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ENTREVISTA A EULÀLIA TORRAS DE BEÀ

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Eulàlia Torras durante la entrevista

TEMAS DE PSICOANÁLISIS entrevista a Eulàlia Torras, prestigiosa psicoanalista de la SEP y creadora del primer Servicio de Psiquiatría Infantil de orientación psicodinámica en la ciudad de Barcelona, la Fundación que en la actualidad lleva su nombre. A lo largo de su fecunda trayectoria profesional, ha sabido combinar un trabajo creativo e innovador en la Asistencia Pública, con su práctica privada como analista didacta y con la formación de psicoanalistas. Aunque nunca ha pretendido ser maestra de nadie, es un referente para generaciones de profesionales de la salud mental que valoran sus aptitudes didácticas, su capacidad para integrar experiencias y su forma libre y generosa de compartirlas. Su necesidad de aprender y de transmitir el conocimiento se evidencia asimismo en la publicación de numerosos libros y artículos.

TdP.-  Dra. en Medicina y Cirugía, Psiquiatra, especializada en niños y adolescentes, Psicoanalista Didacta de la Sociedad Española de Psicoanálisis, Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional, fundadora y actualmente presidenta del Patronato de la Fundació Eulàlia Torras de Beà Institut de Psiquiatria-Psicologia del Nen i de l’Adolescent en el ámbito de la asistencia pública, autora de numerosos libros y artículos sobre psicoanálisis, asistencia pública, sobre trastornos en niños, adolescentes y sus familias,  y sobre diferentes formas de tratamiento…  ¿Cómo se lleva todo ello?

E. Torras.- Nunca se hace todo de golpe, las cosas van saliendo y uno se va acostumbrando a los cambios y a las novedades…

TdP.- Empecemos por el principio. Nos gustaría que nos contaras algo sobre tu  infancia y el ambiente familiar en el que creciste.

E. Torras.- Bastante difícil de contar porque fue en parte en Barcelona.  Bueno yo nací en la Patagonia, en la provincia de Santa Cruz, en el puerto de San Julián, donde no había casi nada. Enseguida, de muy pequeña, de meses, me trajeron a Barcelona de modo que yo no tengo ningún recuerdo de la Patagonia de aquella época. Luego a finales del 36 volvimos a Argentina, pero en ese momento a Buenos Aires, ya no al sur. Éramos cinco hermanos, yo con cinco años y medio y las últimas dos gemelas. El primer recuerdo fuerte que tengo, no diré que recuerde detalles, pero recuerdo muchísimo, es el viaje en barco de Barcelona a Buenos Aires. Arreglárselas mi madre sola con cinco niños… Siendo yo la mayor me daba cuenta de que aquello era bastante fuerte. Mucha gente ayudó e hicimos amigos que luego seguimos teniendo en Buenos Aires. Hubo momentos malísimos y momentos buenos, pero recuerdo una infancia feliz. Recuerdo haberme divertido muchísimo porque vivíamos en las afueras y podíamos jugar en la calle, en el jardín, en casa de todos los vecinos y era divertido. Además éramos cinco hermanos que íbamos bastante juntos y a pesar de todos los momentos malos, que hubo muchos, recuerdo siempre la preocupación de nuestros padres por nosotros. Siempre tenías la sensación de que no nos pasaría nada o que estábamos bien protegidos, que les importábamos mucho. Creo que éste es el recuerdo más importante que tengo. Luego pasaron cosas, como mi hermana que enfermó muchísimo y muchas otras cosas que sucedieron, pero siempre con esta sensación de bastante tranquilidad porque había unos padres que se preocupaban. Recuerdo la despedida de todos los parientes. En Buenos Aires yo me acordaba de tener tíos, primos, abuelos en Barcelona, y estar allí los padres y nosotros, algo así como solos. Recuerdo también la sensación de que aquí había guerra y que allí estábamos protegidos, pero también la preocupación de nuestros padres por los que estaban aquí y no se sabía que pasaría.

Otra cosa muy importante son los 12 años en Argentina, porque estuve allí toda la primaria y el bachillerato y el primer curso de medicina y son años muy importantes. Estuve allí toda la adolescencia porque vine con 18 años. Recuerdo la diferencia. Mientras estaba allí lo normal era aquello, pero al venir y encontrarme en pleno franquismo, con la cerrazón que había aquí, con la cantidad de imposiciones, la represión…, me parecía una ventana abierta el acordarme de Buenos Aires y de las muchísimas diferencias de ambiente. Por ejemplo, en mi clase éramos 38 alumnas de bachillerato, eran cinco líneas, de modo que éramos unas 200 alumnas del mismo nivel y teníamos la pluralidad de diversas religiones: 10 o 12 católicas, 10 o más judías, protestantes de distintas líneas, una ortodoxa griega, 2 ateas declaradas ―una de las cuales era la tercera hija de Emili Mira, Monserrat Mira, que actualmente vive en Barcelona―. El hecho de tener una compañera de banco y al poco de haber empezado a hablar descubrir: “ah! tú eres judía” o “yo soy católica”, “yo soy atea”…Y cuando más adelante empezaron los problemas con el peronismo,  ese “¿tú qué eres?” se convertía en “yo peronista, yo radical”… Ya en plena guerra mundial teníamos parte de la familia que se había exiliado a Francia y un hermano de mi madre fue tomado por los alemanes. En la invasión de París, como con cada cosa que sucedía había represalias, se lo llevaron y murió en un campo de concentración nazi. Desde allí lo vivíamos, nosotros menos, pero veíamos a nuestros padres como estaban preocupados por toda la situación y con todo lo que pasaba aquí. Oír las discusiones entre mayores entonces, los comentarios, era muy interesante, aparte de que preocupara mucho. Allí, entre compañeras que podían pensar de otra forma o tener otras culturas, nos contábamos cosas. Pero aparte de eso existía también la posición de cada una y ahí se empezaron a producir divisiones. Porque Perón hizo  un giro: de estar a favor de la Iglesia porque quería beatificar a Eva Duarte a estar en contra porque no lo conseguía. Recuerdo que cuando París fue reconquistado por los aliados todas nos pusimos una escarapela en el uniforme escolar. Aunque la mayoría fuesen pro aliados, había quien salía con la bandera a favor de los nazis…

Todo esto era muy distinto de como se vivía aquí. Cuando volví me contaban cosas que me hacían pensar si yo estaba equivocada en todos los sentidos, porque tenía un idea de que aquí no se sabía nada, y aquí te contaban cosas diferentes. Recuerdo la primera vez que volví a Buenos Aires, yo quería ver a la mayor parte posible de mis compañeras de bachillerato. Ellas me preguntaban: ¿por qué es tan importante para ti encontrarnos todas de nuevo? Y yo pensaba: ¿cómo puede ser que no se enteren? Y les pude explicar que al llegar a Barcelona conservaba el recuerdo de estar con todas ellas y poder discutir situaciones políticas, religiosas, culturales, de familia, porque uno era hijo de un checo y una rusa, aquél era hijo de un americano y una italiana, este recuerdo me daba una idea de pluralidad que en Barcelona no existía. Por ejemplo, el hecho de que cuando había hora libre de estudio la celadora organizaba diferentes actividades y una de ellas era recitar poesías en catalán y trabalenguas en catalán porque les interesaba. Y el que hablaba irish recitaba poemas en irish y el que sabía tocar el piano tocaba piano.

Cuando llegamos aquí la idea de represión de la lengua yo no la había vivido porque en la Argentina no existía: salías de casa hablabas castellano, entrabas en casa y hablabas catalán, lo tenías tan automatizado, que cuando volví me pasaba lo mismo. Mis hijos me decían: “¿por qué le hablas al taxista en castellano?” Durante el franquismo porque, además, era obligatorio.

TdP.- La familia, pues, mantuvo el catalán en Argentina

E. Torras.- Cuando nos fuimos a Argentina nosotros hablábamos en catalán, excepto las dos pequeñas que sólo tenían seis meses. Era al revés, no sabíamos hablar bien en castellano, lo entendíamos pero lo hablábamos mal. El primer día de escuela, en la primaria, cuando tenía seis años, todo nuevo, muchos nervios, y hablé, le dije a una niña algo así como: “esta mañana me dolía la cama”, en lugar de la ‘pierna’ y la niña dijo: “¿pero cómo habla esta piba?”. Entonces me callé durante mucho tiempo hasta que tuve los dos idiomas situados. Entonces ya  podía hablar catalán en casa y castellano en la escuela. En casa mis padres tenían tanto empeño en conservar la lengua que inventaban muchas cosas para que nos interesara, para que la cultiváramos y para que no la mezcláramos, pero nos involucraban a nosotros. Nos inventamos que quien decía una palabra en castellano hablando en catalán pagaba una multa. Había una alcancía y nosotros pagábamos una multa supongamos de 1 y mis padres pagaban 10 veces más, de modo que estábamos persiguiendo a nuestros padres para que pagaran la multa. Esto fue como un juego durante mucho tiempo. Pero al volver resulta que mucha gente hablaba el catalán peor que yo, a pesar de mis 12 años en Buenos Aires, lo cual me recordaba que aquí estaba prohibido. Mi hermano, que también es psiquiatra, fue a Buenos Aires con cuatro años y en 1964 se marchó a Estados Unidos, él habla y escribe el catalán de una forma que aquí sorprende por el nivel que tiene. De modo que sí, lo conservamos mucho.

TdP- Hablas de un hermano médico y también estudiaste un primer curso de medicina en Buenos Aires. Cuéntanos sobre eso, sobre cómo nació esa vocación.

E. Torras.- Mi abuelo materno era médico, mi bisabuelo también y creo que mi tatarabuelo. En la familia hay muchos médicos en los dos lados, en la familia Armangué y en la familia Torras. El abuelo Armangué, era una persona interesada en todo y contaba en la mesa muchas cosas. Mi hermano y yo, los dos mayores, habíamos vivido en su casa cuando mi padre estaba en la Argentina y mi madre, embarazada de las mellizas, esperaba que nacieran para marcharnos todos juntos.  Pero al empezar la guerra la cosa se complicó y hubo un retraso.  Recuerdo a mi madre ―que vivía en casa de los abuelos Torras con mi hermana tercera cuando ya había estallado la guerra―, viniendo a vernos y toda la familia horrorizada diciéndole: “¿Cómo es que has venido? ¡Hay tiroteos en la plaza Urquinaona!” y mi madre decía: “Bueno, pero quería ver a los niños” “¡Pero no tenías que haber salido de casa!”. Estaban asustados de que fuera de una casa a otra porque tenía hijos aquí e hijos allá.

Y en cuanto a la vocación médica, yo recuerdo haber decidido que quería ser médico a los 10 o 12 años, lo tenía pensado y además me quería dedicar a niños. Puede ser que influyera el hecho de tener muchos hermanos, porque en muchas cosas me ponían de tercer adulto de la familia. Luego mis hermanos me tildaban de mandona, pero mi madre cuando quería que algo saliera me decía: “Eulàlia, diles a tus hermanos que hagan tal cosa”. Me hacían más caso a mí que a ella, porque yo les organizaba juegos, les hacía pasteles, les enseñaba a andar en bicicleta, a nadar. Siempre me gustó, me divertía hacer eso. Nunca tuve muñecos de juguete porque tenía a mis hermanos. Además, si no tenía a mis hermanas pequeñas para cuidar, tenía  gatos. Les hacía  vestidos y les envolvía las patas para que no me arañaran cuando los bañaba. De modo que mi infancia fue muy divertida.

TdP.- ¿Y cómo conociste a tu marido Josep Beà, actualmente psicoanalista didacta de la SEP?

E. Torras.- Él trabajaba con mi tío Oscar Torras, psiquiatra, director del Institut Mental de la Santa Creu. Le conocí en la Rambla Catalunya, saliendo con mis tíos de su casa. Él venía  por la calle Provenza y mi tío nos presentó allí mismo. Él me trató de “tú”, cosa que se hacía aquí  pero en Argentina no, allí hablabas de “usted” al principio y luego, con el tiempo, podías cambiar al “tú”. Él me habló de “tú” y yo pensé: “¡pero qué atrevido este chico!”

Cena anual de la Escuela Profesional de Psiquiatria, promoción 1972

P- ¿Cómo empezaste a interesarte por el psicoanálisis?

E. Torras.- Es que toda la vida lo he tenido. Un día en la mesa mi padre contó que había un médico que decía que si te pasaba algo que te hacía sentir mal, si descubrías qué era aquello, se te curaba. Yo pensé: ¡qué cosa más rara! Pero él lo siguió explicando: “por ejemplo, si tienes mucha rabia de algo y en lugar de mucha rabia te duele la barriga, si te das cuenta de que tienes rabia y de por qué la tienes, esto se te cura. O él lo contaba de una forma muy simple o yo sólo entendía la parte simple del asunto. El caso es que el ejemplo que puso era alguien que tiene rabia o que tiene celos, pero no lo sabe, y cuando va descubriendo qué le pasa, eso se cura. Mi madre también lo explicaba, pero incorporado a la vida cotidiana.

Por tanto desde los 14 años pensaba que debería hacer algo porque me veía a mí misma con problemas, pensaba que todas esas cosas me las debería de aplicar a mí misma. Josep empezó primero el análisis.  Teníamos poco dinero y  le dije que podía analizarse él, porque como yo tenía mucho miedo no lo iba a hacer. Al cabo de un año había perdido el miedo. Fui a hablar con Bofill y le dije que creía que, a pesar de ser médico psiquiatra, lo que me convenía era un análisis terapéutico. Él me dijo que todos los análisis eran terapéuticos y entonces pensé que así no me podía equivocar.

TdP.- ¿Tú crees que influyó el hecho de que la SEP se originara en Barcelona, tu ciudad?

E. Torras.- Sí, porque nosotros no nos hubiéramos ido a formar al extranjero como nuestros pioneros, que eran muy capaces y muy valientes. Nosotros no éramos ni tan capaces ni tan valientes y no hubiésemos ido o analizarnos a Suiza, a París, Londres. Por grave que fuera la situación, seguramente no lo era tanto como para hacer estas valentías y este cambio de vida. Además cuando empezó la SEP nosotros ya teníamos hijos. Nos casamos cuando terminé cuarto curso de Medicina y pudimos hacerlo porque Josep obtuvo una plaza de médico interno y pudimos ir a vivir al Institut Mental de la Santa Creu. Nos casamos y cursé quinto embarazada y sexto con un bebé, de modo que no estábamos para muchas cosas más.

TdP.- Entrando ya en el tema del Psicoanálisis, ¿qué lecturas e influencias destacarías como más significativas para ti? Nos gustaría que nos hablaras un poco de todo esto, de tus maestros, de la escuela francesa…

E. Torras.- Mi primer maestro fue Lluis Folch i Camarasa. A pesar de que no era psicoanalista, tenía una visión psicodinámica de las relaciones entre padres e hijos. Estuve sentada meses a su lado durante las visitas, y vi que su manera de hablar con los padres era una forma de mejorar las relaciones en la familia, potenciando la evolución del niño y hablando con las escuelas para ayudar a su integración. Él fue quien me dijo que iba a organizar un seminario de psicoanálisis infantil en el Hospital Clínic junto con la doctora Júlia Coromines, y nos las arreglamos con Josep para que yo pudiera acudir. En aquel seminario, impartido por Júlia, fue donde pensé que estaba bien la idea de analizarse.

Lluis Folch i Camarasa, me recomendó una hoja entera de bibliografía. ¡Me dio trabajo para rato…! La bibliografía que me recomendó era sumamente interesante. Recuerdo una Psicología Social que me interesó muchísimo, y toda la colección Paideia, unos libros pequeños que tenían una visión dinámica de la psicología ante diversos aspectos, la delincuencia, el fracaso escolar, etc.

A partir de ahí, cuando ya contacté con Júlia Coromines, una de las primeras cosas que leí fue La entrevista de H.S. Sullivan, cosas de Bowlby, de Anna Freud, M. Mahler, R. Spitz, E. Erikson, K. Friedländer…  Recuerdo que me recomendaban lecturas, no en una única línea teórica, sino sobre todo aquello que podía interesar a alguien que iba a trabajar con niños. Por ejemplo, para mostrar una diversidad de lo que leía, citaría a Ch. Bühler, que no era psicoanalista pero tenía una visión dinámica; también V. Frank. Luego fue la conexión con la escuela francesa. A mí me interesó mucho, lo considero un maestro, Diatkine; también Lebovici, con quien Júlia había supervisado mucho;  Nacht, que me interesó menos o me parecían más raras algunas de las cosas que decía, quizás no lo entendía bien. Otra es C. Chiland, que más tarde ha trabajado con transexuales. J. Mac Dougall, me interesó mucho en la época. Y luego hay cosas que uno no relee, pero me interesarían mucho ahora, por ejemplo, L. Grinberg y su libro Culpa y depresión. Un estudio psicoanalítico, con su importante aportación teórica sobre la diferencia entre culpa depresiva y culpa persecutoria. Quiero decir que no íbamos en una línea, sino que íbamos a cualquier cosa que nos pudiera interesar. También nos recomendaban no solo los mayores sino también los colegas, los compañeros.

Con los psicoanalistas de París continuamos en contacto durante años. Josep y yo fuimos a dos seminarios de perfeccionamiento. Era algo así como que todos los de allí eran maestros y discutían cosas entre ellos que te interesaba mucho escucharlas.

Eulàlia Torras con Yolanda Gampel

Luego vino la segunda parte, el conocer la escuela inglesa, leer a Klein  y conocer personalmente a B. Joseph, H. Segal, E. Bick, D. Meltzer, H. Rosenfeld… Yo fui a supervisar con este grupo durante un tiempo tres o cuatro veces por año, o incluso más, porque trataba gente que aquí no podía supervisar.

Meltzer era un supervisor brillante, muy didáctico, también tenía la ventaja de que no se dejaba limitar mucho. Me animó a que entre supervisión y supervisión le mandara alguna sesión escrita en la mitad izquierda de la página y él me la mandaba de vuelta, con los comentarios en la mitad derecha. Hoy en día sería una supervisión por skype; en aquel momento sin ordenador, sin Internet y sin nada, pero con máquina de escribir. Era muy libre, no había que supervisar de una determinada manera. Durante un tiempo había venido a supervisar a Barcelona. Entonces cada trimestre venía alguien de fuera a supervisar: M. Spira, también H. Rosenfeld. Luego durante una época vino Ruth Riesemberg varias veces al año.

TdP.- Pues aquí ya enlazamos con nuestra generación, también habíamos supervisado con ella ¿Fue viniendo a lo largo de los años?

E. Torras.- Sí. Después de un paréntesis de un año que vivió en Estados Unidos,  volvió a supervisar, pero ya no fue tan seguida la supervisión como habíamos tenido antes nuestro grupo. Entonces, teniendo una formación ―no sé si muy estructurada, pero diversa― cuando contactamos con Londres aprendimos muchas cosas. Por ejemplo, de M. Klein me interesa toda la estructura de mundo interno, de objetos internos, me parece fantástico. Los dos trabajos que tiene sobre bebés me interesaron mucho, a pesar de que no se si ella trabajó mucho con bebés, pero transmite cosas muy útiles para la clínica. Porque valoro enormemente que la teoría tenga una traducción en la clínica.

Eulàlia Torras con Ramon Bassols, Horacio Echegoyen y Pepe Rallo

Una experiencia que tuve y que me interesó muchísimo, fueron unos grupos para psicoanalistas didácticos llamados CAPS: Center Advance Psychoanalytic Studies Eran grupos de psicoanalistas mayores, porque todos los que se reunían eran didácticos. Había varios en funcionamiento, por ejemplo, en otro de los CAPS participaba Terttu Eskelinen. A mí me invitó M. Laufer, había dos psicoanalistas kleinianos que eran E. Brenman y M. Feldman, un annafreudiano y un independiente que era H. Steward. Estos cuatro eran de Londres y luego había un holandés, un suizo, un alemán, un belga, yo de Barcelona…, en total éramos 12 o 15 y nos reuníamos dos veces al año en un fin de semana intensivo. Nos reuníamos el viernes para cenar, trabajábamos sábado, mañana y tarde, y domingo por la mañana, y por la tarde volvíamos cada uno a su casa. Esto sucedía en Windsor y estuve en este grupo 12 años, 24 encuentros. Fue muy interesante, la condición era: nada de teoría, solo clínica. Alguien presentaba y se discutía la clínica sin introducir teoría para nada. En este sentido me pareció interesante, quizá porque yo siempre he sido mala para la teoría.

TdP- En esto se ve la formación como esfuerzo pero también la formación como satisfacción, vivida con interés…

E. Torras.- Claro, no teníamos para nada la obligación de hacerlo, habíamos terminado, nos habíamos graduado, era satisfacción personal de poder hacerlo. Cuando me invitaron pensé: ¡mira qué suerte que has tenido! Dudaba si participar porque iba a tener un nieto, pero al ver que eran solo dos fines de semana al año contesté que sí, que me interesaba mucho.

Ah! La saga de médicos psiquiatras en la familia sigue, porque Pere, tiene una hija que está haciendo el Mir de psiquiatría en Bilbao, de modo que no hemos terminado todavía. También hay otro nieto más pequeño, que es muy modesto, dice que si tiene nota estudiará medicina.

TdP.- Si tuvieras que escoger algunas obras de Freud y  Klein cuáles escogerías y cuáles piensas que podrían quedar atrás. Algunas ya nos has dicho.

E. Torras.- Del todo, no descartaría ninguna, pero tampoco me quedaría con ninguna como libro de cabecera. No sé….. De Freud el trabajo de 1905, Tres ensayos sobre la teoría sexual, luego los últimos: El yo y el ello, Más allá del principio del placer, Inhibición, síntoma y angustia, diría que estas. También la de 1914 sobre narcisismo. De las lecturas de Freud lo que uno aprende es a pensar las cosas y a volverlas a pensar. Este proceso en el que Freud se olvida de avisar cuando cambia de idea, pero tú puedes ir viendo este cambio de idea, inspira mucho a repensar las cosas. Otro que también inspira mucho es W. Bion. Al empezar lo primero que leí de él fueron los seminarios brasileños. De Bion lo que me atrae es algo que queda reflejado en lo que sucedió en un congreso. Alguien le dijo que en tal libro decía cosas diferentes a las que estaba explicando en aquel momento. Y él respondió: “¿Yo decía otra cosa? ¡Pues vamos a tirar el libro y lo volvemos a pensar!”. Por esto cuando aquí se estudia a Bion como si lo tuviéramos que aprender de memoria me parece raro porque no es la idea ni del propio Bion. Me parece mucho mejor usarlo como inspiración y ver uno mismo como lo comprende.

TdP.- Nos interesaría conocer tu evolución como psicoanalista, qué cambios observas, si los ha habido, en tu forma de entender el psicoanálisis.

E. Torras.- No sé si sabría contestar esta pregunta porque uno hace cambios de los que ni se da cuenta. Yo lo que diría es que con los años uno se atreve más a pensar a su manera, en lugar de tener que complacer a alguien, diríamos ser buen alumno para alguien; uno no tiene que ser buen alumno para nadie, ni siquiera buen maestro para nadie porque es el otro que tiene que organizarse su manera de pensar. Pero si dijera más cosas diría que, por ejemplo, en relación a psicoterapia y psicoanálisis lo vería distinto de hace años, en que tratábamos de saber las diferencias, también las semejanzas… Pero en este momento me da igual. Tengo la impresión que todo son formas psicodinámicas de entender el problema pero que tienen un fondo común y las diferencias tienen que ver con las posibilidades de llevarlo a la práctica. Vamos a intentar entender la dinámica de un problema y tenemos cinco sesiones por semana, cuatro, tres, dos o una, o una sesión cada 15 días, para trabajar. Tienes más tiempo para trabajar y quizá podrás ampliar más, o tienes menos tiempo y tendrás que focalizar más. Y el resultado variará según la capacidad que tengan terapeuta y paciente de sacar partido de las condiciones que tienen.

Antes, por ejemplo, nos planteábamos si se tenía que interpretar la transferencia o no, cuando uno la está viendo desde el principio. Por ejemplo, una paciente, una chica joven, llegó a la primera entrevista y mirando a su alrededor, me dijo: “¡Qué rara es la consulta de un psicoanalista!”. A continuación me explicó que esa misma noche había soñado que entraba en una casa que era muy rara,  había cosas oscuras, había un mueble,  “yo venía a verla a usted y usted era de otra forma”. Yo le dije que, por lo visto, pensaba que todos los psicoanalistas tenemos la casa igual y además añadí algo en relación al  sueño. Ahí empezamos la conversación, después ya le pregunté a qué había venido. Pero los primeros comentarios fueron sobre la idea que ella traía de la consulta de un psicoanalista. Como aquel niño que me decía: “Cuando te conocí tú eras alta, siempre vestida de negro… ¡con unas uñas así y unos dientes…!”. El niño era muy fóbico, como se puede ver. Le dije: “¿Tú qué crees, que me he encogido?”. Y el niño dijo: “Seguramente sí, o a lo mejor es que he crecido yo”. Y como tenía nueve años y esto  me lo decía a los 12, pues había crecido bastante. ¿Hay que interpretarlo o no? Pues si uno no tiene ninguna idea es mejor dejarlo. ¿Se puede conversar o no? Pues uno diría que sí, en psicoterapia y en psicoanálisis.

No sé si lo más importante que he recibido en el psicoanálisis, en toda la formación, es justamente una visión de la psiquiatría, de la vida, de la evolución, del aprendizaje, una visión dinámica de todo esto.

Y en cuanto al futuro del psicoanálisis… depende de lo que uno entienda por futuro del psicoanálisis. Si estamos hablando de cinco sesiones por semana y conducido de una determinada manera, entonces no sé lo que va a pasar. Ahora estamos en crisis y esto es muy difícil. ¿Volverá a poderse practicar una exploración psicoanalítica más a fondo, con más tiempo?  No lo sabemos. Existe la ley del péndulo que permite que las cosas vayan y vuelvan, pierdan este estar de moda y luego lo recuperen… Pero una visión dinámica del trabajo que uno hace, del “trabajo clínico” que uno hace, sea pediatra o sea psiquiatra de niños o maestro. Yo creo que esta visión dinámica la conservaremos si la sabemos transmitir.

Es como el cambio en el setting. Mi forma de encarar el setting se fue haciendo menos rígida. Al principio uno está “encarcarado”, por miedo, porque tiene que hacer “las cosas bien”, y luego uno está más tranquilo. Pero sí que necesito un setting para trabajar, porque se necesita para cualquier trabajo. Si uno es maestro necesita un setting y si es cirujano necesita otro setting. Hay unas condiciones que hacen falta. No me imagino haciendo un trabajo psicológico de ayudar a alguien a clarificarse en un autobús, por ejemplo.

Para mí hay que construir el setting adecuado para cada paciente. A uno le aceptaré cambios de horarios, por ejemplo, y a otro pensaré que no se los debo aceptar, porque estaré captando que lo que tengo que hacer es clarificar qué le pasa que necesita tantos cambios, si es que necesita que yo esté a su servicio, digamos. Lo veo diferente a como anteriormente lo veía.

TdP .- ¿Cómo valoras el Psicoanálisis  Relacional?

E. Torras.- ¿Psicoanálisis Relacional? ¡Pero si lo hemos hecho toda la vida…! Ayer estaba corrigiendo mi libro Entrevista y Diagnóstico porque se va a volver a publicar, y pensaba: “es que aquí lo pongo explícitamente, ‘en esta experiencia relacional’…”. Y esto no lo digo porque aparecieran los relacionistas, sino que está escrito en 1991. Es por eso que no veo qué tiene de nuevo. Estará bien o mal llevada la relación terapéutica, hay entrevistas que las hacemos peor y otras mejor, pero todas son relacionales. Yo recuerdo, por ejemplo, cuando estábamos trabajando en el libro de grupos, recuerdo a un psicoanalista que llevaba un grupo, y que se dirigía al grupo como si no formara parte de este, no decía: “nos está sucediendo ahora aquí a todos, unos participando activamente y otros quedándose fuera”, sino: “os sucede”.  Aunque son estilos diferentes, continúa siendo una experiencia relacional.

TdP.- Como psicoanalista de niños, como psiquiatra infantil en la asistencia pública, como experta en Psicología infantil, ¿qué condiciones, relaciones, situaciones, consideras que son más importantes para favorecer la salud mental del individuo? ¿Y cuáles consideras que con mayor probabilidad pueden ocasionar el desarrollo de psicopatología?

E. Torras.- No creo que yo vaya a decir nada muy original. Creo que todas las experiencias de la infancia son importantísimas. Recuerdo una época en que tenía una disociación tremenda. En el Instituto de Psicoanálisis, cuando se presentaba el psicoanálisis de un niño, escuchando, veías que los padres siempre eran presentados como buenos. Como psicoanalistas era el paciente el que tenía los problemas, el que destruye lo bueno que le dan.  Los padres  siempre quedaban a salvo, porque obviamente son los que están preocupados por el hijo, los que le quieren bien, los que se desviven por él, los que hacen todo acertadamente. Pero iba al Hospital y quedaba clarísimo que había padres que estaban bastante locos y que el niño era, entre otras cosas, el producto de un malestar, una enfermedad mental y de una serie de errores, a veces catastróficos, de los padres. Yo no conseguía juntar una cosa con la otra. Bueno, con el tiempo se fue integrando…. Es tener más en cuenta el entorno del paciente, quien cuando te está contando algunas experiencias a veces te resulta muy convincente y realmente imaginas esos adultos en esa forma. Evidentemente queda un margen para equivocarse importante también. Recuerdo una vez con E. Bick ―con ella habíamos supervisado y era una persona muy didáctica―  yo presentaba un niño en un grupo en Londres y Mrs. Bick me dijo: “La madre de este niño ¿cómo está?” Y yo le respondí: “La madre de este niño es muy inmadura”. Entonces ella no me dejó seguir y me dijo: “No le dé la culpa a la madre, porque la madre hace lo que puede”, entonces yo le dije: “Es que no me ha dejado terminar. Sí que la madre está muy preocupada por él, está haciendo muchos esfuerzos para que se trate, porque dice que ella ha sufrido mucho y no quiere que su hijo sufra como ella, pero sigue siendo una madre muy inmadura que no lo puede ayudar, se le escapa por todas partes”. Bueno pues los padres, la salud mental de los padres, también la dedicación en el sentido de lo que el niño les puede importar y lo que están dispuestos a hacer para ayudarlo son aspectos esenciales. Y la falta de esto hace que evidentemente los resultados sean graves. Pero también hay otros factores, la biología, lo genético, todo esto cuenta. Como yo empecé primero con clínica en psiquiatría infantil y estuve ocho años en Parálisis Cerebral, donde allí lo orgánico no cabe ninguna duda de que es grave y serio, todo lo anterior es muy importante, pero situado dentro del conjunto. Recuerdo que fui a un lugar de España porque me invitaron a presentar un trabajo que era sobre “obsesivos pequeñitos”, niños con problemas obsesivos graves, de tres, cuatro, cinco años. Al terminar alguien me preguntó: “¿Y usted cuál piensa que es el origen de estos problemas tan graves en niños tan pequeños?”. Le dije que cada vez que trato un niño con esta psicopatología y tengo que pensar bien cómo entiendo la situación, me viene la idea de que hay algo biológico, hay como una tendencia, como una facilidad, como un problema de base, además de todos los problemas ambientales que puedan darse. A veces, uno no los ve tan marcados estos problemas ambientales como para generar este tipo de patologías, si no hubiera ya algo de base, una tendencia”. Me dijo: “Me extraña muchísimo que usted siendo psicoanalista lo vea así” Y le dije: “Mire, pues ya hace muchos años que lo veo de esta forma, que hay problemas no sé si genéticos, hereditarios, perinatales…, algo que no es solamente lo relacional”.

Yo siempre he estado en la asistencia pública, empecé estando en la pública. Me ha interesado siempre muchísimo ―tampoco hubiera querido no hacer privada, porque se complementan mutuamente muy bien― y este tipo de problemas se ven mucho más en la pública. Desde que se creó la Red Pública de Salud Mental Infantil, los CDIAP, los CSMIJ, etc., hemos tenido una demanda que no la teníamos antes, porque aunque se tuviera que pagar muy poco había padres que no querían o no podían pagar. Pero desde que existen los servicios públicos, como las escuelas pueden presionar o incluso obligar a llevar al niño a consultar, hemos recibido niños de todo tipo y evidentemente ha salido de los  rincones una psicopatología que no conocíamos. Recuerdo cuando con los compañeros de Cruz Roja decíamos: “¡Otra especialidad que tenemos que aprender!”. Por ejemplo, las drogadicciones en niños, o los ambientes muy desestructurados, o los padres con problemas mentales importantes. Todo este tipo de cosas no las veíamos antes.

TdP. – Bueno, con esto nos has contestado a algunas  preguntas que pensábamos hacerte ¿Y cómo ves el aumento de medicación en el tratamiento de los niños?

E. Torras.- Muy preocupante. Ahora parece que hay una reacción. En Madrid hubo una reunión de profesionales y acabaron escribiendo una nota en el periódico El País diciendo que están muy preocupados por lo que está sucediendo, que les parece raro que se pueda llegar a medicar tanto. La propaganda ejerce una gran presión para que se medique. Hay escuelas que ya directamente mandan a todos los niños que se mueven, que a veces son pequeñísimos, a centros de los que salen medicados. ¿Cómo se puede decir que un niño de tres años que se mueve es un hiperkinético o un TDH? Es un nombre que se han inventado completamente,  cajón de sastre donde va a parar todo.  Y salen todos medicados de la misma forma. Hay padres que dicen: “Es que si salieran medicados, pero de forma distinta, pero es que vemos que todos llevan la misma medicación. No puede ser que mi hijo sea una copia de todos”. Es muy, muy preocupante. Se diga lo que se diga, son anfetaminas modificadas. Hay muchos médicos preocupados pero muchos otros entran ahí. Las farmacéuticas presionan muchísimo.

En nuestra web, en el apartado de publicaciones, tenemos tres trabajos de Marcia Angell, una farmacéutica americana investigadora en cuestiones de medicación, que publicó estos tres trabajos por internet, traducidos del inglés por la Dra. Mercedes Valcarce. En estos tres trabajos ella recensiona tres libros de tres autores: un psiquiatra, un farmacéutico y un periodista, que hablan de la  medicación mal administrada y es impresionante. Son tres trabajos a mi modo de ver buenísimos.

TdP.- Y por el contrario ¿qué lugar crees que ocupan las aplicaciones del psicoanálisis en la actual red pública de salud mental?

E. Torras.- Creo que un lugar enorme. Por ejemplo, nosotros somos unos 60 en la Fundación; cómo no voy mandando a la gente psicoanálisis, ni les pregunto si lo están haciendo, ni nada de todo esto (porque considero que es absolutamente personal), no sé cuántos habrán hecho un psicoanálisis en el sentido de muchas sesiones, quizás no tantos, pero psicoterapias seguramente más. De todos modos, estoy segura de que todos, no. A pesar de todo, la mayor parte, por no decir el 100%, tiene una visión dinámica de la psiquiatría infantil. En este sentido, creo que ocupa mucho lugar.

TdP.- ¿Esto es extensible a otros servicios actuales en psiquiatría infantil, en el sentido del peso que pueda tener la visión dinámica?

E. Torras.- Sí, y no solamente en las especialidades psiquiátricas. Por ejemplo, nosotros hemos hecho bastantes colaboraciones con Elisenda Trias, que es una pediatra que hizo observación de bebés con Núria Abelló  y que ahora me pidió un pequeño artículo para una revista que se llama Infancia y que la dan gratuitamente en las farmacias, en la que se hablaba de lactancia. Estoy segura de que esta pediatra tiene una visión dinámica de su trabajo, a pesar de que está, no sé, explorando barrigas, pulmones…, pero está viendo niños y padres y las relaciones entre ellos. En este sentido, la visión dinámica va mucho más allá de la misma especialidad psiquiátrica o psicológica.

TdP. – ¿Influyó de alguna manera tu trabajo con Júlia Coromines en tu idea de crear un servicio de psiquiatría infantil?

E. Torras.- Conocí a Júlia Coromines en el Casal Català de Buenos Aires. Ella era médico y experta, yo tenía 14 años. Cuando la volví a encontrar en Barcelona, ella tenía ya la idea de fundar el Centre Pilot de Paràlisi Cerebral, a petición de un grupo de padres que ella dirigía, era la asesora. Yo también llevaba a unos cuantos padres de niños de parálisis cerebral; me preguntó si me interesaba la idea y le dije que sí. Juntamos los dos grupos de padres y luego se añadieron Jordi Plaja, Josep Mas, Jordi Ponces, etc., y así se fue organizando el Centro. Estuve con ella pero la ayudé poco, porque tenía también mis hijos pequeños. Entonces a mí me encargó la parte del lenguaje porque es en lo que había trabajado más. Estuve con ella esos 8 años y cuando me despedí ella ya estaba yendo a Londres a hacer una re-formación o un re-análisis, algo más en su formación. Fue cuando acabó dejándolo y entonces el director del Centro pasó a ser Jordi Ponces. Ella estaba muy ocupada con otras cosas pero evidentemente siempre le había ido consultando cosas, no sólo del servicio, sino toda clase de cosas, incluso familiares.

Lo que más me impresionó siempre de Júlia fue su libertad. Hubo una época en que había que ser solo psicoanalista; para ser un buen psicoanalista no tenías que hacer nada más que psicoanálisis todas las horas de tu vida. En todo caso yo no deseaba esta restricción. Ella tampoco. Ella era una persona que hacía lo que consideraba conveniente, lo que creía que tenía que hacer.

Por ejemplo, recuerdo una ocasión en la que presentó su libro  Psicopatología Arcaica y me llamó y me dijo: “Oye Eulàlia, en la mesa de presentación de un libro, ¿tú crees que pueden estar bien una madre y una hija?” Respondí: “Ay Julia, no sé, haz lo que quieras. Creo que sí ¿por qué no?” Quería invitar a mi hija ―pediatra― a presentar el libro y como ya me lo había pedido a mí… y le contesté que se lo preguntara a ella. Y estuvimos las dos en la mesa. ¿Era ortodoxo? ¿No lo era? No nos importó ir y así fue la cosa. La llamé y le dije: “Oye Julia, tú ya sabes que estoy en desacuerdo con algunas cosas del libro ¿no?” y respondió: “Sí, sí, ya lo sé”, por lo que le pregunté: “Entonces ¿crees que es momento de decirlo en la presentación de tu libro? Porque yo creo que no”.  Ella estuvo de acuerdo en que aquel no era el momento, pero le dije que le comentaría a ella mis desacuerdos, que aceptó de buen grado. Vaya, que le podías decir cuando estabas en desacuerdo a pesar de que íbamos a presentar el libro. Y yo sabía que no me iba a sacar de la mesa por decirle que estaba en desacuerdo. Por el contrario, querría que se lo explicara aunque no fuera en ese momento.

Como jefa, ella daba mucho tiempo a que las cosas se hablaran, se discutieran… Yo quería que ella fuera más resolutiva y le decía: “Pero Júlia, ¡decide…! ¿Lo quieres de esta manera o de la otra?”. Y en cambio ella dejaba que la gente lo hablara.

En Cruz Roja, cuando me veía en situaciones de llevar aquello, de coordinarlo de alguna forma, me acordaba de Júlia y pensaba: “¿Ves? Ahora aquí se puede dejar que lo vayan discutiendo o se puede decir: haremos tal cosa”. Le había criticado que daba demasiado tiempo, porque a veces resultaba que cuando ya estábamos adelantados en discutir aquello salía otra idea y venga, hablémoslo todo otra vez. Yo no era tan paciente, ni mucho menos, y cortaba antes, pero siempre me había inspirado mucho esta forma de Júlia de tener muy en cuenta que era mejor elaborar las cosas dentro de la coordinación del servicio. Francesc Cantavella, que se había analizado con Júlia, me criticaba y me decía: “Pero tú lo que tienes que hacer es dirigir. Menos clínica y más dirigir” y le respondía que a mí me gustaba la clínica. Él todavía exigía más, quería que fuera resolutiva y yo no llegaba a tanto, ni me quedaba en el otro punto. Pero ella tenía esta cosa tan sumamente libre y tan generosa. Cuando dije que me marcharía del Centro, Jordi Ponces no me dejaba marchar, en realidad usaba la táctica de la culpabilización: “Hay poca gente que se dedique a esto, tú ya has hecho años de formación…”. Ella decía: “No, no es esto lo que hay que decirle a Eulàlia. Si yo fuera joven como ella, también querría organizar un servicio más completo de Psiquiatría infantil. Lo que hay que decirle es que cuando se canse de luchar contra los elementos, vuelva, que siempre tendremos aquí un lugar para ella.” ¡A mí me pareció de un generoso tremendo! Porque no es solamente un “vete y prueba”, sino que además “te admitimos de vuelta”. Así que era muy, muy generosa.

En otra ocasión, cuando la fundación del Centre Pilot organizó, una reunión para padres. Se trataba de que los padres de niños con parálisis cerebral supieran que existía esta iniciativa, para que pudieran sumarse, colaborar, contar con ello, etc. La forma de presentarme a mí, que había terminado medicina hacía poquísimo y que tenía una experiencia más bien reducida, fue: “La Dra. Torras, a pesar de ser muy joven, les hablará como médico, como maestra y como madre”. Todavía no puedo decir esto sin emocionarme… Porque ella, que fue maestra de muchas cosas pero nunca enseñó a niños deficientes como lo había hecho yo ―y ella me había dado ideas y me había ayudado en ello―, como médico sí, y como madre, ella que no lo era… A mi pareció de un generoso impresionante. Y era así, sumamente generosa en muchas cosas, en lo que sabía, en todo.

Al principio del Centre Pilot íbamos juntas al Centre, y esas conversaciones en el coche eran fantásticas, porque le podías consultar sobre todo. Un día le comenté que con el pequeño ―que era como un hijo único porque tenía 9 años menos que el anterior― lo llevaba a la escuela y le costaba entrar y se entendía porque eran 25 niños de 3 años. La cosa no funcionaba, no se integraba porque no se sabía pelear con los otros para arrancarles algo, por ejemplo. Era como un hijo único con 4 padres, y si no con 4 padres con 2 hermanos mayores protectores. Julia se lo estudió bien, le di una explicación más completa y me dijo: “Bueno, tienes que decidir entre presionarlo un poco, porque ya tiene 3 años y ayudarlo; o este cambio de escuela que propones también te podría servir; y si no, la otra cosa es dejarlo un año más en casa en plan regresivo y a lo mejor el año que viene también tener que presionar para que se adapte a la escuela”. Esta última quedó ya descartada. Ella era así, en lugar de decirte qué tenías que hacer te ayudaba a pensar.

TdP.- ¿Cuándo se creó el Servicio en Cruz Roja?

E. Torras.- Nosotros empezamos en enero de 1970, las negociaciones con el director ―el Dr. Rómulo de Cruylles, que me ayudó mucho― habían empezado en septiembre u octubre del 1969. Desde el inicio estuvo Joana Mª Tous, que se quedó 8 años hasta que nos propusieron fundar otro servicio, el Centre de Parlament, que ella aceptó coordinar.

Muy pronto entraron Montserrat García-Milà, Júlia Alonso i Aúrea Quintana,  con las que habíamos trabajado en un grupo de supervisión privado. Entró Francesc Cantavella, Mercè Mitjavila, José Manuel Ibáñez, Maite Miró, Leticia Escario, Adrià López… Leticia Escario era estudiante de psicología, porque en aquella época todavía no había ninguna promoción de psicólogos. Remei Tarragó vino algo más tarde, vino como estudiante, estaba en el rotatorio de psiquiatría, y también está ahora su hermana, que entró algún tiempo más tarde, Consol Tarragó, que es psicóloga. Luego entró Victòria Cantavella, la hija de Francesc, que estudió la carrera estando allí, porque nos hizo de secretaria durante varios años y cuando terminó Psicología entró como psicóloga. Y el equipo fue aumentando de esta forma.

Eulàlia Torras con Joana Mª Tous, Júlia Sicart y Soledad Woessner

TdP.- Este Servicio, que estaba en el Hospital de la Cruz Roja, actualmente llamado Fundació Eulàlia Torras de Beà  fue pionero en la ciudad de Barcelona, entre muchas cosas, por su vocación docente. Muchos terapeutas iniciaron su formación en él. Háblanos un poco acerca de cómo se gestó la organización de dicha docencia.

E. Torras.-  ¿Cómo empezó la docencia? Joana Mª Tous venía de la Facultad de Medicina, la primera cosa era ayudarla a ella para contar con otro psiquiatra. ¿Qué hacíamos en esta época? Como enseguida teníamos la consulta llena, porque no había casi nada, en el viaje de vuelta de la Cruz Roja a nuestras casas, supervisábamos, ella me llevaba en coche a mí.

Ella ya vino buscando docencia, como yo había ido al Hospital de Sant Pau. Yo la tenía que ayudar a ella porque ya era lo convenido implícito: empezar a tomar primeras visitas desde el primer día y luego discutirlas, hablarlas. Al cabo de un tiempo ella misma supervisaba. Las otras tres personas que entraron tenían alguna formación, ya habían estado supervisando un par de años y podían tomar niños, pero había que organizar el seminario para discutir estos tratamientos. Al principio no era como ahora, claro, la gente que llegaba se iba quedando; se necesitaba gente y había interesados, con una cierta formación o sin ninguna, pero con ganas. Se fue estructurando la docencia. Se entraba por reeducaciones, porque existía la línea de reeducaciones-tests que se podía orientar mucho a los que comenzaban. Luego iban tomando otras actividades. No todo el mundo hacía la misma formación, unos entraban por aquí, o hacían otros seminarios, o iban a la parte de pequeños con Francesc Cantavella. Convencerle fue todo un trabajo porque decía que él no estaba preparado para llevar la parte de atención precoz que yo había empezado en el Centre Pilot… Era como la misma sociedad de psicoanálisis, como éramos cuatro gatos se iba haciendo. Uno podía saltarse un paso, a mi me dejaron supervisar primero un niño que un adulto porque veía niños pero casi no veía adultos.

Fuimos aumentando en número… hasta que llegó un momento en que la dirección del Hospital dijo: “Bueno basta, ¿cuántos sois vosotros? Y dijimos: “bueno, no, no muchos…” “¿Cómo no muchos? ¡Aquí hay un mogollón de gente!” Porque invadíamos despachos de otros servicios por la tarde, porque estaban desocupados. Pero claro, cuando vieron que les faltaba una pesa de la balanza de precisión o que un niño había pintado con mercromina la pared, se empezó a armar bastante lío. Entonces tuvimos que ir organizando todo más y nos pusieron un tope, nos pidieron la lista de los que éramos, diciéndonos que ni uno más en el futuro. Ahí fue cuando se cortó la primera entrada de gente y estuvimos muchos años sin entrar nadie más.

Entonces a los que venían les dábamos 3 años de formación. Un tiempo de introducción, luego ya podían hacer otras cosas. Ahora lo tenemos organizado en un máster de 3 años  ―que hace años que no llevo yo, sino Rosa Agulló― y una serie de cursos. Hemos recibido algún profesional extranjero como un extra.

TdP.- ¿Como un stage de personas en formación?

E. Torras.- Sí. Según en qué época del año nos lo piden, podemos aceptar más fácilmente y entonces algo así como que les montamos una experiencia que les pueda servir.

TdP.- Generaciones de terapeutas han hecho algo de formación en la Fundació Eulàlia Torras de Beà

E. Torras.- Sí. Por ejemplo, una persona que hizo los 3 años y se quedó fue Núria, mi hija. Y al terminar, Francesc Cantavella se quería jubilar. Como el otro pediatra que había era Núria, cuando le dijimos que no se podía ir –le hicimos lo mismo que me hicieron a mí en el Centre Pilot- él decía: “¿Por qué no me puedo ir, si aquí tenéis una pediatra?”, que se había formado con él, fundamentalmente. Otra de las personas fue Pere, mi hijo, solo que él y Vinyet Mirabent ser marcharon al Centre Parlament con Joana Mª Tous.

Llegó un momento en que los alumnos entraban teniendo nosotros muy clara la idea de que no se podrían quedar a trabajar en el Servicio. Pero a pesar de que ellos lo sabían se despertaban expectativas, pensaban que podrían continuar de todos modos más allá de los 3 años de formación. Hubo alguna promoción a la que le costó aceptarlo.

TdP.- La transmisión del conocimiento. Parece que esta ha sido una preocupación constante en tu trayectoria profesional…

E. Torras.- Sí, debe ser de toda la vida, por esto que decía de que a mis hermanos los había enseñado a ir en bicicleta. También me habían enseñado mucho a mí. También había tenido muchas personas que fuera de todo contexto docente me habían enseñado todo lo que habían sabido. Júlia, o Folch i Camarasa, Bofill y Folch Mateu. En esa época en que la SEP estaba por organizarse, te ayudaban de por libre, según les ibas a preguntar y lo que podían ofrecerte. Y además te prestaban los libros, te daban ideas.

Blanca Anguera, que me corrigió el libro de grupos, ―me enseñó muchas cosas de escritura porque escribe muy bien― me dijo: “¿Y tú por qué escribes?” Yo le dije: “Mira, queda cursi si lo explico, por esto no lo voy a explicar. A mí me han enseñado tanto que siento que está muy bien que yo transmita todo lo que pueda”. Porque cuesta años formarse hasta el punto en que uno se siente uno mismo, no sé cómo decirlo, hasta el punto en que uno está suficientemente tranquilo en relación a como se sitúa. Cuesta, yo veo lo que han puesto muchos para ayudarme a mí. Entonces, bueno, a uno le sale… sobre todo si a uno le sale de natural, en el sentido de que a mí me parecía divertidísimo organizar cosas para gente más pequeña cuando éramos pequeños todos…

TdP.- En 1980 publicaste tu trabajo sobre el complejo de Edipo. Aunque sea brevemente,  ¿ha cambiado en algo tu concepción del mismo desde entonces?

E. Torras.- Sí, no sabría explicarlo bien. Pero hoy día muchas cosas de las que están allí no las diría así. Lo que pasa es que como casi nunca releo lo que he escrito –si no es imprescindible― pues no lo sabría decir. Es una época en la que todavía estábamos con una gran influencia de líneas, freudiana, kleiniana seguramente también. Entonces se está demasiado… todavía dentro de la escuela, todavía dentro de “las cosas son de una determinada manera”. Por ejemplo, yo recuerdo que me desmarcaba lo más posible de la idea de complejo de Edipo. Porque pensaba ¿por qué complejo de Edipo? Triangulación. Y además con unas ideas que pueden variar de una persona a otra. Pero lo del complejo de Edipo de alguna manera lo encajé allí, era un trabajo para un congreso francés. Porque no es que no estuviera para nada de acuerdo, pero lo hubiera dicho de una manera muy distinta. Hay otro trabajo, no recuerdo el título, sobre una paciente anoréxica, que la primera vez que vino al tratamiento había hecho una crisis como de locura, era más deliroide que delirante. Y ahora hoy en día este trabajo… No sé si me daría vergüenza, tanto como esto no, pero por lo menos seguro que no estaría de acuerdo…

TdP.- No lo suscribirías…

E. Torras.- No, no… Suscribiría unas cosas, pero creo que las expresaría de una manera muy distinta. La segunda parte del trabajo, que creo que si la releyera me gustaría bastante más, está fuera de todo esto. Creo que explico otras cosas diferentes. Recuerdo que alguien me dijo: la segunda parte me gusta mucho. Y yo en ese momento lo releí y pensé, sí claro se desmarca mucho de lo anterior, en el mismo trabajo.

Digamos que escribir… En el Instituto Norteamericano hice dos cursos sobre “Escribir como forma de aprender”. Y es algo que me ha parecido siempre muy real. Porque escribes y resulta que no lo tenías tan elaborado como te creías. Lo vuelves a revisar y te parece ya un poco mejor, pero si lo vuelves a revisar tampoco estaba tan elaborado…  Hasta que llega un momento en que uno tiene que decir: “bueno basta. Me paro aquí y adelante, porque lo puedo seguir elaborando toda la vida”.  Y además, como van pasando cosas y las vas pensando, nunca se llegaría al final. De modo que… escribir como forma de aprender.

TdP.- En el Instituto de Psicoanálisis ha sido muy positivo cuando tú nos ayudaste a todos ―a algunos nos desencallaste para hacer el trabajo de miembro asociado― con el seminario que nos diste sobre hacer trabajos clínicos. Ahora se habla mucho de que podamos integrar la investigación, pero para esto tendríamos que tener las cosas bastante más elaboradas. Sería muy positivo que como seminario optativo pudiera haber siempre un seminario de cómo escribir, de cómo poder elaborar las ideas con la experiencia clínica que se va adquiriendo.

E. Torras.- Ah! De cómo escribir, porque pensaba que ibais a decir de investigación y ¡ya me asustaba la idea…! En la ACPP[1] lo di este seminario de escribir trabajos clínicos, más de una vez.

Hice otra serie de sesiones a nivel privado con  Katherine Law, profesora del Instituto Norteamericano, que también enseñaba en la Universitat Politècnica de Catalunya. Enseñaba a escribir trabajos –evidentemente no las ideas del trabajo- pero sí como ponerlo en solfa, como ponerlas por escrito. Por tanto, podía servir a alguien de la UPC o a otra persona que quisiera escribir cuentos cortos. O a alguien como yo que buscaba cómo escribir… Ella, por ejemplo, diferenciaba entre quien tiene que buscar las ideas o ―como era mi caso― aquel que las ideas ya las tiene pero en cambio busca como escribirlas de forma clara y organizada.

TDP.- Podrías hablar de tu último libro, La mejor guardería tu casa. ¿Cómo valoras las críticas que has recibido?

E.Torras.- Sobre todo hay una que me encanta: “A esta señora hay que apartarla, hay que hacer algo para contrarrestarla porque es un peligro público”. Esto me lo pusieron en Internet. Pues ¿cómo lo valoro? No sé, se fue dando. No era una idea que yo llevara en la cabeza… Fernando Delgado me invitó a Sevilla a un congreso con mucho contenido social. Me explicó lo que quería que presentara. Yo escribí un trabajo, Organización social y cambio: su influencia sobre la salud mental, y lo presenté. Entonces Pascual Palau, que estaba allí me invitó a ir a la Universidad de Murcia, me propuso el mismo tema pero con un título un poco distinto. Pues fui a Murcia y presenté este otro trabajo sobre lo mismo, sobre elementos evolutivos, sobre factores que influyen en el niño, qué relaciones hay entre la forma como está tratado el pequeño y el adolescente. El caso es que quien había sido el director de Cruz Roja cuando nosotros estábamos, Rafael Ballús ―que actualmente es patrón de nuestra Fundación― y que fue uno de los que influyó en que ésta llevara mi nombre ―influyó más el servicio, fueron los colegas que lo decidieron, me lo ofrecieron como regalo, pero él también estaba de acuerdo―. Pues él, que me había leído libros anteriores, como el de Entrevista y diagnóstico ―“este libro yo lo tengo que leer aunque esté escrito en japonés”― leyó este trabajo y me dijo que si yo me lo creía no lo podía dejar en un cajón.  “Tienes que explicarlo, porque si no quiere decir que no te lo crees”. Entonces  el gerente de nuestra Fundación me dijo que tendría que prestarme a que me hicieran una entrevista en La Contra (del periódico La Vanguardia). Y yo le dije: “No, esfuerzos todos los que quieras, encárgame otra cosa, pero esto no, ya sabes que tengo muchas manías; no, lo siento pero no”. Pero a mí se me quedó en la cabeza, neurosis, yo que sé… Con aquello en la cabeza fui pasando días con el pensamiento de que debería decir que había cambiado de idea, pero no lo hice. Y entonces al cabo de un tiempo me dijo que quería hablar conmigo. “¿Sabes aquello que te propuse?” “Ah, ya sé de qué me vas a hablar, que sí, que sí, que lo voy a hacer”. Se quedó sorprendido, porque creía que aún seguiría con la misma idea. Y entonces ellos al día siguiente por la mañana se lo mandaron al periodista Víctor Amela, y  por la tarde lo tenía aquí para la entrevista. Fue algo así de rápido. Vino aquí, salió en La Contra, como consecuencia vino el director de la editorial Plataforma, y entonces como ya me comprometí con él, salió el libro.

TdP.- En la web http://mastiempoconloshijos.blogspot.com promueves, junto con un grupo de profesionales, una campaña de sensibilización y recogida de firmas para solicitar a las instancias legislativas y ejecutivas dos años de maternidad/paternidad, garantizados por los poderes públicos. El objetivo de esta iniciativa es la de prolongar, con protección pública, el tiempo de cuidado compartido por maternidad/paternidad hasta los dos años para aquellas madres y padres que deseen ocuparse personalmente de sus hijos. ¿Cómo surgió esta iniciativa? ¿Qué resultado ha tenido la campaña?

E. Torras.- Bueno esto fue en Murcia. Antes de empezar la Jornada, una colega de Alicante, Ana Pavón ―a la que interesó el trabajo que presenté, Las interacciones tempranas actuales y sus destinos― me invitó a sumarme a un grupo. En un principio no quería comprometerme a más cosas, pero al final acepté. Prácticamente era no hacer nada ―me decía ella―, pero resulta que había muchas cosas para hacer. Entonces nos reunimos todos en Madrid, nos intercambiamos cosas por e-mail y cada uno hace en su campo lo que puede.

TdP.- ¿Y ha tenido algún resultado esta campaña? Es difícil de valorar…

E. Torras.- Claro. Hay gente que nos dice que sí que se ha notado… Porque hay veces que alguien tiene que empezar y entonces mucha gente que ya está en la idea remueve cosas. Por ejemplo, nos han propuesto cosas que antes también las hubiera podido explicar. A Víctor Amela le dije que en realidad a mi me sabía mal no haber hecho algo de ruido antes, por el hecho de que hace años que uno ve a los niños en la guardería desde que nacen, cuando la madre tiene 4 meses de baja maternal, y ni esos 4 meses aprovecha.

Hubo ahora un Congreso en Valencia, y tengo entendido que hubo un psicoanalista que dijo que los niños tenían que entrar en la guardería a los 4 meses o ya hacia el final del primer año. O sea, no en el medio, que hay un periodo en el medio en que es el periodo malo para entrar en la guardería, entendiendo de una manera esquemática los períodos evolutivos del bebé en su relación de objeto con la madre y la angustia ante la presencia del extraño. Yo, la verdad es que no lo entiendo.

TdP.- ¿Qué le falta a la sociedad actual para poder cuidar mejor de los niños?

E. Torras.- Bueno, hay quien dice prestaciones. Por ejemplo, tengo una nieta en Suecia que es química, y cada cosa que encuentra de este tipo me la envía. Y me mandó algo así como la cuestión de cuánto pagan a las familias para cuidar a los hijos. Cómo se distribuyen el tiempo de baja, que es de 1 año, y tienen un 2º año con facilidades para poderlo hacer… Por ejemplo, ella tuvo una reunión para un trabajo que ponían en marcha y una de las que estaban en baja maternal fue a la reunión con el bebé. Y  a todo el mundo le pareció normalísimo que fuera con el bebé, que hiciera el trabajo con el bebé durmiendo por allí o despierto…

Bueno, ayudas, pero ayudas sin ganas por parte de los padres, no funcionan. Lo fundamental es que los padres quieran y si los padres quieren encuentran maneras, es rarísimo el padre que no encuentra alguna forma de poder atender a sus hijos.

Fui a tv3 a una entrevista preparatoria para un programa. El caso es que me saludó un muchacho y me condujo por allí. Cuando salí me estaba esperando en la puerta y me dijo: “Mi mujer y yo siempre nos turnamos para atender a los hijos y no los llevamos a guardería”. Le dije: “¿Por qué no entraba usted y también lo decía?” Él explicaba que eso significó bastante sacrificio porque se veían muy poco ya que uno trabajaba por la mañana y el otro por la tarde. Pero estaban encantados de haberlo hecho.

Mucha gente te dice esto y otros te llaman peligro público. En cuanto a las respuestas en las webs, veías gente que decía: “Bueno, ¡por fin alguien que lo dice en voz alta…!” O bien: “Ahora resulta que lo que he hecho está bien, hasta ahora resultaba que estaba mal”, decía otra madre. Pero también había quienes decían: “¿Cómo se puede soportar esto, como esta mujer puede ir diciendo estas cosas? Seguro que no sabe lo que es un niño”. Me han dicho muchas de éstas, ¡qué se le va a hacer!

A mi me han preguntado: “A ver y usted ¿cómo se las arregló? Puesto que anda diciendo que hay que cuidar a los niños, ¿usted cuidó a los suyos?”. Pues tuve ayudas. Y valoro mucho ―eso lo dije en televisión a Barberà[2]― que mis suegros me ayudaron. Cuando nos casamos, que yo había terminado cuarto, los padres de mi marido le dijeron: “Ayuda a Eulàlia que termine medicina, porque tú no puedes contar sólo contigo, no sabes lo que va a pasar, ayúdala que ella termine”. Les parecía injusto que yo no terminara. Personas que no habían salido de su pueblo para casi nada y que en cambio vinieron a casa a ayudarme a cuidar de los niños para que yo pudiera iniciar el trabajo y  hacer la formación. Y ellos no tenían ningunas ganas de estar en Barcelona, allí tenían su casa, sus amigos, lo tenían todo. A veces les suponía estar uno de los dos solos, separados, y se venían para que yo pudiera iniciar esto o hacer aquello. Es mucho, ¿no?

TdP.- Has hablado del futuro del psicoanálisis…

E. Torras.- Yo creo que el futuro de la visión dinámica, de la evolución, de la salud mental, yo creo que esto lo podremos conservar. Lo otro… Por ejemplo, hoy en día, Fonagy, dice que él no sabe si los análisis tienen que ser lo largos que han sido en estos últimos años…

En una  conferencia a la que me invitaron en Brasil, por skipe, en el Centro CEAPIA, que viene a ser una ACPP, expliqué que no nos habíamos planteado si el diván es necesario para el análisis. ¿El diván es necesario o a veces puede ser contraproducente? Yo creo que a veces es contraproducente. No quiero decir que esté acertada, pero lo veo así porque he tenido casos que creo que si los hubiera tenido en frente y  hubiéramos podido hablar en otra forma se hubieran movilizado más. ¿Hubieran hecho un análisis? Hubieran hecho algo que les hubiera servido, creo. Hay cosas que damos por sentadas, como si análisis y diván tuvieran que ir juntos siempre. ¿Es el diván el que hace el análisis o el análisis se hace de otra forma que no es forzosamente con diván?

Respecto a la duración del análisis, evidentemente que el paciente puede acabar haciendo lo que él quiera, aunque no sea esto lo que le convenga ―se puede marchar y no volver más―. Pero nuestro trabajo es ofrecerle lo que nos parece que realmente necesita, aquello que le puede beneficiar, ayudarle a progresar y a madurar. No más de lo que el paciente quiera, pero no sin hablarlo también.

TdP.- Quieres decir que a cada paciente hay que darle lo que uno piensa que necesita.

E. Torras.- Por ejemplo, con algunos pacientes pienso en proponer un análisis desde el principio, pero para otros creo más conveniente empezar con una psicoterapia y aumentar las sesiones en función de cómo evolucione el proceso. En otras ocasiones, aunque al inicio hay entrevistas previas, se puede acertar y también uno se puede equivocar bastante, el analista y el paciente. Pero existe la posibilidad de hablar las cosas y a lo mejor hay que reencaminarlas. ¿Se pueden reencaminar? Yo creo que sí. Pienso en una idea de cambio cuando se considera necesario, no en cambios constantes.

TDP.- Y para finalizar, teníamos una pregunta pero ahora vemos que ya sabemos la respuesta. Te la hacemos igualmente: Creemos que eres uno de los analistas que mejor ha sabido combinar el trabajo en la pública, el trabajo en la práctica privada y la colaboración con la organización estructural de la SEP a través de los años. ¿Ha significado alguna renuncia profesional? Ahora vemos que la pregunta es al revés.

E. Torras.- ¿Habría significado alguna renuncia profesional no hacerlo así? Me sorprende, porque ¿qué renuncia profesional si me estáis diciendo que he hecho tantas cosas?

TdP.- Alguna renuncia en cada uno de los ámbitos, pero ahora vemos que es al revés, que ha sido un enriquecimiento.

E. Torras.- Solo he tratado de que no significara renuncias familiares.

Eulàlia Torras en la presentación de su libro Psicoterapia de Grupo

[1] Associació Catalana de Psicoteràpia Psicoanalítica

[2] Periodista que está al frente del programa Singulars de TV3, la televisión de Catalunya. Se trata de un programa de entrevistas a personalidades relevantes del panorama social, político y cultural del momento.

Publicaciones de Eulàlia Torras de Beà

Publicaciones en libros, revistas y participaciones en congresos:

«La adaptación social del psicópata», Publicación del Instituto Mental de la Santa Cruz, Centro de Estudios e Investigaciones Psiquiátricas, Barcelona, 1957.

«Los aspectos psicológicos en la readaptación de los poliomielíticos», en colaboración con el Dr José Cañadell Carafí y el Dr Lluis Barraquer Bordas, Medicina Clínica, año XVII, tomo XXXII, núm. 2, 1959.

«La pirámide psicosomática y el tratamiento médico-pedagógico del niño enurético esencial», en colaboración con el Dr Ignacio Ponce de León,  Medicina clínica, año XVII, tomo XXXII, núm. 6, 1959.

«Necesidad de estímulos sensoperceptivos para el desarrollo psicobiológico del niño», Butlletí de la Societat Catalana de Pediatria, vol. XXIII, Enero-Febrero 1962, núm. 95.

«Correlaciones entre el desarrollo neurobiológico y psicoafectivo», Butlletí de la Societat Catalana de Pediatria, vol. XXIII, Enero-Febrero 1962, núm. 95.

«Correlaciones clinicobioeléctricas en una encefalitis infantil con intensa afectación de la conciencia», junto con los Dres. Ll. Barraquer Bordas, J.M. Samsó Dies, J. Ponces Vergés, J. Vila Badó y J. Peres Serra,  Anales de Medicina, Sección Especialidades, 1962.

La Parálisis Cerebral, su estructuración dinámica, junto con los Dres. Lluís Barraquer Bordas, Jordi Ponces Vergés y Júlia Coromines Vigneaux. Colabora con el capítulo de Trastornos del Habla y del Lenguaje, Ed. Científico-Médica, Barcelona, 1964.

«El síntoma: distribución por edades», junto con L. Folch i Camarasa, R. Bassols y J. Sabanés, Publicada en el Volumen de Comunicaciones del VI Congreso Nacional de Neuropsiquiatria, Barcelona, 1965.

«Las disquinesias en neurología infantil», junto con los Dres. Fernández Alvarez, Barraquer Bordas, Massó Subirana, Isamat y Ponces Vergés, Publicación del I Congreso Nacional de Neuropsiquiatría Infantil «Jerónimo de Moragas», Barcelona, 1965.

«Une réalité organique au cours d’un traitement psychanalytique», Revue Française de Psychanalyse, 1971.

«Trastornos psicológicos del escolar», Butlletí de la Societat Catalana de Pediatria, Volumen XXXII, Enero-Febrero 1971, núm. 149.

«Les rêves comme test projectif», Revue Française de Psychanalyse, vol. XXXVIII,  núm.5-6, pp. 1183, 1974.

Colaboración en los capítulos de psicología del Tratado Pediatría Clínica de los Dres. J. Llorens, G. Figueras y J. Picañol, Editorial Jims, Barcelona, 1976.

«La relación reeducativa». Revista Le Bon Départ, Centro Paideia, Barcelona, 1976.

«L’expiation psychotique en relation avec les angoisses dépressives et la réaction thérapeutique négative», Revue Française de Psychanalyse, vol. XLI, núm. 1-2, p. 261, 1977.

«Le Conflit Oedipien, ses ébauches et son rôle dans le développement des fonctions psychiques», Revue Française de Psychanalyse, vol. XLV, núm. 4, pp. 679-766, 1981.

«The Precocity of the Oedipal Conflict and the Psychic Functions», Publicación del 32vo. Congreso Internacional de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Internacional, Helsinki, 1981.

«Transfert et Acting-In», Revue Française de Psychanalyse, vol. XLVI, núm. 2, p. 377, 1982.

«Psicopatología de las Psicosis Infantiles: Enfoques Terapéuticos», Publicación del III Simposium Internacional «Planteamiento actual de las Psicosis», Centro Neuropsiquiátrico de Martorell, 1983.

«F.E.N.E.T. Classificació diagnòstica en Psiquiatria-Psicologia Infantil», en colaboración con el Dr Francesc Cantavella, Anales de la Academia de Ciencias Médicas, vol. LXX, Diciembre 1984, núm. 10.

«L’estimulació terapèutica», en colaboración con la Dra. Núria Beà, Butlletí de la Societat Catalana de Pediatria, vol. XLIV, Enero-Febrero 1984, núm. 221.

«Past and Present in Interpretation», en colaboración con el Dr José Rallo Romero. Boletín de la Federación Europea de Psicoanálisis, núm. 24, 1985. También en la International Review of Psychoanalysis, vol.13, parte 3, 1986. Traducción Catalana: «Passat i Present a la Interpretació», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. II, núm. 1, 1985. Seleccionado y publicado por el Libro Anual de Psicoanálisis, 1986, The British Psycho-Analytical Society, Ediciones Psicoanalíticas Imago, SRL, Londres – Lima.

«A Contribution to the Papers on Transference by Eva Lester and Marianne Goldberger and Dorothy Evans», International Journal of Psychoanalysis, vol. 68, parte 1, 1987. Seleccionado y publicado en el Libro Anual de Psicoanálisis, 1987, The British Psycho-Analytical Society – Ediciones Psicoanalíticas Imago, SRL, Londres – Lima.

«Body Schema and Identity», International Journal of Psychoanalysis, vol. 68, parte 2-175, 1987. Traducción catalana: «Sobre l’Esquema Corporal i la Identitat», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. II, núm. 2. Seleccionado y publicado en el Libro Anual de Psicoanálisis, 1987, The British Psycho-Analytical Society – Ediciones Psicoanalíticas Imago, SRL, Londres – Lima.

«Psicoanàlisi i psicoteràpia, diagnòstic i indicacions en el nen i l’adolescent», en colaboración con la Dra Joana M. Tous, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. IV, núm. 2, 1987.

«Sobre la Transferència: La psicoanalista i el seu pacient», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. V, núm. 1, 1988.

«Projective Identification and Differentiation», International Journal of Psychoanalysis, pp. 70-265. Traducción catalana: «Identificació Projectiva i Diferenciació», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. VI, núm. 2, 1989.

«Towards a Good Enough Training Analysis», International Review of Psycho-Analysis, 19, 159, 1992.

«Ansietats de separació i de retrobament en l’anàlisi de nens», en col.laboració amb L.Escario i J.Ma.Tous, Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. VII, núm. 1, 1990.

«Diferenciació de la Neurosi», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. VII, núm. 2. Traducción castellana con el título: «Diferenciación del trastorno neurótico del niño», Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil, núm. 9, 1990.

«Valor assistencial i terapèutic del procés diagnòstic i pronòstic, en Psiquiatria Infantil Psicoanalítica», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. VIII, núm. 1-2. También en Butlletí de la Societat Catalana de Pediatria, vol. 52, gener-febrer 1992.

«Los grupos en la atención psicoterapéutica en la infancia y la adolescencia», Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil, núm. 13/14, 1992.

«Gènesi del símbol en el procés terapèutic», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. IX,  núm. 1-2, 1992. También en: Debats a la cruïlla sobre el símbol, P. Folch i M.T. Miró (Ed.), Barcelona, Promocions i Publicacions Universitàries, S.A., 1995.

«Psiquiatría Infantil Psicoanalítica en el hospital de la Cruz Roja de Barcelona», Publicación del XIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría, 1993.

«La interpretació en psicoanàlisi i psicoteràpia», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. X  núm. 1-2, 1993.

«Focalització i intervenció terapèutica des de la primera entrevista: la comprensió psicoanalítica a la intervenció primerenca», Revista Catalana de Psicoanàlisi, vol. XI, núm. 1-2, 1994.

“Modalidades terapéuticas en la asistencia a niños y adolescentes: las dinámicas subyacentes, Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil, núm. 21/22, 1996.

«La comprensión psicodinámica y la salud mental: el psicólogo en la  escuela», en colaboración con Vinyet Mirabent, Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia Infantil, núm. 23/24, 1997.

«Los conceptos psicoanalíticos básicos en la formación del psiquiatra de niños y adolescentes», Publicación del II Congreso Nacional de Psiquiatría, 1997.

«Intervencions psicoterapèutiques amb nens i adolescents a la Institució Pública», en colaboración con Núria Fillat y Montserrat García-Milà. Revista de Psicoteràpia Psicoanalítica de l’ACPP (Associació Catalana de Psicoteràpia Psicoanalítica), núm. 1, 1998.

«El psicòleg a l’escola: una experiència des de la perspectiva psicoanalítica», en colaboración con Vinyet Mirabent, Revista  Catalana de Psicoanàlisi, vol XV, núm. 2, pp. 107-119, 1998.

«Primera infancia: asistencia terapéutica», Cuadernos de Psiquiatria y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, núm. 25, 1998.

«Petita Infància: en relació a l’assistència (psico)terapèutica, (versió modificada del treball anterior), Revista de l’Associació Catalana d’Atenció Precoç, Novembre 1998, núm. 11 i 12.

«Llenguatge: inicis i motivacions per a comunicar-se, Desenvolupament Infantil i Atenció Precoç, Revista de l’Associació Catalana d’Atenció Precoç (ACAP), 2n semestre, 1999, núm. 13-14.

«Los sueños en el proceso terapéutico», Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, núm. 30, 2º semestre, 2000.

«La actividad anti-tarea en los grupos de niños y adolescentes», Boletín-Revista de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal, núm. 19, 2000.

“Dislèxia”, Pediatria Catalana, vol. 61, núm. 2., pp. 89-92, 2001.

“El psicólogo en la escuela: una experiencia desde la perspectiva psicoanalítica”, en colabración con Vinyet Mirabent, Temas de Psicoanálisis, vol. V, 2001.

«Grupos de Adolescentes», Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, núm. 33 y 34, 2002.

«Organización obsesiva en el desarrollo psíquico: factores dinámicos comunes con las organizaciones vecinas», Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente, núm. 1, abril 2003.

«Grupos de Jóvenes», Boletín de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal, núm. 1, vol. VIII, núm. 29, 2003.

“La adolescencia como interacción: adolescentes en la clínica”, Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente, núm. 3, abril 2004.

«Llenguatge i depressió», Butlletí de l’ACAP (Associació Catalana d’Atenció Precoç), 2005.

“Las interacciones tempranas actuales y sus destinos”,  Waimh, Universitad de Múrcia, 30 maig 2009, publicado en Cuadernos de la SEPYPNA, núm. 16.

Psicoterapia grupal con niños, adolescentes y familia: el desarrollo de una experiencia, Dra. Eulàlia Arias i Pujol y Dra. Eulàlia Torras de Beà.

Organización social y cambio: su influencia sobre la salud mental, Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica de Andalucía, Sevilla 19 abril 2008.

“Psicofármacos en las dinámicas individuales, familiares y sociales”, Jornada Ús racional del medicament en Psiquiatria Infanto-Juvenil, Fundación Eulàlia Torras de Beà, 20 de noviembre de 2007.

“Investigaciones sobre el desarrollo cerebral y emocional: sus indicativos en relación a la crianza”, Cuadernos de la SEPYPNA, 2010.

“La adolescencia como interacción: adolescentes en la clínica”, Psicopatología y Salud Mental.

Libros publicados:

Dislexia, Aprendizaje, Pensamiento, Barcelona, Editorial Pediátrica, 1977.

Qué es ser niño, Barcelona, Editorial La Gaya Ciencia, 1977.

Entrevista y diagnóstico, en psiquiatría infantil psicoanalítica, Barcelona, Paidós, 1991.

Grupos de Hijos y de Padres en Psiquiatría Infantil Psicoanalítica, Barcelona, Paidós,           1996.

Dislexia en el desarrollo psíquico: su psicodinámica, Barcelona, Paidós, 2002.

Torras de Beà, Eulàlia (comp.) (2007), Normalidad, Psicopatología y Tratamiento en niños, adolescentes y familia, Editorial Lectio.

Albert Montaner y Eulàlia Torras de Beà (2010), Elementos psicoterapéuticos. De la primera entrevista al alta, Lectio Ediciones.

Dra. Eulàlia Torras de Beà (2010), La mejor guardería, tu casa. Criar saludablemente un bebé, Plataforma Editorial.

Montserrat Rius, Núria Beà, Cesarina Ontiveros, Ma. José Ruiz y Eulàlia Torras (2011), Adopción e identidades. Cultura y raza en la integración familiar y socia, Editorial Octaedro.

Eulàlia Torras de Beà. Dislexia (2011), Una comprensión de los trastornos de aprendizaje, Editorial Octaedro.