaciones diferenciales de primer orden.

Debido a la falta de resistencia o fricción contra el suelo, el pomo rodó durante mucho tiempo mientras yo lo observaba sobre el borde de la manta y del colchón, sujetando mis gafas e mi sitio, completamente ajeno al chillido en re menor de la aspiradora. ”
(Foster Wallace, 2013: 568)

Podemos plantearnos hasta qué punto Wallace, dotado de una brillante inteligencia y de una gran cultura, buscaba en la ciencia o la cultura en general, un mecanismo de defensa, un refugio o una vía de escape, frente a situaciones en las que las relaciones parentales le ocasionaban un profundo malestar psíquico. El mismo planteamiento podríamos hacerlo extensivo a situaciones conflictivas en su relación con los demás: sabemos que Wallace utilizaba a menudo con sus compañeros un discurso culto y enrevesado como manera de sentirse más seguro.

Durante los siguientes años de su publicación, La broma infinita conectó cada vez con más lectores, quienes posiblemente se sentían identificados con los personajes de esta novela y se la recomendaban entre ellos incluso a través de Internet. La lectura de La broma infinita entre los estudiantes del Massachussetts Institute of Technology (MIT) fue, durante años, un acto de protesta ante el futuro de las tecnologías que ellos mismos estaban creando: el de la emergente generación de expertos en información y tecnologías, programadores y webmasters (D.T. Max, 2013).

Como nos narra su biógrafo:

“La amenaza del momento no era la inmersión total, sino la fragmentación implacable; no era la posibilidad de quedarse absorto viendo un vídeo hasta morir, sino la de no parar de picotear entre cientos de ellos.”
(D.T. Max, 2013: 379)

Por instinto, Wallace desconfiaba de esta tecnología emergente. Adicto como se reconocía, Wallace comprendió lo peligroso que resultaba para él Internet: “Ahora me permito Webulizar tan solo una vez a la semana”, escribió a una estudiante universitaria que le ayudaba en un trabajo de matemáticas en julio de 2001 (D.T. Max, 2013: 379).

En 2003, Marshall Boswell publicó el primer libro dedicado a la novela de Foster Wallace: Understanding David Foster Wallace[9]. Boswell, en sus estudios sobre Wallace, se centró en mostrar el narcisismo, la ironía y la recursividad que recogía La broma infinita. Boswell analizó la influencia de Jacques Derrida, de Paul De Man, de Heidegger y de Wittgenstein entre otros autores, quienes ?especialmente Wittgenstein? tuvieron una clara influencia en la obra de Wallace. Dentro de la complejidad de este libro, los críticos apuntan que deben ser tenidas en cuenta alusiones a personajes literarios como Hamlet, que en su monólogo junto al cráneo de Yorick pronuncia estas palabras: “Infinite Jest”. También se ha pretendido establecer una relación entre los tres hermanos Incandenza con los hermanos Karamazov. Esto no debería sorprendernos, ya que Wallace era un gran aficionado a los clásicos y los leía con gran interés.

Después del éxito de su novela La broma infinita, Wallace experimentó una gran angustia que le impedía escribir por el temor a que el resultado no fuera tan bien acogido por la crítica y el público.

Wallace se preguntaba si se había convertido en una estatua literaria. Durante esta etapa, apenas pudo escribir más que cartas y algún relato breve. Uno de ellos era La persona deprimida (1998), que relata desde su propia experiencia la historia de una muchacha mimada y dependiente que provoca el rechazo de quienes la rodean. A lo largo de la narración se va evidenciando el narcisismo de su protagonista que, a su vez, es una proyección del narcisismo del propio Wallace.

“La persona deprimida sufría una angustia emocional terrible e incesante… y la imposibilidad de compartir o manifestar esa angustia era en sí misma un componente de la angustia y un factor que contribuía a su horror esencial».
(D.T. Max, 2013: 323)

Una vez superados, aunque parcialmente, sus trastornos afectivos, escribió la obra de no ficción Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again, 1997). En esta historia, Foster Wallace se convierte en periodista en un crucero por el Caribe, lo cual le permite diseccionar de manera divertida y grotesca la sociedad del bienestar de fin del siglo XX, mostrando sus disparatados excesos de lujo, sus debilidades, su incoherencia, la escasa o nula “verdadera” conexión entre los pasajeros, las nuevas tecnologías digitales, y todo ello, narrado con una prosa humorística, ligera, fácil, que en realidad refleja las ideas más pesimistas de Wallace acerca de la sociedad americana de finales del siglo XX.

“El Servicio de Camarotes es un añadido a las once opciones programadas diariamente para comer en público, está disponible veinticuatro horas al día y siete días por semana, y es gratuito: lo único que uno tiene que hacer es marcar *72 en el teléfono de la mesilla de noche, y al cabo de diez o quince minutos aparece un tipo al que ni en sueños se le ocurriría pedirte una propina con esta…con esta bandeja: «Jamón en Lonchas Finas y Queso Suizo sobre Pan Blanco Untado con Mostaza de Dijon» (…) Como soy una especie de agorafóbico que pasa cantidades enormes de tiempo en mi camarote, llego a tener una relación muy compleja de dependencia/vergüenza hacia el Servicio de Camarotes.”
(Foster Wallace, 2010: 27)

En 2004, coincidiendo con una etapa de mayor estabilidad emocional, Wallace publicó Extinción (Oblivion, 2004), obra compuesta por ocho relatos en los que lo absurdo y la angustia están reflejados de forma aún más vehemente que en sus novelas anteriores. En el relato titulado Señor Blandito muestra la publicidad como la gran dominadora de masas y mentes que no tiene ningún reparo para conseguir un mayor número de ventas de un producto comercial. Wallace nos describe cómo una agencia recurre a todo tipo de estrategias y manipulaciones. En uno de los pasajes, el autor describe cómo un grupo de madres es sometido durante horas a un bombardeo de test que estaban diseñados para llevar a estas mujeres a un estado emocional que hacía emerger sus ansiedades e inseguridades maternas. De estos resultados surgían importantes datos que permitirían al comercial vender mejor su producto.

“Algunas de las estrategias del FGDO podían ser extremadamente manipuladoras o incluso abusivas en el nombre de recoger datos. Una agencia que representaba un detergente alternativo a la lejía había contratado una vez al Equipo ?y para que reuniera a madres primíparas de entre veintinueve y treinta y cuatro años cuyos Test de Apercepción Temática hubieran indicado inseguridades en tres puntos clave y para que les suministrara cuestionarios cuyos elementos estaban diseñados para provocar y/o intensificar aquellas inseguridades. ¿Alguna vez ha tenido sentimientos negativos u hostiles hacia su hijo? ¿Siente a menudo la necesidad de esconder o negar el hecho de que sus aptitudes como madre son inadecuadas?”
(Foster Wallace, 2014: 27)

En el relato El alma no es una forja se narra la surrealista e inquietante historia de un profesor de primaria que en su clase de Educación cívica comienza a escribir en la pizarra “mata”, “mátalos”, repetidas veces. En Conversaciones con Foster Wallace el periodista Steve Paulson entrevistó a Wallace y le preguntó acerca de este relato:

Wallace, en lugar de poner el acento en la angustia y el trauma sufridos por los alumnos, ante la conducta tan anómala del profesor, remarca lo siguiente:

“Paulson: ¿Tuviste terrores parecidos cuando eras niño?

Wallace: En un país en el que lo tenemos todo tan fácil uno de los mayores vectores de temor es el aburrimiento. Aparecen pequeñas muestras de desesperación y aburrimiento a un nivel espiritual en cosas como las tareas del hogar o en asuntos escolares especialmente áridos. Me acuerdo del alivio increíble que se elevaba en clase cuando determinados profesores decían que íbamos a ver una película en la escuela primaria. Y no se trataba simplemente de un «ah, vamos a divertirnos» hedonista. Era como una liberación de alguna especie de carga terrible, pensaba. Así que no lo sé. Tal vez.”,
(Burn, 2012: 178)

Este relato, sobre el que Paulson le preguntaba, permite revisar la infancia como la etapa donde se fragua la personalidad del individuo y cómo las relaciones con los padres, familia, amigos, la moldean pero, al mismo tiempo, incide en el hecho de la sociedad consumista, narcisista, autocomplaciente, de principios de siglo XXI, como un espacio que impide un buen modelaje de la personalidad, ya que el individuo está inmerso en un exceso de comodidades que le hacen caer en la apatía , la anhedonia o el aburrimiento.

Tanto este relato como los demás que componen Extinción muestran la deriva de una sociedad en la que sus habitantes son seres encerrados en su propio narcisismo, que no les permite tener una mejor estructuración yoica que les posibilite, entre otros aspectos, poder organizar una mejor relación objetal con quienes les rodean.

Hablemos de langostas (Consider the Lobster, 2006) es una colección de relatos en los que Wallace mezcla realidad y literatura para ofrecer una visión de la sociedad americana de manera irónica y a la vez más corrosiva que en sus anteriores novelas y relatos. En esta obra el autor se convierte en periodista que es enviado a la entrega de los premios de la revista Adult Video News. Así, Wallace analiza la industria de la pornografía y disecciona, con un estilo impecable dentro de lo absurdo y barroco, a unos personajes narcisistas y banales.

En otro de los relatos que se encuentran en Hablemos de langostas, Wallace hace una reseña del libro de John Updike Hacia el final del tiempo. En su reseña presenta a un Updike narcisista y solipsista, que siempre ha escrito sobre sí mismo, ensimismado como todos los escritores de su generación, y lo compara con Freud porque “igual que le pasaba a Freud, las grandes preocupaciones de Updike han sido siempre la muerte y el sexo (no necesariamente en ese orden)” (Foster Wallace, 2011: 69).

Otro de los relatos que conforman Hablemos de langostas se titula Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka. Este relato es una transcripción de una conferencia en la que Wallace hace una defensa de este autor al que describe desde la admiración y el profundo conocimiento de su obra, así como la de otros muchos autores que son citados para compararlos o enfrentarlos. Durante todo este relato, Wallace nos muestra su gran conocimiento de la literatura y su gran talento como narrador, que evita caer en el academicismo excesivamente riguroso para dirigirse a sus oyentes, estudiantes universitarios en clave de humor, porque a Wallace se le daba muy bien hacer de orador.

 

Esto es agua. This is Water

“Éranse dos peces jóvenes que nadaban juntos cuando de repente se toparon con un pez viejo, que los saludó y les dijo, ‘Buenos días, muchachos ¿Cómo está el agua?’ Los dos peces jóvenes siguieron nadando un rato, hasta que eventualmente uno de ellos miró al otro y le preguntó, ‘¿Qué demonios es el agua?”.

Esta famosa parábola es el inicio del celebrado discurso que realizó Wallace en el año 2005 en la inauguración de curso del Kenyon College. Como decía Wallace, es muy común el uso de una parábola en el discurso inaugural de los cursos académicos en Norteamérica. La historia de los peces permite reflexionar acerca de que las realidades más obvias e importantes son las más difíciles de ver y explicar. Este discurso, que fue muy bien acogido por los estudiantes y ampliamente difundido a través de Youtube, más tarde se convirtió en libro y fue publicado en 2009.

En este discurso, Wallace mostraba su faceta más moralista al indicar a los alumnos que no se trata de “atiborrarse de conocimientos”, sino que la educación es para “enseñarte a pensar”. Y Wallace añadía:Si la completa libertad para elegir acerca de qué pensar les parece obvia y discutir acerca de ella, una pérdida de tiempo, les pido que piensen acerca de la anécdota de los dos peces y el agua, y que dejen entre paréntesis por unos segundos su escepticismo acerca del valor de lo que es obvio por completo”.

En Esto es agua, Wallace muestra una faceta más humana y menos absurda que la que mostró en sus libros. Habla de la dificultad del ser humano para poder ser más empático, de la soledad de la vida adulta, y de la importancia de la relación con el otro. Podríamos entender que, a través de este discurso, mostró la otra cara de la moneda que mostraba en sus libros. En este discurso, Wallace apuesta por la educación como proceso para fomentar la capacidad del ser humano, para poder ser más dueño de sí mismo y de sus emociones, para poder aprender a entender y discernir acerca del mundo y de las personas, que le permita entretejer un tejido emocional que le ayude a conectarse con las personas y el mundo que le rodea desde la infancia.

Wallace se muestra menos narcisista cuando explica lo siguiente:

“Les daré un ejemplo de algo totalmente errado, pero que yo tiendo a dar por sentado: en mi experiencia inmediata todo apuntala mi profunda creencia de que yo soy el centro del universo (…) Aquí apunto a lo que yo creo que realmente significa que me enseñen a pensar. Ser un poco menos arrogante. Tener un poco de conciencia de mí y mis certezas. Porque un gran porcentaje de las cuestiones acerca de las que tiendo a pensar con certeza resultan estar erradas o ser meras ilusiones. Y lo aprendí a golpes y les pronostico otro tanto a ustedes.”
(Foster Wallace, 2005)


[10] Discurso completo disponible en http://arsenaldeletras.com/2014/03/12/david-foster-wallace-this-is-water-discurso-de-la-ceremonia-de-graduacion-del-kenyon-college-2005/

 

Narrar el malestar de la sociedad contemporánea

Aunque se trata de una obra póstuma e inacabada, El rey pálido (The Pale King, 2011) recoge diferentes y numerosos relatos que Wallace había ido escribiendo en los últimos años de su vida. Es una obra dispersa e inconclusa que su editor, Michael Pietsch, ordenó y clasificó para poder publicarlos como una novela inacabada, lo cual encaja con la estructura novelística de David Foster Wallace. Tal y como se ha comentado, las narraciones de Wallace, al estilo de las de su admirado Pynchon, suelen carecer de finales definidos. Se trata de un texto enigmático en el que Wallace intenta mostrar al lector la sociedad norteamericana de principios del siglo XXI en la que el malestar y, especialmente, el aburrimiento que experimenta esta sociedad queda ampliamente reflejado, así como la incomunicación entre los diferentes personajes, como reflejo de su propia situación personal en la que la depresión que padecía desde hacía tantos años se había agravado. Si desde los inicios de su carrera como escritor Wallace intentó reflejar el malestar de la sociedad americana de su época, en El rey pálido el lector tiene la sensación de estar ante las ruinas de esta sociedad de principios del siglo XXI.

Foster Wallace consiguió mostrar el malestar que aquejaba a la sociedad norteamericana del capitalismo tardío, y su particular visión de la era de la información en la época postmoderna. La visión que se muestra al lector en El rey pálido es la de una cultura al borde del aletargamiento y la anhedonia; una sociedad aburrida, tediosa, adicta a la televisión.

David Foster Wallace: “(…) La relación de los telespectadores estadounidenses con la televisión es en esencia pueril y dependiente, es una relación basada por completo en la seducción. Esto apenas es noticia. Pero lo que rara vez se reconoce es la complejidad y el ingenio de la seducción televisiva.”
(Burn, 2012: 47)

Wallace sitúa la acción principal de la novela en La Delegación de Hacienda de Peoria, Illinois, en el Medio Oeste norteamericano. En esta obra, Wallace quería hacer un análisis del aburrimiento existencial del ser humano. Para mostrarlo, Wallace nos narra la vida cotidiana de un grupo de funcionarios que trabaja en esta delegación de Hacienda, y esto le sirve para hacer un análisis del malestar del ser humano en una sociedad que no permite una verdadera comunicación ni motivación personal, sino que sumerge a sus habitantes en el hastío[11].

 

Conciencia narrativa

Para Wallace, el gran fallo de la mayor parte de los autores literarios de su generación era que mostraba los síntomas del malestar moderno, pero se limitaba a exponerlos en lugar de darles solución. Él, sin embargo, quería contribuir a dar una cierta solución a este malestar, y su método consistía en sobresaltar, hacer pensar, sentir y empatizar al lector con sus obras.

Al igual que la obra literaria de Wallace no suele dejar indiferente al lector, tampoco su breve trayectoria vital puede dejar de impresionar a quien la conoce. No deja de sorprender cómo alguien que padeció un trastorno depresivo a lo largo de casi toda su vida, acompañado por una intensa ansiedad y fobias que no le permitieron mantener una tranquila relación con las personas que le rodeaban, pudiera escribir de una forma tan intensa y lúcida, proyectando su mirada hacia la sociedad que le rodeaba para describirla con una mirada crítica, pero a la vez no desprovista de humor e ironía. Se le ha considerado el mejor cronista de una sociedad representante del capitalismo tardío que comenzaba a derrumbarse. Wallace, con un excepcional talento, muestra esta situación a lo largo de su obra de manera absurda, y a la vez, genial y elocuente. Aunque vivió conectado a distintas universidades y colleges como estudiante brillante y profesor reconocido y tuvo amigos ?entre los que se encontraban escritores como J. Franzen y Don DeLillo?, mantuvo diversas relaciones con distintas mujeres y se casó, su vida fue solitaria en general. A pesar de este aislamiento emocional, pudo conectar con el irónicamente llamado “estado del bienestar” de la sociedad que le rodeaba y narrarlo en sus obras. El talento creativo pudo más que su enfermedad ?o quizás deberíamos analizarlo desde otra perspectiva y pensar que, tal vez, debido a su enfermedad, era más intuitivo frente a la sociedad  que le rodeaba?.

Sus personajes son habitantes de una sociedad que les impide pensar con claridad y les induce a las adicciones, a la evasión a través de los programas de televisión o a ser manipulados por la publicidad y los distintos medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Wallace mostró en sus obras la crisis de identidad de la clase media americana; narró la deshumanización del hombre moderno, convertido en un cliché definido por el consumismo, el narcisismo y las adicciones. Wallace escribió acerca de las relaciones entre los seres humanos situadas en un nivel superficial; seres solipsistas, incapaces de poder establecer una verdadera relación objetal. Como uno de los principales representantes del postmodernismo, Wallace nos habla de “hombres máscara”, entendiendo por “máscara” los sentimientos artificiales. El autor presenta, por tanto, personas desprovistas de verdadera empatía, que no se comprenden a sí mismos y no entienden a los demás. En la obra de Wallace, las relaciones entre los seres humanos de principios del siglo XXI se deshumanizan aún más y se convierten en esquemas rutinarios de intercambios de comunicación; muchas veces, a través de las redes sociales, sin mediar auténticas emociones.

 

Referencias bibliográficas

Boswell, M. (2003), Understanding David Foster Wallace, Columbia, University of South Carolina.

Burn, S.J. (2012), Conversaciones con David Foster Wallace, trad. de José Luis Amores Baena, Málaga, Editorial Pálido Fuego S.L., 2012.

Foster Wallace, D. (2002), La broma infinita, trad. de Marcelo Covián, Barcelona, Random House Mondadori, SA, 2013.

Foster Wallace, D. (2013), La escoba del sistema, trad. de José Luis Amores Bena, Málaga, Editorial Pálido Fuego, 1987.

Foster Wallace, D. (2011), El rey pálido, trad. de Javier Calvo, Barcelona, Random House Mondadori SA, 2011.

Foster Wallace, D. (2009) This is Water, Boston, Little, Brown and Company. Disponible en http://arsenaldeletras.com/2014/03/12/david-foster-wallace-this-is-water-discurso-de-la-ceremonia-de-graduacion-del-kenyon-college-2005/

Foster Wallace, D. (2007). Hablemos de Langostas, trad. de Javier Calvo, Barcelona, Ramdom House Mondadori SA, 2007.

Max, D.T. (2013) Todas las historias de amor son historias de fantasmas David Foster Wallace. Una biografía, trad. de María Serrano, Barcelona, Random House Mondadori SA, 2013.

Foster Wallace, D. (2005). Extinción, trad. de Javier Calvo, trad. de Javier Calvo, Barcelona, Random House Mondadori SA, 2004.

Foster Wallace, D. (2003). Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, trad. de Javier Calvo, Barcelona, Random House Mondadori SA, 1997.

 

Resumen

En este artículo se describen aspectos de la biografía de David Foster Wallace, uno de los principales representantes del postmodernismo literario. Se destaca su talento como escritor y el trastorno depresivo que padeció a lo largo de casi toda su vida. Ambos quedan reflejados en su obra literaria, de la que se comentan sus tres novelas: La escoba del sistema, La broma infinita y El rey pálido, así como también algunos de sus relatos y entrevistas. A través de ellos se analizan los aspectos biográficos proyectados en su obra, su visión sobre el mundo que le rodeaba y la relación entre las personas que, descrita desde lo absurdo, aparece caracterizada por el consumismo, el narcisismo, las adicciones, el aburrimiento de la sociedad norteamericana del llamado “estado del bienestar” y la incapacidad de poder establecer verdaderos vínculos emocionales.

Palabras clave: postmodernismo, innovación literaria, absurdo, incomunicación, consumismo, aburrimiento, adicción, narcicismo, desconexión emocional.

 

Abstract

In this paper, some features of the biography of David Foster Wallace –one of the main figures of the literary postmodernism- are described. His talent as a writer as well as the mental disorder he suffered during most of his life are highlighted. Both his talent and his mental disorder are reflected in his literary works, from which his three novels are commented in this article (The Broom of the System, Infinite Jest and The Pale King) along with some of his short stories and interviews. Through all of these works, biographic aspects are projected, as so is the author’s vision of the world that surrounded him and the relationship among people that, described from the absurd, appears characterized by the consumerism, the narcissism, the addictions, the boredom of the Northamerican society of the so-called ‘welfare state’ and the incapability of establishing true emotional attachments.

Keywords: postmodernism, literary innovation, absurd, incommunication, consumerism, boredom, addiction, narcissism, emotional disengagement.

 

Ana Ferrer
Psicoanalista (SEP-IPA)
aferrermarti@hotmail.com


[1] Entendiendo como postmodernidad la manera de definir movimientos artísticos, culturales y literarios que comienzan en la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI.

[2] Este entusiasmo por la lengua fue adoptado por Wallace y quedó reflejado en varias de sus novelas. Utilizaba palabras inventadas a menudo, y por ejemplo, en La broma infinita, el personaje de Avril Incandenza hace su particular campaña gramatical como cofundadora de los “Gramáticos Militantes de Massachussetts”.

[3] Su competitividad era una de las principales causas para la negación de su enfermedad. Esta misma competitividad le llevó a obtener sobresaliente en casi todas sus asignaturas, proeza que conseguía atenuar su ansiedad.

[4] Por ejemplo, en la página 46 de la edición de 2011 de Hablemos de langostas, hay 5 líneas de texto y 39 de nota a pie de página.

[5] La escoba del sistema, escrita cuando tenía 23 años, fue su tesis para su licenciatura en lengua inglesa en la que obtuvo cum laude. Fue publicada como novela dos años más tarde con criterios divididos: hubo críticos que lo consideraron un genio; otros lo calificaron de narrador pedante y mediocre.

[6] Frase de apertura del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein (1922).

[7] Es quizás en esta trama argumental donde Wallace despliega más aspectos autobiográficos relacionados con sus ingresos en centros psiquiátricos.

[8] “Año de la muestra del snack de chocolate Dove” y “En el año de la ropa interior para adultos Depend” son títulos de capítulos de La broma infinita que cogen nombres de empresas comerciales.

[9] Durante el mismo año también fue publicado el libro-guía de La broma infinita, por Stephen Burn.

[10]Discurso completo disponible en http://arsenaldeletras.com/2014/03/12/david-foster-wallace-this-is-water-discurso-de-la-ceremonia-de-graduacion-del-kenyon-college-2005/

[11] Una vez más, la influencia de Pynchon está presente en esta novela de Wallace.