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/"Memoria y deseo" en el pensamiento de Bion. Vigencia teórica y técnica

"Memoria y deseo" en el pensamiento de Bion. Vigencia teórica y técnica

El conocimiento impone una estructura y falsifica,
Porque la estructura es nueva a cada instante […]
Quédate inmóvil, dije a mi alma, y deja que caigan
Sobre ti las tinieblas […]
[…] Como en un teatro,
Se apagan las luces para cambiar el decorado
Con un hueco rumor de bastidores, un movimiento de
Tinieblas sobre tinieblas […]
Quédate inmóvil, dije a mi alma  y espera sin esperanza
Porque la esperanza sería esperanza en lo que no debe esperarse;
Aguarda sin amor
Porque el amor sería amor de lo que no se debe amar […]
Sin embargo queda la fe;
Pero la fe, el amor y la esperanza se encuentran en la espera.
Espera sin pensamiento ya que no estás preparado para él.
Así las tinieblas serán la luz y la inmovilidad será la danza.
Para llegar a lo que no sabes
Debes ir por un camino que es el de la ignorancia.

T.S. Eliot (East Coker – Four quartets 1943)

Introducción

Eliot expresa en lenguaje poético aquello que Bion pretende comunicar sobre el estado mental del analista en contacto con la turbulencia de la sesión, un estado mental que necesitamos desarrollar para ser capaces de mantenernos al unísono (at-one–ment) con la realidad psíquica (O) del paciente. Bion plantea la capacidad negativa para entrenar nuestra intuición, porque la realidad psíquica no tiene contrapartida sensorial en la realidad externa, sólo formas sensoriales de expresión. Algunas de ellas, como el lenguaje poético, están más cerca de la base del problema que otras: Eliot expresa en sus versos cómo el conocimiento preexistente, sobre todo el que se basa en preconcepciones y expectativas repetidas, tiende a falsificar la percepción y observación directa y distorsionar esperanza y amor.  Expresa, a mi modo de ver,  cómo este amor y esperanza “falsificados”-  estructurados por nuestros  miedos, defensas y deseos habituales-  luchan por lograr aquello ya conocido. Entonces, nada fresco, nuevo y creativo puede emerger, sólo repetición de pautas antiguas.

Freud: “La atención libre flotante”

En Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico, Freud (1912) habla de la “atención flotante” y plantea que el analista debe evitar que su capacidad de observación se vea influida por la memoria. Debe confiar plenamente en su memoria inconsciente y, para no confundir lo que percibe (Wahrnehmung), tiene que estar libre de expectativas y deseos:

En cuanto esforzamos voluntariamente la atención con una cierta intensidad comenzamos también, sin quererlo, a seleccionar el material que se nos ofrece: nos fijamos especialmente en un elemento determinado y eliminamos en cambio otro, siguiendo en esta selección nuestras esperanzas o nuestras tendencias. Y esto es precisamente lo que más debemos evitar. Si al realizar tal selección nos dejamos guiar por nuestras esperanzas correremos el peligro de no descubrir jamás sino lo que ya sabemos, y si nos guiamos por nuestras tendencias, falsearemos seguramente la posible percepción. No debemos olvidar que, en la mayoría de los análisis, oímos del enfermo cosas cuya significación sólo a posteriori descubrimos (Freud 1912: 326-327).

Plantea Freud que el principio de acogerlo todo con igual atención equilibrada es la contrapartida necesaria de la regla que se impone al analizado al pedirle que comunique, sin crítica ni selección algunas, todo lo que se le vaya ocurriendo. Considera así que si el médico se conduce de manera diferente, anulará  casi por completo los resultados positivos obtenidos con la observación de “la regla fundamental” por parte del paciente:

Debe evitar toda influencia consciente sobre su facultad retentiva y abandonarse por completo a su «memoria inconsciente». O, en términos puramente técnicos: debe escuchar al sujeto sin preocuparse de si retiene o no sus palabras.

[…] Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos que actuamos como si no persiguiéramos ningún fin determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente , sin prejuicio alguno……el médico debe orientar hacia lo inconsciente emisor del sujeto, su propio inconsciente, como órgano receptor […] (Freud, 1912:327-328).

Para ilustrarlo usa la metáfora del receptor de teléfono respecto del emisor: igual que el  receptor transforma de nuevo en ondas sonoras las oscilaciones eléctricas producidas por las ondas sonoras emitidas, así también el psiquismo inconsciente del analista debe estar  capacitado para reconstruir, con los productos del inconsciente que le son comunicados, “este inconsciente mismo que ha determinado las ocurrencias del sujeto”. Puesto que el psicoanalista usa su inconsciente como instrumento, no debe tolerar nada (ninguna resistencia) que aparte de su consciencia lo que su inconsciente ha descubierto, pues de otro modo introduciría en el análisis una nueva forma de selección y deformación más perjudicial que la que podría producir una tensión consciente de su atención. En relación a los puntos ciegos del analista, comenta la necesidad de resolver “aquellos complejos propios que pudieran perturbar su aprehensión del material”.

Con “el peligro de que nunca se encuentre otra cosa que aquello que ya se sabía”, Freud hace una referencia explícita a la renuncia a prestar atención a todas las influencias conscientes, y recomienda el abandono a la recepción de la “memoria inconsciente”.  En otro  momento sigue así:

Evitar en lo posible toda reflexión y toda producción de hipótesis conscientes; no querer fijar especialmente en su memoria nada de lo oído, y aprehender de este modo, con su propio inconsciente, lo inconsciente del analizado (Freud, 1923a:2664).

Freud plantea aquí dos niveles: a) uno referido a una actitud muy precisa en relación al material actual; b) el otro a un funcionamiento transformativo en un estado mental de ausencia de memoria consciente. ¿Qué tipo de “memoria inconsciente” puede estar conectada a una capacidad de observación supuestamente consciente? Con la metáfora del teléfono describe cómo el médico ha de entrenar el  órgano receptivo de su propio inconsciente para ser capaz de recibir y transformar el inconsciente “transmisor” del paciente. A mi modo de ver, esto tiene que ver con el proceso que Bion describe con los conceptos de reverie, contención y transformación, por parte del analista, de las comunicaciones de su paciente.

Bion (1967): “Notas sobre la Memoria y el Deseo”

Bion protestaba en privado (Grotstein, 2009:310) que todo lo que había escrito, ya se había dicho antes: simplemente exponía las ideas de forma que pudiera arrojar sobre ellas nueva luz para aumentar su valor. Su objetivo era revitalizar conceptos y metáforas que habían sido desgastados por el uso y se habían desvitalizado (Grinberg, 1991). O bien, como dice en la Tabla (Bion, 1971), “proporcionar algo parecido a aplicar un shock eléctrico a términos trivializados o muy difundidos que, por tanto, han perdido su capacidad de ser pensados de nuevo”.

En 1967 Bion rescata del olvido las recomendaciones de Freud al descubrir que la disciplina de dejar de lado recuerdos y deseos puede rescatar la frescura de la experiencia analítica. Desentierra a la vez “el aquí y ahora” descrito por Freud, concepto que éste nunca usó como técnica analítica aunque su preocupación por la inmediatez de la relación era evidente en sus escritos sobre técnica.  Publicó su brevísimo artículo en California en The Psychoanalitic Forum donde desarrolla el planteamiento de Freud: expectativas y deseos, como interferencia potencial en el estado de apertura y recepción a las comunicaciones inconscientes del paciente, derivados de recuerdos, suposiciones y preconcepciones que ocupan la mente del analista. Los psicoanalistas invitados  a comentar el artículo  fueron T.M. French,  J. A. Lindon,  A. Gonzàlez, M. Brierly y H. H. Herskovitz.

Bion se refiere a la memoria y el deseo como impresiones sensoriales de lo que se supone que ha pasado e impresiones sensoriales de aquello que todavía no ha pasado. La observación, piedra angular del análisis, no trata de lo que ha pasado ni de lo que va a suceder, sino de lo que está pasando; destaca, con ello, la centralidad de la experiencia emocional en la sesión. La memoria distorsiona el registro de los hechos porque está bajo la influencia de fuerzas inconscientes. Los deseos, igual que los recuerdos, interfieren con la intuición de la realidad de lo desconocido. El mundo real del psicoanalista se ocupa de la depresión, de la ansiedad, del miedo y de otros aspectos de la realidad psíquica. La ansiedad no tiene forma, ni olor, ni sabor, aunque la experiencia emocional adquiere forma, encarnada en sensaciones: olor, gusto, sonido, colores etc. La dificultad radica en diferenciar la idea, la emoción de la forma sensorial que la alberga; en otras palabras: el mapa no es el territorio, y el nombre no es la cosa. A la vez los pensamientos pueden tratarse como cosas concretas,  sin cuestionar su “status” de intangibles o “no-cosa”. Puede usarse la palabra “vacío” para describir el estado de un pensamiento y esto no significa que no pueda desarrollarse un pensamiento valioso, o convertirse en uno profundamente destructivo.

Las reacciones que despertó iban desde una recepción interesada, hasta el rechazo absoluto. Brierley llega a insinuar que se aparta de la técnica psicoanalítica. Parte de esta reacción se debe a su estilo pro- y e-vocativo por su tendencia a usar la paradoja, la contradicción y lo ilógico en un intento de revitalizar metáforas muertas, que han perdido su significado por uso y abuso.

En su respuesta a las discusiones, Bion retoma diversos puntos  que se le plantean y amplia y precisa su pensamiento:

“Desire” should not be distinguished from “memory” as I prefer that the terms should represent one phenomenon which is a suffusion of both. I have tried to to express this by saying “memory” is the past tense ofdesire”, “anticipation”being its future tense (Bion 1967: 279).

Deseo no debería diferenciarse de memoria, ya que prefiero que estos términos representen un fenómeno que es impregnación de ambos. He intentado expresar esto diciendo que  “memoria” es el pasado del “deseo” y “anticipación” su futuro.

Comenta que el estado mental, que recomienda en el analista, se aproxima a lo que Freud describe en una Carta a Lou Andreas Salomé en 1916: “sé que, en mi trabajo, me he cegado artificialmente para concentrar toda la luz en un pasaje oscuro”. Añade que, en su experiencia, este procedimiento posibilita la intuición de una “evolución presente” y coloca las bases para futuras “evoluciones”:

Una parte de la confusión y el malentendido radica en la ambigüedad de los términos “memoria” y “deseo”. Hay una diferencia entre dos tipos de fenómenos que se llaman indistintamente “memoria”:

1) un tipo específico de memoria que Bion denomina “evolución”, cuando emerge una idea o imagen pictórica y flota en la mente como un todo, desligada de otras ideas. Esta experiencia no tiene referente sensorial, aunque se  expresa en términos derivados del lenguaje de la experiencia sensorial. Esto difiere de:

2) las ideas que se presentan a través de un esfuerzo deliberado y consciente para recordar, para las que Bion reserva el término “memoria”. La primera consiste en una función evocativa u oniroide: aparece como ocurrencia  y surge a partir de algo desconocido y sin forma como evolución dentro de la sesión. La describe como parecida a los sueños y remarca su cualidad diferente a la memoria acumulativa o retentiva.

En toda sesión psicoanalítica se produce evolución. Algo evoluciona a partir de lo “oscuro y sin forma”. Esta evolución puede tener algún parecido con la memoria, pero una vez experimentado, no puede nunca confundirse con la memoria. Comparte con los sueños la cualidad de estar totalmente presente o súbitamente ausente de forma inexplicable. Esta evolución es aquello que el analista ha de estar dispuesto a interpretar. El progreso se calibrará por el aumento en número y variedad de estados de ánimo, ideas y actitudes observadas en una sesión (Bion, 1967:280).

En su descripción del proceso comunicativo y clima emocional en la sesión, Bion recomienda pensar más allá de los sentidos y también del sentido común: más allá del mundo sensorial aunque necesitamos de él y del sentido común para comunicar. Lo que sentimos con nuestros pacientes en la sesión no procede de lo sensorial, aunque los canales a través de los que llega sean sensoriales. La experiencia emocional necesita de una forma sensorial o estética, desintoxicada de su origen sensorial, que mantenga la posibilidad de dos o más vértices, que permitan correlación, confrontación y  visión binocular de forma que ésta pueda diferenciarse de la  “cosa en sí”.

Creo que existe un dominio psicoanalítico con su propia realidad  – incuestionable, constante, sujeto a cambio sólo según sus propias reglas, incluso aunque éstas no sean conocidas. Estas realidades se pueden intuir si se dispone de un aparato en condiciones adecuadas de funcionamiento […] hay un determinado número de condiciones necesarias para su funcionamiento […]  en términos de la categoría C, esta actividad depende de la presencia de una personalidad, una intuición en funcionamiento, un mínimo grado de capacidad intuitiva y salud intuitiva […] el psicoanalista debería ejercitar su intuición de manera que no sea dañada por la intrusión de recuerdos, deseos o comprensión (Bion, 1992:315) .

La “atención libre flotante” (Bion, 1992:215) puede describirse como el estado mental del  analista que proporciona las condiciones en las que el trabajo de sueño alfa puede funcionar para dar lugar a elementos alfa: imágenes mentales visuales (aunque no sólo visuales; “imágenes” auditivas, o la abstracción de una sensación táctil u olfativa) que tienen la cualidad específica que Poincaré adscribe a un hecho seleccionado. Es decir, estos elementos han de tener la cualidad de vincular la experiencia emocional real de la sesión con otros fragmentos que hasta entonces “no tenían sentido”. La “evolución” de lo psíquico siempre será un breve e intenso fenómeno inmediatamente seguido por el progreso del fluir emocional, como las imágenes fugaces del sueño. Este estado mental intensifica la propia comprensión de los aspectos evolucionados de “O” como “verdad/realidad última”, necesidad básica para la salud mental y el crecimiento.

Siguiendo lo que antes señalaba en Freud, Bion describe dos niveles: a) la disposición mental receptiva observadora de lo que está sucediendo en la sesión; b) la manera como el analista procede a registrar, transformar o interpretar estos sucesos. Pero Bion va más allá: en ambas situaciones hay un registro sensorial en aquello que el analista oye, ve, huele o siente (incluso en su postura cenestésica corporal), y acoge en estado de reverie. Se trata de una especie de empatía sensorial relacionada con el vínculo primario, en niveles primitivos de registro sensorial. Un espacio (Bion 1979) psicofísico primario (psicosomático-somatopsíquico) o nivel de experiencia en donde las funciones mentales y físicas presentan una organización al mismo nivel. Un espacio donde pueden desarrollarse nuevas ideas: la textura psicofísica de la experiencia vivida a través de formas psico-físicas pre-continentes. La capacidad de observar este registro en interacción con el paciente facilita la conjetura y permite el descubrimiento intuitivo. Se trata de un proceso de vaivén de comunicación implícita que va mas allá de los límites que impone la intersubjetividad y lo intrapsíquico. Este proceso de descubrimiento requiere vaciar la mente de contenidos preconcebidos, para iniciar un delicado proceso crítico de “evolución”.

A nivel práctico lo que describe es un estado análogo al estado de reverie de la madre con su bebé. El analista usa su propia “función alfa somato-psíquica” en un estado de reverie para poder transformar los elementos beta de su paciente (proto-emociones rudimentarias básicas, no mentalizadas) en sus propias emociones personales. Igual que la  madre “se hace bebé”, el analista “se hace paciente” en un acto inconsciente que trasciende la comprensión y la identificación.  En estas condiciones los elementos alfa pueden llegar a ser accesibles para el pensamiento en vigilia. Esto es lo que Bion denomina evolución de un elemento alfa (Bion,  1997)  que puede usarse como base para construir un pensamiento consciente, y devenir una interpretación si el analista así lo decide.

Esta disciplina permite al analista estar abierto a sus propios objetos psíquicos, efímeros, evanescentes y privados – en la medida en que son evocados y provocados por la comunicación y conducta del paciente (Torras, 1989). A través de estos objetos es capaz de intuir los objetos psíquicos del analizado. Se trata básicamente de una experiencia emocional que, cuando es contenida por una función alfa parental interna, da lugar a una interpretación empática que permite al analizado introyectar una pareja parental creativa capaz de desintoxicar la experiencia intolerable.

Pilares teóricos

Bion, en sus últimos escritos, substituye sus hipótesis previas sobre la parte psicótica de la personalidad, y pasa a hablar de niveles pre-natales de la mente. Conjetura la existencia de un terror talámico como explicación a determinadas acciones humanas violentas que no pasan por el pensamiento.

Su idea de un espacio psico-físico primario –o  nivel de experiencia en donde mente y cuerpo comparten un mismo esquema– es  asimilable  al  “Yo corporal” de Freud. La concepción de unidad básica entre psique y soma ilustra su concepción de la base biológica, material y corporal de los fenómenos mentales. Al considerar la conducta y comunicación del paciente como un palimpsesto de diversos niveles de funcionamiento, sostiene que determinadas formas básicas de éstos, no cambian en el adulto: experiencias  sensoemocionales o elementos beta no asequibles a la memoria y a los procesos de pensamiento que no han podido transformarse en alfa para combinarse en pensamientos oníricos.

Las personas que, en sus funcionamientos adaptativos, eluden las crisis inherentes al desarrollo construyen estructuras protectoras que evitan el dolor psíquico a través de escindir las emociones, que quedan en un estado prenatal. Estas emociones a nivel psico-físico constituyen “ideas madre” como llama Bion a los elementos beta, cuando los considera como germen de potencialidades que pueden evolucionar si son contenidas y transformadas. Estas falsas soluciones necesitan encontrar un medio transformador (la mente receptiva del analista) que atenúe el dolor mental sin evadirlo, que pueda dar paso al  nacimiento psíquico de la experiencia emocional. La transformación significa encontrar palabras, imágenes, expresiones significativas i /o significado para estos sentimientos, fantasías i o impresiones escindidas.

Bion sostiene que la experiencia emocional es efímera, no puede almacenarse, y por tanto es imposible de recordar: es instantánea y actual. Sólo la experiencia sensorial puede recordarse, es decir la que es sentida y captada a través de alguno de los cinco sentidos: uno puede recordar canciones o películas o ciudades o perfumes que traigan evocaciones de momentos, personas o situaciones; y este recuerdo despierta una experiencia emocional, pero ésta no se recuerda, se activa. A través del trabajo de sueño alfa la experiencia emocional se aparea con imágenes visuales (pictogramas) y los transforma en elementos alfa que pueden ser almacenados y recordados en forma de ideograma que conjuga una emoción con un pictograma o abstracción de un registro sensorial. Esta conjunción de experiencia sensorial y emocional se combina de diferentes formas: evocativas de experiencias pasadas, presentes y futuras que forman “los ojos de la mente” necesarios para la imaginación y el insight: una gramática emocional cognoscitiva que se desarrolla en el vínculo primario. El fracaso de esta gramática como matriz intuitiva “del sí mismo” se manifiesta en forma de desconexión y aislamiento emocional (Grimalt, 2004).

Resumiendo:

A. La experiencia emocional es irrepetible y no almacenable. Uno no puede recordar cómo se sintió en cierta ocasión, a lo sumo puede aspirar a recordar una determinada situación que despierte cierta experiencia emocional que se aproxime suficientemente a la experiencia emocional que esperamos encontrar asociada a esta situación específica. Pero nunca será la misma: la nueva es completamente nueva, lo que queda es el remanente evocativo de la experiencia sensorial asociada.

B. La experiencia sensorial puede ser almacenada y pensada. Tiene un alto componente evocativo y tiende a estar saturada de sentido.

C. El trabajo de sueño alfa es el proceso mediante el cual la experiencia emocional, que no se puede procesar ni almacenar, se transforma en experiencia sensorial pensable.

Probablemente sea por este plus  de experiencia emocional que resulta imposible transmitir el sueño soñado (Stitzman, 2005). En este plus es donde Bion dice que habita la experiencia emocional: lo que se evapora al transformar la experiencia emocional en experiencia sensorial.

Como sabemos, con su planteamiento del trabajo de sueño alfa, Bion ofrece una versión diferente del concepto de trabajo onírico en Freud:

El uso psicoanalítico del sueño como método por el cual lo inconsciente se hace consciente, constituye un uso revertido de aquello que en realidad constituye el mecanismo usado en la transformación de material consciente en material adecuado para ser almacenado en el inconsciente. En otras palabras, el trabajo onírico no constituye más que una pequeña parte del soñar propiamente dicho que es un proceso continuo que pertenece a la vida de vigilia  y actúa durante las horas en que se está despierto, pero que no se observa habitualmente excepto en el paciente psicótico (Bion, 1992:37).

En este contexto, el sueño nocturno forma parte de un proceso de digestión de una experiencia emocional indigesta que se liga a un resto diurno para ser evocada en imágenes. Es decir el sueño no sólo revela el inconsciente sino que todas las experiencias emocionales necesitan ser soñadas.  Las transformaciones, inherentes al funcionamiento mental, deben ser aprendidas (de la experiencia) por el analista que adiestra su mente para realizar este proceso en tiempo real. El estado mental adecuado para soñar el contenido del paciente, que Bion denomina Fe, va asociado a la renuncia a la memoria, al deseo y a la comprensión. La memoria limita la plasticidad del continente mental. La comprensión apresurada de algo, dificulta tolerar que los fenómenos pueden no tener significado. Y los deseos como continentes voraces, buscan en el medio analítico determinados contenidos para confirmar una teoría. El sentido común de la experiencia clínica indica que, cuanto más atentos a la aparición de determinado contenido estamos, más proclives a producirlo somos. El sentido analítico que nos permite sortear los obstáculos que nuestro deseo nos produce, es la intuición, que hurga en lo más profundo del material en busca de los hechos, la verdad que allí late escondida. Muestra así el peligro de que el paciente se convierta en una ficción teórica del analista o que el analista se escude detrás de una barrera teórica defensiva para evitar la ansiedad del contacto con el paciente:

La objeción a la memoria puede sustentarse porque toda memoria es un caso especial de (guardar) poseer una teoría que se sabe (o se sospecha) que es falsa para evitar el trastorno psicológico que siempre acompaña al desarrollo mental (Bion 1970/74:35).

En el capítulo 4 de Atención e interpretación Bion (1970) explicita sus razones técnicas. Observa que si el analista recuerda algún tipo específico de datos sobre el paciente, reduce su perspectiva porque no puede estar libre para hacer uso de su intuición a través de la atención libre flotante. El recuerdo puede considerarse como una supresión anticipada de la sorpresa frente a lo desconocido. Su énfasis en disciplinar el deseo procede de la observación de que el sometimiento al principio de placer impide observar al paciente tal y como es y el nivel en el cual funciona, que puede que no sea el que desearíamos que fuera. También el ejercicio de dejar de lado la comprensión está relacionado con ambos. Con comprensión se refiere a la precipitación a dar algo por supuesto, coartando con ello la posibilidad de observar, respetar y darse tiempo para escuchar las opiniones, teorías y explicaciones del paciente. La situación analítica requiere intuición y aprehensión, más que comprensión precipitada. Los tres son producto de la negación de lo desconocido, de la ansiedad y la precipitación (Sandler, 2005).

Si usa su intuición para seguir la evolución del estado psíquico del paciente en la sesión, las interpretaciones del analista tendrían que ganar en fuerza y convicción- tanto para sí mismo como para el paciente- porque derivan de la experiencia emocional con un individuo único, y no de teorías generalizadas imperfectamente “recordadas”.

Freud habla de cegarse artificialmente. Como método para llegar a esta ceguera artificial he señalado la importancia de evitar la memoria y el deseo. Para continuar y extender el proceso incluyo evitar la comprensión y la percepción sensorial entre las propiedades que deben evitarse. La suspensión de memoria, deseo, comprensión e impresiones sensoriales puede parecer imposible sin una completa negación de la realidad; pero el psicoanalista está buscando algo diferente de lo que normalmente se conoce como realidad; una actitud dirigida hacia lo que habitualmente se designa como realidad no indica que el propósito de tomar contacto con la realidad psíquica, es decir, las características evolucionadas de O sea indeseable. Este procedimiento es válido en psicoanálisis y otras ciencias; del mismo modo F, es un componente esencial del procedimiento científico, por riguroso que éste sea (Bion, 1970:45).

La intuición, como proceso de pensamiento preconsciente no discursivo, es la base de la creatividad. A mi modo de ver, la concibe como manera de integrar un modo arcaico de pensamiento cenestésico, que implica una especie de recurso instintivo global para manejarse con diversos fenómenos indiferenciados como formas, sombras, multidimensionalidad, independiente de los límites entre modalidades sensoriales. Puede llegar a ser difícil traducir las experiencias intuitivas en formas verbales pero, cuando se consigue, se transmiten sutiles penumbras de significado en el contenido lingüístico y en la prosodia. Sin embargo, estas observaciones requieren exploración racional para ser confirmadas. Siguiendo a Kant, Bion considera que “la intuición sin concepto es ciega; el concepto sin intuición es vacío”.

La intuición como instrumento esencial del psicoanalista está también al servicio de crear un espacio y forma adecuadas a la interpretación. Creo que Bion da forma a una especie de ética interna respecto de la manera creativa, versus defensiva o destructiva, de relacionarse con los pensamientos. En una bella y densa cogitación (Bion 1992:125)  plantea Compasión y Verdad como sentidos humanos (significando facultades psíquicas análogas a la percepción sensorial)  ejercidos, esperados y buscados en la interacción con el otro. Establece una diferencia entre la interpretación, como propaganda, y la interpretación surgida de un proceso transformativo de la experiencia emocional con el paciente y comenta que no se debe interpretar algo que no se siente. Hay silencios que no son nada, son 0, cero. Pero a veces el silencio deviene algo fecundo; y se convierte en 101 – los sonidos  previos y los que vienen a continuación  lo convierten en una comunicación valiosa, igual que los silencios y pausas en  música, y los huecos y los espacios en escultura.

Gooch (2001) describe vívidamente la esencia de las ideas de Bion sobre teoría y práctica de la técnica psicoanalítica, a partir de su experiencia personal; considera que cuando el analista hace interpretaciones verbales precisas y sentidas, utilizando sus propios objetos psíquicos, en palabras – como la lírica de una canción- integra aspectos de música y danza de forma auténtica. Es la música y la danza de la interpretación lo que hace posible la transformación de los aspectos infantiles  del paciente.

La capacidad negativa de existir entre incertidumbres, misterios, dudas (Keats) sin encarnizarse en alcanzar hechos y razones es lo que el analista necesita para poder estar en unicidad consigo mismo y con la experiencia emocional del paciente. Bion la asocia al lenguaje de realización, de cualidad no saturada, que promueve transformaciones en evolución hacia el desarrollo de la expresión de la experiencia emocional. Este lenguaje de variaciones artísticas y científicas, tiene la capacidad de atravesar cesuras de tiempo y espacio. Bion lo contrasta con el lenguaje de substitución, usado como sustituto del pensamiento y no como preludio o comunicación de éste. La capacidad imaginativa deriva del vínculo entre la intuición analítica y el lenguaje de realización, desarrollado (Bion 1970) a partir del acto de fe (F) o estado mental científico del análisis, es decir, sin deseo, sin memoria y sin necesidad de entender.

Bion plantea desarrollar “capacidad negativa” para tolerar la sensación de fragmentación y contenerla hasta que algo más claro emerge (a partir de Fe en la evolución) pero, con esta disposición, se hace más vulnerable a las  identificaciones proyectivas del paciente. Es por esto que tiende a buscar defensivamente un conocimiento lógico de “hechos y razones” que dificultan la observación. Cuando el analista se encuentra en un estado de reverie, manteniendo a raya (tanto como sea posible)  memoria y deseo, significa que es más receptivo a sus propias observaciones del paciente y a la emergencia de “evoluciones” de sus propios elementos alfa a nivel consciente (y otra actividad mental inconsciente, incluyendo pensamientos complejos). Como resultado de la mayor permeabilidad de esta barrera de contacto (en el sentido de Freud), es decir más contacto y menos barrera entre consciente e inconsciente, el analista está menos defendido y más capaz de registrar las presiones del paciente, algo que Betty Joseph (1998) desarrolla minuciosamente en su técnica.

Cuando el analista “vacía” o “insatura” su mente de aquello “conocido” inicia un delicado proceso crítico de crecimiento emocional. El proceso puede ser temido como catastrófico ya que el significado previo tiene que deconstruirse antes de construir un nuevo significado. El esfuerzo consciente activo de abstenerse de memoria y deseo conduce al analista a sentirse desamparado a muchos niveles y en muchas dimensiones, porque está acogiendo la experiencia sin paraguas teóricos protectores. En la oscilación bidireccional entre las posiciones esquizoparanoide y depresiva, el insight no se lleva a cabo simplemente por la construcción progresiva de experiencia manejable. La tarea analítica implica enfrentar episodios de ausencia de significado (“elementos beta”), alternando con el turbulento proceso de contención, pensamiento emocional y evocación productiva de elementos alfa que permiten la transformación de la experiencia.

Tanto Bion como Freud hablan de la calidad de la atención del analista: hasta qué punto sus preconcepciones teóricas se imponen en su mente, en sus perspectivas sobre el paciente y como el relato de su historia puede condicionar su escucha. Freud consideraba la neurosis como una enfermedad de los recuerdos. Para Bion la esencia del proceso psicoanalítico es transformativo y catalítico, más que decodificador; no se basa en revisar experiencias pasadas, sino en “tener experiencias presentes”. Pensar no consiste en organizar sentimientos en retrospectiva sino en acceder a sentimientos actuales, que son “transformados” en símbolos  a través de la función alfa, un proceso complejo a múltiples niveles que va desde la sensación a los primeros esbozos de pensamiento.

El  planteamiento de Bion está vinculado estrechamente a la transformación en alucinosis que, en su sentido más amplio, tiene que ver con la pre-determinación: el paciente sostiene su independencia de todo lo que no sean sus propias creaciones, y crea un mundo perfecto y superior. Toda frustración es vivida como ataque hostil o envidioso. Pienso que la disciplina que recomienda va dirigida a evitar que el analista, a un cierto nivel, pueda también hacer transformaciones en alucinosis viendo en el paciente aquello que le proyecta según sus teorías, necesidades emocionales y narrativas personales, pretendiendo que encaje en ellas. Si el analista deja de lado la observación de hechos desconocidos que se revelan en la sesión, lo que le queda es basarse en recuerdos, o teorías.  De la misma manera que Freud habla de “puntos ciegos” creo que podríamos hablar también de “puntos en alucinosis”. Estoy de acuerdo con Virginia Ungar (Boston 2009) en que los analistas no sólo deberían tener en cuenta aquello que no pueden ver sino también aquello que se atribuye a la percepción cuando, en realidad, su origen reside en la psique. A esto me refiero: el aspecto proyectivo de la percepción (a nivel mental) base del concepto de transformación en alucinosis.

Repercusiones y desarrollos en la técnica.

Dicen que la riqueza de una idea está en su capacidad para generar nuevas ideas. Creo que, con el desarrollo del aspecto comunicativo de la identificación proyectiva de Klein a través de la relación Continente/contenido (??), Bion abre importantes perspectivas. La disciplina que Bion recomienda está al servicio de un tipo de “presencia” que eleva al máximo las capacidades de observación de la experiencia en el “aquí y ahora de la sesión”. De ahí que considere que la memoria y el deseo obstruyen de forma viva y penetrante la experiencia emocional cuando de lo que se trata es de una especie de percepción-contención-transformación cuidadosa menos teñida por nuestras propias tendencias narcisistas e identificación defensiva con nuestras teorías.

En una sesión me interesa aquello que no sé. La sesión es el único momento donde puedo tener contacto con lo que no sé; en cualquier otro momento sólo puedo tener contacto con, o pensar en fenómenos que creo – correcta o equivocadamente – que ya he observado o bien he observado sólo parcialmente. Pero en la sesión puedo tener contacto con fenómenos que no he observado o he observado sólo parcialmente. Es una oportunidad que no se puede perder, porque nunca podrá repetirse. Por tanto merece una descripción lo más precisa posible para delinear la experiencia emocional que considero de máxima importancia. Es la experiencia adecuada para la observación de una serie de hechos aparentemente sin relación que el analista considera que están relacionados entre sí y con él de una manera significativa.

A primera vista parece obvio que esta experiencia emocional se parece a la posición esquizoparanoide. Pero el que se parezca no quiere decir que sea igual porque evitaría la posibilidad de síntesis, que es esencial al trabajo del analista (Bion, 1992:215).

[…] he acuñado el término “paciencia”. Mi intención es que conserve su asociación con el sufrimiento y la tolerancia a la frustración.

Debe conservarse la paciencia sin “un ansia exacerbada de llegar al hecho y la razón” hasta que “evolucione” una pauta. Este estado es similar a lo que Melanie Klein llama la posición depresiva. Para este estado utilizo el término “seguridad”… considero que la experiencia de oscilación entre” paciencia” y “seguridad” es un indicio de que se está realizando un trabajo valioso (Bion, 1970).

La comunicación de lo transformado de la vivencia de la sesión, a través de la interpretación, siempre queda limitada por algo que queda más allá de lo sensorial, el O como espacio de la realidad psíquica multidimensional; el plus de experiencia emocional que se evapora en la transformación.  Neuman (2010) señala el precio que se debe pagar por substituir el lexicón presimbólico del inconsciente altamente dimensional, ligado a la emoción, por una representación simbólica de baja dimensionalidad. Este precio es la reificación: la objetivación de la experiencia vivida y el drenaje de su vitalidad y complejidad.

Feldman (2009) habla, a otro nivel, del peligro de que el analista desarrolle una especie de mito personal, es decir una versión de la historia del paciente o un retrato del análisis, o ambos, que sirva a sus propios propósitos defensivos, mito que a veces adquiere la convicción de que las cosas no hubieran podido ir de manera diferente. Esto puede proteger al analista y/o el paciente del contacto con ansiedades, fantasías e interacciones perturbadoras presentes en la relación analítica.

El paciente puede sentir el deseo del analista como algo que obstruye su auténtica evolución. Se podría decir que el deseo del analista determina una “forma preconcebida”, un estilo de atención para el paciente, cuando éste, ya de por sí,  busca muchas veces adaptarse a lo que supuestamente el analista espera de él. Cuanto menos se identifique el analista con deseos o expectativas, mejor podrá analizar las expectativas o los deseos que le proyecta el paciente. Cuando mayor fluidez para abrirse a lo desconocido y para tolerar un estado de incertidumbre, el espacio mental de la pareja analítica y las posibles transformaciones de paciente y analista se ampliaran notablemente.

Se podría decir como en el poema de Eliot, que estar sin memoria ni deseo se parece a reconocer el espacio entre dos pensamientos (o entre dos escenarios, en las tinieblas del cambio de decorado) permaneciendo en este “intervalo” en un “momento de presencia” a partir del cual evoluciona la capacidad de escoger o decidir. O lo que Bion llama la contra-trans-ferencia señalando la relación más que los objetos relacionados.

Joseph en su estilo único, amplia y añade nuevas matizaciones a la técnica. Es así que también destaca que el analista tiene que ser capaz de pasar por períodos de ansiedad, incertidumbre y falta de comprensión. Una de sus contribuciones más características (Feldman, 2004) ha sido describir, a partir de la observación minuciosa, la forma en que las proyecciones del paciente constituyen una presión constante, hacia la puesta en acto (enactment). Su reconocimiento de la presencia de esta fuerza, y la forma en que afecta al analista durante la sesión la lleva también a centrarse y seguir muy de cerca las complejas interacciones que ocurren de un momento a otro, y que constituyen una importante fuente de comprensión del mundo interno del paciente así como la base para la interpretación de estos procesos.

Pienso que este proceso es tan poderoso y a la vez tan sutil que hace que el trabajo esencial del analista consista en primer lugar en centrar su atención en lo que está pasando en la sesión, o de la naturaleza de lo que se está viviendo; cómo se siente emocionalmente empujado o atraído a experimentar o comportarse de determinada manera. Evidentemente aquello que dice el paciente es extremadamente importante, pero tiene que observarse dentro del marco de aquello que hace. Evidentemente esto implica que existe siempre una relación de objeto en el espacio analítico y que nuestra tarea más primigenia es darse cuenta de la naturaleza activa de esta relación, una cuestión que Bion (1963) describió vívidamente (Joseph, 1988:206).

Conclusión

Considero que lo que he dicho acerca de las sesiones psicoanalíticas se aplica a la experiencia de la lectura de obras psicoanalíticas. Al trabajo de Freud habría que leerlo… y “olvidarlo”. Sólo de este modo es posible crear las  condiciones que, al leerlo nuevamente, estimularán una nueva evolución. Sólo hay tiempo para hacer esto con los mejores trabajos; pero sólo los mejores trabajos son capaces de estimular una lectura defensiva (respecto al tema del trabajo) como substituto de la experimentación del trabajo mismo (Bion 1977:212).

Podemos afirmar que la lectura que hace Bion de las recomendaciones técnicas de Freud no tiene nada de “defensiva”. A través de experimentar la “atención libre flotante” de Freud, Bion descubre que la relación analítica se revitaliza cuando se deja de lado recuerdos de sesiones anteriores y preconcepciones teóricas. Su compleja y difícil disciplina implica mayor soledad, sin agarraderos teóricos, para estar receptivo a la evolución y al descubrimiento. Deconstruye el significado mediante el uso sistemático de la perspectiva reversible dinámica. Desestabiliza la oposición de conceptos para provocar una tensión creativa generadora de nuevos pensamientos. Mediante la técnica de sorprender al lector, logra la transición a un paradigma estético, centrado en la experiencia emocional. En consonancia con la teoría de la relatividad y el principio de incertidumbre, plantea un nuevo paradigma psicoanalítico que implica la idea de Verdad Absoluta sobre una realidad infinita incierta (caótica) y no cognoscible que hace intersección con las fronteras emocionales. Plantea el contraste entre la inmensidad del espacio mental y el orden espacio-temporal introducido por la activación de las funciones pensantes. Configura el cambio catastrófico como conflicto entre la intensidad de la emoción y el carácter restrictivo de la representación, que puede conducir a parálisis o inhibición de recursos mentales, o terminar en catàstrofe cuando la emoción excesiva no puede ser contenida.

Bion lleva la teoría y la técnica al dominio del indeterminismo, la complejidad y la incertidumbre, y subordina la orientación pulsional a una epistemología (emocional) ontológica. La asociación libre y la atención flotante no son en absoluto libres, están simplemente determinadas por pulsiones y motivos inconscientes más que por intenciones conscientes. En ningún momento dice que estar sin memoria ni deseo se pueda conseguir del todo sino que lo plantea como una disciplina para intentarlo. Simplemente intenta llegar a la base de la experiencia vivida sin opacidades que obstruyan la intuición, tan básica a nuestro trabajo mental cuando usamos la función psicoanalítica de la personalidad.

Sus críticos consideran la intuición como opuesta a la razón del método científico y próxima a la revelación mística. La filosofía del misticismo es una doctrina que, reconociendo la impotencia de la razón humana para resolver los problemas metafísicos fundamentales, los aborda con un conocimiento intuitivo especial (Bianchedi, 2005). Los psicoanalistas se ocupan también (aunque no exclusivamente) de problemas metafísicos mentales fundamentales: el sentido de la vida, la muerte, la búsqueda de la verdad respecto de la realidad psíquica. Un binomio verdad/realidad incognoscible cuya  búsqueda implica aprendizaje y crecimiento mental: la intuición es una de nuestras herramientas que a veces da lugar a una “revelación” o descubrimiento. Esto implica un acto de fe científica (Bion, 1970).

Bion puso mucho énfasis en la intuición, relacionándola con el vínculo “apasionado” entre dos mentes o con la propia realidad psíquica. En realidad, el motivo que subyace a la disciplina de contener recuerdos, deseos, y “comprensión” es para contribuir al contacto intuitivo de la realidad psíquica en evolución. Se puede hablar de no-memoria y no-deseo como posesión concreta, usada de manera fetichista, como manera de usar la negación que conlleva la idea de posesión de un concepto o actitud como si fuera una “cosa” y por tanto destruir su significado.

En Sacar el mejor partido de un mal trabajo (1979), Bion plantea tres principios vitales: sentir, pensar (función alfa), y Pensar, (con mayúscula, en el sentido de la función consciente). Lo veo como una forma cualitativa de describir la capacidad de sentir, tolerar y contener la tormenta emocional  del contacto mental con el paciente, para sacar el mejor partido de sentimientos y pensamientos sin barreras; tolerar la peligrosa experiencia emocional del encuentro con las partes pre-natales y postnatales de la personalidad transformándolas a través del trabajo de sueño alfa. Esto implica un análisis que no excluye la intuición de los aspectos más primitivos de la mente, tolerando la no comprensión y la incertidumbre, en la búsqueda esperanzada de nuevas ideas, tratando de comunicarlas en  forma creativa*.

 

Resumen

Este artículo explora el complejo desarrollo por parte de Bion de la clásica recomendación técnica de Freud de la atención flotante. Partiendo de la consideración de dos tipos de memoria,  acumulativaevocativa u oniroide se exponen los pilares teóricos que fundamentan una disciplina cuyo centro es la experiencia emocional en el vínculo analítico.

Abstract

This paper explores the complex development of Freud’s classic technical recommendation, about the free floating attention, by Bion. Starting from the consideration of two kinds of memory, accumulative and evocative or oneiric, there is a discussion of the theoretical pillars which are the foundations of a discipline focused on the centrality of the emotional experience in the analytic link

 

Palabras clave: memoria, deseo, intuición, capacidad negativa, reverie.

 

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Antònia Grimalt
Psiquiatra. Psicoanalista con funciones didácticas de niños, adolescentes y adultos de la SEP y la IPA. Actual directora del Instituto de Psicoanálisis de Barcelona.

 


* Excepto las citas textuales de las obras en castellano que figuran en la bibliografía, las otras citas que aparecen en el texto son traducciones de la autora.

 

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