Nacido en Olot (Girona) en 1937, Pere Segura i Ferrer es Doctor en Psicología por la Universidad Ramon Llull, de la que ha sido profesor de Psicología analítica hasta su jubilación. Es especialista en Psicología Clínica y miembro de la International Association for Analytical Psychology  (IAAP). Ha sido miembro del Comité ejecutivo de dicha organización y primer presidente del Institut C. G. Jung de Barcelona. Con él ha querido dialogar TEMAS DE PSICOANÁLISIS para que nos informe de la situación de la Psicología analítica en la actualidad.

 

¿Cuáles son las señas de identidad de la psicología analítica, lo que le diferencia de otras tradiciones psicoterapéuticas?

Eso de la identidad me ha mantenido siempre en suspenso. ¿Qué identidad es la que subyace a cuanto está sujeto a transformación? ¿Cuál es la identidad del continuo aprender a vivir? ¿Qué identidad promueve la libertad de elección? ¿Qué identidad constituye lo inmutable y sin embargo eternamente en movimiento? Ah, claro, no se trata de la inmutabilidad que se quiera apreciar en lo petrificado o fósil, o la inmutabilidad de una lámpara (artilugio que necesita corriente), o de la mismísima inmutabilidad de una catedral gótica que mueve y conmueve a creyentes y visitantes. Y sin embargo,  el aprender a vivir también es una extraña adolescencia del ser, precisa un espejo para mirarse y verse que continúa siendo él mismo, id ens… En esta entrevista me he de acercar a la identidad con palabras. Y una palabra sin vida resulta muda. Como una psicología sin alma.

Las cosas las definimos o las describimos según la dificultad de nuestro observar  o de lo observable. La vida, la conciencia…, ¿se definen o se describen? Entonces, respecto a las señas de identidad de la psicología analítica me decanto por una descripción. En cuanto a su carácter epistemológico, su búsqueda de conocimiento, destacaría lo siguiente: en primer lugar, recupera la importancia de lo emergente. Leí una primera edición, sugerida por Ramón Mª Nogués, compañero en Biología y otras importantes cosas, de un texto en extremo sugerente, El yo y su cerebro. Karl Popper y Sir John Eccles, reunidos, apadrinados, para que dialogasen. Un filósofo agnóstico y un Premio Nobel científico creyente. Me quedo en lo que concierne a la pregunta que me formuláis con lo que afirma Popper acerca de la evolución vista desde un pensamiento reduccionista o emergente.

Creo que la Psicología analítica se inscribe más bien en el pensamiento emergente. Las cosas no solamente tienen explicación en lo ocurrido anteriormente,  lo que emerge explica lo anterior y nos abre la consideración de adónde se dirigen los procesos, la consideración de finalidades e intenciones, la causa final, el telé, tiene su importancia. La psicología analítica se interesa, pone el acento en el sentido, en su búsqueda, el hacia dónde o hacia qué. Un qué substantivo. Jung fue el primero que se interesó en la búsqueda de sentido. Antes que Víctor Frankl, aunque no edite un texto con tal título. De ahí también su interés por las coincidencias significativas, las que no se limitan a pura casualidad. Las que enlazan procesos internos y externos, la sincronicidad. El Unus Mundus, del que tanto gustaba estudiar y exponer su más cercana seguidora, colaboradora, continuadora: Marie Louise Von Franz.

Luego cabría hablar de la relación profesional del analista. Pienso que la medicina clínica acentúa el ámbito somático. Siempre pensamos, ¿verdad?, que los médicos han de tratar no solamente enfermedades sino enfermos, y no solamente enfermos sino personas humana. La psicología clínica requiere una aproximación idéntica. Incluso, como su mismo nombre indica, ha de tratar directamente con la psique. Claro que también con lo psicosomático y lo somatopsíquico. A nosotros nos conviene la objetividad de la subjetividad. No nos conviene una ciencia que centre su atención solamente o preponderadamente en lo directamente observable o experimentable. O que solamente tenga por base de certeza lo cuantificable en medida, estadística y números. Nos interesa la vivencia del sujeto, su subjetividad ante el padecimiento,  su experiencia del pathos y su comunicación de tal experiencia. No podemos heredar de una medicina unilateral la disimetría absoluta médico-paciente.

Recuerdo que cuando preguntaba a los alumnos del último año de Facultad, disfrazado, es una manera de decir, de habitante de otro planeta: “¿Me podríais decir que cosa sea eso de Psicología?”,  contestaban de carrerilla, con el manual de Papalia en la memoria: “Ciencia que estudia la mente y la conducta humana”. “¿¡Como!?  -les contestaba yo- acabo de dejar el platillo volante cerca de Grecia, y me han aclarado que psiquis significa “alma”. Ah! Y mariposa, por aquello de las transformaciones; y “logos”, palabra y sentido…; deberé contrastar lo que me decís con la etimología real: “el sentido de poseer alma”, o del código del alma, o de su cura “Psico-terapia” “¿cura del alma o con alma?”, o de su padecer, ¡ah el pathos!, patología… “¿El padecer del alma o con alma?”

La psicología analítica invita a inscribirse más bien en un ámbito que contempla el eje clásico “soma, psique, pneuma”, “cuerpo, alma, espíritu”. Y pienso que quiere, (¿será pretenciosa?), tratar los llamados síndromes que se presenten estableciendo  encuentro y diálogo con el ser humano que los padece y soporta.

Soportar, curiosa palabra, “sub-fero”, sostener desde debajo. De ahí deriva la palabra sufrimiento. Lo utilizan, por ejemplo, los arquitectos: “¿Qué peso soporta este muro…?.” O con otro matiz: “tal edificio padece aluminosis”.

¿De qué será capaz una estructura viva, con la fluidez o lo volátil del alma? En un enfoque profundo de la psicología hay que incluir teleología y hermenéutica, el “hacia dónde” y el saber leer los procesos del alma y no quedar como secuestrados por el pasado si solamente nos preguntamos por lo que pasó. Perdónenme, recuerdo a menudo la ironía de Gila: “Cuando yo nací, me encontré con que mi mamá no estaba en casa y tuve que bajar yo a la lechería…”

Sea dicho que determinadas neurosis sobrealimentan cierto victimismo, anclado en lamentar lo que pasó en el pasado, que la propia terapia desenfocada puede aumentar.

Los que nos consultan nos piden, a sabiendas o no, el saber atender la vida interior y hacer alma, y el saber atender la apertura a los otros, que eso ¡también es trascendencia! Ser uno mismo y ser con los demás. Y no andarse en los líos actuales de qué cosa sea lo subjetivo y lo objetivo. Hay que ver qué cosa sea la objetividad de la vida interior y que subjetividad alimenta una sana percepción de la realidad externa.

Por último, y si queréis brevemente, os diré que creo que la psicología analítica tiene sus raíces en una concepción del ser humano que ya se abría camino con anterioridad a Jung. Que acentuaba la naturalidad de los procesos humanos, del soñar, del mundo inconsciente y sus emergencias, de la búsqueda de sentido o del valor de las preguntas abiertas a respuestas que susciten nuevas preguntas. Con vuestras preguntas creo que podré destacar mejor el acento de la psicología analítica.

 

¿Cómo describirías los objetivos de un análisis junguiano?

Destacaría, más que describiría, en un ámbito de entrevista los siguientes. En primer lugar, el equilibrio homeostático. Algo que puede contemplarse como un paralelismo con las primeras intuiciones de Claude Bernard: el mantenimiento de las constantes vitales en seres vivos en dinamismo permanente.  En segundo lugar, la búsqueda de sentido. Y también: el valor de actitudes y compromisos; establecer “una buena amistad con el inconsciente”; y la puesta en marcha de la diferenciación creativa de cada persona humana y sus vínculos con los otros.

Quisiera aquí invitaros a conocer, lo pongo en vuestras manos, un texto que procede de la exposición que hacía de la psicología analítica el Instituto de Küsnacht, población cercana a Zurich, y que fue fundado en tiempos de Jung,  que vivió allí  y donde se halla su pequeña tumba. El texto resalta unos puntos  respecto de lo que me preguntáis  y os contestará mucho mejor que yo mismo. Os puedo decir que, por mi parte, ha sido objeto de meditación y estudio y ha iluminado buena parte de mi práctica profesional. Excusadme que me valga del carácter de texto escrito de esta entrevista para reproducíroslo.  Reza así:

Aunque la «psicología analítica» de Jung tiene su propio punto de vista distintivo, en el análisis final, es menos una escuela de psicología al lado de otras que una perspectiva fundamental y la metodología capaz de acomodar una verdad polifacética, y por tanto capaz de integrar los resultados empíricos de muchas disciplinas, dándoles en el proceso un contexto más rico y nuevas dimensiones.

Debido a que la psicología analítica considera la psique como estructurada en términos de opuestos, el punto de vista de Jung se caracteriza por muchas polaridades:

– Se destaca, por una parte, la base de pre-preeminencia del individuo por encima de las fuerzas de la sociedad y la cultura, pero por otro lado dedica la mayor atención a la exploración de las formas en que la vida del individuo está determinada por factores colectivos en el inconsciente.

– Se refiere a la consecución de la más grande concienciación posible como objetivo del desarrollo psíquico, y al mismo tiempo reconoce la sabiduría instintiva del inconsciente y la necesidad de vivir en armonía con esta sabiduría.

– Se hace hincapié en que no puede haber salud psíquica sin el reconocimiento del lado oscuro de la naturaleza humana, pero también sostiene que una forma ética de la vida es en última instancia esencial para la realización individual, así como para el bien común.

– Se ve el encuentro creativo con el mundo interior de los sentimientos y las imágenes simbólicas como el corazón de la terapia, sin embargo, nunca se olvida la necesidad de poner la experiencia interna a prueba en el afrontar la prueba del mundo en el día a día.

– Se entiende el proceso de «curación» o «devenir un todo» como algo que es en última instancia de una naturaleza religiosa, pero sabe al mismo tiempo que los únicos valores e ideales que pueden curar son los que se basan en la experiencia personal directa de la dimensión  espiritual de la vida.

– Aunque pueda decirse que ha descubierto muchas “leyes de la vida psíquica”  hasta ahora desconocidas, no hace un dogma de estos descubrimientos,  sino que mantiene una apertura sin prejuicios a todas las manifestaciones de la psique humana.

– En su aplicación a la práctica psicoterapéutica, una de las características centrales y diferenciadoras del punto de vista junguiano es que en los conflictos y síntomas neuróticos no ve solamente fallos técnicos del funcionar. Por eso la terapia junguiana no se contenta con aligerar solamente los síntomas, al tomarse con seriedad esta labor. También‚ busca prevenir su recurrencia tratando sus causas más profundas, las cuales corrientemente se encuentran en deficiencias básicas y que van más allá, como por ejemplo: la falta de conocimiento propio, el fallo en desarrollar el potencial creativo, las dudas sobre el sentido de la vida o la carencia de orientación espiritual.

– El postulado básico de la psicología junguiana hace posible la ayuda en estas áreas, no en la forma de cualquier ideología específica o doctrina de salvación, sino en la asistencia al individuo en el descubrimiento del significado que descansa en su propia alma. Tal como Jung a menudo insistía, es finalmente en el interior del individuo, y no a nivel de medidas colectivas sociales, que los problemas de nuestra época han de ser afrontados, y donde los fundamentos de una sociedad democrática saludable han de ser preservados y fortalecidos.

– El espíritu del análisis y terapia junguianos se encuentra descrito de la mejor manera en las propias palabras de Jung: «La primera labor de la psicoterapia de hoy día consiste en perseguir como propósito singular el objetivo del desarrollo individual. Obrando así, nuestros esfuerzos seguirán el propio esfuerzo de la naturaleza para dar vida con plenitud de fruición en cada individuo… Los trabajos tanto del doctor como del paciente se encuentran dirigidos hacia este oculto y todavía no manifiesto ser humano ‘entero’, que es a la vez el ser humano más grande y futuro».

 

Esta atención a los valores del individuo no se cierra en él. El proceso de individuación tiene una prueba de realidad que Jung formulaba de una forma sencilla: «Cuanto más vayas siendo tu mismo más sabrás ser y convivir como ‘gente con la gente’ «. Y para continuar con cuanto he dicho antes de este texto, añadiré, como objetivos del análisis, lo siguiente: que la vivencia del Self marque y ayude un camino de autenticidad, que actúe en la persona como arquetipo de totalidad.

Que la persona humana encuentre en su diferenciación básica su propia riqueza y creatividad personal, y al mismo tiempo la apertura a los otros intrínseca a su ser, ser uno mismo inseparable del saber ser con los otros. La realización personal se halla inseparablemente unida a la apertura a los valores de la propia experiencia vital, con las limitaciones y contingencia que ésta conlleva, me refiero a la apertura a la Verdad, la Belleza y el Bien.

Sabemos que cada caso es diferente y que la técnica se adapta a la persona, pero en general, ¿qué método utiliza la psicología analítica para alcanzar sus objetivos? ¿Cuáles son los elementos fundamentales del análisis junguiano?

En primer lugar, cuidar el encuentro. Que las sesiones de análisis sean práctica del arte del diálogo y del encuentro. Que también promuevan una, digamos,  “buena amistad” con el inconsciente: dejar venir, contener, diferenciación, expresión. Jung, en la biografía de Aniella Jaffé, lo expresa con tres expresiones del original alemán: Gesehenlassen, “dejar venir”; Betrachten, expresión en relación al “quedar embarazado”; Sichauseinandersetzen, que alude a la contención que se confronta y se diferencia de lo que se ha presentado…

En segundo lugar, el análisis de los ámbitos de vida psíquica: el entorno real cultural y de formas de vida. El sujeto se comunica y se autorrepresenta en él mediante la “persona” y cuando adquiere conciencia de ciudadano partícipe, se abre a cuidar con los otros el mundo en que vivimos. El Inconsciente tanto colectivo como personal, es un ámbito con el que se entra en contacto pasando por lo que llamamos “sombra”, que contiene aspectos en espera de hacerse conscientes. Pau Casals dijo: “Vi que había música en mí y dediqué mi vida a servirla.” Pues su música, antes de que la viera, estaba en la “sombra”. El ámbito somático, donde se hace presente la naturaleza, y que viene en ayuda del alma en lo psicosomático, cuando a ésta le es difícil soportar algo… El ámbito del espíritu que sirve el carisma de cada uno abierto a la trascendencia de la vida humana. Si se quiere, incluso más allá del “mundo 3” de Karl Popper.

En tercer lugar, ver las influencias que condicionan la experiencia del vivir, en uno u otro sentido, y favorecer su conciencia y la necesaria conformación de actitudes.

En cuarto lugar, hacer alma frente a la psicopatía. Ver la neurosis como ensayo sin éxito en el vivir. Viendo la psicosis como una invasión por parte del inconsciente, si es posible ver su curación en el implicarse, o un acompañar al paciente como haciendo inmersión en su mundo mental, para sacarlo a flote. Favorecer el  encuentro con el mundo imaginal, con distintos medios,  desde la palabra hasta la danza si cabe. Por una parte equilibran procesos unilaterales en el pensar las cosas, por otra son medios de aproximación al inconsciente.

Y finalmente, que pueda asumirse el valor de toda reconciliación, de los valores y de los vínculos y compromisos.

 

 


¿Qué obras recomendarías a alguien para iniciarse en la psicología analítica?

Para “iniciarse”… uno de tantos vestíbulos o recibidores, ¿antes de pasar más adentro? Pues una obra póstuma respecto a Jung, que murió antes de su aparición, y en la que intervinieron diversos autores: El hombre y sus símbolos. En la reedición que ha retomado y “respetado” Paidós, la que contiene además las ilustraciones originarias, no la que una editorial, como Caralt, ha publicado sin estas imágenes.

Existe en original francés el libro de Elie Humbert Jung, escrito con claridad, con precisión en las citas, y no de extensa lectura. Recomendaría la lectura de la biografía completa de  Gerhard Wehr, y la que bajo el título de Recuerdos,  sueños y pensamientos escribió Aniella Jaffé, fruto de su estrecha colaboración con Jung que a su vez la supervisó.

Sugeriría también navegar por las webs de Internet, centrales en importancia e información,  de mayor solvencia en psicología analítica: la web oficial de la Asociación Internacional: www.iaap.org. Y la web que dirige Donald Williams, que a su vez es webmaster de la anterior: www.cgjungpage.org. También la web del Instituto de Küsnacht: http://www.junginstitut.ch/. Y encontraréis importantes publicaciones en la Editorial Daimon que dirige el analista Robert Hinshow: http://www.daimon.ch/

 

¿Qué autores junguianos recomendarías? ¿Cómo valoras la obra de  James Hillmann y Anthony Stevens?

En mi período de formación conocí Puer Papers de James Hillman y otros. Especialmente interesante para conocer las líneas de desarrollo de lo arquetipal, también su apertura al pensamiento que tiene en cuenta la importancia de las polaridades y paradojas.

Anthony Stevens no deja de ser un buen divulgador. De mayor interés son para mí Erich Neumann con la obra Orígenes e historia de la conciencia y, por descontado, las obras de Marie Louise Von Franz. Luego recomendaría leer a Adolf Güggenbuhl, Liliane Frey-Rohn, Rafael López Pedraza…  Y creo que es interesante considerar las relaciones que la psicología analítica ha establecido con las más diversas disciplinas en el mundo de lo humano y del conocimiento, tanto en la obra de Jung como en otras. Y destacaría encuentros como los de Eranos, (Ascona, Italia, http://www.eranos.org/) o los encuentros de Psicología Profunda y Política; y obras como C.G.Jung and the Humanities, Toward a Hermeneutics of Culture (Karin Barnay Ed. New York, 1989) por poner algunos ejemplos.

 

¿Nos puedes hablar de las instituciones de la Psicología analítica? ¿Qué instituciones existen para la formación, a nivel internacional y local? ¿Cómo está la Psicología jungiana hoy en España? ¿Sabes cuántos analistas junguianos reconocidos hay en la actualidad, a nivel mundial y en España en particular? ¿Cuál es su distribución geográfica?

Os invito de nuevo a viajar… por Internet: www.iaap.org y en www.cgjungpage.org para obtener amplia información al respecto.

De España me referiré solamente a lo reconocido por la Asociación Internacional. En 1992, en el Congreso de Chicago, se admitió un primer grupo de analistas con programa de formación en nuestro país, con el apoyo de Rosemary Douglas, que había conocido personalmente a Jung y colaboradora con el Dr. Ramón Sarró. Ellos iniciaron con anterioridad el Círculo de Psicología Analítica. En Barcelona se creó el Instituto C. G. Jung, (www.institutcgjungbcn.cat) conservando el desarrollo originario de la psicología analítica en nuestro país. Este Instituto quiso continuar proveyendo, a quienes se formasen, un marco conceptual amplio, conectado a los orígenes de lo junguiano y conectado con el mundo académico en forma de máster universitario, con didáctica unida al trabajo de seminario y teniendo en cuenta los acuerdos de Bolonia que valoran el trabajo también individualizado.
El marco conceptual sigue la formación con los tradicionales análisis didácticos y de supervisión, más la tesis final. Este Instituto al estilo de los Encuentros de Eranos, de Ascona, en Italia, cuenta con especialistas no analistas, en temas de simbología, filosofía, Psicología y Fenomenología de las religiones, alquimia… En el último Congreso de la Sociedad Internacional, en Montreal 2010, ha sido aprobada su pertenencia a esta Sociedad, en la que espera ingresar como grupo de pleno derecho en el 2013. Siempre hay que pasar por etapas “iniciáticas”.

Del primer grupo que se fundó proviene la SEPA (www.sepanalitica.es ): Sociedad Española de Psicología Analítica. Y existen grupos no integrados en la Sociedad Internacional en algunos lugares como Sevilla y Valencia.

 


Se tiene la impresión de que hay una utilización de Jung por autores y terapeutas esotéricos y una utilización de esoterismos
(I ching, Tarot, carta natal) por autores y terapeutas junguianos. ¿Qué opinas? ¿Cómo lo valoras?

Antes de entrar en ello y siguiendo inercias de lenguaje, me viene a la mente la idea de que el mundo occidental debe resultar enormemente “esotérico” para otras culturas.

Pero, veamos, fuera del lenguaje más o menos popular, y si pensamos, como, a pesar de todo, el ser humano sigue valorando la búsqueda de una salvación que tenga en cuenta también un mundo interno…, nos acercaremos a las sugerencias de la etimología de las palabras. No se trata solamente de lo que se sugiere en diccionarios supuestamente cultos: algo secreto, algo necesitado de iniciación… Decía Jung: “Las universidades han dejado de actuar como fuentes de luz. La gente está saciada de la especialización científica y del intelectualismo racionalista. Quiere oír acerca de una verdad que no estreche sino que ensanche, que no oscurezca sino que ilumine, que no se escurra sobre uno como agua sino que penetre como agua hasta la médula de los huesos. Ese buscar amenaza, en un público anónimo pero amplio, con desembocar en rutas falsas…”

No es el caso de Jung. La honestidad de sus aproximaciones al mundo oriental queda reflejada en la advertencia respecto al “orientalizarse” como peligro de los occidentales. Es interesante leer y meditar su discurso en homenaje a su amigo Richard Wilhelm, con motivo de su muerte. A través de este docto sinólogo, Jung conoció el tratado taoísta El secreto de la flor de oro, cuya edición en occidente cuenta con un prólogo suyo.

La apertura a Oriente ha tenido no poco que ver con el desconocimiento de la riqueza de lo propio, con afanes de diferenciarse, con la búsqueda de determinadas eficacias, con la mismísima superficialidad de los fenómenos de la “moda”.  Por ejemplo, la riqueza del yoga se redujo al Hata Ioga en los gimnasios de turno, corporalidad despojada del sentido que tal Yoga tiene en el mundo oriental.

La superficialidad o el sentido utilitario campa a veces, “por sus respetos”. Se da el caso del psicólogo que ve en las flores de Bach, consciente o inconscientemente, un sustituto de  la medicación reservada a los galenos. Como existen recursos a la astrología, envueltos en ignorancia de sus orígenes y sentido, y justificadores de un determinismo en la manera de ser.

Jung en su investigación del inconsciente colectivo, conoció otras culturas en sus viajes, en diversos continentes, conoció la cultura de los indios pueblo en Méjico, viajó al norte de África y a Kenia y Uganda.  Viajó en sus años cincuenta a la India donde recibió incluso un doctorado, y pudo conocer mejor el hinduismo como también la cultura islámica.

El acercamiento de Jung y de la psicología analítica a la alquimia tiene que ver con los paralelismos con el camino de individuación, del desarrollo de la personalidad diferenciada y creativa del ser humano, a la vez que con el encuentro del valor del sufrimiento inherente a la vida humana y con tantos procesos rituales de “muerte y resurrección” que se conservan en determinados ámbitos entre nosotros, por ejemplo en las profesiones monásticas. Jung encontró esta riqueza, por ejemplo, en el llamado Rosarium Philosophorum, que comenta ampliamente en una obra suya. Se pueden leer los comentarios de las imágenes en el Volumen 16 de su obra, en referencia a la psicoterapia y los fenómenos, en particular, de la transferencia.

El I Ching llamó poderosamente la atención de Jung, como nos explica en Recuerdos sueños y pensamientos, al ver que practicando en él, halló respuestas de gran concordancia con su mundo interior y sus procesos. La psicología analítica ha seguido ahondando en él al lado del estudio de los fenómenos de sincronicidad, de los que Jung hizo objeto de diálogo con el físico y Premio Nobel Pauli.  Es interesante, como ya he dicho,  leer el prólogo que dedicó a la primera traducción del alemán por parte de Richard Wilhelm.

Las imágenes del Tarot llevaron a Jung a una lectura particular de las mismas. Las relacionaba con manifestaciones de la acción arquetipal en el psiquismo humano, en cada uno de nosotros individualmente y en el ámbito colectivo. De ahí su estudio relacionado con las manifestaciones de un inconsciente colectivo y con los fenómenos de sincronicidad, que traducen el encuentro del mundo interior con aspectos de la humanidad objetivos, y con fenómenos de la realidad objetiva.

 

Llama la atención que hay un profundo desconocimiento de Jung y de la psicología analítica entre muchos psicoanalistas, y viceversa,  un profundo desconocimiento de los desarrollos psicoanalíticos posteriores a Freud por parte de muchos junguianos. ¿Cómo te lo explicas, cuando ya ha pasado un siglo desde la ruptura entre Freud y Jung?

Primero hay que comprender la separación entre Freud y Jung.  Porque de sus desencuentros, no solamente doctrinales, perduran consecuencias en según qué  ámbitos. Consecuencias de desinterés o desinformación entre unos y otros.
La separación entre ambos más que de otra cosa nos habla de las complejidades de la psique humana. Por ello su estudio conviene para mayor conocimiento de unos y otros.

La experiencia de vida de unos y otros ha sido diferente a partir de la separación. Y la transmisión de la experiencia de vida reúne cierta necesidad de comprensión y la conciencia que nos libere de los contravalores de la cultura y formas de vida actuales.

Resulta curioso ver en qué direcciones han tenido que defender el carácter científico de sus teorías tanto el psicoanálisis como la psicología analítica. Lo apunto aquí, por si se formasen colaboraciones en este sentido.

Por otra parte la difusión institucional, de muy distinto origen, de la psicología analítica o del psicoanálisis fue muy distinta. La Institucionalización a menudo cierra la libertad de búsqueda y servicio.

Por parte de Jung sabemos que él no quería seguidores junguianos,  sino  ofrecer sus hallazgos. Aniel·la Jaffé lo recordaba. Leed a Jung en sus citas de Word and Image. Jung afirma: “Yo solo puedo esperar y desear que nadie sea “junguiano”. Que cada uno investigase con la misma libertad que reclamaba para sí mismo.

Marie Louise Von Franz, la mejor colaboradora de Jung, preveía un futuro no muy optimista si aparecían los junguianos que “actúen como funcionarios que no se apliquen a sí mismos, con firmeza y autenticidad, lo que profesan”. Os confieso que he visto instituciones que devienen endogámicas y con notables muros defensivos. Y que los análisis didácticos y de supervisión establecidos no constituyen ninguna vacuna al respecto.

Y entre los junguianos los hay muy condicionados, aún hoy,  por las cartas que se cruzaron Freud y Jung en el momento de la separación.

Freud le escribe a Jung: “Le propongo abandonar toda relación personal. No pierdo nada con ello… tome su libertad y ahórreme su supuesto toque de amistad”. Y Jung contesta: “Accedo a su deseo de abandonar toda relación personal… No impongo amistad sobre nadie… Ud. mejor que nadie sabe lo que este momento significa para Ud. “El resto es silencio.”” Y el silencio, continúa distanciando a psicoanalistas “freudianos” y “junguianos”.

Por otra parte, los psicólogos en general, por el hecho de serlo, no nos hallamos vacunados de tanta cosas que pueden perturbar la noble y consciente actitud del ser humano: proyecciones, dependencias no resueltas, actitudes distintas en la consideración del otro, duelo de la separación con diversas formas, consecuencias y actitudes en uno y otro.

También he visto algunos freudianos que calificaban como descubrimientos actuales correcciones que validan conceptos que otros habían formulado con anterioridad; por ejemplo, la importancia de los símbolos frente a meros signos, o la superación de la posición disimétrica y en extremo unilateral del analista en sus sesiones. Cuando son aspectos que ya fueron señalados hace decenios en la psicología profunda.

La creación del Comité secreto y de sus actuaciones, que más bien no favorecían reencuentros ha tenido consecuencias en algunos ámbitos hasta nuestros días. Y la ignorancia de ciertas Universidades, que han desatendido la psicología del inconsciente, también ha contribuido a no poca ignorancia por parte de los psicólogos formados en ellas. Cuando  andaba buscando ubicación para mi tesis, nada menos que un catedrático de Historia de la Psicología me soltaba, (permitidme la expresión): “¿Jung?» Pero, ¡si no trataba pacientes! Se ocupaba de platillos volantes y cosas semejantes, ¿no?”. No comment, como dicen los ingleses. Yo acababa de llegar de Zürich, donde pude observar los documentos relativos a la práctica clínica de Jung, (habían pasado los años por los que legalmente debían permanecer bajo absoluto secreto). Otra: aquel religioso en mi Universidad, que me pintaba el sentido de la religión en Jung como asignatura de Ciencias Naturales. Otro me paraba en medio de un pasillo para insistirme en que Jung no merecía atención alguna porque era nazi…

Y hay otro fenómeno que dificulta el encuentro. Yo diría que en nuestro tiempo existe algo así como un “arquetipo negativo”, el de la división, el fenómeno Split, que afecta a los propios ámbitos, el de la psicología analítica y el del psicoanálisis.

Y a veces resulta difícil separar las divisiones en apariencia de base conceptual, entre analistas, de las que en realidad esconden conflictos humanos de poder. En un Congreso de psicología analítica, celebrado en Cambridge el 2001, se abordó el “tema” que en buena parte nos ocupa en esta entrevista: Analytical Psychology and Psychoanalysis. Beverly Zabriskie, analista de New York, confrontó a los analistas presentes con su ponencia, que tituló: Una devoción destructiva: con amigos como nosotros, ¿necesita Jung enemigos?

Y el debate fue presidido por el título Analytical Psychology and Psychoanalysis don’t Mix, que expresaba la necesidad de una suficiente  discriminación entre psicología analítica y psicoanálisis, abierta a la aproximación, al encuentro y al diálogo, en momentos en que alguna sociedad analítica, especialmente una londinense, tendía a la no discriminación.

Nada de mezclas ni ensamblajes extraños. No se trata de una mezcla “café con leche”. Pero había temas que sí invitaban al encuentro y diálogo como la cuestión de la contratransferencia y, también en cierto modo, el tema de la identificación proyectiva;  ahí se podían contrastar puntos de vista, no tan solo los de Jung y Freud, sino también de sus “seguidores”. Puntos de vista diferentes en la forma de abordar el tema y en los conceptos. Y vale la pena, por encima de todo contraste o acercamiento, la inspiración de T.S. Eliot, el poeta que dejó escrita “la necesidad de que toda exploración es buena cuando nos lleva a los inicios de la búsqueda de sentido”.

 

¿Cuáles son los desarrollos principales de la psicología analítica después de Jung?

La pregunta me recuerda y me lleva directamente al Congreso Internacional de Psicología Analítica celebrado en Zürich el año 1995. No porque antes no hubiese “desarrollo”, sino porque diversas cuestiones ocuparon antes a quienes estuvieron al lado de Jung y a los posjunguianos. Todos ellos, en los años que siguieron a la muerte de Jung, el año 1961, tuvieron que verse con la herencia directa de su espíritu, la elaboración del duelo, la reivindicación de su contribución al estudio y el cuidado de la psique, la reivindicación de su figura frente a quienes le atribuían poco carácter científico, o le achacaban inflaciones personales, o ambivalencia frente al fenómeno nazi…. Todo ello ocupó buena parte del trabajo de los posjunguianos de la primera época.

El Congreso de Zürich representa un paso importante en los desarrollos de la psicología analítica en cuanto se propone el debate y la profundización en las “open questions on analytical psychology”, en las cuestiones abiertas en psicología analítica.

Adolf Güggenbuhl desgranó todo un “rosario”: cuestiones de tipología, cuestiones con lo arquetipal, temas de género, o culturales, o de atención a etapas de desarrollo, cuestiones de arte e historia, religiosas, por descontado clínicas, de formación de analistas, etc. y nos pidió que supiéramos ver que: “no answer is still an answer”, “que vuestras respuestas sean abiertas a nuevas preguntas” como he citado anteriormente.

En Zürich tuvo lugar una “mesa redonda” para abordar y desarrollar el tema de la formación de analistas: bajo el lema de Power and Eros in training. Poder institucional frente a encuentro analítico. Se abordaron un montón de temas: las ambivalencias y las implicaciones humanas del encuentro analítico, el encuentro dedicado a la formación de analistas. Y su relación con el reconocimiento como analista por parte de una institución.
Abordaron el tema analistas de diversos países en mesa redonda: analistas de Israel, Berlín, Zürich, Londres, Palo Alto, Sao Paulo.
Nos hablaron y debatieron sobre éxito  y fracaso en la formación de analistas, sobre la “experiencia” del analista y, por lo tanto, de la importancia de la toma de conciencia que ello implica. ¡Cuantos matices aparecieron en las posiciones de analistas o de la institución! Por citar unas cuantas: la identificación o la posible inflación que tenga que ver con un arquetipo de  “personalidad maná”; la mediación, la maestría, la sombra negativa del cinismo en terapia, las relaciones entre la individualidad y lo colectivo. Se atendió el tema de qué validez puedan tener, en análisis,  las palabras “control” y “supervisión”, qué valores o formas de vida de ámbito cultural se hallan implicados en el proceso de formación… Sobre todo ello discurrieron sus desarrollos y sugerentes reflexiones y respuestas abiertas a nuevas preguntas.

Quisiera destacar, entre los que “siguieron en la brecha post Jung”,  la obra de Marie Louise Von Franz en temas alquímicos, particularmente Aurora consurgens. En temas arquetípicos como Puer Aeternus, como en su profundización en el tratamiento de los sueños,  o el estudio de las funciones tipológicas junto a James Hillman. Marie Louise Von Franz fue experta en temas culturales o simbólicos en general.

Bárbara Hanna escribió una interesante obra sobre imaginación activa. Este aspecto ha ido creciendo en importancia como medio de aproximación al inconsciente, por ejemplo en la utilización del Sand-Play, “juegos de arena”. Hay que destacar también la obra diversa de tantos autores, como los ya nombrados Adolf Güggenbuhl y Elie Humbert y López Pedraza, o Hans Diekmann y Mario Jacoby. También han sido autoras a considerar, Mary Ann Mattoon, Verena Kast, Lylian Frey Rohn, Jolande Jacobi. En fin, la lista resulta extensa. La dejo aquí, consciente que dejo en el tintero autores importantes Mostrar sus desarrollos extendería fuera de medida esta entrevista.

 

Se ha diferenciado entre escuelas  de psicología analítica: la evolutiva (Fordham),  la arquetipal (Hillman) y la clásica.  ¿Estas de acuerdo con esta diferenciación? ¿Podrías caracterizar cada una de estas tendencias?

Permitidme una consideración sencilla acerca de lo que llamamos “puntos de vista” que, dicho sea de paso, a mi modo de ver valdría la pena que llamáramos puntos de vida. Si miras una escoba por la parte que barre, verás más bien puntos de escombro en círculo, si la miras de lado veras un palo alargado y lo que barre…  Si unes ambos puntos de vista tendrás un mayor conocimiento de la realidad de los que es una escoba. Una misma realidad puede ser contemplada desde distintos ángulos o perspectivas. Y si se trata de una realidad polifacética, será un error el que tomemos como realidad absoluta sólo uno de sus aspectos.

Será sobre todo el diálogo, la comunicación, la integración de los diversos aspectos, lo que nos proporcionará una visión de conjunto más cercana a la realidad. Tal es el punto de vista de la psicología analítica.

Andrew Samuels, un analista perteneciente a la SAP (Society of Analytical Psychology), una de las primeras sociedades inglesas, fue quien tendía a establecer las diferencias o tendencias que citáis en vuestra pregunta. Daba por definitiva la diferenciación entre distintas escuelas u orientaciones analíticas. Había analista que se encontraba  gratuita y sorprendentemente clasificado por él, sin que estuviera.

Tom Kirsch, analista del Instituto de San Francisco, siendo presidente de la IAAP,  Asociación Internacional de la Psicología Analítica, en una reunión en Méjico, puso las cosas en su sitio, no hablando de escuelas diferentes de psicología analítica, sino de riqueza de temas de profundización y dedicación. Todo tiene su explicación humana cuando la discriminación tiende a la división, y podría quedar en pequeños absolutismos contrapuestos.

Otra cosa es la diferenciación en el estudio y profundización de distintos aspectos de una misma realidad. Paul Brustche, analista suizo, me contaba con cierto sentido del humor, cómo se apodaban los “siete sabios de Grecia”, los arquetipales, Rafael López Pedraza, James Hillman, Adolf Guggenbühl, el mismo y otros, pero cuando uno se acerca a sus exposiciones, no ves otra cosa que su iluminar con la linterna de las mitologías lo imaginal, lo simbólico y los temas arquetipales, los aspectos de la psique humana que la psicología analítica estudia particularmente.

Un visitante encontró extraño que en cierta Asociación de Psicología Analítica londinense se hallaran más ejemplares de obras de Melanie Klein que del mismo Jung. A alguien se le ocurrió pensar que, como Jung había publicado poco sobre la infancia, había que recurrir a otros autores. Como si la Psicología Analítica tuviese que abarcar toda la realidad psíquica en sus publicaciones. Cabe tener en cuenta la influencia de los contactos con Asociaciones de Psicoanálisis, que eran fruto de políticas para hacer frente a temas de cobertura legal (la “umbrela” de que nos hablaba en Londres, en cierto encuentro de analistas didactas, Hester Solomon, que luego ha presidido la IAAP), o simplemente fruto de compartir amigablemente una misma sede de psicología dedicada a formación o atención clínica como en Berlín. Un acercamiento al Psicoanálisis que tiende a la indiferenciación más que a la convergencia en lo que sea posible, se halla por ejemplo en un grupo francés dedicado a la infancia y adolescencia…

Quien pierde los orígenes pierde la identidad, decimos por aquí. Lo que algunos quisieron diferenciar como escuela clásica, en buena parte reunía a los que procedían más directamente de los orígenes.  Y el no perder los orígenes no quiere decir aferrarse a ellos con inmovilismo. Todo árbol, si me permitís la comparación, tiene raíces que penetran la tierra buscando alimento, y un tronco que crece en lo ancho y en lo alto, y que se extiende en su ramaje y en sus hojas. Es un organismo vivo. Y qué diremos si mas allá del árbol, pensamos en un ser vivo, como el humano, y en su “echar raíces”, y en su desarrollo y en su relación con los otros…

Cualquiera que se inspire en psicología analítica contemplará en su profesionalidad, dedicación o estudio, tanto los arquetipos como las etapas de desarrollo o cualquier aspecto de acercamiento al inconsciente que siga el hilo de Ariadna desde sus orígenes.

 

¿Cuáles te parecen que son las principales diferencias y similitudes y puntos de contacto entre psicoanálisis y psicología analítica en la actualidad? ¿Con qué corrientes psicoanalíticas hay más afinidades y con cuales hay mayores discrepancias?

Puedo dar una respuesta concreta: tuve ocasión de leer con detenimiento un escrito de Meg Williams, perteneciente a la “corriente”, si así podemos llamarle, del psicoanalista inglés Donald Meltzer. Su valoración de los símbolos, sin  reducirlos a signos, la ausencia de disimetría, o de unilateralidad, en la interpretación de las manifestaciones del inconsciente por parte del analista, la positiva valoración de los productos del inconsciente, la apertura a valores humanos y a su desarrollo y creación de vínculos positivos, como la contemplación de lo bello y otros temas afines, me parecieron muy próximos a planteamientos de la psicología analítica.

Más allá de la inspiración en Meltzer de un determinado grupo de la Asociación Catalana de Psicoanálisis de Barcelona, que tuvo encuentros con él en Londres, creo que hay una respuesta general a esta pregunta: creo que habrá discrepancias con psicoanalistas que se hayan estancado, en las primeras formulaciones del psicoanálisis. O con quienes hayan hecho de su mapa conceptual o práctica profesional un mundo alejado de toda hermenéutica, instalándose en una pura practicidad “clínica”, al uso, de la psicología.
Pero hoy día, si Freud y Jung “levantaran la cabeza de sus tumbas” como se suele decir, verían supuestos freudianos o junguianos, que les harían entrar ganas de estirarles de las orejas… Reconciliados los dos, y recuperando el afán investigador abierto, nos ayudarían en el conocimiento de la psique humana y en  las consecuencias que derivarían en un mejor trato de los llamados noblemente pacientes… Crhistian Gaillard, presidente de la Sociedad Internacional de Psicología Analítica (2004-2007), se ha referido a los que,  a su parecer, podrían ser puntos de convergencia, así como a las diferencias entre los análisis “junguiano” y “freudiano”. Su opción de centrar el debate en los símbolos y el trabajo de simbolización es la más productiva, porque nos puede llevar a ver nuestra conexión con el inconsciente, no a diferenciaciones conceptuales sobre el inconsciente. Con los símbolos,  la sorpresa entra en el acompañamiento del analizando al abrirse a “lo desconocido”. Y se facilita la función homeostática, la que busca equilibrio en la buena puesta en marcha y desbloqueo del psiquismo, gracias también al quehacer positivo del inconsciente.

La vida es proceso que apunta sentido. ¿Hacia dónde? No es caótico azar. Los analistas encontramos gusto al leer a Erich Neumann y comentamos su enjundioso texto Orígenes e historia de la conciencia. Como en su otra obra sobre el desarrollo de la infancia. La teleología, telé, hacia donde, finalidad, a corto o medio o largo plazo,  es inherente al fenómeno vital, y se torna prospectiva en el quehacer analítico, pone mirada de proa a la vez que con el salir a flote, re-emergencia de la regresión, en la que ponen mayor acento los psicoanalistas. El “post-Freud” y “post-Jung” tienen interesantes diálogos si se centran a partir de ello en el “hic et nunc”.  Estos y otros interesantes puntos fueron expuestos, no para propiciar la desaparición de las diferencias ni propiciar mezclas entre ellos, sino para abordar su interés en la cura del paciente y el bien del analizando.

Los analistas de EEUU Tom Kirsch y John Bebee, de la Sociedad de San Francisco, y Joseph Cambray de Boston (actual presidente de la Sociedad Internacional de Psicología Analítica, IAAP), han redactado un texto en el que invitan a los freudianos a considerar y contrastar unos puntos de la psicología analítica, para facilitar el encuentro. Los enumeraré: la aproximación a los sueños, los complejos, los arquetipos, el Self, la interrelación dialéctica, la individuación y madurez.

 

De manera parecida al caso de Freud, parece que con Jung también hay en los últimos años un giro en las biografías desde la idealización y la hagiografía al cuestionamiento más radical. Qué opinas de obras como las de G. Wher, Deirdre Bair y Richard Noll?

La biografía de G. Wher, muy documentada, es no solamente una introducción al pensamiento de Jung sino a circunstancias de su vida y sus relaciones personales y culturales. Como biógrafo deja cuestiones abiertas cuando refiere también opiniones de personas contrarias a Jung o cuando deja todavía abiertas cuestiones de relación de Jung con el nazismo, debido a la época de su publicación. En el libro son abundantes las citas de Jung. Para mi es especialmente significativa aquella que reza: “Soy un médico que se las tiene que ver con la enfermedad del ser humano y de su tiempo y que hay que considerarla en su remedio en correspondencia con la realidad del sufrimiento… No necesitamos tanto ideales como  una pequeña sabiduría e introspección, una cuidadosa consideración de la experiencia religiosa del Inconsciente”.

En cuanto a Deirdre Bair y Richard Noll… Permitidme una respuesta que, de verdad, no obvia el tema, pero es breve y concisa. No creo en ninguna trascendencia en sus escritos. Puedo decir que he tratado a personas que conocieron personalmente a Jung, he tenido testimonios de primera mano de su quehacer y perfil, he escuchado personalmente en el Club que se creó a su alrededor en Zürich, sus andanzas, incluso cómo en cierto momento se le pidió que no asistiera. Así nos lo explicaba el presidente a la junta de la asociación internacional.  He visitado la clínica de Zurich donde se inspiran sus trabajos; he conocido el ambiente del Instituto de Zurich; he revivido su biografía al visitar Bollingen, o la casa familiar y su despacho junto al lago, así como su tumba en Küsnacht. No he encontrado ningún vestigio de endiosado ario o cosa que se le parezca, ni de seguidores religiosamente “fieles”.

Creo que en la obra de estos autores, rezuman las disensiones con la familia de Jung, las dificultades de Princeton, y algo de periodístico o sensacionalista, prensa “amarilla” digamos, más que historicidad que merezca absoluta credibilidad.

Richard Noll encuentra por dónde meterse incluso en las páginas del Libro rojo. Otra cosa es el trabajo que sobre el Red Book ha podido realizar en considerable tiempo Sonu Shamdasani. Esta reciente publicación sí puede darnos testimonio de primera mano de los avatares de esta singular vida de una persona que realizó su propia confrontación con el inconsciente, o que por otra parte, lejos de considerarse un dios, sabía solicitar el perdón a su secretaria por sus derroches de mal genio. Eran ya días próximos a su muerte.

 

¿Cómo te formaste en psicología analítica?

El primero en hablarnos de Jung fue el Dr. Gomà, de feliz memoria, aunque tenía la gracia de entusiasmarnos cuando exponía la amplia variedad de teoría y pensadores en psicología. Se valía de un texto de Wolmann, Teorías y sistemas contemporáneos en Psicología.

Luego fue un psiquiatra que creó una escuela de psicología dinámica, quien me invitó a explicar a los alumnos las bases biológicas de la conducta humana. Allí, un pequeño grupo entramos en contacto con el pensamiento de Freud, y, a través del mismo psiquiatra, entramos en contacto con seguidores de Jung como el Dr. Tedeschi y el profesor Paragona. El primero pertenecía a la Sociedad Internacional de Psicología Analítica. Pero aquel psiquiatra muy ecléctico y diverso volvió a Freud. El Dr. Tedeschi que nos explicó su inmersión clínica con un paciente delirante, nos hizo ver la eficacia de la psicología profunda en las psicosis.

Todo ello continuó después con el doctor  Ramon Sarró, el estudioso de los mitologemas, y su colaboradora Rosemary Douglas. Los encuentros en la casa del Dr. Sarró, en la calle Anglí, fueron de gran interés. Fundamos el Círculo de Psicología Analítica C. G. Jung.  Llegamos a conectar con el mundo junguiano. Vino a Barcelona Hans Dieckmann, que organizó un seminario en la Clínica Salus y una conferencia en el Hospital Clínico con asistencia del cuerpo médico. Rafael López Pedraza también nos visitó. Gracias a Rosemary Douglas y Paul Brutsche de Zurich iniciamos el contacto con el análisis didáctico y pudimos conectar con Zurich, Küsnacht y la Psicología Analítica.

El análisis didáctico me hizo comprender entre otras cosas el valor del sufrimiento humano. Pude ahondar en el significado de lo que los griegos llamaban  “metanoia”, conversión; pude acercarme al sentido de la psique/alma y la riqueza de la sombra, y a no confundir diferenciación con inflación del ego o solipsismo. Una formación de ocho años, con idas y venidas a Zurich  dio lugar a mi aceptación como analista individual por parte de la Sociedad Internacional en 1989, en el Congreso de París. Pero si la vida es aprendizaje, todavía estoy aprendiendo. El alma contiene y trasciende la posible ambivalencia del atender y aprender.

 

¿Nos puedes decir algo de tu evolución como terapeuta? ¿Qué cambios has ido introduciendo, con el paso de tiempo, en la teoría y en la técnica?

Trataré de huir de metódica conceptual en la forma de atender esta pregunta. Simplemente señalaré algunos aspectos que creo han cobrado diverso relieve en la práctica analítica.

Cuando me iniciaba en la praxis, entré en contacto, gracias a los que habían sido compañeros de Universidad, con dos fuentes de inspiración peculiares. Una, con la obra del Dr. Max Lüscher, que estudiaba la personalidad según su preferencia de colores. Más tarde, iniciándome ya en la psicología analítica,  realicé mi tesis doctoral Aportació a l’estudi del valor diagnòstic de l’atribució de color. Adentrándome en la simbología del color, grande fue mi sorpresa, cuando trabajando con escalas multidimensionales, encontré que se hermanaban estudios cuantitativos y hermenéuticos a un tiempo. Elaborando la tesis, en uno de los “trabajos de campo” en el argot de la elaboración, pedí a un conjunto de niños y niñas de 6º de EGB, que atribuyesen colores, pintando el dibujo de un mandala determinado que les distribuí. Estudiando los significados del color dados por ellos mismos en otra prueba que asociaba color y palabras, tuve la sorpresa de encontrar correspondencias, estadísticamente aceptables, entre los conceptos de anima y animus junguianos y los símbolos que se utilizan, por ejemplo, en anamnesis para señalar masculino y femenino, cuadrado y círculo, tanto exteriores como interiores en el dibujo que coloreaban.

De ahí el introducir el color en sesiones de psicoterapia y análisis, cuando veíamos con el paciente la oportunidad de “dejar venir la inspiración al respecto”, o el poder comentar la simbología del color en sueños.

La otra fuente de inspiración fue Raymond Cattell con su 16PF, su estudio de factores de personalidad, en cuanto que fue una iniciación a las polaridades, un  tema al que la psicología analítica ha dado tanta importancia. En mi estudio y práctica profesional, la conjunctio oppositorum me ha librado de discursos demasiado lineales. Y me ha inspirado en el trabajar a favor de la consciencia, cuando es ésta la que nos libra de movimientos pendulares o ambivalentes, de la enantiodromía, que dirían los griegos.

Ya tiempo atrás, antes de estudiar la carrera de psicología, otros estudios me llevaron a interesarme por conocer rituales de iniciación, de lo más diversos. Leí a Mircea Eliade. Los paralelismos, intersecciones, y diferencias con los procesos de individuación, fue motivo de estudio. He podido profundizar en los procesos iniciáticos y sus rituales con colegas no analistas de otras disciplinas. Con ellos he profundizado en la descripción de las etapas o secuencias de estos procesos: una etapa de introducción, individual y de “catecumenado”; una etapa comunitaria que crea vínculos, fraternidad y servicio interno y vida, incluso festividad en la comunidad;  y una etapa guiada por la libertad de espíritu, que se traduce por una vida intensa, creativa y vigorosa en el mundo de apertura y convivencia creativa en el ser gente con la gente… Profundizando en el tema presenté sobre ello un trabajo en el Congreso Internacional de Psicología Analítica que se celebró en Cambridge. Lo titulé “Speech, Dialogue, Teleology and Courage”. Este tema de los procesos de iniciación me ha acompañado en mis estudios e  inspirado el quehacer como analista.

Siempre me han atraído los estudios diferenciadores de temperamentos –Kretschmer y Sheldon, como los antiguos de Hipócrates, o los trabajos más recientes de Léone Bourdel, inspirados en aspectos comparables en música y otras artes– o la clasificación interesante según los valores de preferencia que conforman “formas vitales” de Spranger.

Por ello me llamó poderosamente la atención el estudio tipológico de Jung, particularmente por su curioso origen: el sufrimiento y malestar que le produjo la separación de Freud. Pero además me enlazaba con la psicobiología. Con aspectos de mi licenciatura en Biología. El examen de Grado lo hice sobre nuestro CPU, que diría un informático, nuestra unidad central de procesamiento de datos: el cerebro, la neurología. Los temperamentos de Jung tienen incluso correlación con el trabajo de los hemisferios cerebrales. Los temperamentos psicobiológicos en su enlace con los dibujos y las artes plásticas, abren camino por un lado hacia las neurociencias y por otro a nuestro vivir simbólicamente. En la práctica clínica y analítica también me he inspirado en ello.

Hablaba de mi tesis. Seguramente en estos momentos la dedicaría a otro tema, que me ocupó ya una ponencia en un Congreso Hispano-Luso-Sudamericano: las correlaciones de la Biología molecular con la homeostasis psíquica. Me centraría en la membrana y el llamado ergastoplasma, en los mecanismos de reconocimiento como los de inmunidad. Todo ello me ha inspirado, en la práctica, en aspectos de diagnóstico, en ponderar nuestras defensas, en aspectos psicosomáticos…

Mis preocupaciones y ocupaciones en cultura y formas de vida, me han llevado a estudiar ámbitos topológicos y he confeccionado un cuestionario para investigar aspectos que unen conceptos junguianos y valores y temas humanos y culturales. Estudio por un lado la fortaleza y dedicación del yo. Y por otro unos ámbitos en los que el yo despliega dedicación o energía. Me perdonaréis una comparación con un sencillo monocelular, comparación tal vez demasiado sencilla pero ilustrativa: si fuéramos amebas…  ¿hacia dónde emitimos más pseudópodos?, ¿hacia el “entorno”?, ¿hacia la “persona”?, ¿hacia cuidar nuestra “mente y alma”?, ¿hacia nuestra sombra?, ¿hacia nuestro cuerpo?, ¿hacia la naturaleza y vida?, ¿hacia el espíritu?, ¿hacia lo que invita a trascendernos?…

No se trata de un test a validar, sino preguntas que muevan diálogo y conciencia.

Descubrí la fuerza de los arquetipos cuando leí aquel Puer Papers de  Hillman en un momento de mi análisis didáctico, y cuando medité leyendo a Elie Humbert, cuando en un sencillo y breve opúsculo sobre Jung, habla de “La Gran Madre”. Me ha interesado ver como los arquetipos toman cuerpo, impulsan o invaden la conciencia. ¿Cuándo el encuentro con el Self, en lugar de producir inflación del yo, nos abre a la sencillez de aprendices en la vida, y mueve la atención a la integración de la totalidad de la experiencia de vida, o nos permite cuidar la “entereza”?

Me llamó la atención, poderosamente, de joven, la Carta a un joven poeta de Rainier Mª Rilke. Permitidme la lectura de un trozo: “Forman parte imborrable de nuestra memoria los mitos comunes a los inicios de todos los pueblos, en los que los dragones se transforman en los instantes decisivos en princesas; pues bien, quizá todos los dragones de nuestra vida son princesas que sólo aguardan a que por una vez nos mostremos gallardos y valientes. Quién sabe si detrás de lo aparentemente terrible no habrá acaso más que desamparo que espera nuestra ayuda…”

Me lo invitó a leer el que llamábamos “El Petit Père”, miembro de la Comunidad de la Borie Noble, dedicada a la No violencia y a la Vida en Comunidad.

Cuando, pasados los años,  leí la obra de Erich Neumann, Orígenes e historia de la conciencia y sus páginas sobre el Uroboros, pude “atar cabos”,  particularmente con las explicaciones e imágenes que muestran la presencia diversa y homóloga, en las diversas culturas, de los ejemplares que circularmente se muerden su cola: en Babilonia o en Méjico, en Nigeria, en Europa en Inglaterra como en Italia,  en Mesopotamia…, y destacando entre ellas imágenes de dragones como un “dragón alquímico”, en una ilustración antigua, si mal no recuerdo, de hace unos tres siglos. Neumann, como Rilke, hablan a propósito de estas figuras, de nuestros dragones, de lo que significan simbólicamente en los orígenes e historia de la conciencia, en los momentos de regeneración o conversión, en las llamadas al avance en la serenidad interna…                   En muchos momentos me ha acompañado en mi consulta el pensamiento de Paul Watzlavick, que pasó por la psicología analítica en Zurich, según tengo entendido. Las paradojas de aquel “Lo malo de lo bueno y lo bueno de lo malo” o aquel “El arte de amargarse la vida”. Estaréis conmigo en afirmar que hay un sentido del humor que ayuda enormemente en terapia y análisis. Puedo decir que no practico risoterapia, ni cosa parecida, pero sí que en mi consulta se sonríe mucho.

Sencillez positiva: hemos venido a aprender… Poder atender la respiración como espectadores nos puede mostrar que la “vida” es sencilla, como deben serlo la búsqueda de sentido o el respirar del alma. El día que se dio la noticia de la muerte de Octavio Paz me quedé con sus palabras: “Hemos venido a este mundo a aprender a amar, que para el resto vale la pena estarse quietos.” Me declaro aprendiz permanente. Estoy en el parvulario. Necesitaré 300 años por lo menos. Si lo veo oportuno, proponer pensar esto o cosas semejantes, a alguien le libra de perfeccionismos o preocupaciones por llegar a “ser no sé qué”. A distinguir el ser del funcionar.

En otro orden de cosas: Me encanta la correlación alma-cuerpo traducida en psicosomática. El ver cómo el cuerpo viene en ayuda de lo que al alma le es difícil contener.

Es muy satisfactorio poder acompañar a las personas en el hallazgo de dónde y cuándo atender mejor su santuario interior. En la propia consulta es para mi bueno hallar espacio e invitación al silencio, a la soledad serena y en ella la apertura a los otros.

A veces he pasado una hora de consulta entera en silencio… Consulta pagada “religiosamente”. ¡Y la siguiente era muy “elocuente”!

También he encontrado un Karl Popper inspirador con sus tres mundos, con interpretación libre de mundos por mi parte: solamente el saber aceptar las limitaciones y sufrimiento, (“mundo 2”?), nos libera de quedar atados a las tres P’s y nos abre a las tres B’s, una con V. Las tres P’s:  poder, prestigio, placer (“mundo 1”?). Las tres B’s: Bondad, Belleza y Verdad (“mundo”3?). Esto ha inspirado mi trabajo.

Bueno, tal vez no he respondido exactamente a vuestra pregunta donde preguntáis por la evolución como terapeuta.

Para resumir, os confesaré que he ido avanzando en polaridades, lo que, evidentemente, no es lo mismo que ir dando tumbos;  más bien lo compararía al movimiento de un ciclista o al movimiento homeostático en biología. Como clínico he ido dejando paso al humanista que llevamos dentro;
desde la prudencia primera que se preocupa de hacerse una idea clara de la psicopatología clásica y de los aportes de la neurología y que deriva los casos que puedan resultarle difíciles,  hasta la serenidad que no deriva en ignorancia atrevida.
Como alguien que vive la responsabilidad individual pero va incorporando el trabajo en equipo interdisciplinar.

Como quien no tiene bastante con lo aprendido en la facultad y se une a colegas para investigar, a la vez que busca el encuentro con el mundo psíquico inconsciente.

Como alguien a quien no le basta con lo que encuentra, o le muestran, en la psicología dinámica y encuentra inspiración en Víctor Frankl, Pearls, Paul Watzlavick, y  particularmente en C. G. Jung y la psicología analítica.

Pero el avance creo que es como las ramas de los árboles, en espiral. Mirando desde arriba parece que vuelvas a pasar por el mismo sitio. Por ejemplo, en estos momentos reencuentro temas de claro enfoque psicopatológico como la anorexia, o temas de neurociencias, que nos hacen meditar sobre nuestra UCP, nuestra Unidad Central de Procesamiento…; o me interesan los grandes pensadores de “nuestro tiempo”, pero que ya “hacen malvas”, como Karl Popper, o el pensamiento de teólogos como Hans Küng o Jean Danielou, o de nuestra copatrona de Europa, Edith Stein.

Porque la psicología y su profesionalidad, académica o terapéutica, no tiene para mí tanta importancia como el estar en el mundo, estableciendo vínculos y colaboraciones, más allá del campo de la psicología. E incorporando la riqueza del vivir en la profesionalidad.

En otro orden de cosas, y por poner un ejemplo, si no pusiera en mi vida el piano, el caballete de pintura o la poesía, creo que no “practicaría” psicología, y así ha sido cada vez más en mi “evolución terapéutica”.

En mi vivir la terapia, he ido viviendo cada vez más la paradoja que el pensamiento lineal.

Pero avanzas en la vida y os diré que me suena cada vez más y mejor lo que decía Octavio Paz: “hemos venido a este mundo a aprender a amar que, para el resto, vale la pena estarse quietos”. Ya lo comenté por allá en 1988 con mi analista Paul Brutsche: lo que hace bien a nuestros “pacientes” es que nos importan y, en este sentido, el aprecio que les tenemos y el cuidado del encuentro. Y, sonriamos, ninguno de los dos dudaba que ello está en las antípodas de lo que hoy el pueblo llano conoce por “enrollarse”.

Mi evolución en cierto sentido, y lo podéis ver en cuanto os he dicho antes, no ha sido lineal. Excepto en dos cosas, cuanta mayor identidad propia veía que avanzaba, más me interesaba ser gente con la gente, y cuanta mayor seguridad notaba en mi profesión más me interesaba la formación y análisis permanente. Aunque no fuera por obligación de analista ni con ritmos estereotipados. Me gustan las respuestas abiertas a nuevas preguntas. Necesitaré 300 años para poder superar el parvulario en las cuestiones fundamentales y seguramente en otras tanto o más fundamentales que no llegaré a vislumbrar… Espero morir antes en paz y poder repartirla, por poco que pueda, antes de suspirar por última vez. Dispensadme este mal resumen.

 

¿Nos puedes valorar tus experiencias como profesor universitario de psicología analítica? ¿Cómo valoras la recepción de los alumnos?

Quise valorar los conocimientos ya adquiridos al lado de lo que les podía aportar la psicología analítica. Y en cuestiones básicas superar un cientifismo trasnochado a mi modo de ver. Como indiqué antes en esta entrevista, por ejemplo, ante aquella definición clásica de la psicología como ciencia de la mente y la conducta humana.  Les proponía considerar qué tenía que ver ello con la etimología de la propia palabra “psicología”: “psique”, alma;  “logos”, sentido, verbo… “Psicoterapia”, cura del alma, o más libremente, “con alma”. ¿Como hidroterapia lo es con agua? ”Psicopatología”: ¿sentido de las emociones  y/o padecimientos del alma? Les preguntaba: ¿sabéis cuantos autores junguianos, como Hillman, hablan del cuidado del alma?  También les invitaba a ver lo sorpresivo de la biología que nos hace ver procesos de vida en la interacción de las especies, más allá de lo puramente determinado e instintivo, aquello que hacía decir a Einstein que en la naturaleza existe una inteligencia superior a la humana.  Podíamos partir de una base natural para acercarnos al postulado de los arquetipos.

El hacer ver la intencionalidad consciente de la conducta como causa eficiente para entrever la causa final, para abrirnos a los procesos que se dirigen a un fin, y a cuantos desconocidos. Tantas cosas en el diálogo con los alumnos resultaban apertura en el pensar y motivación en el explorar…

Cuando proliferaron en la Facultad las asignaturas optativas, y con el predominio hacia lo cognitivo-conductual en el entramado orgánico universitario, se mantuvo la credibilidad en la asignatura, con una mayor profundización, con la menor afluencia de alumnado, ya que el alumnado universitario en su conjunto se inclinaba hacia temática de eficacias inmediatas, a su modo de ver de mayor practicidad en lo inmediato.  Como si no fuese práctico ayudar a la inspiración, a la creatividad a la individuación como terapeutas. Creo que los alumnos de psicología analítica fueron de los que en la Universidad valoraron más dónde hallaban la caña de pescar más que el pez.

 

A nivel internacional, ¿sabes si hay algún tipo de colaboración o relación entre las instituciones de la psicología analítica y las psicoanalíticas (International Psychoanalitical Association)?

En los últimos congresos, particularmente desde el celebrado en Sudáfrica  el 2007, ha habido encuentros con psicoanalistas. En Berlín, ya desde hace años, existe contacto, diálogo y colaboración institucional. Andrew Samuels,  de la SAP de Londres es un abanderado de recuperar el diálogo y la colaboración. Dicen, lo indiqué anteriormente aunque no lo he podido apreciar personalmente, que en la librería de la SAP, existen más libros de Melanie Klein que de Jung. Supongo que representa una exageración de quienes se resienten del acercamiento al psicoanálisis que ya empezó como he indicado por Michel Fordham.

En Francia los psicólogos digamos junguianos, adoptan el nombre indiferenciado de psicoanalistas y Christian Gaillard que fue presidente de la IAAP (International Association for Analytical Psychology) promueve encuentros.

En Bélgica, en la formación, sea dicho como anécdota, hay quien defiende que en la formación como analista ha de haber determinadas horas de “diván”… En el Instituto Jung de Barcelona, realizamos sesiones clínicas tipo “mesa redonda”, donde se contemplan casos clínicos con la aportación de diversos puntos de vista, expuestos por psicoanalistas de diversas orientaciones, por ejemplo kleinianos, y dialogamos o debatimos libre y satisfactoriamente. O hemos valorado lo expuesto por psicólogos que no son de psicología analítica como Meltzer, por ejemplo.

Aparte de estos pequeños apuntes, creo que a nivel internacional se halla abierto un camino de reencuentro, más abierto al diálogo y al debate, que a la simplista fusión de ambos acercamientos a lo psíquico.

Pienso que el amor al trabajo, la profesionalidad en la práctica al servicio de los pacientes, el despertar de la conciencia, así como el trabajo de la apertura paciente a nuestra dignidad de seres humanos, a la verdad, a la belleza y al bien…, todo ello sí que nos abre al diálogo entre unos y otros, pues somos coetáneos y coparticipes de un noble quehacer, un quehacer que tiene que ver no solamente con una integración subjetiva del paciente o analizando sino con aspectos de sana interrelación con el “otro” y los otros. En definitiva nuestro encuentro será provechoso a partir de nuestra honesta dedicación a los “pacientes”, entre los que nos hallamos como humanos incluidos, más que perdiéndonos en discusiones conceptuales, a no ser que las palabras provengan de una responsable experiencia del vivir, y a ella conduzcan.

Las preguntas que he tratado de responder parten de cuanto he podido experimentar y vivir en mi formación y mi primer acercamiento al psicoanálisis, y con lo que me ha situado luego en la psicología analítica, en lo que he  vivido con los colegas y en la experiencia universitaria. Pero sobre todo parten de lo que me ha suscitado vuestro “cuestionario”. Vuestro noble arte de saber preguntar me ha hecho dedicar con satisfacción un tiempo considerable de reloj, calendario y también del alma. Debo agradecéroslo y, a pesar de mis limitaciones,  deseo haberos sido útil.

 

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