IN MEMORIAM

/RAMON BASSOLS PARÉS IN MEMORIAM

RAMON BASSOLS PARÉS IN MEMORIAM

El recuerdo de Ramon Bassols  forma  parte entrañable de mi vida y no puedo dejar de sentir que con su fallecimiento, muere también una parte de mí mismo.  Me es imposible recordar cuándo ni dónde nos conocimos, solo sé que fue mucho antes de que cualquiera de los dos entrara como candidato en el Instituto de Psicoanálisis de Barcelona ?y por lo que a mí se refiere, de ello hace ya casi medio siglo?. Éramos amigos, psiquiatras ambos, él unos dos años mayor que yo, y compartíamos inquietudes profesionales que nos unían. Pocos años después de iniciada nuestra trayectoria profesional en el campo de la psiquiatría, los dos coincidíamos en sentirnos insatisfechos a causa de que la psiquiatría, que podríamos llamar “oficial”, se centraba en la fenomenología y en los escasos medios terapéuticos de que entonces se disponía, y no se preocupaba suficientemente del estudio de la mente, ni del paciente como persona.  Esto nos llevó a los dos al psicoanálisis. Ramon fue admitido como candidato, y unos dos años después era yo el que solicitaba la entrada. Esto hizo que durante algunos años compartiéramos la formación y, con ella,  todos los esfuerzos, inquietudes y esperanzas  que ello comportaba.

Una vez ya psicoanalistas, nuestros destinos fueron paralelos, en el sentido de que los dos compaginábamos el ejercicio profesional y los naturales deseos  de ir mejorando la calidad de nuestro trabajo, con la dedicación a tareas administrativas y docentes al servicio de la Sociedad Española de Psicoanálisis,  las cuáles iban variando de acuerdo con nuestro crecimiento personal como analistas. Ramon fue presidente cuatro años, y  yo, que le sucedí en el cargo, lo fui durante dos. En este punto había una diferencia notable entre nosotros.  Ramon poseía mentalidad jurídica y una gran capacidad como gestor, y es por ello que después de los dos años preceptivos se presentó a la reelección. Yo no poseo ni lo uno ni lo otro, y no me sentí con ánimo para continuar dos años más. Yo le presté toda la ayuda que pude durante su presidencia, y él me la prestó a mí cuando era yo el presidente. Ramon y yo ejercimos la docencia, durante largos años, en la Fundació Vidal i Barraquer, y los dos hemos escrito un texto sobre psicoterapia psicoanalítica. Y aunque nuestras ideas diferían algo en la teoría, sé, por antiguos pacientes suyos con quienes he hablado, que en la práctica clínica éramos muy similares.

Llegó la vejez y con ella la enfermedad de Ramon. Dado que mi consultorio se halla casi en frente de su domicilio, nos encontrábamos frecuentemente. Cuando ya salía poco a la calle, yo le visitaba algunos sábados por la mañana. Su estado físico iba empeorando, pero su mente seguía ágil y despierta como siempre. A lo largo de estas conversaciones me percaté de que, cada vez más, nuestra respectiva visión del psicoanálisis, en la teoría y en la práctica, se iba aproximando.

El recuerdo de su amada esposa nunca le abandonaba y deseaba, ardientemente, reunirse con ella. Ni una sola vez, en los días que le visité, dejó de hablarme de Victòria. Al despedirnos un sábado de finales de junio, ante la gravedad de su situación, ambos sabíamos que ya no volveríamos a vernos. Nos abrazamos en silencio. Al regreso de un viaje durante el verano me enteré de su fallecimiento. Pensé que él, al ser algo mayor, siempre iba un poco por delante de mí. Descanse en paz.

 

Joan Coderch

Doctor en medicina

Psicoanalista titular de la SEP

Profesor Emérito de la Universitat Ramon Llull.