RESEÑA

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RESEÑA

Building Out into the Dark: Theory and Observation in
Science and Psychoanalysis

de Robert Caper (2009), Rouletdge, New York

 

En este libro, Robert Caper ofrece al lector profundas consideraciones acerca de uno de los temas más controvertidos: la naturaleza del conocimiento psicoanalítico. Desde un profundo conocimiento del pensamiento de Bion, y de forma clara y a la vez profunda, introduce dos puntos fundamentales. El primero pertenece a la epistemología psicoanalítica y especialmente cómo ésta difiere de la metodología de las ciencias físicas. El segundo punto importante del libro está relacionado con aquellos aspectos de la actitud del analista que distinguen el psicoanálisis de otras formas de psicoterapia. Señala también cómo la perspectiva mental del analista configura definitivamente la acción terapéutica en psicoanálisis.

El autor deja claro muy pronto que el psicoanálisis debe ser diferenciado de las ciencias “duras” o experimentales.  Mientras estas últimas investigan con objetos materiales que pueden ser captados por los sentidos, el psicoanálisis estudia “objetos inmateriales”, tales como estados emocionales, belleza o valores, que sólo pueden ser captados por la sensibilidad del analista. El psicoanálisis explora en profundidad la singularidad de la mente humana; no estudia, en cambio, un número amplio de objetos de forma que permita un análisis estadístico.

Ambos, ciencias físicas y psicoanálisis, formulan teorías e hipótesis; ambos filtran sus observaciones a través de criterios aceptados como evidencias. Pero debido a las diferentes vías de entrada de las observaciones -a través de los sentidos o de la sensibilidad- el psicoanálisis, en lugar de la experimentación controlada, usa la observación naturalista controlada y, en lugar del análisis estadístico, usa el razonamiento basado en la intuición. Dado que el conocimiento psicoanalítico es a menudo intangible, basado en el estudio de los estados de la mente, estos estados difícilmente pueden ser replicados o controlados. Así, consecuentemente, los datos de los que el psicoanálisis depende y usa no pueden estar sujetos a experimentos controlados, como se acostumbra a hacer con estudios aplicados a enfermedades físicas, como la diabetes y su tratamiento.

Aunque Freud, igual que otros psicoanalistas en algún momento, haya mostrado este deseo de legitimar el psicoanálisis como científico, Caper argumenta que esto no puede ser defendido si tenemos en cuenta lo dicho anteriormente. Comenta que la habilidad del psicoanalista, a diferencia de quien investiga en el terreno de las ciencias experimentales, se basa en la capacidad para trabajar sin preconcepciones teóricas (p.8). Así, según Caper, “la habilidad psicoanalítica… no consiste en un cuerpo de conocimientos, sino en saber cómo permanecer en una sana ignorancia como para permitirse sentir nuevas experiencias acerca de un paciente y así aprender de dichas experiencias” (p.12).

Respecto a la naturaleza de la actividad mental del analista, Caper valora la acción terapéutica del proceso analítico a través del descubrimiento del sentido de cada uno de los contenidos mentales presentes en la relación analítica. Al mismo tiempo advierte contra la ambición terapéutica realizando una importante distinción entre la práctica clínica dirigida al cambio y al control de la mente del paciente, de otra que sería simplemente el intento de informar al paciente dejándolo luego completamente libre para usar la información que se le facilita, y siguiendo de cerca cómo la procesa, sin pretender controlarlo. La técnica psicoanalítica consistiría en que el analista permita que el inconsciente del paciente impacte en su propio inconsciente para poder así observar conscientemente la experiencia emocional que se ha desarrollado. Para que ello ocurra, el analista ha de ser capaz de tolerar estar en la oscuridad del no saber. Demasiada luz, en palabras del autor, puede ser una señal de que se está tendiendo a la omnisciencia y que ésta sustituye, en la mente del analista, al aprender de la experiencia. Lo que puede proteger la capacidad del analista para aprender sería mantenerse en una sana ignorancia e ingenuidad evitando caer en la omnisciencia.

Surge entonces la cuestión de la objetividad en el trabajo analítico. El autor es consciente de la imposibilidad de alcanzarla completamente y pone su confianza en los esfuerzos por conseguir lo que denomina una posición o postura objetiva y no tendenciosa.

Caper discute y argumenta contra la rigidez, la omnisciencia y el pensamiento concreto, que constriñen al analista y le impiden penetrar en la realidad psíquica dolorosa de su paciente, en el mundo de sus fantasías, manteniéndolo en su propio y reducido pensamiento y tal vez refugiándose en preconcepciones. Por el contrario, los beneficios terapéuticos del tratamiento psicoanalítico son enormes llevando a:

–Incrementar la capacidad del paciente para experimentar su vida psíquica como mental, no estando sujeto a su control.

–Incrementar la capacidad del paciente para sentir y para pensar sobre lo que siente.

–Rescatar la capacidad del paciente para sorprenderse y para percibir las cosas nuevas como nuevas que son.

–Ampliar la experiencia de los pacientes sobre sí mismos de forma que ello les capacite para vivir sus propias vidas.

 

M. Teresa Miró

Psiquiatra. Psicoanalista didacta SEP-IPA

 Profesora titular de la Universitat de Barcelona

mmiro@mmiro.net

 

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