ENTREVISTA

/SEMBLANZA DE JOAN CODERCH

SEMBLANZA DE JOAN CODERCH

Las personas encargadas de TEMAS DE PSICOANÁLISIS me han pedido que lleve a cabo una semblanza de Joan Coderch. Mi relación personal con Joan viene ya de muchos años. Lo conocí en la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Barcelona (Hospital Clínico Universitario), que dirigía el profesor Ramón Sarró. Hacía unos pocos años que yo trabajaba como médico internista en dicho Hospital y hacía poco había comenzado mi psicoanálisis personal. Cada vez me interesaban más los aspectos psicológicos del paciente y decidí obtener el título de especialista en psiquiatría. Por ello me puse en contacto con la Cátedra de Psiquiatría. Joan Coderch trabajaba en dicha Cátedra. A pesar de su juventud era ya profesor adjunto. Se trataba  de una persona muy estudiosa y brillante, y se le auguraba una exitosa carrera académica.

Durante el tiempo que estuve en la Cátedra de Psiquiatría estudiando la especialidad me enteré por amigos comunes de que Joan Coderch también se estaba analizando y, por lo que supe después, a él lo ocurrió lo mismo. Debido a ello, tuvo lugar una escena divertida y algo emocionante que explicaré más adelante. Según me ha explicado Joan Coderch alguna vez, en los primeros años de su estancia en la Cátedra de Psiquiatría el psicoanálisis era muy conocido y apreciado por todos. El profesor Sarró hablaba alemán y había conocido personalmente a Freud, y por indicación de éste se analizó con uno de sus discípulos. Sin embargo, su actitud hacia el psicoanálisis era muy ambivalente, circunstancia debida seguramente -según el propio Coderch- a su desencanto por haber desaprovechado la importante oportunidad de convertirse en un discípulo directo de Freud. Parece que el interés de Sarró por el psicoanálisis fue decreciendo con el paso de los años y el advenimiento de la llamada psiquiatría biológica. Lo que sí ocurría en el tiempo que estuve en la Cátedra de Psiquiatría es que en las sesiones clínicas semanales en las que se discutían casos clínicos, frecuentemente se llevaban a cabo comentarios irónicos y con cierto tono despectivo respecto al psicoanálisis. Debido a ello, los que estábamos llevando a cabo un psicoanálisis personal nunca hacíamos intervenciones que demostraran una actitud proclive al psicoanálisis. Es posible que algunos médicos de la Cátedra supieran que alguien del grupo se analizaba pero nunca lo he sabido a ciencia cierta.

En este momento quiero hacer un inciso para decir unas palabras sobre el profesor Ramón Sarró y su relación con el psicoanálisis. Debo advertir que se trata de un punto de vista personal y, por tanto, subjetivo. En aquella época mi sensación era que dicha relación era ambivalente. Por una parte pienso que  valoraba el psicoanálisis ya que, en muchas de las sesiones que intervenía, en conversaciones en grupo, etc., era frecuente que aprovechara cualquier ocasión para hacer un comentario sobre el psicoanálisis, casi siempre de tipo irónico, pero mi sensación era que en dichos comentarios había también, más escondida, una valoración del psicoanálisis. No sé si lo que acabo de decir explica, por ejemplo, que en su cátedra dispensaban algún curso los doctores Pere Folch y Pere Bofill, pioneros, como sabemos, del psicoanálisis en nuestro país. También quiero decir que desde el punto de vista personal el trato del profesor Sarró hacia mí fue siempre exquisito, haciéndome sentir muy cómodo en todo momento.

Pienso que lo que acabo de explicar nos sirve para comprender una escena que ya he mencionado y que tuvo lugar en los pasillos del subterráneo del Hospital Clínico. Me dirigía desde la sala de Medicina Interna donde trabajaba, a la Cátedra de Psiquiatría, y antes de llegar me topé con Joan Coderch. De golpe nos miramos y nos dimos cuenta de que teníamos un “secreto” en común, es decir, que llevábamos a cabo una análisis personal. Los dos preguntamos al unísono: “creo que tú te analizas….”  En aquel  momento comenzó una amistad que se ha ido fortaleciendo al correr del tiempo.

Al acabar la especialidad dejé la Cátedra de Psiquiatría y Joan Coderch continuó en dicha Cátedra como miembro activo y con un peso importante en la misma. Aunque todos suponíamos que ello no duraría mucho tiempo ya que, como sabemos, el psicoanálisis ha sido proscrito en todas las dictaduras y la que nosotros sufrimos no fue una excepción. Pienso que ello representó una importante pérdida para la Universidad ya que, en mi opinión, Joan Coderch ha nacido para la enseñanza y la investigación, circunstancia que queda demostrada si tenemos en cuenta el éxito de sus seminarios y conferencias, y el alto nivel científico de sus artículos y numerosos libros. Nuestros augurios se cumplieron y Joan Coderch no tardó mucho en dejar la Universidad, porque al jubilarse el profesor Sarró,  su sucesor, el profesor Joan Obiols era un partidario a ultranza de la llamada psiquiatría biológica, descartando todo lo que fuera un abordaje psicológico, motivo por el cual la convivencia entre el catedrático y su segundo de a bordo era demasiado difícil.

Coincidiendo en parte con la etapa universitaria, Coderch trabajó también en la sanidad pública; más concretamente en el Instituto Municipal de Psiquiatría de Urgencias (IMPU), cargo que obtuvo por concurso publico. Después de dejar la Universidad continuó en el IMPU con mayor dedicación, ocupando primero el cargo de subdirector y posteriormente el de director, puesto que abandonó por desacuerdos con la Administración. A continuación pasó a ocupar el puesto  de jefe de la Sección de Psicogeriatría del Instituto Municipal de Geriatría, hasta que pidió la excedencia a la edad de 60 años.

Después de estas etapas sucesivas Joan Coderch se ha dedicado prácticamente de manera exclusiva a la práctica, investigación y enseñanza de la teoría psicoanalítica; para hablar de un campo más amplio quizás sería mejor decir que su dedicación se ha centrado en la teoría y práctica psicodinámicas.

Pienso que es conveniente explicar con más detalle lo que acabo de decir. En la etapa de nuestro análisis personal y de nuestros estudios como psicoanalistas, predominaba en gran manera la teoría freudiana clásica, y en el caso concreto del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona donde nos hemos formado, la teoría kleiniana. Pero pasados ya unos años, algunos de nosotros comenzamos a pensar que a pesar de los grandes méritos de Freud y Klein, las teorías psicoanalíticas tenían que derivar hacia una vertiente más relacional. En este sentido, Joan Coderch ha sido un abanderado, circunstancia que he vivido personalmente a lo largo de los años y que comparto totalmente. Sus escritos y libros muestran claramente esta evolución.

En realidad, Joan Coderch nunca abandonó por completo la Universidad ya que poco después de dejar la Cátedra de Psiquiatría comenzó a colaborar con la Fundació Vidal i Barraquer, en la cuál fue uno de los iniciadores de la puesta en marcha del Master en Psicología y Psicopatología Dinámica, que posteriormente se amplió con un Master de Psicoterapia Psicoanalítica, vigentes ambos en la actualidad. Con el paso del tiempo la Fundació Vidal i Barraquer se ha convertido en Institut Universitari adscrito a la Universitat Ramon Llull. Cuando Joan Coderch tenía ya 78 años, dejó de impartir enseñanza regular en dichos Masters y recibió el nombramiento de profesor emérito de la Universitat Ramon Llull.

Joan Coderch ha dedicado también sus esfuerzos a tareas administrativas, y siendo ya miembro didáctico ha ocupado, entre otros cargos, el de director del Institut de Psicoanàlisi de Barcelona y el de presidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis,  aunque, en mi opinión, las tareas administrativas representan para él un esfuerzo ya que donde se siente más a gusto es en el campo científico.

Para finalizar y mostrar –aunque se trate sólo de una pincelada- la manera de ser de Joan Coderch, en este momento me viene a la mente una conversación que tuvimos hace ya algún tiempo. Estábamos hablando de cómo la vida te enseña, a lo largo de los años, a ir renunciando a muchas ilusiones e ideales, mostrándote tus limitaciones. En un momento determinado de la conversación Joan Coderch me dijo: “yo he renunciado a muchas cosas pero pienso que a lo que nunca se ha de renunciar es al honor”. No le dije nada pero para mis adentros pensé que subscribía totalmente sus palabras, aunque quizás cambiando la palabra honor por la palabra ética.

 

Salvador Adroer
Psicoanalista didáctico de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP – IPA)

 

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